Nov 18 2012
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Pol铆tica

Colombia: Paz, tierra y derechos

La clave de la paz es la tierra para los campesinos. La guerra de clases que comenz贸 hacia finales de la d茅cada de 1940 gir贸 entorno de la tierra: terratenientes que se la arrebataban a campesinos que se armaron para defenderla. Lo que comenz贸 como una lucha por la sobrevivencia, para lo que crearon las autodefensas campesinas, se alarg贸 en una guerra de cuatro d茅cadas que se consuma en una verdadera contrarreforma agraria narco-terrateniente

El clima social ha cambiado. Lo que antes se dec铆a a media voz, ahora se pronuncia abiertamente en calles, plazas y mercados. Los miedos hist贸ricos, que crecieron exponencialmente durante los ocho a帽os del gobierno de 脕lvaro Uribe, van cediendo lentamente, aunque est谩n lejos de haber desaparecido. En las ciudades se vive una situaci贸n bien diferente que en las 谩reas rurales, donde se hace sentir el poder armado de narcos y terratenientes.

 

El proceso de paz es sentido como algo irreversible por buena parte de la poblaci贸n. La esperanza es un signo de este tiempo en el que casi 80 por ciento apoya las negociaciones entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno encabezado por el presidente Juan Manuel Santos. Existen luces esperanzadoras y sombras que pueden abortar una vez m谩s el camino de la paz. En todo caso, el escenario actual es bien diferente del que conocimos d茅cadas atr谩s.

 

La primera diferencia es que la guerrilla llega muy golpeada a las negociaciones. Las 煤ltimas conversaciones, iniciadas en 1999, fueron consecuencia de los duros golpes t谩cticos infligidos por las FARC a las fuerzas armadas, que aprovecharon la distensi贸n para recomponerse y dotarse de capacidad a茅rea y nuevas tecnolog铆as aportadas por el Plan Colombia. Los militares colombianos, como buena parte de la clase dominante, siguen aspirando a aniquilar a la insurgencia, un viejo sue帽o que ahora se sienten en condiciones de hacer realidad.

 

En el pa铆s se especula con que uno de los objetivos del mando militar es provocar una divisi贸n en la guerrilla entre quienes se sumar铆an a la desmovilizaci贸n y un sector que podr铆a continuar el conflicto. Tambi茅n es posible que descarguen un potente ataque para dar muerte a varios comandantes en medio de las negociaciones, como forma de presionar por concesiones.

 

La segunda cuesti贸n que diferencia estas negociaciones de las anteriores es que los llamados cacaos, la 茅lite del poder econ贸mico, acuerdan con Santos en la necesidad de llegar a un fin negociado con la guerrilla. Este sector, integrado por una burgues铆a urbana vinculada a las finanzas y la industria, apuesta a los negocios internacionales y a la modernizaci贸n como forma de consolidar poder y ganancias. La imagen de un pa铆s en conflicto no suele seducir a los capitalistas.

Sin embargo, la arcaica clase terrateniente ganadera, cuyos intereses aparecen entrelazados con el narcotr谩fico y los paramilitares, no parece feliz con las negociaciones. La reciente masacre de 10 campesinos en un municipio del norte de Antioquia puede ser el comienzo de una escalada impulsada por este sector, que perder铆a poder con el fin del conflicto.

 

La clave de la paz es la tierra para los campesinos. La guerra de clases que comenz贸 hacia finales de la d茅cada de 1940 gir贸 en torno de la tierra: terratenientes que se la arrebataban a campesinos que se armaron para defenderla. Lo que comenz贸 como una lucha por la sobrevivencia, para lo que crearon las autodefensas campesinas, se alarg贸 en una guerra de cuatro d茅cadas que se consuma en una verdadera contrarreforma agraria narco-terrateniente. 脕lvaro Uribe encarna a este sector.

 

La tercera diferencia es la realidad internacional y regional. El triunfo de Barack Obama beneficia los planes de paz de Santos y perjudica el obstruccionismo de Uribe. De todos modos, la Casa Blanca no tiene una pol铆tica definida hacia Am茅rica Latina, salvo la persistencia de la presi贸n militar a trav茅s del Comando Sur. Pero los cambios que se siguen produciendo en la regi贸n empujan hacia el fin de la guerra colombiana.

 

La consolidaci贸n del proceso bolivariano luego del triunfo de Hugo Ch谩vez implica que durante un largo periodo la diplomacia colombiana deber谩 elegir entre el conflicto o la cooperaci贸n con su vecino. Es claro que Santos opt贸 por lo segundo. En Ecuador, luego de cuatro a帽os Brasil vuelve a tener un peso decisivo. Estos d铆as el BNDES firma el primero de una serie de pr茅stamos para grandes obras de infraestructura que fue ganado por Odebrecht, la misma empresa que hab铆a sido expulsada en 2008.

 

El gobierno de Rafael Correa se hab铆a acercado a China en busca de pr茅stamos para obras, pero los intereses son m谩s altos y el pa铆s asi谩tico exige petr贸leo como garant铆a de los pr茅stamos. El gobierno ecuatoriano ofreci贸 a empresas brasile帽as que cuentan con cr茅ditos del BNDES un paquete de obras por 2 mil 500 millones de d贸lares (Valor, 12 de noviembre). El reposicionamiento de Brasil en Ecuador representa otra inflexi贸n a favor de la integraci贸n regional, de la Unasur y del Consejo Suramericano de Defensa.

 

El cuarto aspecto es la dif铆cil situaci贸n que atraviesan los movimientos sociales. Son ellos lo que podr铆an pesar en la mesa de negociaciones en temas decisivos como la tierra, mesa de trabajo que comenz贸 este 15 de noviembre en La Habana. Sin embargo, luego de algunos avances viven una situaci贸n de estancamiento y retroceso, sobre todo en las ciudades, donde la hegemon铆a cultural y pol铆tica de las derechas es abrumadora.

 

El 12 de octubre los tres principales agrupamientos, la Marcha Patri贸tica, el Congreso de los Pueblos y la Coalici贸n de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia, convocaron una jornada de lucha recogiendo las principales demandas de la sociedad. La respuesta fue escasa y se movilizaron b谩sicamente los universitarios. Una cultura pol铆tica de corte patriarcal, jer谩rquica y masculina, anclada en las disputas por espacios de poder, sigue dominando dentro de los movimientos y bloquea la apertura hacia las diferencias.

 

Se abren tiempos nuevos en Colombia. El fin del conflicto es una posibilidad entre otras. Todos los actores tienen un 鈥減lan B鈥 ante la eventualidad de un recrudecimiento de la confrontaci贸n armada. Todos menos los pueblos ind铆genas, los afrodescendientes y los sectores populares urbanos y rurales. Como les viene sucediendo a los nasa del Cauca, ellos s贸lo ganan con la paz, al contrario que las multinacionales mineras y los combatientes armados.

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