Mar 7 2008
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Opinión

Colombia, Raúl Reyes. – SUS REFLEXIONES Y CONSECUENCIAS DE SU ASESINATO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El forjado dirigente sindical de la fábrica de Nestlé en Neiva, entonces miembro del Partido Comunista Colombiano (PCC), se incorporó a la guerrilla el 1982 y fue miembro del Secretariado unos años después. El 9 de diciembre del 1990, el presidente César Gaviria ordenó, en pleno proceso de paz y en el mismo día de las elecciones a la Constituyente , bombardear a la base central guerrillera con la ilusión de que con el desplome de la Unión Soviética también la guerrilla colombiana se iba a desmoralizar y caer como una casa de naipes. ¡Qué mal cálculo!

Fueron diez años en donde murieron en vano por este conflicto, decenas de miles de colombianos bajo la absurda ilusión del Estado colombiano de obtener una victoria militar. Pero, como decía el senador comunista, Manuel Cepeda, en el sepelio de José Antequera, vicepresidente de la Unión Patriótica y Secretario General de las Juventudes Comunistas, asesinado el cuatro de marzo del 1989:

“Este pueblo admirable y heroico ha creado guerrillas invencibles”.

El senador comunista siguió la herencia política del legendario líder comunista Gilberto Vieira y defendió en el XV Congreso del PCC la tesis de “Combinar todas las formas de luchas de masas” para construir una Nueva Colombia de Justicia y Paz, en confrontación a los oportunistas tanto adentro como de las columnas del diario de la oligarca, El Tiempo. Pero el XV Congreso de los comunistas defendió la consigna de la realidad colombiana.

Pasaron diez años y nuevamente me encontré en 1998 en el sur de Colombia con el comandante Reyes, tomando el pulso sobre los primeros encuentros que la guerrilla había tenido con el presidente Andrés Pastrana y en donde se iba a crear las condiciones por unas negociaciones políticas por la paz que comenzaron a principio del 1999.

La agenda común para la construcción de la Nueva Colombia de doce puntos fue sistemáticamente saboteada por todo el aparato militarista, y ahí está incluidos sobre todo los medios de comunicaciones de la oligarquía, porque no se atrevieron discutir las raíces del conflicto armado y social en Colombia. Lograron otra vez ahogar al país en sangre, rompiendo el proceso e iniciar el Plan Colombia, ya que detrás de las negociaciones se estaban armando el ejercito más grande de América Latina según el “Plan B”.

Raúl Reyes y el Secretariado sabían de la naturaleza guerrerista de esta oligarquía colombiana y cuando asumió la presidencia Uribe, sabían que venia la guerra total.

Y fue en ese clima de guerra y bajo el Plan Patriota, dirigido por 2.000 asesores militares estadounidenses y un ejército y policía con 400.000 miembros, que encontré a Raúl Reyes en abril de 2005, cerca al lugar del bombardeo. Conocí a los guerrilleros de su anillo de seguridad; la negra hermosa Susana, la flaquita y la calmada pero tan conciente desde el punto de vista político Catherine Millar. Las dos mujeres daban clases de todo tipo; historia y papel político de Simón Bolívar, sobre el Partido Comunista Clandestino Colombiano (PCCC) o el Movimiento Bolivariano. Todos los días los guerrilleros se dedicaban a estudios políticos y tareas actuales en Colombia.

Entrevisté no solamente a Reyes sino a tres guerrilleras sobre sus vidas, ¿preguntando el cómo y el por qué se incorporaron al movimiento guerrillero y cuáles eran sus sueños personales en el futuro? Les pregunté sobre las constantes acusaciones de los medios colombianos e internacionales acerca de supuestos abusos sexuales hacia la mujer guerrillera y la veracidad de ello. Rechazaron con dignidad esas acusaciones y las calificaron como un insulto y parte de la guerra psicológica. Sin embargo, si un guerrillero varón es encontrado culpable por una violación puede ser fusilado, me decían.

Hace poco salía una noticia de que el comandante Raúl Reyes tenía un harem de niñas de 9 años de las que abusaba sexualmente. Y como El Tiempo es el vocero de esta guerra psicológica, ni siquiera se evita de publicar que “Fuentes de inteligencia aseguraron que en el campamento murió una joven guerrillera que se había convertido en su pareja en los últimos meses”.

El dato no solamente es una de tantas mentiras descaradas, ya que el comandante tenía su esposa al lado cuando murió por la bomba, la camarada “Liliana Marín”, radioperadora y guerrillera desde la época de Casa Verde en La Uribe.

Es una prostitución del periodismo a un nivel tan primitivo que ni siquiera en países de años de guerra aparece semejante mentiras y ahora entiendo las palabras de Manuel Marulanda durante el proceso de Caguán cuando señalaba que “los medios tienen una deudita con nosotros”.

Pero El Tiempo asesina definitivamente todos los principios cuando publica. Las fotos del cadáver de Raúl Reyes aparece en una “Fotogalería”, como si fuera una exposición de farándula o una pasarela de moda. La actitud de El Tiempo es macabra. Y por la ironía de la vida, el director de El Tiempo, Enrique Santos Calderón, hermano del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, era presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa – SIP- el año 2002, órgano de los dueños de los medios masivos en el continente americano, conocidos por su anticomunismo y odio contra Cuba socialista y Venezuela Bolivariana. Actualmente el señor Santos Calderón es vicepresidente de la SIP y presidente de su Comisión de Impunidad (¡Sic!).

En otro campamento guerrillero que visité en abril del 2005, me encontré con Lucero Palmera, guerrillera desde los 15 años y esposa y camarada de Simón Trinidad. Fue capturada junto con él y su hija de 12 años en Quito. Trinidad fue inmediatamente extraditado a Colombia por el “mejor amigo de Bush”, Lucio Gutiérrez. Lucero y la hija aprovecharon la confusión acerca de su nombre ya que no había una orden de captura y buscaron el otro día de la captura la trocha para el regreso al Bloque Sur de las FARC-EP y a su familia guerrillera.

El 31 de diciembre del 2004 fue extraditado Simón Trinidad a Estados Unidos como una venganza cruel de Uribe. Había propuesto al Secretariado que liberaría a Trinidad a cambio de que las FARC liberaran a todos los prisioneros de guerra. Por supuesto que Uribe sabía la respuesta de las FARC de antemano. Y pregunté a Lucero, esa mujer con la sonrisa constante y el optimismo que la caracteriza:

–¿Qué sentiste tú y cómo reaccionaron los guerrilleros el día 31 de diciembre del año pasado (2004) cuando fue oficializada la decisión de Uribe de extraditar a los EEUU a Simón Trinidad, un hecho que mostraron prácticamente todo ese día en los noticieros? ¿Cómo fue la reacción de los guerrilleros en tu campamento?

–Rabia, indignación, sobresalió el odio de clase, Uribe lo que quiso hacer con eso fue como rebajarle la moral a los guerrilleros. Era un 31 de diciembre que para la mayoría de los guerrilleros y para el pueblo colombiano, es una fecha especial. Cuando dieron la noticia, en el caso mío especialmente; fue muy doloroso y todas esas cosas, pero más que eso, por encima de eso, era la indignación. Ver en la práctica una experiencia que nunca a los guerrilleros y a las masas se les va a olvidar, lo que es lo indigno de un gobierno que esta arrodillado a los intereses del imperialismo norteamericano. La manera tan baja, la manera tan indignante, la manera tan cínica con la que se da eso.

“Uno, cuando ve esas imágenes todavía, esas donde Simón aparece desarmado con las manos esposadas y con soldados armados hasta la coronilla con miras infrarrojas, con fusiles, con cananas, con chalecos antibalas agarrando a Simón que está prisionero, que está con las manos esposadas, pero que aún así en medio de esa situación se está haciendo sentir como revolucionario, uno no siente sino rabia y ese fue el sentimiento generalizado de todos los guerrilleros que compartían conmigo el campamento, donde nosotros vimos ese 31 de diciembre a las 12 del día la noticia de que Simón iba a ser extraditado a los EEUU.

“El odio de clase salió a flote, o sea; para esta generación de guerrilleros que vimos eso, pienso que Uribe encontró y ocasionó un sentimiento distinto al que el quería que nosotros tuviéramos”.

¿No se desmoralizaron entonces?

–¡Por el contrario!, nuestra moral revolucionaria se fortaleció.

Decía Lucero Palmera y confirmó su compromiso revolucionario ante las tareas de construir una Nueva Colombia.

El Tiempo, en su editorial el 1o de marzo, dice:

“El operativo –adelantado conjuntamente por el Ejército, la Fuerza Aérea y la Policía– es uno de los más significativos éxitos de las Fuerzas Armadas y de la política de seguridad democrática del gobierno Uribe”.

Es cierto que el operativo fue excelente de punto de vista militar. Fue una dura lección para la guerrilla que tendrá que analizar esa modalidad de las FFMM colombianas de usar cada vez más la aviación y la inteligencia. Y esa fue una de las preguntas que le hice al comandante Raúl Reyes el 2005 acerca las nuevas armas sofisticadas entregadas por los Estados Unidos; ¿Qué hace la guerrilla para evitar ser vulnerable? Y Reyes tranquilamente comentó, que la guerrilla está en constante movimiento, que permanentemente analiza la actuación de las FFMM y se adapta de esa nueva situación. Por eso los Planes Colombia, Patriota, Consolidación o Victoria hasta ahora no ha tenido más éxitos que los de los bombardeos de algunos campamentos donde han caído algunos comandantes importantes.

Pero, y eso es notorio, el ejército colombiano es como el norteamericano, sueltan alfombras de bombas y después que se ha despejado las nubes se atreven a entrar los soldados profesionales. Pero en el combate, en el campo de batalla, los soldados se quedan cortos y lo saben. Por que la guerra no es de ellos, la guerra es de la oligarquía, los dueños de El Tiempo, Bavaria y las millones de hectáreas robadas a los campesinos colombianos, el futuro robado a los millones de colombianos que han visto sus seres queridos masacrados por un Estado terrorista.

Uribe, Santos, y esa banda de asesinos tendrán un día que pagar por sus crímenes de lesa humanidad en la misma manera como está pagando ahora Fujimori en el Perú. Creen que con las bombas podrán erradicar las raíces del conflicto colombiano, pero, una vez más, retomo a Manuel Cepeda: “Este pueblo admirable y heroico que ha creado guerrillas invencibles”. Y este pueblo colombiano sabrá superar el duro momento cuando ha caído en la lucha un hombre que comenzó en la fábrica de Nestlé y murió en la selva pero que será recordado como un hombre de la Nueva Colombia.

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* Periodista.

Un despacho de la agencia de noticias independiente argentina ARGENPRESS.
www.argenpress.info.

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