Abr 30 2014
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OpiniónPolítica

Colombia, una democracia aburrida

Una tediosa campa√Īa electoral pretende animar a los colombianos para que voten el pr√≥ximo 25 de mayo por un presidente de la rep√ļblica, pero por las encuestas parece que los estrategas de los candidatos no levantan el entusiasmo de los 32 millones de nacionales habilitados para esos comicios.

Faltando menos de un mes para los comicios presidenciales, los sondeos previos sugieren un protagonismo inusitado del voto en blanco y la abstención, con indicadores cercanos al 30%. Cifra inquietante para los observadores de la cosa electoral, máxime si se tiene en cuenta que Colombia  ha sido tradicionalmente un país fuertemente presidencialista.

Ninguno de los cinco candidatos parece tener el carisma suficiente para apasionar a los votantes, y menos atractivos parecen sus programas ofrecidos en rápidos eslóganes publicitarios, pues aquí nadie se lee los programas de gobierno de nadie.

De todos modos,  las encuestas dan como ganador seguro al actual presidente Juan Manuel Santos, que trabaja por su reelección. Pero con un 27 o 28% de la intención de voto, lo que anuncia una segunda vuelta electoral. Para ganar en la primera vuelta necesitaría el 51% de los votos, lo que no parece fácil por el momento.

Santos, ex ministro de defensa de Uribe Vélez, representa aquí lo que en Europa se conoció como La Tercera Vía, buena para un equilibrista como él, y su mentor ha sido Tony Blair, que al final fracasó en Inglaterra. Los otros candidatos también son neoliberales, a excepción de Clara López, del Polo Democrático Alternativo, que representa más  bien a una izquierda liviana.

Pero en el abanico neoliberal hay matices. Figuran moderados como Santos y Enrique Pe√Īalosa, ex alcalde de Bogot√° y que representa al partido Alianza Verde (nada que ver con los verdes europeos), hasta la extrema derecha del Centro Democr√°tico, liderado por el ex presidente √Ālvaro Uribe V√©lez , de ingrata recordaci√≥n para la mayor√≠a de colombianos por sus nexos con los paramilitares; su candidato es Oscar Iv√°n Zuluaga, tambi√©n¬† ministro de econom√≠a del ¬ęuribato¬Ľ, cuyo logo s√≠mbolo de campa√Īa es una zeta de tres trazos r√°pidos, como la del Zorro de las pel√≠culas de vaqueros. Y pasa la l√≠nea por la ex ministra de defensa Martha Luc√≠a Ram√≠rez, la que marca de √ļltima en las encuestas.

Para la segunda vuelta, que seguramente la habr√°, sigue punteando Santos, seguido en unos escenarios por Pe√Īalosa y en otros por Zuluaga.¬† Vistas las cosas as√≠, el modelo neoliberal seguir√≠a tan campante con su obediencia ciega al FMI y al BID y sus tratados de libre comercio, que de libre tienen poco, con Estados Unidos, Europa, Corea del Sur y la Alianza del Pac√≠fico;¬† los que tienen en la ruina a la mayor√≠a de peque√Īos y medianos agricultores colombianos y a no pocos industriales medios en apuros.col pardo campana
Cabe destacar que el tema nacional es la paz. Se ha convertido en un prop√≥sito de las mayor√≠as. S√≥lo que unos, los de izquierda y los progresistas, la quieren negociada y con justicia social, mientras que otros la quieren pero a costa de arrasar con el enemigo y esperarlo llegando de rodillas a pedir perd√≥n. Con todo, ahora s√≠ parece m√°s cercano el fin de ese horrible conflicto que ha vivido el pa√≠s durante cincuenta a√Īos, el m√°s largo del mundo.

Hasta el momento han marchado sin demasiados altibajos las conversaciones en La Habana (Cuba) entre los delegados del gobierno de Santos y de la guerrilla de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército Popular) y se espera que en poco empiecen a conversar el gobierno y el ELN (Ejército de Liberación Nacional), al que perteneció el sacerdote católico Camilo Torres Restrepo.

Este gobierno es el que más ha avanzado en un proceso de negociación, lo que debe reconocérsele a Santos y a la voluntad reiteradamente expresada de las FARC. Que además del apoyo de su partido, La U, tiene el del Partido Liberal y Cambio Radical, amén de sectores populares cuya mayoría no va a las urnas pero se manifiesta en las calles en favor de ese proceso, agrupados por ejemplo en Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos, con mucho arrastre.

Eso s√¨, quienes respaldan el proceso de La Habana tienen claro que un acuerdo de cese de hostilidades, que se espera para este a√Īo, no es la paz, sino el primer paso para empezar a construir entre las mayor√≠as un pa√≠s con justicia social, camino por el que pasa la construcci√≥n tambi√©n colectiva de un pa√≠s en paz. Sin justicia social nada habr√°, pues no se puede permitir que Colombia siga siendo unos de los pa√≠ses m√°s inequitativos de Am√©rica y del mundo.

Todos hablan de paz, pero unos la quieren negociada y son conscientes que, cuando se negocia, los negociadores deben renunciar a algo para que ambos ganen. En este caso deber√° ganar Colombia. Y otros quieren continuar la guerra hasta acabar con el contrario. Si gana el candidato uribista o la candidata conservadora, muy seguramente la guerra continuar√°, pues ha sido evidente que vienen poni√©ndole estorbos de toda clase al proceso de La Habana. La polarizaci√≥n que este asunto as√≠ considerado puede ocasionar durante este casi un mes que falta, puede hacer que se reduzcan los votos en blanco y la abstenci√≥n y animar un poco la campa√Īa. Bogot√°, abril 28 de 2014

*Periodista y profesor universitario

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