Ago 30 2015
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Sociedad

Colombia y la frontera con Venezuela: negocios cotidianos

En Sevilla, pueblo al norte del departamento del Valle del Cauca, Colombia, Artemo, joven comerciante de carnes, al comienzo de una noche cualquiera se despidi√≥ de su socio y de la √ļltima vecina de la cuadra que le acababa de comprar una libra de asadura, o cacheo, o desperdicios, la incierta combinaci√≥n de v√≠sceras de res, coraz√≥n, h√≠gados, intestinos, etc., que se fr√≠en en su propia grasa y es indicada para elevar los niveles de colesterol. La pobreza no permite ning√ļn miramiento en dietas.

Artemo tenía una hija a la que amaba y una ex mujer a la que no odiaba demasiado. Más o menos tranquilo en cuanto a los afectos, por dentro lo carcomían las difíciles condiciones económicas. No debía una gran suma, pero la que tenía era suficiente para trasnocharlo. El monto adeudado no estaba lejos de sus alcances, pero las condiciones del préstamo sí bastaban para hacerle trizas la tranquilidad a cualquiera.

Al d√≠a siguiente, Artemo no abri√≥ el negocio a las 6 de la ma√Īana, como de costumbre. Tampoco lo hizo a las 8, o a las 9, o m√°s tarde. Al mediod√≠a, su socio, luego de llamarlo en vano varias veces al tel√©fono celular, fue hasta la casa, a unas cuadras. Un rato despu√©s de no conseguir ninguna respuesta a sus llamados, se tom√≥ el atrevimiento de empujar la puerta con fuerza e ingresar. Hall√≥ a Artemo en el cuarto del fondo colgado de una viga del techo. Hac√≠a varias horas que se hab√≠a suicidado, seg√ļn dictamin√≥ el m√©dico forense. No dej√≥ mensajes o nota alguna.col paracos1

Una semana antes, Artemo hab√≠a recibido una amenaza seria. Se lo coment√≥ al socio, en secreto. Si no pagaba la deuda junto a los copiosos intereses que se hab√≠an venido sumando con cada d√≠a de retraso, le matar√≠an la hija, la ex mujer, y los padres, y luego √©l, en tal orden. Tanto Artemo, como el socio eran conscientes de que no se trataba de una broma o una exageraci√≥n. As√≠, o casi as√≠, hab√≠an hecho con Antonio, y con Marco, y con otros conocidos que de la noche a la ma√Īana hab√≠an ca√≠do en la espiral sin fondo de los pr√©stamos ‚Äúgota a gota‚ÄĚ, que controlan con mano de hierro las bandas paramilitares de la regi√≥n.

A nuestro personaje le hab√≠an prestado 400 mil pesos, menos de 150 d√≥lares, unos meses atr√°s, para salir de alg√ļn atolladero. Pag√≥ d√≠a tras d√≠a los alt√≠simos intereses del 10% diario durante un buen tiempo, pero las cosas se complicaron y empez√≥ el retraso con las cuotas, intereses que fueron acrecentando la obligaci√≥n inicial, hasta que la cifra se sali√≥ de los m√°rgenes en pocas semanas.

En Colombia, la estructura paramilitar de otros tiempos ha evolucionado hacia formas m√°s sofisticadas de penetraci√≥n y control social: Las llamadas ‚ÄúBandas criminales‚ÄĚ, que no son otra cosa que entidades atomizadas, pero organizadas y coordinadas, de los paramilitares, dominan una extensa gama de los negocios y el comercio del pa√≠s. En unos participan activamente, en algunos m√°s son una especie de armaz√≥n parasitario, mas insoslayable.

Es un andamiaje de bandidos que ya no opera s√≥lo desde arriba, apropi√°ndose de los recursos de la salud, la educaci√≥n o de la riqueza de los megaproyectos econ√≥micos, como hace a√Īos, sino que empieza carcomiendo la bases m√°s elementales de la sociedad. Afecta desde la esquina, la cuadra m√°s pobre, el negocio informal, el establecimiento medio surtido, asciende por la buseta del barrio, el mini mercado, la peluquer√≠a de medio pelo, hasta llegar a las estructuras del contrabando organizado, como algunos comercios de los San Andresito, cuyos comerciantes protestan en masa y a pedrada limpia ante la sola amenaza del gobierno de legalizarlos, la distribuci√≥n de partes de automotor, alimentos, electrodom√©sticos, los almacenes de cadena, aquello que mueve dinero en el pa√≠s. Es decir, todo.

col contrabando gasolinaLo cierto es que son pocas las actividades econ√≥micas, transacciones, flujos de dinero, cultivos, establecimientos, legales e ilegales, que hoy en d√≠a pueden permanecer al margen de la acci√≥n criminal organizada del cruce entre paramilitarismo y narcotr√°fico. Operan en los peque√Īos pueblos de la Costa Atl√°ntica y en las ciudades intermedias del interior, en los pueblos polvorientos de los Llanos Orientales y en la propia capital de la rep√ļblica, en las aldeas insondables del Choc√≥ y en las dos o tres esquinas para mostrar de Medell√≠n. Por supuesto, tienen tomadas las fronteras, y, de manera particular, los extensos l√≠mites con Venezuela, hist√≥ricos, activos, fulgurantes, indivisibles, que superan los 2.200 kil√≥metros.

Controlan la pirater√≠a, el contrabando de mercanc√≠as, gasolina y personas, el tr√°fico de drogas, la especulaci√≥n monetaria, la compraventa de bol√≠vares y pesos y la fachada de las casas de cambio, son prestamistas y usureros. El estado colombiano, en los tiempos de √Ālvaro Uribe, como es bien sabido no s√≥lo fue permisivo, sino que auspici√≥ y fortaleci√≥ el paramilitarismo. La justicia se acerc√≥ a los tent√°culos pol√≠ticos, pero dej√≥ indemne la estructura econ√≥mica, la misma que causa estragos al interior del pa√≠s, y que afecta de modo sensible a Venezuela. Las ganancias son exorbitantes. Y donde las hay, los hay.

Las fronteras de Colombia han estado en situaci√≥n de tensi√≥n desde los tiempos de la Independencia. Hemos perdido territorios por descuido, se han vuelto a correr los mojones en silencio, las hemos violado para asesinar guerrilleros ‚Äúen caliente‚ÄĚ, decimos hacerlas respetar para despertar falsos sentimientos de patria, como son todas las conmociones patri√≥ticas del ex presidente mencionado. Los habitantes de esas distantes tierras son colombianos negados. Y son invasores los venezolanos o brasile√Īos o ecuatorianos que cruzan de los puentes para ac√°. En C√ļcuta, en Leticia, en Ipiales, la misma cosa.

La situación no ha cambiado. Los departamentos de frontera colombianos son pobres y abandonados. Los fronterizos paisanos sobreviven sin políticas de generación de empleo digno, sin acceso a la educación y con un sistema de salud aun peor que el del resto del país, lo cual es difícil de imaginar. No les llegan los planes de vivienda que apenas si asoman por Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla.

Ning√ļn gobierno colombiano ha generado pol√≠ticas sociales para los habitantes de las fronteras. De acuerdo con estudios del Departamento Nacional de Planeaci√≥n y del PNUD, los 12 departamentos y 70 municipios fronterizos, que a lo largo de 6.301 kil√≥metros le dan casi la vuelta a Colombia, exhiben, con contadas excepciones, indicadores por debajo de la media nacional y muy lejos de los de la capital.col pobreza2

El cierre de la frontera decretado por el gobierno Venezolano es una medida que obliga a discutir la pol√≠tica social y econ√≥mica del Estado colombiano en estas zonas. No es una crisis nueva ni √ļnica. Es un problema de hace muchos a√Īos, cuya soluci√≥n siempre se ha esquivado. Seg√ļn cifras oficiales, la actual campa√Īa anti contrabando del gobierno venezolano, que lleva un a√Īo, ha dejado 1.185 detenidos, 176 trochas inhabilitadas y 19.000 toneladas de productos confiscadas. Las cifras se incrementaron en los d√≠as recientes. Pero es un problema profundo, entre dos pueblos hermanos, cuya atenci√≥n debe ser integral, y asumida de manera responsable y mancomunada por ambos gobiernos. Lo que no se ha hecho.

La alianza entre paramilitarismo, narcotr√°fico y poder pol√≠tico es vieja en Norte de Santander, el departamento lim√≠trofe con el eje de penetraci√≥n regular m√°s importante entre los dos pa√≠ses. Data, al menos, de 1999, cuando la Casa Casta√Īo le encarg√≥ a Salvatore Mancuso el control del Bloque Catatumbo de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. El poderoso Clan Barriga (conformado por los hermanos Carlos Emiro, ex senador, Pedro Luis, multimillonario empresario de la construcci√≥n y de f√°brica de asfalto, quien seg√ļn la ONG Progresar era el jefe de finanzas del ‚ÄúBloque Catatumbo‚ÄĚ, y Rafael, alias ‚ÄúToyota‚ÄĚ, que amas√≥ su gran fortuna como contrabandista prototipo de carros robados en Venezuela), tuvo v√≠nculos estrechos con ‚ÄúEl Iguano‚ÄĚ, reconocido comandante paramilitar, y con el asesinado narcotraficante Lu√≠s P√©rez Mogoll√≥n, alias ‚ÄúEl Pulpo‚ÄĚ. (1)

Si los tres mosqueteros eran cuatro, los tres ap√≥stoles del Clan Barriga fueron cinco o m√°s. Tambi√©n figuraba el extraditable Yensy Miranda D√°vila, beneficiario del programa Agro Ingreso Seguro del gobierno del expresidente √Ālvaro Uribe, acusado por el juez Baltasar Garz√≥n de efectuar env√≠os masivos de coca√≠na colombiana hacia Europa, a trav√©s de Venezuela, con escala en Guinea Bissau, en √Āfrica. (2)

En la lista de beneficiarios directos, concurrentes, allegados y pupilos de estos vínculos perversos, existen dirigentes y líderes nacionales, regionales y locales, hubo y hay senadores y ex senadores, representantes y ex representantes, ex gobernadores y el actual gobernador, ex alcaldes, secretarios de gobierno y hacienda, secretarios de todas las carteras, funcionarios y funcionarias de todas las pelambres, contratistas, terratenientes de la palma aceitera, concesionarios de la explotación de yacimientos petrolíferos y de la veta de carbón ubicada entre Sardinata y La Gabarra, en fin.

Muchos de los nombres presuntos, condenados o vinculados a procesos figuran en indagaciones previas, denuncias y art√≠culos, desde 2006. El r√©gimen de terror llevado a cabo contra testigos e investigadores no ha permitido mayores avances (3). Pero hay verdades irrefutables: ‚ÄúLa oleada paramilitar en El Catatumbo nortesantandereano dej√≥ cerca de once mil campesinos (as) asesinados. M√°s de ciento treinta mil desplazados y pasan de ochocientos los desaparecidos registrados‚ÄĚ (4).

col paracos0301Las bandas criminales del paramilitarismo y del narcotráfico vieron una oportunidad excelsa en la frontera con Venezuela. La han aprovechado de la manera excesiva y despiadada que saben hacerlo. Es un problema para Venezuela, cuyas pérdidas sólo en cuanto al contrabando de gasolina se estima que superan los 200 millones de dólares anuales. Una de las puntas del iceberg.

Pero, ante todo, es un problema para Colombia y de los colombianos, que también son víctimas del esquema implementado e implantado por el enlace entre los paramilitares, los narcotraficantes y la dirigencia política, que se desborda por las fronteras.

La ilegalidad es una moda repentina en este pa√≠s, que de pronto pone a circular la alharaca medi√°tica para incrementar audiencias, el golpe de pecho de alg√ļn funcionario despistado, un prelado de s√ļbito moralista o un inc√≥modo opositor de izquierda. Porque no solamente est√° inserta, digamos, en un negocio espec√≠fico o en la sustancia de uso il√≠cito, sino que, sobre todo, est√° enquistada en los endebles articulados de unas leyes hechas con el firme prop√≥sito de que no se cumplan, o se cumplan a medias, o se cumplan de acuerdo con la ocasi√≥n y el marrano.

Nunca se estableci√≥ con claridad si Artemo se suicid√≥ o si lo suicidaron. Si lo hizo con mano propia o si fue con un poco de ayuda de sus amigos prestamistas. Tom√≥ un dinero que la usura no le permiti√≥ cancelar, pero tambi√©n pudo no ser as√≠. De igual modo, habr√≠a llegado un buen samaritano con el prop√≥sito de garantizarle que su local no ser√≠a incendiado, o √©l asesinado a tiros una ma√Īana, o la hija secuestrada al salir del colegio, a cambio de lo cual abonar√≠a diario una suma ponderada de acuerdo con sus ingresos, o un tantico por encima. Trances delincuenciales como este no se daban antes en Venezuela. Ahora avanzan, como en una oleada, de occidente a oriente.

En todo caso, la justicia colombiana se da por bien servida con cualquier teoría más o menos creíble sobre la muerte de Artemo, con tal de evitarse embrollos, líos en los que el propio juez puede terminar optando entre suicidarse y quitarse la vida.

*Periodista y director de cine y televisión colombiano.

 Notas:

(1) ‚ÄúEl negocio de la droga en el bloque Catatumbo‚ÄĚ. La Rep√ļblica. Bogot√°, 28 de abril de 2013. http://www.larepublica.co/economia/el-negocio-de-la-droga-en-el-bloque-catatumbo_37429

(2) ‚ÄúOtro Extraditable recibi√≥ AIS.‚ÄĚ Noticias UNO. Bogot√°, 24 de octubre de 2009. http://noticiasunolaredindependiente.com/2009/10/24/noticias/extraditable-con-ais/

(3) Cepeda Castro, Iv√°n. ‚ÄúLos campos de exterminio y las fosas comunes en El Catatumbo.‚ÄĚ Derechos Humanos en Colombia. Bogot√°, 1 de julio de 2006. Equipo Nizkor. http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/catacumbo1.html

(4) Meneses Reyes, Carlos. ‚ÄúEl clan Barriga: Parapol√≠tica y negocios en Norte de Santander‚ÄĚ. Portal Rebeli√≥n. 10 de marzo de 2014. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181817

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