Esta semana nos madrugamos con un nuevo caso de colusi√≥n en nuestro pa√≠s. Probablemente, la coordinaci√≥n de cuatro cadenas de supermercados para subir el precio de la carne de pollo -cuyos principales productores tambi√©n se coludieron- ser√° presentada como un nuevo caso puntual. Sin embargo, es necesario establecer una linealidad entre los casos ya vistos (farmacias, papel confort, etc.) y los que sabemos que vendr√°n (es cosa de pensar en la mayor√≠a de bienes de uso com√ļn y con pocos proveedores, o sea, casi todos los que por ejemplo se encuentran al interior de un supermercado).

Dentro de esta misma l√≠nea de la ret√≥rica del caso puntual saltar√°n a la palestra los paladines del libre mercado apuntando con el dedo a todos estos sujetos de las ‚Äúmalas pr√°cticas‚ÄĚ, imputando as√≠ a la responsabilidad individual y la avaricia el derrotero al que hemos llegado. As√≠, el ‚Äďradical- libre mercado de nuestro pa√≠s se mantendr√≠a en alg√ļn lugar pr√≠stino desde el que custodia el mecanismo m√°s racional para el ordenamiento de nuestra sociedad completa y la asignaci√≥n de sus recursos. ¬ŅD√≥nde est√° ese lugar ut√≥pico de libre mercado sin colusi√≥n o, al menos, cu√°l podr√≠a ser alg√ļn ejemplo en nuestra sociedad de aquello? Nadie lo sabe.

Lo que no se dice, sin embargo, es que lo que vemos aqu√≠ es el funcionamiento l√≥gico de una determinada arquitectura societal, cuyo ‚Äún√ļcleo racional‚ÄĚ es la total irracionalidad que vemos en el funcionamiento de los mercados. David Harvey plantea acertadamente que el movimiento mediante el cual se comienza a instalar el neoliberalismo en las distintas latitudes del globo es un movimiento que busca restituir un determinado poder de clase. Chile es uno de los pa√≠ses donde esto se hace m√°s evidente: como hasta los organismos internacionales custodios del neoliberalismo lo plantean, nuestro pa√≠s fue el m√°s radical. La historia es conocida: tras el avance de los sectores populares ‚Äď con el permiso del Diputado Hasb√ļn- durante el gobierno de Allende, la lluvia de misiles sobre La Moneda tuvo un solo objetivo: la restituci√≥n de las posiciones tradicionales a las que los sectores dominantes estaban acostumbrados. As√≠, tras la victoria de los Chicago Boys y la instalaci√≥n del neoliberalismo en Chile, no s√≥lo los antiguos sectores dominantes volvieron a su lugar, sino que la dictadura aport√≥ al robustecimiento de este sector repartiendo a diestra y siniestra los bienes p√ļblicos que anta√Īo fueron hist√≥ricas conquistas sociales. Primer punto entonces: restauraci√≥n del poder de clase.

Este nuevo modelo de acumulación se levantó en base a un concepto principal: la depredación. El mismo Harvey lo llamará un modelo de acumulación por desposesión. Esto, como dice su nombre, porque efectivamente centra sus nichos principales de acumulación desposeyendo a los sectores dominados, lo que se ve claramente en nuestro país cuando vemos cuáles han sido los principales sectores (no) productivos a los que estos grupos se han abocado (economía financiera en general, retail, salud, pensiones, educación, etc.). Pero, además, con esta idea el geógrafo inglés hace referencia a que vivimos hoy lo que el viejo Marx llamó acumulación originaria, la apertura de espacios de acumulación a partir del robo y la depredación, pero que en su aparición moderna adquieren la forma, principalmente, de la privatización. Segundo punto entonces: estos escándalos de colusión que estallan cada cierto tiempo no obedecen a la avaricia individual, sino que a un modelo económico que es en sus bases estrictamente rentista y depredador, que en su mismo modo de acumulación fortalece el poder de clase y lo distancia de los sectores subalternos. Esto tiene que ver con el tercer punto.

La restauraci√≥n del poder de clase, o el movimiento de instalaci√≥n del neoliberalismo en el pa√≠s, tiene su correlato institucional. Esto es lo que hemos llamado en otro lugar los ‚Äúblindajes del modelo‚ÄĚ. Con esto se quiere indicar que el desarrollo e instalaci√≥n del neoliberalismo en el pa√≠s llev√≥ aparejada la construcci√≥n de una determinada arquitectura institucional y una gubernamentalidad orientada principalmente a producir un proceso de enajenaci√≥n y apropiaci√≥n de la agencia pol√≠tica del pueblo. Se trata de un conjunto de blindajes que van m√°s all√° de los nombrados ‚Äúblindajes constitucionales‚ÄĚ (qu√≥rums contramayoritarios, Tribunal Constitucional, etc.) y que extendi√©ndose a una gran diversidad de esferas de la vida (c√≥digo laboral, sistema de salud, educaci√≥n, pensiones, Ley de Municipalidades, por nombrar algunas) aportan a aquel fin.

De este modo, estos blindajes institucionales al mismo tiempo que act√ļan como garant√≠a de la reproducci√≥n del modelo econ√≥mico y de su irreformabilidad, garantizan la estabilidad de la √©lite econ√≥mica del pa√≠s en tanto que clase dominante, desplazando a los sectores populares de cualquier tipo de decisi√≥n sobre la mayor√≠a de los √°mbitos de su vida. As√≠, el manto de impunidad que genera estar en la cima de la pir√°mide junto con la racionalidad irracional del modelo de acumulaci√≥n que hoy tenemos da como resultado que el modo de operar de estos sectores se vea reducido a una sola m√°xima: todo es cancha. El financiamiento empresarial a la pol√≠tica, por tanto, no tiene nada de sorpresivo, sino que es un herramienta m√°s mediante la cual el poder econ√≥mico mantiene subordinado al poder pol√≠tico: es parte de la misma arquitectura.

Las colusiones que hoy vemos no se detendr√°n, puesto que son intr√≠nsecas al modelo econ√≥mico-pol√≠tico del pa√≠s. Se trata de una determinada racionalidad, un modus operandi, mediante el cual los agentes econ√≥micos dominantes act√ļan. Ciertamente esta racionalidad es profundamente irracional y es por ello que deviene cada vez m√°s en esc√°ndalo. De hecho, hoy es m√°s imaginable que el modelo se ‚Äúderrumbe‚ÄĚ por su propia colusi√≥n y desprestigio que v√≠a protesta social y cambios estructurales.

Ese escenario, sin embargo, no es favorable para quienes creemos que la superaci√≥n del neoliberalismo en Chile es una tarea urgente y necesaria. En primer lugar, y por ello las comillas, porque este derrumbe no es tal, sino que muy por el contrario, es una coyuntura ideal, para que en base al ‚Äúcontrol de los excesos‚ÄĚ y la ret√≥rica pirot√©cnica de supuestas reformas estructurales, la raz√≥n neoliberal y su correlato en lo econ√≥mico y en lo pol√≠tico-institucional, salga fortalecida de este impasse. La soluci√≥n real no puede venir sino desde afuera y desde abajo del bloque en el poder y ah√≠ estamos al debe.

De este modo si bien parece importante plantear que este es un problema de clase que se encuentra arraigado en lo profundo del funcionamiento del modelo econ√≥mico actual y la arquitectura pol√≠tica que lo acompa√Īa, es importante tambi√©n observar con ello las tareas urgentes con las que la realidad nos interpela. La construcci√≥n de una fuerza de izquierda transformadora, con base en los sectores populares, vocaci√≥n de poder y mayor√≠as y estructurada en ruptura radical con el modelo neoliberal, es una tarea urgente para que situaciones como esta no decanten en un fortalecimiento de los mismos de siempre, sino que en un avance real de los sectores populares del pa√≠s.