Ene 21 2011
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PolíticaSociedad

Con Taner Akçam: Turquía, sus intelectuales y el genocidio armenio

Coriún Aharonián*

Taner Akçam, sociólogo e historiador turco, profesor en la Clark University de Massachusetts, visitó Argentina y Uruguay con motivo de la presentación de su libro Un acto vergonzoso: el genocidio armenio y la cuestión de la responsabilidad turca *. Ese tema constituye el eje de esta entrevista.

 

Osvaldo Bayer lo define como “un héroe civil”. El Dr. Taner Akçam (pronúnciese Akcham) nació en la provincia de Ardahán en 1953. Obtuvo su título universitario en 1976, y poco después fue arrestado por haber hecho referencia a la minoría kurda en un artículo periodístico, siendo condenado a prisión ese mismo año 1976. Declarado preso de conciencia por Aministía Internacional, logró huír de su encierro y radicarse en Alemania, donde recibió asilo en 1978 y en cuya Universidad de Hannover se doctoró en 1995 con una tesis sobre “El nacionalismo turco y el genocidio armenio. Trasfondo de los tribunales militares en Estambul entre 1919 y 1922”.

Desde entonces ha ido profundizando su estudio de las circunstancias del genocidio perpetrado entre 1915 y 1923 contra los armenios, convirtiéndose en uno de los principales especialistas turcos — si no el principal — en la materia. Esto le ha valido nuevas persecuciones, y aún amenazas de muerte, en una Turquía que niega el genocidio a través de las décadas y los diversos gobiernos, y que considera delito contra la patria la mera mención al mismo. 

– ¿Cuáles considera que son las razones para que los gobiernos de Turquía hayan mantenido durante casi un siglo una actitud negacionista respecto al genocidio armenio?

– Empecemos por la más sencilla: si uno miente durante 90 años, le es muy difícil cambiar repentinamente, diciendo una mañana al despertarse “¡Oh, lo siento, estaba equivocado!”. Noventa años de negación es ya un obstáculo en sí mismo para un cambio de política. Pero esto no es tan importante. 

Habitualmente diferenciamos dos razones básicas para la negación del genocidio armenio. Una es lo que llamamos el aspecto material del reconocimiento. Funciona así: si admite el genocidio, Turquía deberá pagar alguna reparación. Sea en forma de dinero, sea en forma de territorio. Para no pagar nada por las pérdidas armenias, Turquía niega el genocidio. La segunda razón es moral: es muy difícil para Turquía y para los turcos admitir el genocidio armenio porque afecta directamente su identidad. Si los turcos reconocen y enfrentan su propia historia, deberán al mismo tiempo admitir y reconocer que los padres de la patria — o una parte importante de ellos — fueron asesinos y ladrones. Participaron directamente en el genocidio, o bien se hicieron ricos saqueando propiedades de armenios. Es muy difícil para una nación llamar asesinos o ladrones a sus padres fundadores. 

En cuanto al aspecto material, debo hacer una aclaración. Está siempre la idea de que, si admitiese el genocidio armenio, Turquía debería ceder ciertos territorios a Armenia. Yo no creo que esto sea una preocupación muy seria para el gobierno turco. Sé que hay algunas organizaciones armenias haciendo ese tipo de reclamos, pero pienso que los dirigentes políticos de Ankara son lo suficientemente hábiles — y lo suficientemente fuertes — como para saber que no hay tal cuestión sobre la mesa. Y no sólo desde una perspectiva legal, dado que la Turquía actual no ocupa ningún territorio que haya pertenecido legalmente al Estado de Armenia. El genocidio fue básicamente dentro del Imperio Otomano: un crimen entre el gobierno otomano y sus propios ciudadanos. Nadie puede plantear tales reclamos. 

De todos modos, el aspecto financiero es serio. Es en realidad una cuestión moral: uno se declara simbólicamente pronto para entender o para rectificar ciertas pérdidas de los armenios. Pero nunca puede dar exactamente la misma cosa, nunca puede regresar los seres humanos, nunca puede devolver la civilización. No me cuento entre quienes sostienen la importancia de las razones materiales, y sí me cuento entre quienes piensan que se trata, en lo básico, de un problema sicológico.

– ¿Por qué la actitud negacionista ha sobrevivido a todos los gobiernos de Turquía, de los signos más diversos? ¿O no fueron realmente diversos y hubo en los hechos una continuidad?

– Si la misma elite dirigente que cometió el crimen continúa gobernando el país, no se puede esperar que esa elite enfrente su propio pasado y admita sus propias fechorías. Es necesario que ocurra un cambio dentro del poder político, a fin de que los recién llegados puedan desplazar a la guardia vieja, y puedan obligar además a los miembros de esa guardia vieja a enfrentar sus crímenes. Es la relación de los grupos de poder nuevo y viejo que determina cuán lejos puede abrirse esta sociedad en relación con el pasado. Los militares y los burócratas que organizaron el genocidio armenio fueron los mismos militares y los mismos burócratas que instauraron la república de Turquía. Y esta elite dirigente nunca cambió. Controlaron Turquía hasta el 2002. Después de esa fecha, y por primera vez en la historia de Turquía, estamos experimentando un cambio dentro de la elite dirigente. Ésta es la razón por la que tenemos un proceso de apertura hacia la cuestión kurda, hacia los derechos de ciertos grupos religiosos, hacia los derechos democráticos, y ese proceso incluye al caso armenio. 

Si es que podemos hablar de un aporte de Taner Akçam a la investigación del genocidio, es que mostré en Un acto vergonzoso el aspecto de la continuidad entre genocidio y República Turca, por lo menos en dos o tres niveles. Un importante número de cuadros, miembros de las unidades nacionales que lucharon contra la ocupación francesa y británica, eran también miembros del partido Comité de Unión y Progreso (CUP). El CUP, el principal vehículo del movimiento nacioanlista turco, fue un factor importante en la política negacionista.

– Durante décadas, ¿no hubo cambio en esta elite dirigente?  

– Hasta el año 2002 los nuevos dirigentes pertenecían al mismo grupo político-económico. En el 2002, por vez primera, nuevos estratos de hombres de negocios accedieron al poder, a través del partido islamista basado en una clase social que no tiene vínculo con el Estado y la burocracia, desarrollado fuera del control del Estado. Los llamamos los tigres de Anatolia. Son la nueva clase media de Turquía, gente conservadora, los nuevos modernizadores de Turquía, y ahora están desplazando a la vieja guardia — militares y burócratas — del poder. Todo depende de su equilibrio, de su negociación con la elite dirigente.

Si se mira la historia de Turquía desde un punto de vista sociológico, se diría que los otomanos mataron a sus modernizadores. Básicamente, el dínamo, la máquina modernizadora de los otomanos eran los cristianos. Los primeros revolucionarios sociales del Imperio Otomano eran armenios. Eran ciudadanos otomanos. Los primeros modernizadores en lenguaje, en educación, en teatro, en cultura, en arquitectura [1], eran fundamentalmente de origen cristiano: armenios y griegos. Los primeros estratos dispuestos a transformar el Imperio Otomano en una sociedad capitalista moderna provenían de la clase burguesa de origen cristiano. Y el Estado otomano mató a sus modernizadores. El reemplazar esta clase modernizadora le significó a Turquía otros cien años.

¿Cuál es su punto de vista sobre su significado?

– Yo no firmé, por diferentes razones. Si hubiera estado en Turquía, hubiera firmado, sin duda. Como individuo, estoy contra el disculparse. Yo no hice nada malo, ¿por qué debería pedir disculpas? No me gusta este enfoque. Es el gobierno, es la autoridad política la que debería pedir perdón. Y yo firmaría todo documento que exija al gobierno un pedido político o moral de disculpas al pueblo armenio. La razón por la que el número de firmas fue de 30.000 y no más, es porque mucha gente no estaba de acuerdo con los términos con que estaba redactado el documento.

Un último punto, que quizás los lectores no conozcan: por vez primera en la historia de Turquía, en 2010 hubo un llamado de intelectuales turcos convocando a concurrir el 24 de abril a la plaza Taksim para conmemorar el genocidio armenio. Asistieron alrededor de mil personas, que hicieron la conmemoración silenciosamente. Fue otro rompimiento de tabú en la historia de Turquía. 

* La edición en castellano es de Colihue (Buenos Aires, 2010). En Montevideo, la presentación del libro fue realizada por el Dr. Javier Miranda en el Paraninfo de la Universidad. 

(1) En el Museo de Arte Moderno de Estambul se realizó en estos días una primera y valiente exposición de rescate de memoria cultural bajo el título “Arquitectos armenios de Estambul en la era de la occidentalización”, mostrando fotos de 100 edificios construidos por 40 arquitectos armenios a fines del siglo XIX y comienzos del XX, entre ellos varios importantes edificios públicos. (Véase la edición en inglés del diario Hurriyet del 9-XII-2010: www.hurriyetdailynews.com/)
(2) Véase “Pedido de perdón de intelectuales turcos” en Brecha, 23-I-2009.

*Musicólogo, compositor y escritor uruguayo-Publicado en Brecha, Montevideo, Uruguay

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