Dic 21 2010
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Opinión

Costa Rica / Nicaragua: del Estrecho Dudoso al caño imaginario

A pesar del interés de éste por cumplir la orden del monarca, pues ya en julio de 1524 se proponía enviar barcos por las dos costas para dar con la supuesta ruta, no sería sino en 1539 que, tras numerosas vicisitudes, Alonso Calero y Diego Machuca descubrirían el Desaguadero que drenaba el lago Cocibolca.

Majestuoso curso de aguas profundas, ese río San Juan colmado de espesos bosques en sus riberas dejaba así de ser una entidad geográfica mítica, quedando nada más que para la historia el nombre de Estrecho Dudoso, como se le denominó durante un prolongado lapso de anhelos e incertidumbres. Por cierto, en 1966 Ernesto Cardenal bautizaría con ese nombre un estremecedor poemario, en el que uno siente la trepidación de una historia que aún no terminamos de asimilar.

Traigo a colación lo del Estrecho Dudoso, porque hoy el conflicto se centra en un caño o canal que es más que dudoso, pero que Edén Pastora y sus cuadrillas ya han convertido en real, con pasmosa arbitrariedad ante nuestra condición de sociedad civilizada e inerme, y a contrapelo de toda evidencia histórica. A los documentos me remito.

Es muy llamativo que, siendo este hito geográfico el aspecto medular del conflicto, en el documento nicaragüense no aparezca un solo mapa que siquiera sugiera su existencia. El único sustento pictórico son dos fotos que aparecen en la Presentación (p. 4) y que son reproducidas posteriormente (p. 60): en una se observa una panorámica de la laguna Los Portillos (Harbor Head) y en la otra un asomo de caño, denominado por ellos "Caño Harbor Head".

¿Se puede concluir que es el vestigio de un canal que otrora hubo ahí? Se podría hipotetizar que sí, ante lo cual lo pertinente desde el punto de vista científico es buscar evidencias que sean confiables. De ellas, la más objetiva corresponde al minucioso croquis elaborado por el ingeniero Edward P. Alexander, árbitro del laudo de 1897-1898, aceptado por ambos países. Pero ahí no hay caño alguno. Curiosamente, Nicaragua omite dicho esquema en su documento. ¿Por qué?

Se podría dar el beneficio de la duda, por los drásticos cambios en la antigua bahía de San Juan del Norte (Greytown) debido a la incesante sedimentación ocurrida ya desde el siglo XIX. Pero, de nuevo, las evidencias indican lo contrario. Hay un detallado mapa de dicha bahía, el cual incluye la laguna Los Portillos—-sin ese nombre, entonces—, el cual fue levantado en 1832 por el capitán George Peacock, del Almirantazgo Británico; los lectores lo pueden consultar en mi artículo.

Ahí tampoco está el mentado caño, aunque hay algunos caños en otras direcciones, los cuales posiblemente se ocluyeron con sedimentos en esos 65 años, como lo sugiere el hecho de que Alexander no los indicara en su plano.

Cabe entonces preguntarse: ¿desconocen los geógrafos e historiadores nicaragüenses este mapa? Difícil de creer, por referirse al punto de entrada a la antigua Vía del Tránsito, tan importante en su historia. Además, el mapa es público. En nuestro caso, aparece en el libro Bosquejo de la República de Costa Rica, publicado en 1851 por el guatemalteco Felipe Molina, y reimpreso por la EUNED (2007). Es decir, aunque lo conozcan, ahora lo ignoran. ¿Por qué?

En síntesis, en su documento no hay una sola evidencia cartográfica de que existió el caño que un aventurero militar como Pastora ha imaginado y se ha empeñado en publicitar. Pero lo más lamentable es que todo un gobierno haya dado crédito a un dato infundado, que riñe con la ciencia y con la historia, y que ha llevado a dos países hermanados por tantas cosas a un desgaste innecesario y lamentable, que ojalá no desemboque en una confrontación armada.

* Biólogo.
En el diario costarricense El País (www.elpais.cr)m donde se publicó el artículo a que hace mención el autor al comienzo.

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