Ene 15 2014
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Política

Costa Rica y el mito del país más feliz del mundo

Luego que la New Eco­nomics Foundation (NEF) ubicó a Costa Rica en el primer lugar dentro de 149 países (Happy Planet Index, 2009), el inglés Nic Marks, su editor, visitó la nación centroamericana y allí manifestó estar muy emocionado en poder entender cómo se logró esto. Dijo Marks: ¿cómo hacer para que otros países emulen el ejemplo de Costa Rica?

Pagadas de sí mismas, las autoridades pasearon al visitante por el país más feliz del mundo, aunque librándolo de conocer a la niña Lineth Campos. Dos años antes, en un acto oficial en Nicoya (provincia de Guanacaste), Lineth había causado el enojo del insípido presidente Óscar Arias y sus ministros, lanzándoles los versos de un poema de Alvaro Villegas:

“Guanacaste, Guanacaste… paraíso natural que despierta la codicia del imperialismo… / Antes el latifundismo, luego la explotación del criollo en las minas y haciendas ganaderas, ahora la explotación turística”.

Las mediciones de la NEF parecen responder a las agencias del turismo aventura, o al interés de los que promueven el negocio inmobiliario entre los jubilados de Estados Unidos y Europa. Para ello cuenta con el respaldo de instituciones como la Universidad de la Paz (presidida ad honorem por el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki moon), y que en su staff tiene a personajes como el demócrata vacuno de Uruguay Julio María Sanguinetti, y el tecnócrata chileno Francisco Rojas Aravena.

En sentido contrario, las mediciones emprendidas por el programa Estudio de la nación, dirigido por Jorge Vargas Curell, resultan menos optimistas: más de un millón de pobres (25 por ciento de la población), con 7 por ciento en la pobreza extrema (80 dólares al mes en las ciudades, 63 en el campo), en tanto 40 por ciento de los niños y adolescentes se debaten en situación de pobreza.

Un país, en suma, donde el politólogo Andrés Mora Ramírez asegura que la resignación se disfraza de felicidad, y desde 2010, con las políticas neoliberales, ha visto crecer el desempleo, la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres, habiendo alcanzado el pico máximo en un cuarto de siglo.

Mora Ramírez aludía al fracaso del venido a menos Partido Liberación Nacional (PLN), surgido de los ideales socialdemócratas de José Figueres (1948), y que con los años degeneró “…en una agrupación derechista y auténtico caballo de Troya del gran capital trasnacional y de los grupos dominantes asociados”.

Otro mito costarricense consiste en relamerse con las ventajas del país sin ejército, abolido por la Constitución de 1949. Singularidad institucional que, para fundaciones alemanas como la reaccionaria Konrad Adenauer (democristiana), habría hecho de la sociedad tica la más democrática y segura de América Latina. Cosa hasta cierto punto veraz, en comparación con la desgarradora realidad social de los países vecinos.

Los pueblos, sin embargo, sangran por su propia herida. Porque buena parte de los costarricenses sienten que la cacareada democracia, seguridad y felicidad de su patria contradice el sentido profundo de los versos declamados por Lineth: aquel espíritu patriota y antimperialista que el 20 de marzo de 1856, en la provincia de Guanacaste precisamente, derrotó al filibustero yanqui William Walker en la batalla de Santa Rosa.

Más que país feliz, Costa Rica es hoy un protectorado virtual de Estados Unidos, y piedra angular de los planes de dominación del Pentágono en América Central y el Caribe. En julio de 2010, por ejemplo, y en franca violación de la Constitución, la Asamblea Legislativa aprobó por unanimidad el ingreso a territorio nacional de 7 mil marines y 46 buques de guerra equipados con helicópteros artillados y aviones de combate.

La autorización del ingreso fue solicitada por la embajada de Washington en San José, a través de una carta sin traducción oficial que el gobierno de Laura Chinchilla giró de inmediato a la Asamblea Legislativa. Y en el acuerdo, el país más feliz del mundo renunciaba a presentar cualquier reclamo “…por daño, destrucción de la propiedad de otro, lesiones o muerte del personal de ambos que surgieran de las actividades”. En pocas palabras, las tropas yanquis no podían ser juzgadas en Costa Rica.

Contra los políticos neoliberales del PLN y socialcristianos del PUSC, a más de los llamados libertarios (remedo ultraneoliberal y criollo del Tea Party), viene consolidándose la personalidad de José María Villalta, joven legislador que encabeza la intención de voto y lidera la coalición de fuerzas progresistas y de izquierdas agrupadas en el Frente Amplio (FA).

Previstos para el domingo 2 de febrero, los comicios presidenciales podrían arrojar la grata sorpresa de que el FA consiga romper el círculo vicioso de los cipayos ticos, en más de medio siglo de alienación, entreguismo y pérdida de la soberanía nacional. Para ello, bastaría que Villalta pase a la segunda ronda electoral.

En tanto, los versos declamados por Lineth ayudan a levantar el ánimo: “Despierta, hermano guanacasteco, despierta tu espíritu indómito / suéltate el bozal, quítate la talmeca, demuestra tu coraje y altivez chorotega, toma las riendas del potro chúcaro y domina el toro cimarrón del imperialismo…”

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