Nov 2 2012
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Opini贸nPol铆tica

Crisis de los misiles: lo que intentan ocultar

A principios de 1962 el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, aprob贸 un plan de invasi贸n directa a Cuba con el empleo de sus fuerzas navales, a茅reas y terrestres. Deb铆a ejecutarse en octubre de ese a帽o pero justo en ese momento estall贸 la crisis de los misiles. Hab铆an transcurrido unos 20 meses despu茅s de la fulminante derrota de la invasi贸n de Bah铆a de Cochinos.

Organizada, financiada, entrenada, armada y dirigida por la superpotencia, sus naves de guerra escoltaron hasta aguas cubanas al contingente invasor. Se supon铆a que le dieran apoyo en una fase ulterior de la operaci贸n, pero para entonces no quedaba nadie a quien apoyar ya que 66 horas despu茅s del desembarco los contrarrevolucionarios invasores se rend铆an a las fuerzas cubanas que no les dieron tregua desde su arribo a la costa. La forja de un gran ej茅rcito popular voluntario rend铆a sus frutos.

Las agresiones de Washington contra Cuba se iniciaron desde el triunfo de la Revoluci贸n, sin contar el respaldo pol铆tico y militar que brind贸 anteriormente a la dictadura de Batista, cuyos personeros en fuga acogi贸 y protegi贸 en su territorio pese a conocer sus cr铆menes de guerra y el saqueo que hab铆an hecho del tesoro p煤blico. Veamos lo que afirma en sus memorias el presidente estadunidense a la saz贸n Dwight Eisenhower: 芦En cuesti贸n de semanas despu茅s de que Castro entrara en La Habana, nosotros, en el gobierno, comenzamos a examinar las medidas que pod铆an ser efectivas para reprimir a Castro禄. De este modo, no debe sorprender que despu茅s de fracasar los intentos de crear una sublevaci贸n interna y de la derrota de la invasi贸n de Bah铆a de Cochinos precedida de numerosas acciones terroristas, Estados Unidos decidiera la aludida intervenci贸n militar directa. Dise帽贸 tambi茅n el Plan Mangosta, un intenso ciclo de acciones paramilitares en Cuba, incluyendo la infiltraci贸n de agentes, la organizaci贸n de bandas armadas y m谩s terrorismo, con el fin de provocar 鈥搖nido al bloqueo鈥 el debilitamiento o derribo del gobierno revolucionario como preludio de la invasi贸n.

Cinco meses antes de la crisis de los misiles, la Uni贸n Sovi茅tica envi贸 una delegaci贸n de alto nivel a Cuba que comunic贸 oficialmente a Fidel y Ra煤l Castro la medida extrema decidida por Washington, informaci贸n obtenida por los servicios secretos de ese pa铆s. Confirmaba informes conseguidos tambi茅n por la inteligencia cubana. Preguntado por los sovi茅ticos qu茅 pensaba que pod铆a hacerse para evitar el ataque, Fidel respondi贸: 芦Hagan una declaraci贸n p煤blica advirtiendo a Estados Unidos, igual que ellos hacen en circunstancias similares, que un ataque a Cuba ser铆a considerado como un ataque a la URSS禄 y argument贸 su criterio. Tras pensar unos instantes los sovi茅ticos expresaron que para que no se tratara de una simple declaraci贸n era necesario adoptar algunas medidas concretas. Fue entonces cuando formularon la propuesta de instalar en Cuba proyectiles nucleares de alcance medio.

Como era l贸gico, Fidel les contest贸 que antes de dar su respuesta deseaba consultar el asunto con los restantes miembros de la direcci贸n revolucionaria. A estos el l铆der cubano les manifest贸 su opini贸n de que adem谩s del sincero deseo de Jrushov de evitar un ataque a Cuba, con lo que se sent铆a muy comprometido, los sovi茅ticos deseaban mejorar la correlaci贸n de fuerzas estrat茅gicas ya que la presencia de sus proyectiles en Cuba equival铆a a la ventaja obtenida por Estados Unidos con los misiles que hab铆a instalado en Turqu铆a e Italia.

A帽adi贸 que ser铆a inconsecuente de la direcci贸n cubana esperar de la URSS y del campo socialista el m谩ximo apoyo en caso de agresi贸n de Estados Unidos a la isla y en cambio negarse a enfrentar riesgos pol铆ticos y de prestigio cuando ellos necesitaban de Cuba, lo que fue apoyado por unanimidad por Ra煤l, Che Guevara y dem谩s compa帽eros de la direcci贸n. De vuelta con los sovi茅ticos, el comandante les manifest贸 que si se trataba de proteger a Cuba de un ataque directo y fortalecer a la vez a la URSS, los dirigentes cubanos estaban de acuerdo con la instalaci贸n de los cohetes. El resto de la reuni贸n se invirti贸 en el examen de las medidas complementarias que requerir铆a la instalaci贸n de 42 misiles de alcance medio en Cuba. Entre ellas, el env铆o a la isla de un contingente militar sovi茅tico de 40 mil hombres, que inclu铆a misiles nucleares t谩cticos. Vendr铆an meses de gran actividad y tensi贸n.

La causa de la crisis

Cuba estaba gravemente amenazada por una invasi贸n militar directa de Estados Unidos desde su derrota en Bah铆a de Cochinos. Baste a帽adir que preve铆a la movilizaci贸n de cinco divisiones del ej茅rcito, entre ellas la 82 y 101 aerotransportadas, cientos de aviones de caza y bombarderos, y la Flota del Atl谩ntico con sus unidades a茅reas y de infanter铆a de marina.

Por consiguiente, la causa de la crisis no fue la decisi贸n cubano-sovi茅tica de emplazar en la isla los proyectiles nucleares, como han venido publicando numerosos charlatanes. La causa fue la mencionada amenaza, que precedida del sangriento Plan Mangosta y unido al bloqueo econ贸mico conducir铆an supuestamente a una sublevaci贸n interna y a la justificaci贸n para invadir. Cuanto afirmo puede confirmarse en la copiosa informaci贸n desclasificada y en las memorias de los debates tripartitas sobre la crisis. En uno de ellos (1992), el secretario de Defensa estadunidense durante la crisis, Robert Macnamara, admitir铆a en La Habana: 鈥淨uiero declarar con suficiente franqueza y retrospectiva que si yo hubiera sido un dirigente cubano (en el verano de 1962), creer铆a que pudiera haber esperado una invasi贸n de Estados Unidos鈥 y debiera decir, asimismo, que de haber sido un dirigente sovi茅tico hubiera llegado a la misma conclusi贸n鈥.

Debe subrayarse que la dislocaci贸n de armas nucleares en Cuba cumpl铆a con las normas del derecho internacional, que reconoce la prerrogativa soberana de los Estados a tomar todas las medidas necesarias para defenderse de la amenaza de agresi贸n extranjera. Sin embargo, Kennedy actu贸 con arrogancia y desproporci贸n desde el momento en que se desencaden贸 la crisis, decretando un bloqueo naval, incremento de los vuelos de los aviones esp铆a U2 y el inicio de vuelos rasantes sobre Cuba. El bloqueo naval s铆 era una violaci贸n del derecho internacional y agravaba enormemente la situaci贸n. Era, adem谩s, militarmente innecesario, pues como demostr贸 la evaluaci贸n realizada d铆as despu茅s por el Pent谩gono, aun con los misiles en Cuba, Estados Unidos manten铆a la delantera en el balance nuclear. La URSS actu贸 con mayor prudencia, pero le falt贸 resoluci贸n y altura de miras. Fueron graves errores de su parte no aceptar la propuesta de La Habana de hacer p煤blico el acuerdo cubano-sovi茅tico sobre los misiles y luego permitir el vuelo de los U2 mientras se instalaban. Las fotos tomadas por una de estas naves a una rampa de lanzamiento, el 14 de octubre de 1962, entregaron a Kennedy una semana para afinar la riposta y le posibilitaron pasar a la ofensiva pol铆tica y militar.

Aunque tanto Kennedy como Jruschov demostraron inter茅s en evitar la guerra nuclear, la salida que dieron a la situaci贸n fue muy limitada. Era de esperar algo m谩s que un mero compromiso verbal por Kennedy de no atacar a Cuba a cambio de retirar los cohetes sovi茅ticos. El m谩s grave error de Jruschov fue excluir a Cuba de las negociaciones con Kennedy, pensando tal vez que 茅stas se habr铆an complicado. Con la intervenci贸n de Fidel Castro el desenlace pudo haber sido mucho m谩s favorable no s贸lo a Cuba, sino a la paz y la seguridad de los pueblos, pues su altura de estadista y revolucionario le habr铆a impregnado una t贸nica multilateral en el marco de la ONU, postura defendida por la diplomacia cubana desde el estallido de la crisis. Los no alineados y pa铆ses como M茅xico abogaban ante U Thant, secretario general de la ONU, por una salida negociada.

Los dirigentes cubanos ten铆an una l煤cida visi贸n de la gravedad de la situaci贸n y contribuyeron muy responsablemente a evitar el conflicto nuclear, pero abogaban con firmeza por una paz con principios, con dignidad. 脡sta exig铆a que se satisficieran por Washington las justas demandas cubanas: cese del bloqueo y la hostilidad econ贸micos, cese de las acciones subversivas desde su territorio (incluyendo los actos terroristas), cese de las violaciones del espacio a茅reo y de aguas cubanos por naves estadunidenses y retirada de la base de Guant谩namo. Es evidente que Estados Unidos, pese a su inaudita arrogancia, no se hubiera arriesgado a una guerra nuclear frente a estas simples demandas, todas encaminadas a restituir una relaci贸n normal y pac铆fica de Washington con La Habana y a distender la situaci贸n en el Caribe y a escala mundial dentro del marco del derecho internacional. En Cuba, con 300 mil combatientes atrincherados y un pueblo consciente de su papel, no hubo un minuto de vacilaci贸n en aquellos d铆as.

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