Ene 19 2011
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Opinión

Crisis del capitalismo: repensando alternativas desde América Latina

Fernando Martínez Heredia.*

Nuestra política no puede ser moderada, porque ya aprendimos que ninguna evolución progresiva llevará a la humanidad a una liberación decretada.
¿Qué alternativas emancipatorias se debaten en las actuales condiciones históricas de América Latina y el Caribe? No es el único interrogante, y todos ellos inescindibles del mundo real en el que se desenvuelve la vida social del continente.

Preguntas generadoras
– ¿En qué radica la esencia de la crisis, más allá de la fenomenología de sus manifestaciones?
– ¿Por qué integral, sistémica y civilizatoria?
–¿Qué alternativas emancipatorias se debaten en las actuales condiciones históricas de América Latina y el Caribe?[1]

La tercera pregunta es la principal para nuestro encuentro, porque estamos reunidos aquí luchadores y personas comprometidas. Pero precisamente por eso es tan conveniente formular las dos primeras preguntas.

Comienzo recalcando que las alternativas no pueden existir apartadas del capitalismo, sino en el proceso de una verdadera guerra contra él. Esa afirmación mía parte de una posición intelectual que analiza las realidades desde la hipótesis de que ellas contienen un conjunto de conflictos cuyo control resulta decisivo para el funcionamiento del sistema, y de que esos conflictos son diferentes, pero tienen una articulación entre sí.

Es decir, si se trata de la emancipación humana y social me guío por los conflictos, y no solamente por la descripción del sistema y su funcionamiento, o por la descripción de la emancipación. Considero que esta cuestión teórica tiene una enorme importancia práctica, que a veces es decisiva.

Paso a comentar la primera pregunta.

La esencia de la crisis que confronta el capitalismo está en su naturaleza actual, no en un alto nivel de las luchas contra él. A mi juicio, esta es una premisa básica para los anticapitalistas. ¿Cuál es la naturaleza del capitalismo imperialista hoy? Sus cambios recientes, ¿son inevitables?, ¿son irreparables? No me toca desarrollar este punto, pero es imprescindible profundizar en su conocimiento. Sólo añado que es necesario distinguir entre lo que es resultado de la maduración de tendencias inherentes al sistema capitalista y a más de un siglo de su fase imperialista, y los hechos y características de la etapa más reciente del capitalismo.

Entre estas últimas, por ejemplo, el fin del concierto de naciones que rigió durante tanto tiempo las relaciones entre sus potencias y la suerte de ultraimperialismo de la actualidad, o el tránsito del neocolonialismo que caracterizó a la madurez mundial del sistema a un nuevo complejo neocolonialista selectivo.

Si atendemos al movimiento histórico, y no sólo a la estructura económico social y el funcionamiento del sistema, quisiera destacar cuatro de los instrumentos que el capitalismo utiliza en la actualidad: un desmontaje de gran parte de las conquistas obtenidas durante el siglo XX; un alto nivel de prevención antisubversiva, junto a la represión pero más importante que ella; el desarme o la neutralización de las alternativas que pretenden levantarse en su contra; y una gran guerra cultural mundial, que he tratado en numerosos trabajos, y que es la pieza clave de su estrategia. Todos estos son retos provenientes del sistema de dominación, para los revolucionarios y para las resistencias de los de abajo.

Paso al segundo aspecto de la esencia de la crisis del capitalismo
No es causada por el nivel y la fuerza de la actuación de los revolucionarios, ni de resistencias organizadas. Hace cien años, la hegemonía burguesa europea de “la bella época” del imperialismo temprano se basaba en un gigantesco auge de las fuerzas económicas y las relaciones sociales del sistema, la explotación de las mayorías, más moderada en los centros y a través del más salvaje colonialismo o el intercambio desigual en el resto del mundo, y una larga paz entre las potencias.

Entre 1914 y 1945 esa hegemonía se rompió en pedazos y se desprestigió a fondo: la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, el predominio del fascismo en aquel continente y la Segunda Guerra Mundial fueron los hitos principales de aquella crisis. Pero la Revolución bolchevique y los primeros años de la URSS y la Internacional Comunista crearon una nueva realidad fuera del capitalismo y opuesta a él, hubo grandes revoluciones en México y en China, se pasó de las resistencias culturales al nacionalismo político en Asia y África y hubo revoluciones por la liberación nacional en varios lugares.

Se fueron extendiendo las ideas y las luchas socialistas. No hablaré del período 1945-1989/91, porque es muy conocido, sólo quiero recordar que durante esa época hubo grandes revoluciones e el Tercer Mundo, un gran número de conflictos y profundos cambios de las personas, entre otros eventos. El capitalismo fue negado o desafiado en muchísimos terrenos.

Hoy no estamos a ese nivel. Las luchas de clases y de liberación nacional han sufrido una profunda disminución a escala mundial en las últimas décadas. El capitalismo se recompuso y pasó a la ofensiva con una gran efectividad. Pero en América Latina estamos tratando de revertir la situación.

¿Cómo le podremos sacar provecho a la crisis que sufre el capitalismo a causa de su naturaleza actual? Menciono entonces desafíos para los revolucionarios y para las resistencias de los de abajo, provenientes de sus propias realidades: dispersión de sus fuerzas, confusiones y divisiones, falta de claridad en las estrategias, escasez de organizaciones efectivas, poco desarrollo de un pensamiento creador que sirva como ayuda y guía, y pocas habilidades movilizadoras de la acción política. Pero todo eso y mucho más será discutido en este Taller.

Comento la segunda pregunta
La crisis integral, ¿lo es realmente? ¿Es indispensable que sea tan completa, o es un recurso subjetivo que acostumbramos a utilizar, causado por el peso tan tremendo que tiene el determinismo en las elaboraciones intelectuales correspondientes a la modernidad capitalista? Es muy comprensible que ese determinismo nos influya mucho, pero estamos obligados a liberarnos de él.

Ante todo, la crisis no es integral. Si atendemos a la financiera que se desató hace poco en 2008, se puede constatar que:

1- no disminuyó el poder de los Estados Unidos, y quizás reforzó la convicción entre los demás imperialistas de que es inevitable que ese país ostente el poder supremo;

2- demostró que el poder del Estado sigue siendo fundamental para mantener el dominio económico capitalista;

3- China, India, Brasil, Rusia y algunos otros países del Tercer Mundo no sufrieron la crisis;

4- América Latina no ha sido doblegada por esa crisis; y

5- el grupo constituido por numerosos países que son los más empobrecidos y abandonados del mundo viven su crisis permanente, ajena a la crisis financiera citada.

Lo fundamental del capitalismo contemporáneo ha seguido funcionando: la hipercentralización, la financiarización y el cobro de tributos, el saqueo sistemático y el necolonialismo selectivo, los mecanismos internacionales que son propiedad de ellos y una potencia que es suprema en lo militar y lo político, y predominante en lo cultural.

La crisis del medio en que vivimos es gravísima y es palpable que será cada vez peor. Pero también es, por lo mismo, un indicador serio de los datos esenciales del conflicto. Nosotros hemos avanzado en integrar esa crisis a nuestras luchas y a nuestras ideas, ellos no la integran a sus posiciones, por dos razones básicas: no se lo permite la lógica depredatoria de su sistema económico y de dominación, y no tenemos fuerzas suficientes para obligarlos a hacerlo.

Desarrollamos los aspectos más creativos de nuestras ideas y sentimientos cuando integramos la conciencia ecológica hacia nuevas concepciones del mundo, el orden social y la vida; es decir, damos pasos creativos importantes que ya los capitalistas no pueden dar, nos adelantamos y nos vamos volviendo superiores a ellos.

Cuando tengamos fuerzas suficientes, podremos extender a cientos de millones de personas humildes esa conciencia ecológica y movilizarlos para luchar por ella, y se integrará en un complejo emancipador poderoso y opuesto al capitalismo, pero sobre todo creador de una nueva manera de vivir y de entender el mundo.

Considerar civilizatoria a la crisis depende de la posición teórica que compartamos. A mi juicio, civilización es uno de los conceptos centrales del dominio cultural e ideológico capitalista surgido en Europa, que tuvo un aire científico sociológico con aquella clasificación colonialista de “salvajes, bárbaros y civilizados”, y una ideología abierta de colonialismo y racismo con la oposición “barbarie-civilización”, que tantos estragos ha hecho, pero que ya combatía José Martí hace un siglo y cuarto.

Panel en el IX Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios “El movimiento social popular en América Latina. Emergencias emancipatorias anticapitalistas en el siglo XXI”. La Habana, 10 de enero de 2011.

* Filósofo, escritor.
En La Haine (www.lahaine.org).

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