Nov 22 2009
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Opinión

Crónicas ingenuas / Ayudarse mutamente

Gisela Ortega.*

Hace poco me describieron esta  escena: una señora sé cayó  y no pudo levantarse. Varios peatones que estaban a corta distancia se dieron cuenta del suceso pero no  la auxiliaron. Por fin, llego corriendo una joven que lo había observado todo desde la acera de enfrente, ayudo a la dama caída y la acompaño a un taxi. Al recibir el agradecimiento lo rehuso replicando: es muy natural, la simpatía, dar un trato afable y  buena voluntad hacia el  prójimo.

 

Las personas magnánimas se alegran por los dones recibidos, los reconocen y están dispuestas a corresponderlos.

El apoyarse  mutuamente es una de las virtudes humanas. Pero no solo los atributos son buenos, los errores y las debilidades también lo son. Para disculparlos se dice que  “son muy humanos” ya que las personas no son únicamente nobles,  filantrópicas y buenas,  sino además indiferentes  y sin compasión.

El concepto de generosidad   engloba,  bondad, benevolencia, confianza, fidelidad, actitudes y atributos que conciernen al bienestar  de los seres humanos. Esta idea  esta estrechamente unida al altruismo.  De  acuerdo a la Real Academia Española, el altruismo proviene del francés “altruisme” y designa la diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio.

El tema en si no necesita de muchas palabras, pero en una época de inhumanidad, como la nuestra, es necesario ser consciente de los extremos a los que llega esa actitud. Las noticias sobre guerras, asesinatos, vandalismos, robos, secuestros, saqueos, son actos bárbaros contra el prójimo, despiertan en nosotros sentimientos de horror y desamparo.

El mundo no ha sido nunca “integro”, pero jamas han existido aglomeraciones caóticas como las que se producen en nuestro planeta, ni tantos miles de millones de seres han luchado por sobrevivir, aquí la sensibilidad, brilla por su ausencia.

No podemos negar que nos hayamos convertido en una sociedad competitiva, y que apartemos a los demás  con brusquedad cuando se interponen  en nuestro camino. La cortesía se ha convertido en algo superfluo, el trato es más rudo, la piedad  y la predisposición a cooperar  son escasas. Al mismo tiempo crece el egoísmo, la desconsideración irreflexiva y la desconfianza en todo y de todos.   

La relación entre los seres humanos  ha desmejorado sobre todo en las grandes urbes. De ahí que mucha gente piense solo en sí misma. Antes la cooperación   vecinal era algo natural, pero hoy se ha convertido en una excepción entre los habitantes de las grandes zonas residenciales. Otro ejemplo del tiempo en que vivimos es que alguien le ceda el asiento en el metro o autobús  a una persona mayor.

La participación afectiva se ha reducido al mínimo. Cada uno se da cuenta de la situación y se queja, pero sigue provocándola.  ¿Por qué comportarse con  indulgencia  si los demás no lo hacen? Tenemos y debemos hacerlo porque dependemos los unos de los otros. Se puede contagiar a los demás con enojo, cólera, desconfianza,  como con buen humor, amabilidad, comprensión compasión, caridad, misericordia, piedad y ayuda.

Lo mejor es empezar consigo mismo. Especialmente los niños deben ser instruidos para que cooperen entre sí, y la mejor educación es el propio ejemplo. Si  esta generación no aprende a pensar y a actuar con benevolencia  nuestro  futuro  será difícil.                                              

 

* Periodista.

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