Oct 20 2018
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Despacito por las piedras

Cuando el mundo financiero se moja los pies, nosotros temblamos de frío

 

 

“A mí ni me va, ni me viene lo que pasa en el mundo de las finanzas…yo vivo de mi trabajo”  Es una frase que muy bien podría pronunciar cualquier persona honesta y sensata que todas las mañanas se levanta al alba para que su familia pueda parar la olla.

Pero la verdad es que, en este mundo donde los bancos y el sector financiero manejan la vida de la mayor parte de las sociedades, la cosa no es así. Son ellos los que deciden por nosotros. De lo que sea mejor para sus intereses depende gran parte de nuestras vidas. Pero claro, cada tanto la realidad golpea a sus puertas y se desatan esas crisis que ponen en vilo a todos.

Pero… ¿ésto es realmente así y a qué viene todo eso? Unos pocos y significativos datos ilustran sobre lo dicho.

Mientras la economía enflaquece la banca engorda. El sistema financiero tendría sentido si fuera un  facilitador para el funcionamiento y al servicio de la economía real, pero la realidad no es así. El sistema financiero no solo tiene vida propia, sino que él representa 125 veces el valor de la economía real. Por cada peso que se produce hay 125 que circulan a través de los distintos sistemas inventados por el mundo financiero. Para garantizar que se respeten los intereses de quienes lo manejan –beneficiándose con ello- el sistema económico mundial ha creado organismos específicos. El FMI y el Banco Mundial tienen esa misión.

La realidad actual registra un dato inédito, nunca tantos sufren tanto para que unos pocos se beneficien con ello. Lo que pasa en la Argentina es una muestra palpable de lo dicho. El FMI le prestó 57 mil millones de dólares. Ello hubiera permitido poner de pie unos 28 millones de metros cuadrados de construcciones de buena calidad; también es el equivalente al valor de unos 5,2 millones de coches nuevos.

Pero no… El 100% de esa plata está destinada a garantizar que les paguemos a quienes nos reclaman dinero que dicen que nos prestaron. Para pagarlos es que estamos padeciendo este ajuste que nos agobia.

Esta es una forma de mirar esta realidad, pero hay otros modos de percibirla. Es lo que pasa en las diferentes Bolsas de Valores. Allí se negocian las acciones de variadas empresas, detrás de las cuales están los bancos que –de una u otra manera- inciden sobre ellas.

En estos días las principales Bolsas del mundo -particularmente en los indicadores de Wall Street (Bolsa de Nueva York)- hay signos de nerviosismos. El motivo es una rápida e importante caída en los valores de las acciones. Esto puede tratarse de una cuestión estacional y de un juego de algunos sectores que aspiran sacar algunas ventajas de esas variaciones.

El problema es que ello se da en un marco donde el fantasma de una nueva crisis global de la economía no está ausente, ello se agrava en algunas cuestiones claves: La decadencia y crisis europea; su influencia sobre el poder planetario del mundo occidental y una consecuente y creciente pérdida de la hegemonía estadounidense; acompañan a estos temores los riesgos de una crisis en la avasallante economía china.

Todo ello cuando todavía está en la memoria los efectos de la crisis estadounidense  de las “hipotecas basura” que determinara –en el 2008- la quiebra del Lehman Brothers Holdings Inc., el cuarto banco, a nivel mundial.

  • Si bien la situación no es inminente, se estima que los peores momentos se pueden dar en un par de años, las autoridades monetarias de los principales organismos internacionales temen por la estabilidad de sus sillones. La guerra comercial entre China y los Estados Unidos, sin descartar su peligroso traslado a la política y lo militar, agrava esos riesgos.
  • Todo ello se refleja en que cada nuevo Informe de esos organismos, sobre la evolución de la economía, muestra previsiones cada vez más negativas.
  • Un par de semanas atrás la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el club de los países desarrollados, hizo una declaración sosteniendo que “el crecimiento global ha tocado techo, rompiendo las previsiones más positivas de meses anteriores”. El coreano Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, viene diciendo que “todos los países sufrirán los efectos negativos” de la situación que se vislumbra en el horizonte.
  • Nuestra conocida Christine Lagarde, máxima autoridad del FMI, se pregunta si las economías están suficientemente fuertes y se responde: “No estoy segura porque el crecimiento se ha estancado y está distribuido de manera desigual”.
  • Juan Guahán
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