May 13 2019
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OpiniónPolítica

Cuando las fronteras del vivir son las fronteras del ser y del no ser

¬ŅVivimos en un tiempo de abolici√≥n de fronteras o en un tiempo de construcci√≥n de fronteras? Si tenemos en cuenta dos de los poderes o instrumentos que m√°s minuciosamente gobiernan nuestras vidas (el capital financiero e Internet) es ineludible la conclusi√≥n de que vivimos en un mundo sin fronteras.

Cualquier intento de cualquiera de los 195 Estados que existen en el mundo para regular estos poderes será considerado ridículo. En el actual contexto internacional, la evaluación no será muy diferente si la regulación se lleva a cabo por conjuntos de Estados, por más ominoso que sea el probable desenlace de la falta de regulación.Resultado de imagen para fronteras

Por otro lado, si se tiene en cuenta la incesante construcción o reafirmación de muros fronterizos, fácilmente concluimos que, por el contrario, nunca las fronteras se han movilizado tanto para delimitar pertenencias y crear exclusiones. Los muros entre Estados Unidos y México, entre Israel y Palestina, entre Hungría y Serbia, entre Crimea y Ucrania, entre Marruecos y el pueblo Saharaui, entre Marruecos y Ceuta/Melilla, están afirmando el dramático impacto de las fronteras en las oportunidades de vida de quienes buscan atravesarlas.

Esta ambivalencia o dualidad de nuestro tiempo no es nueva. Acotándonos al mundo occidental, podemos decir que existe desde el siglo XV, en el momento en que la expansión transatlántica europea obliga a alinear los poderes gemelos de eliminar y crear fronteras. El Tratado de Tordesillas de 1494 regulaba la libertad marítima de los reinos de Portugal y Castilla, al mismo tiempo que excluía a los demás países del comercio oceánico, el mare clausum. Cuando en 1604 le contrapone la doctrina del mare liberum, Hugo Grotius tiene en vista disputar las fronteras existentes para sustituirlas por otras, más acordes con las aspiraciones de la Holanda emergente. En la misma lógica de conveniencias, Francisco de Vitória, al mismo tiempo que defendía la soberanía de los países ibéricos, defendía que el derecho de libre comercio prevalecía sobre cualquier pretensión de soberanía de los pueblos de las Américas.

Resultado de imagen para universalidad de las fronterasDesde el Renacimiento en el siglo XV hasta la Ilustración en el siglo XVIII se va afirmando la universalidad sin fronteras de la humanidad y del conocimiento, al mismo tiempo que se van levantando las fronteras entre civilizados y salvajes, entre colonizadores y colonizados, entre libres y esclavos, entre hombres y mujeres, entre blancos y negros. Un siglo después de que Europa se hubiera parcelado en países soberanos con el ordenamiento que surgió del Tratado de Westfalia de 1648, Immanuel Kant aboga por la idea del Estado universal, cuna de todo el cosmopolitismo eurocéntrico.

Esa fue la √ļnica forma de garantizar la coexistencia pac√≠fica entre poderes y religiones que se hab√≠an enfrentado de modo b√°rbaro en la Guerra de los Treinta A√Īos, en la que muri√≥ un mill√≥n de personas. Un siglo despu√©s de Kant, las potencias europeas, resueltas a garantizar la expansi√≥n sin l√≠mites del capitalismo emergente, se re√ļnen en Berl√≠n para dise√Īar las fronteras en el reparto de √Āfrica, sin que obviamente los africanos sean escuchados.

El relato podría continuar con la inestabilidad crónica de las fronteras de Europa del Este y de los Balcanes y el forzoso desplazamiento masivo de poblaciones derivadas del colapso del Imperio otomano. A su vez, en nuestros días, el espacio Schengen ilustra cómo el mismo poder, simultáneamente, puede eliminar y crear fronteras. Mientras que para los europeos incluidos este espacio convirtió las fronteras internas en un anticuado impedimento felizmente superado, para los no europeos las fronteras externas se convirtieron en un muro opaco y burocrático, cuando no en una pesadilla kafkiana.

Todas las situaciones conducen a la misma conclusión: las fronteras son instrumentales y son siempre expresión del poder de quien las define. Por su parte, la violación de las fronteras o es expresión de un poder emergente que se pretende imponer al poder existente, o es expresión de quienes, sin tener poder para redefinir o eliminar las fronteras, las atraviesan sin autorización de quien las controla.

Resultado de imagen para fronterasDado su carácter instrumental, las fronteras son mucho más que líneas divisorias geopolíticas. Son formas de sociabilidad, exploración de nuevas posibilidades, momentos dramáticos de travesía, experiencias de vida fronteriza, líneas abisales de exclusión entre ser y no ser, muros de separación entre la humanidad y la subhumanidad, tiempos-espacios de ejercicio de poder arbitrario y violento. En este ámbito, lo que mejor caracteriza nuestro tiempo es la diversidad de experiencias fronterizas, la aceleración de los procesos sociales, políticos y culturales que erigen y derriban fronteras, la valoración epistemológica del vivir y el pensar fronterizos y los modos de resistencia contra fronteras consideradas arbitrarias o injustas.

Veamos algunas situaciones paradigm√°ticas. La traves√≠a de las fronteras puede ser tanto una experiencia banal, casi irrelevante, como una experiencia violenta, degradante, en la que el horror cotidiano es la √ļnica banalidad. En el primer caso son paradigm√°ticas las traves√≠as cotidianas, para fines de comercio y convivialidad, de las comunidades africanas que fueron separadas por fronteras arbitrarias despu√©s de la Conferencia de Berl√≠n en 1894-95; de los pueblos ind√≠genas de la Amazonia, que tienen parientes en ambos lados de la frontera de los varios pa√≠ses amaz√≥nicos; o de las ‚Äúgentes da raia‚ÄĚ entre Portugal y Espa√Īa (sobre todo en Galicia).

En el segundo caso, hay que distinguir entre traves√≠as cotidianas y de doble sentido, y las traves√≠as singulares o las experiencias reiteradas y frustradas de traves√≠as imaginadas, unas y otras como de sentido √ļnico. De las primeras son paradigm√°ticas las traves√≠as cotidianas de los palestinos que van a su trabajo en Israel, a trav√©s de los infames check-points, donde pueden estar horas o directamente no pasar, en cualquier caso v√≠ctimas del mismo poder violento, arbitrario y totalmente opaco. De las segundas son paradigm√°ticas las traves√≠as logradas o frustradas de millares de emigrantes o, mejor, de fugitivos del hambre, de la miseria, de las guerras y de los cambios clim√°ticos que atraviesan Am√©rica Central rumbo a los Estados Unidos, o naufragan en el Mediterr√°neo al intentar cruzarlo en su camino hacia Europa.

En estas traves√≠as, las temporalidades hist√≥ricas tanto se dramatizan como pierden sentido. Estos peregrinos de la desheredad moderna, capitalista, colonial y patriarcal, ¬Ņhuyen hacia el futuro o huyen del futuro? ¬ŅVienen del pasado o van hacia el pasado? ¬ŅSon hijos de la expoliaci√≥n colonial que intentan liberarse de la devastaci√≥n que ella cre√≥ o son proyectos de carne joven para re-esclavizar, esta vez en el seno de las fachadas de las avenidas del glamour metropolitano, y ya no en los campos de exterminio en las plantaciones de las colonias?

La sociabilidad de frontera tanto puede resultar del ejercicio permanente de desplazamiento de las fronteras, como de la vida detenida junto a fronteras fijas y bloqueadas, muros de cemento o redes de alambre de p√ļas. En el primer caso, la frontera es definida y desplazada por quien tiene el poder para hacerlo. Es paradigm√°tica la experiencia de pioneros, expedicionarios, emigrantes que, durante siglos de expansi√≥n colonial, fueron invadiendo y colonizando los territorios de los pueblos nativos. Al haber acontecido en un contexto supuestamente poscolonial, la experiencia del Far West norteamericano es particularmente reveladora de la l√≠nea abisal que la frontera va dise√Īando entre las zonas de ser y las zonas de no ser, como dir√≠a Frantz Fanon.

De este lado de la l√≠nea, siempre en movimiento, est√° la sociabilidad de los pioneros, una sociabilidad de nuevo tipo caracterizada por el uso selectivo e instrumental de las tradiciones y su mezcla con la creatividad de los inventos de convivencia exigidos por el nuevo contexto, por la pluralidad de poderes y jerarqu√≠as d√©biles entre los diferentes grupos de pioneros, por la fluidez de las relaciones sociales y la promiscuidad entre extra√Īos e √≠ntimos. Del otro lado de la l√≠nea est√°n los indios, los due√Īos del territorio, que los pioneros convierten en seres inferiores, indignos de tanta abundancia, obst√°culos al progreso, a ser superados con la inexorable conquista del Oeste. De un lado de la frontera, la convivencia; del otro, la violencia. La matriz moderna de la construcci√≥n paralela de humanidad y de inhumanidad tiene aqu√≠ una de sus ilustraciones m√°s dram√°ticas y violentas.

A su vez, la sociabilidad de las fronteras bloqueadas está muy presente hoy en día en los campos de refugiados que se van multiplicando en varios países europeos y en países asociados para el efecto, como es el caso de Turquía. Son, en verdad, campos de concentración de los nuevos presos políticos de nuestro tiempo, los presos políticos del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado, poblaciones consideradas desechables o sobrantes para estas tres formas de dominación moderna que hoy parecen más agresivas que nunca.

Las fronteras son las heridas incurables y expuestas de un mundo sin fronteras. El √ļnico motivo de esperanza que ellas nos permiten es la emergencia de movimientos y asociaciones de j√≥venes que se rebelan contra las fronteras y se solidarizan activamente con las luchas de los migrantes y refugiados. No practican ayuda humanitaria, sino que se involucran en sus luchas, facilitan la comunicaci√≥n entre los migrantes, exploran medios legales e ilegales para liberarlos de esas prisiones infames. Estos j√≥venes constituyen la mejor manifestaci√≥n de la desesperada esperanza de nuestro tiempo.

*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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