Ago 15 2013
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Cuanto más inteligentes, menos creyentes

La ciencia tiene cada vez más claro que existe una correlación entre inteligencia y religiosidad pero es negativa: los más inteligentes tienen tendencia a ser menos religiosos. Al menos esa es la conclusión principal de una investigación que repasa todos los estudios que han analizado esta relación entre intelecto y fe desde comienzos del siglo XX.

Para los autores de este metaanálisis, la religión cumple una serie de funciones para el ser humano que explican su pervivencia a lo largo de la historia. Pero, para un número creciente de personas, sus mayores habilidades intelectuales hacen innecesario a dios.

El trabajo, publicado en Personality and Social Psychology Review, ha recopilado todos los estudios que han encontrado sobre religión e inteligencia. Consultaron los archivados en la base de datos de la Asociación Americana de Psicología que se ajustaran a términos de búsqueda como coeficiente de inteligencia, IQ, inteligencia o habilidadess cognitivas y, también temas como religión, espiritualidad, o creencias religiosas. Además revisaron uno a uno los artículos aparecidos en revistas científicas especializadas en religión y consultaron en Scholar, el buscador académico de Google, con la combinación de palabras religión + IQ + inteligencia.

Encontraron 62 estudios. La mayoría medían la inteligencia con alguno de los test IQ o, en particular en el caso de investigaciones con estudiantes, mediante exámenes de aptitud. Las mediciones de la religiosidad eran más heterógeneas, desde escalas de creencias religiosas a preguntas del tipo vas a misa. Los científicos codificaron todos esos valores para permitir una comparación estadística.

“53 estudios mostraron una correlación negativa mientras 10 presentaban una correlación positiva”, dice el estudio. Es decir, desde un punto de vista estadístico, altos valores en la variable A (inteligencia) se corresponden con bajos valores en la variable B (religiosidad). Además, en 33 de ellos la correlación negativa era significativa: los valores difícilmente se pueden deber al azar o a un error en el muestreo.

Pero correlación no significa causalidad. ”No sabemos si hay una relación causal y no descartamos otros posibles factores que puedan influir en la correlación”, dice el profesor del departamento de psicología de la universidad de Rochester (EEUU) y coautor del trabajo, Miron Zuckerman. Pero analizaron otras variables como edad, sexo, raza o educación. Las tres primeras no afectaban a la correlación y, en la última, sólo un estudio establecía que sí, pero también era negativa.

La historia de esta problemática relación entre inteligencia y religiosidad la br papa en rio 1inicia una serie de estudios de la universidad de Iowa en 1928. Dos científicos examinaron por separado correlatos entre sentidos, capacidades motoras y cognitivas con la religión. Se incluyeron test de inteligencia en la batería de tareas a realizar por los sujetos a estudio. Ambos trabajos encontraron que, a mayores niveles de inteligencia, menores grados de religiosidad.

30 años después, el investigador Michael Argyle recopiló todos los estudios publicados hasta entonces realizados con estudiantes y jóvenes. Su conclusión fue similar: “los estudiantes inteligentes tienden a aceptar menos las creencias ortodoxas y tienen una menor probabilidad de tener actitudes pro religiosas”. Sin embargo, los años 60 concentran la mayoría de los estudios que encuentran una correlación positiva o inexistencia de ella entre religiosidad e inteligencia. En varios de los trabajos se destaca el papel mediador del ambiente social en el que uno crece para explicar el ateísmo o teísmo.

En la última década la ciencia ha vuelto a poner sus ojos en la cuestión y, la práctica totalidad de los estudios apuntan a una mala relación entre habilidades intelectuales y creencias religiosas. En 2009, un amplio estudio en 137 países mostró una relación de nuevo negativa entre niveles medios de inteligencia y religión.

La inteligencia sustituye a la religión

En la segunda parte del trabajo, los investigadores, sin afirmar que exista una relación causal, intentan explicar porqué los inteligentes suelen ser menos religiosos. Tres son las hipótesis que se plantean. Por un lado, el ateísmo sería una expresión de inconformismo. Los inteligentes tienen una menor probabilidad de conformarse con la ortodoxia religiosa. Una segunda posibilidad tiene que ver con las habilidades cognitivas. Al inteligente no le basta, no puede aceptar las creencias que no están sujetas a examen empírico o el razonamiento lógico. Su estilo cognitivo, más analítico que intuitivo, les hace refractarios a la religión. Esta es la tesis más aceptada en la actualidad.

MINISTERIO DE SANIDAD CONFIRMA 95 MUERTOS Y 874 HERIDOS EN CHOQUES EN EGIPTOPero los investigadores apuestan por lo que llaman equivalencia funcional. Si la religión ha pervivido durante tantos milenios es porque cubre una serie de necesidades humanas. Para los autores del estudio, la inteligencia también las puede cubrir. Así, la religión permite un encaje emocional, ofrece la visión de un mundo ordenado y predecible. También ayuda a autorregular los impulsos, ajustando la conducta en pos de objetivos. Otra de sus características es que eleva la autoestima. Por último, ofrece un rincón, un sistema cohesionador que da seguridad en tiempos de incertidumbre. La inteligencia, según este trabajo, también puede prestar estos servicios.

“Una de las funciones de la religión es ofrecer respuestas a las cuestiones existenciales. Yo creo que una alta inteligencia también ofrece estas respuestas”, opina Zuckerman. Pero hay una de las funciones que cumple la religión en la que la inteligencia no la puede sustituir y por eso los investigadores no la han incluido en su concepto de equivalencia funcional: “La única reserva que tenemos sobre esto es que la religión, al responder a las preguntas existenciales, alivia en cierta medida, el miedo a la muerte. Como decimos en el estudio, no tenemos constancia de investigaciones que demuestren que la inteligencia proporciona una función similar”.

El caso de los niños superdotados

Hay dos estudios que han merecido una especial atención por parte de los investigadores. En 1921, Lewis Terman inició un estudio con niños superdotados que aún sigue. Él buscaba las bases genéticas de su inteligencia. Pero el seguimiento de 1.500 niños, con un IQ medio superior a 135, a lo largo de su vida, incluía análisis en profundidad de cada niño mientras crecía, también de opiniones y sentimientos religiosos. En una escala de cero a cuatro (donde cero significaba que no daban ninguna importancia a la religión o eran antirreligiosos), los termitas presentan unos niveles muy inferiores comparados con los de la sociedad estadounidense en general. Además, su religiosidad se reduce con la edad. Así, los últimos datos diposnibles, de 1991, muestran un valor medio de 1,45 entre los superdotados ya ancianos frente a los 3,50 de la población.

En 1989, otro estudio con superdotados arrojó resultados similares. En aquella ocasión, se investigó a los niños de la escuela elemental Hunter College. En esta institución neoyorquina sólo van niños superdotados. Los entrevistados tenían entonces entre 38 y 50 años. Cuando entraron a la escuela, el IQ medio era de 140. Este estudio era diferente al original de Terman. Aquí se les preguntaba por las posibles fuentes de su satisfacción personal y en la lista aparecía la religión. Sólo el 0,4% atribuyó a los valores religiosos parte del mérito de su situación personal.

*Publicado en eldiario.es

 

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3 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. Antonio Casalduero Recuero
    20 agosto 2013 23:22

    Es un buen artículo, saca a luz algo que ya se sabe desde hace muchos años, y basta simplemente una observación unida a la experiencia personal. La mayor parte de la gente creyente carece de estudios más avanzados, dicho en otras palabras, es ignorante ante conocimientos universales y otras cuestiones básicas. El filósofo inglés Bertrand Russell decía “la fe me inspira un profundo respeto, pero debo mis conocimientos a la duda.” Además que la religión fue una de las herramientas de penetración cultural en América Latina, había que idiotizar a los “indios” para que fueran mansos y obedientes y les hacían creer en santos, vírgenes, aparecidos, animitas, y etc.

  2. Nadi E.
    22 agosto 2013 23:59

    El cristianismo es irracional.Creer es cuestión de gusto y no es afectado por la verdad o falsedad objetiva de lo que se cree. Más importante que “en lo que se cree” es “el por que de ello”.Querer creer significa no importar el continuar siendo ignorante.Querer saber significa esforzarse para liberarse de la ignorancia.
    La espiritualidad y la religión son dos cosas muy distintas.La espiritualidad viene de adentro, es natural, espontánea y se siente. La religión viene de afuera, es artificial, especulativa (cuyas reglas son: el proficiente embaucador gana y está terminantemente prohibido razonar) y por ser creada por el intelecto es hecha: para conveniencia de este, como medio de subsistencia para algunos listos con el negocio de proveer una cierta seguridad mental ante lo desconocido (una piedra, así y sea ficticia, crea un sentimiento de seguridad en la corriente de la vida y se le puede añadir la seguridad que la manada proporciona), como medio de obtención del Poder y de todo lo que a este se le antoje, etc.. Se basa en la ignorancia de sus creyentes.
    Para el bienestar (felicidad) del ser humano la religión es tan necesaria como para un pez una bicicleta.
    Espiritualidad es estar enamorad@ de la Naturaleza o del Universo (ampliación de la anterior). Es un gran error el excluirnos de la concepción de la Naturaleza o del Universo (como si estuviéramos fuera de ellos).
    Espiritualidad es simplemente ser lo que realmente somos.La manifestación espiritual no se expresa “haciendo”, sino “siendo”. En asuntos espirituales no hay nada que se pueda buscar de afuera. La palabra dios, limita algo del resto y por consiguiente es inapropiada para referirse con esta a lo Infinito o a algo omnipresente. Siendo ilimitad@, l@ más Suprem@ del Universo, no puede tener forma ni género. La palabra dios es de origen patriarcal e implica machismo. El hombre piensa acerca de dios en vez de experienciarlo, ya que siendo omnipresente debe estar hasta dentro de uno. La separación (mental) de “dios” y el mundo es la causa de todos los males.
    Es irracional pensar que exista un dios (cualquiera que sea su concepción) bueno o justo, en un mundo caracterizado por las injusticias y el sufrimiento. Es irracional que LOS POBRES crean en un dios justo y amoroso.Es irracional que los ricos crean en un dios que vino a este mundo a luchar CONTRA LOS RICOS o poderosos (sus valores). Es irracional, que un dios considerado lo máximo o lo más perfecto que existe, haya hecho una criatura tan imperfecta como el humano que es la causa de todos los males de la Tierra, planeta que más apropiadamente debiera llamarse Agua (además es sinónimo de vida). Es irracional, que creyentes de un dios “sabelotodo” que haya escogido vivir en un “reino”, prefieran vivir en una “república”. Es irracional creer que no hay problema que un buen milagro no pueda resolver.
    La irracionalidad comienza bien con el Génesis. La ignorancia es el verdadero enemigo.

  3. Antonio Casalduero Recuero
    24 agosto 2013 23:09

    Es interesante lo que plantea Nadi E. Cuando me preguntan si acaso creo en Dios, yo pregunto a su vez a qué Dios se refiere, pues hay muchos dioses en el mundo y cada cual cree que el suyo es el único; culturas muy diferentes de la occidental también tiene sus propios dioses, no obstante hallo algunas objeciones en su planteamiento general, que es muy buen en su globalidad. Quisiera expresarle que los géneros son “genéricos”, o sea que señalan una generalidad, no una sola unicidad, pues hay quienes se sienten marginados cuando se apela a alguna palabra masculina y rectifican diciendo “ciudadanos y ciudadanas”; la palabra “enamorado” es obvio que señala ambos géneros simultáneamente; si me refiero a un periodista hombre no voy a decir “periodisto”, para eso existe el llamado “género común”, que engloba a ambos; si digo “ballena” no voy a decir “balleno” para referirme a un macho, o “jirafo”, o “hipopótama”, etc. Nadi, existen seis géneros gramaticales: masculino, femenino, neutro (lo), común (sólo humanos: periodista), epiceno (sólo animales: jirafa) y ambiguo (¿el hacha o la hacha? ¿el radio o la radio?), en tal caso ambas son correctas. El lenguaje universal es esencialmente genérico.