Sep 3 2013
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Sociedad

Cuba, futuro imperfecto

Frente a una tienda habanera donde se expenden productos en divisas, varios vendedores informales ofrecen a los presuntos clientes productos deficitarios: p谩mpers (sic), pintura, bater铆as de autom贸viles, lo que sea que haya habido y ya no haya.聽En una zona bastante exclusiva de la playa de Varadero, el principal polo tur铆stico cubano, una horda de vendedores de caracoles recorre la costa ofreciendo a los visitantes su mercanc铆a.

Frente a mi casa, cada ma帽ana, pasa un hombre que anuncia vender tanques de agua.

En una parada de 贸mnibus alguien practica un negocio que se ha ido generalizando en la ciudad: cambiar un peso por ochenta centavos en fracciones, pues de esta forma el que vende el peso puede pagar el pasaje de dos 贸mnibus y el que compra el peso gana 20 centavos鈥 o sea, negocio redondo para ambos participantes鈥 aunque para disgusto de los choferes y cobradores que se quedaban con los 60 centavos que deb铆an devolver.

Como esos, muchos son los 鈥渙ficios鈥 alternativos o informales que han ido apareciendo por esta isla en los 煤ltimos a帽os. La mayor铆a de quienes los ejercen son j贸venes que han encontrado en los rincones mal alumbrados de la sociedad formas m谩s lucrativas de ganarse la vida que las ofrecidas por los sueldos del Estado, el mayor empleador del pa铆s.

Con estos oficios o negocios (que llegan a los extremos 茅ticos del ejercicio de la prostituci贸n) una persona puede obtener las ganancias necesarias para arreglarse la supervivencia de un modo mucho m谩s satisfactorio que con un simple trabajo formal.

Los oficios informales existen en todo el mundo. Pero proliferan, sobre todo, donde existen problemas de pobreza y desempleo. En Cuba casi desaparecieron por d茅cadas, en parte por razones econ贸micas y en parte por compulsi贸n social.

El resurgimiento y auge de estos modos de ganarse la vida tiene como causa econ贸mica la desproporci贸n entre salarios y costo de la vida, y como principales protagonistas a j贸venes. Son personas en muchos casos todav铆a en edad escolar (pre o universitaria) que han optado, o se han visto obligados a optar, por la calle en lugar de un pupitre.

En cualquiera de los dos casos (la opci贸n obligatoria o voluntaria) sobre ellos ha influido la p茅rdida de prestigio social y de capacidad econ贸mica que significa ser un trabajador o, incluso, un profesional.

Ellos saben que entre los universitarios solo quienes logran trabajar cerca de una fuente de divisas de la cual puedan beneficiarse, transitan la v铆a para tener una vida desahogada. Pero, por una u otra de las opciones barajadas, han decidido no jugar esa ruleta rusa, sino resolverse el presente por la v铆a del menor esfuerzo.

Hace unos meses me preguntaba en una cr贸nica qu茅 pod铆a pensar de la vida el joven de 17, 18 a帽os que cada ma帽ana se plantaba en la acera de mi cuadra a vender ajos y aguacates. Me hubiera gustado saber, dec铆a, qu茅 expectativas de futuro ten铆a. O, mejor a煤n, si ten铆a idea de lo que era poseer expectativas de futuro. El hecho de ganar en un d铆a 100 pesos sin robarle a nadie parec铆a satisfacer a ese joven que ganaba cinco veces m谩s que un m茅dico con consultas, guardias y responsabilidades profesionales.

Por tal motivo el n煤mero de 鈥渋nformales鈥 crece, y dir铆a que lo hace por d铆a.cuba precios

Afortunadamente, sus oficios dependen de la habilidad, la ineficiencia de ciertos mecanismos estatales, la corrupci贸n, la escasez. Y digo afortunadamente, porque a煤n hoy muchos de ellos no transgreden ciertas fronteras tras las cuales existe un enorme peligro, para ellos y para el resto de la sociedad.

Observando el paso de los vendedores de caracoles de Varadero, no pude dejar de preguntarme qu茅 har谩n en cierto momento algunos de esos j贸venes desclasados si su actividad deja de ser posible o rentable.

Esa escuadra que hoy recorre la playa, 驴en qu茅 puede derivar en un futuro? Lo mejor ser铆a que encontraran una forma decorosa y suficiente de ganarse la vida, lo cual significar铆a una revulsi贸n profunda en el cuadro econ贸mico en el que nacieron y han vivido por m谩s de dos d茅cadas.

驴Y si no la encuentran? Pues entonces se convertir铆an en caldo de cultivo para las actividades que est谩n detr谩s de esas fronteras peligrosas.

Para evitar esa ca铆da, por supuesto, no ser铆a suficiente la represi贸n legal y policial, pues apenas ser铆a una soluci贸n moment谩nea.

Se impone crear alternativas viables, porque no me imagino a muchos de esos j贸venes convertidos, digamos, en agricultores o en alba帽iles afiliados a una cooperativa en la cual las ganancias depender谩n del trabajo puro y duro, muchas horas bajo el sol, la presi贸n de sus colegas y la obligaci贸n de entregar al fisco algo as铆 como la tercera parte de sus beneficios.

Quiz谩s para muchos de esos informales el tiempo de la superaci贸n ya ha pasado y, para siempre, est谩n destinados a moverse en los fosos de la sociedad, haciendo los trabajos m谩s sucios y peor pagados, o saltando directamente a la criminalidad en cualquiera de sus muchas formas existentes.

Y esas posibilidades me dan pena por esos j贸venes y terror por el resto de los ciudadanos que en ese futuro posible convivir铆amos con ellos.

*Escritor y periodista cubano, galardonado con el Premio Nacional de Literatura 2012. Sus novelas han sido traducidas a m谩s de 15 idiomas y su m谩s reciente obra, 鈥淓l hombre que amaba a los perros鈥, tiene como personajes centrales a Le贸n Trotski y a su asesino, Ram贸n Mercader.

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