Abr 19 2018
676 lecturas

Política

Cuba: Una generación no tan nueva emprende la transición

Aun cuando era vox populi, la elección de Miguel Díaz-Canel a la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba es un hecho trascendental. Tiene los mismos años que la victoria del pueblo cubano en Playa Girón –la primera derrota militar de EE.UU. en el continente-, y su designación es parte de una transición generacional (inevitable), ordenada, a cuenta gotas, programada, sin traumas.

A las puertas de su aniversario número 60 y sin la presencia física de Fidel, la revolución cubana asume la mayor renovación de su historia, e inaugura una etapa inédita donde el presidente y jefe de gobierno no será a la vez primer secretario del Partido Comunista (PCC), ni comandará las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), cargos que ocuparon sucesivamente Fidel Castro y –tras su enfermedad- su hermano Raúl, quien con 86 años optó por no ser reelecto para un tercer mandato, pero se mantendrá al frente del Comité Central del Partido.

Díaz-Canel es el primer civil en comandar los cuerpos armados cubanos desde el comienzo de la Revolución en 1959 y habrá una estructura de poder distinta con nuevos actores que van a tomar cada vez mayor protagonismo en la búsqueda de un socialismo próspero y sustentable, como se ha prometido en las reformas iniciadas en 2011. Además, deberá ponerse al frente del cambio constitucional anunciado desde el poder político, reclamado por actores sociales, que medirá el dinamismo o el inmovilismo social cubano.

Revolución es cambio y continuidad: Es un abrazo de la generación histórica y el futuro de la Isla que decide por voluntad propia seguir los caminos del Socialismo, dice Cubadebate.

El intelectual  Aurelio Alonso señala que la generación que accede ahora a la máxima dirección ya no es joven, debido a la longevidad de la presencia de los actores históricos en la cúpula política. Es mucho menos joven incluso que la generación histórica cuando ésta asumió el poder en 1959.

“La extensión del liderazgo que concluye dejó un legado indispensable de soberanía, resistencia, justicia social y otras realizaciones sustanciales, y también efectos conservadores generados casi siempre en los mandatos muy extendidos, que suelen convertirse en obstáculo para el desarrollo crítico requerido. A partir de este mandato se hará también más fluido el intercambio y la frecuencia del relevo generacional”, indicó.

Diferentes analistas cubanos hablan de asignaturas pendientes como la transparencia, el estímulo y garantía de la participación popular y del control popular de la política y la economía, la flexibilización de las formas productivas y organizativas de la sociedad cubana, el mejoramiento de la calidad de los servicios sociales y de una política social deteriorada.

¿Todo cambia?

Las figuras cubanas muy reconocidas internacionalmente pasaron a la historia con la generación saliente. Pasó la época de los héroes en la política. En un país donde los dirigentes no publicitan su vida privada, Miguel Díaz-Canel amenaza con un nuevo tipo de liderazgo, con una continuidad al proceso revolucionario, pero con una renovación de las formas. Hasta hace muy poco, muchos cubanos apenas lo conocían. Su ascenso político fue escalón por escalón, siempre con perfil bajo. Claro, todo cambia y hoy cada cubano ya tiene una anécdota personal para contar sobre Miguelito.

Díaz-Canel, de 57 años, quien se desempeñaba como primer vicepresidente del Consejo de Ministros luego de haber ocupado importantes responsabilidades partidistas en dos provincias y como ministro de Educación Superior, deberá enfrentarse a una economía estancada, una infraestructura en decadencia, la hostilidad de los Estados Unidos que no levantó el embargo ni las sanciones contra la isla y la necesidad de modernizar el modelo socialista.

En marzo último llegó sin custodia hasta un centro de votación en Santa Clara, caminó a lo largo de una cuadra de la mano de su esposa, mientras saludaba a las personas que se le acercaban, e hizo cola por media hora, como cualquier ciudadano, para votar por el Parlamento. “Aquí estamos construyendo una relación de gobierno y pueblo”, dijo ante las cámaras.

Existe una imagen positiva y otra a veces gris de Díaz-Canel. Para algunos analistas la gris es una construcción oficial de desproveer a la dirigencia de colores,  para mostrar una solemnidad innecesaria.

Graduado como ingeniero electrónico de la Universidad de Villa Clara en 1982, realizó su servicio militar obligatorio hasta 1985. En 1987 se incorporó a la Unión de Jóvenes Comunistas y empezó a trabajar como profesor mientras viajaba a Nicaragua como parte de una delegación de apoyo al sandinismo. Era joven y le gustaban los Beatles y el teatro.

 En 1994 fue designado como primer secretario del PCC en Villa Clara y rápidamente se ganó una reputación de funcionario trabajador, comprometido en la comunicación con el pueblo, modesto y que los vecinos recuerdan bien, porque pese a sus deberes de funcionarios nunca faltó a una ronda vecinal de vigilancia, como un ciudadano común.

Bajo su tutela, en Santa Clara floreció El Menjunje, el primer centro cultural que presentó espectáculos de transexuales y trabajó abiertamente con los roqueros y la comunidad gay y alternativa como los roqueros. Hoy, dos de sus hijos que participaban de las actividades infantiles del lugar, forman parte de una banda musical llamada Polaroid.

“Aun en circunstancias tan difíciles –durante el Período Especial por la crisis económica provocada por la caída del socialismo europeo– nuestras autoridades tuvieron la sensibilidad para entender cuán necesario era el respeto a la diversidad. Y no sólo la que tenía que ver con la orientación sexual”, recordaba en una entrevista televisiva Ramón Silverio, creador de El Mejunje

De Villa Clara en 2003, Díaz-Canel fue trasladado por el PCC como primer secretario a la vecina provincia de Holguín a unos 700 kilómetros al oriente de la capital. Su gestión se prolongó hasta 2009. En mayo de ese año, Díaz-Canel llegó a un puesto en el ámbito nacional cuando Raúl Castro lo convocó como ministro de Educación Superior.

Bajo su gestión, se ajustaron los planes de estudio, se modernizaron sus contenidos, se modificaron los reglamentos de posgrado y se impulsó el uso de la tecnología de las casas de altos estudios con laboratorios de computación y digitalización de contenidos.  Díaz-Canel insiste en que la investigación científica y la innovación deben ponerse más al servicio del desarrollo del país. 

En 2012 se convirtió en vicepresidente y poco después (tras las elecciones) en primer vicepresidente, y ya no se lo vio en las calles o en los medios, quizá para evitar que sucediera lo mismo que con otros jóvenes dirigentes – Roberto Robaina, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque-  los que la generación revolucionaria sacó de la carrera, acusados de errores, corrupción, ambiciones presidenciales y hasta traición a la Revolución.

Ese mismo año salió en defensa de un blog crítico La Joven Cuba, al que acusaron de “hacerle el juego” a los enemigos de Cuba y los bloquearon. Díaz-Canel tomó partido por su derecho a discrepar con decisiones oficiales.

Los cubanos esperan que Miguelito, más allá de ser un buen administrador, tenga un proyecto capaz de superar los magros índices de crecimiento, cumplir con los pagos de la preocupante deuda externa, y garantice mejores condiciones de vida (alimentación, salud y educación públicas de calidad). “No es ni un advenedizo ni un improvisado”, resaltó Raúl Castro al presentarlo ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, tras su elección como primer vicepresidente del país, en febrero de 2013.

Para el ex jefe de análisis sobre América Latina de la Cia (en épocas de Clinton)  Brian Latell, deberá esperarse más un “Díaz-Canel administrador que un Díaz-Canel visionario”. Lo señala como un hombre del aparato, leal a Raúl. “Su elección es acertada: es joven, atractivo y ha tenido muchísimo tiempo para congraciarse con las fuerzas armadas, que es en las que reside el verdadero poder de Cuba”.

Y, a 90 millas del largo lagarto verde, sigue el enemigo, bloqueando el futuro.

* Periodista cubano asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

1 Comentário

Comentarios

  1. Antonio Casalduero Recuero
    25 abril 2018 21:53

    Otros países del área latinoamericana deben hacer frente a desigualdades inhumanas entre sus propios ciudadanos; el peor podría ser el caso de Chile, país con una segmentación social bárbara, salvaje, con servicios básicos para ricos y para pobres, tanto en salud como educación. Sin embargo Cuba, a la que acusan de dictadura, de totalitarismo, esos servicios fundamentales de salud y educación están solucionados desde hace décadas; es sabido que su nivel de salud es quizás el mejor de toda Latinoamérica, sólo equiparable a las clínicas privadas europeas o norteamericanas. Chile lleva más de diez años de marchas y paros luchando en la calle por una educación gratuita y de calidad, y actualmente, a lo más que han llegado, es lograr una gratuidad para un 70 % del estudiantado más vulnerable. Pero siguen acusando a Cuba de dictadura y totalitarismo. Creo que cualquier país ya se quisiera un totalitarismo así.