Nov 19 2004
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Opinión

Cuento con final conocido: Plan Marshall para Bolivia

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En medio de presiones internacionales e internas orquestadas por las petroleras para impedir que el parlamento boliviano apruebe una ley de hidrocarburos que permita incrementar el volumen de recursos que percibe el Estado vía aumento de regalías, la prensa registra una noticia sospechosamente optimista: Bolivia ha sido escogida para competir para recibir recursos de cooperación de la Corporación de la Cuenta del Milenio.

La Corporación es una iniciativa estaunidense, que preside Collin Powell, que dispone de US$ 2.500 millones – en el futuro próximo año se estima serán US$ 5.000 millones- para distribuir entre aquellos países que “aprueben”, de los más pobres del mundo, luego que previamente fueron escogidos para competir con propuestas que combinen propuestas de crecimiento económico con inversión en educación y salud.

Según informa la prensa, estos fondos son parangonados por funcionarios de esa institución con el Plan Marshall que se instituyo para la reconstrucción de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial1.

¿Un Plan Marshall para Bolivia?

Parece un contrasentido, que nuestro país haya sido merecedor del dudoso privilegio de haber sido escogido para competir por parte de esos fondos, precisamente por los EEUU, siendo que ellos son los primeros en etiquetarnos como país inseguro, todo por la osadía de ejercer soberanía al aprobar una ley de hidrocarburos en el parlamento nacional que, a decir de voceros oficiales del gobierno -lo cual es patético-, en coincidencia con funcionarios norteamericanos portavoces de las petroleras y otros corifeos, es una “ley confiscatoria” de los sagrados intereses petroleros.

La noticia cobra sentido cuando reparamos que su aprobación está condicionado a la libertad económica, gobernabilidad democrática y luego, inversión en salud y educación. “Recompensa a decisiones correctas de políticas que apoyan al crecimiento”. O sea, no hacer lo que nuestro parlamento esta haciendo, ejercer su soberanía.

Es fácil deducir, que suerte correrá la propuesta de Bolivia en caso de que el parlamento, consecuentemente, termine de aprobar la ley aprobada en grande. Lo cierto es que este anuncio, así como las profusas declaraciones de funcionarios del FMI, la CAF, el BID, etc. son parte de toda una campaña de coacción-seducción al país. Un chantaje.

Pero, en la hipótesis de aprobarse la propuesta de Bolivia por parte de la mentada Corporación ¿esta ayuda sirve para lograr combatir la pobreza?
David Sogge, en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique, titulado “La trampa de la ayuda internacional”2, sostiene la tesis de que en realidad son los pobres quienes ayudan a los ricos. Apoya esta afirmación en el hecho de que en 2001 se concedieron 29.000 millones de euros de subvención a los países en vías de desarrollo, al tiempo que 138.000 millones retornaban a los países acreedores en calidad de reembolso de la deuda, además de otras argumentaciones que refuerzan dicha tesis.

Con respecto a Bolivia esto se puede ver claramente en el presupuesto general de la nación, en función de los déficits acordados con el FMI y cuánto se paga como servicio de le deuda externa. Los antecedentes respecto a estas “ayudas”, de cómo se han gastado y los resultados no son para nada un antecedente para desear recibir más ayudas; dentro de la lógica imperialista, los más beneficiados de las ayudas han sido los funcionarios de la burocracia estatal en sus más altos niveles y no los sectores a nombre de los que la solicita, llámese salud, educación o poblaciones pobres. Los resultados son, mayor pobreza y exclusión social3.
Luego, comparar esta Corporación con el Plan Marshall es del todo inapropiado, no solo por los fondos que maneja y que proyecta manejar -que son mínimos con respecto a los destinados para la reconstrucción de Europa- sino y fundamentalmente porque las bases históricas son diametralmente opuestas. El Plan Marshall sirvió para impulsar el desarrollo capitalista de Europa, y principalmente EEUU, sin atentar contra la soberanía económica de los países europeos.

La ayuda que se nos ofrece -a los países más pobres del mundo- es también para contribuir al sostenimiento del desarrollo capitalista de los EEUU, solo que a costa de profundizar nuestra dependencia y subdesarrollo. Ya lo dijo Calvin Coolidge, presidente de EEUU (1923-1929) “el negocio fundamental de los EEUU es los buenos negocios”. Esta caricatura del plan Marshall pinta como otro buen negocio.

La ecuación social de estas ayudas es mayor ayuda = aumento de la pobreza y desigualdad. El resultado: Estados en quiebra. Los ejemplos sobran, Haití, Sierra Leona, Guinea-Bissau, el Congo. La variable que explica esta ecuación no es económica solamente, se llama dependencia política y dominación imperialista.

Bolivia esta en un dilema histórico, se puede seguir transitando el tiempo de las cosas pequeñas que anteceden a un sepelio de tercera clase -en palabras de Sergio Almaraz- ya que un Estado quebrado es el derrotero del posibilismo conservadorsup>4. Lo contrario es, retomar la voluntad y el impulso vital que permitió a nuestro pueblo desprivatizar el agua en el 2000, desprivatizar la política en 2003 y que ahora, permitiría desprivatizar los hidrocarburos para devolverlos a la soberanía del Estado, recursos indispensables para nuestra soberanía económica.

La respuesta no esta en los determinismos económicos, sino en la voluntad política y no precisamente la de Carlos D. Meza y su gobierno.

Notas

1 Los tiempos (9-11-2004).

2 Reproducido en Bolpress.

3 Existe suficiente investigación en el país acerca de la persistencia de la pobreza, sus causas y el poco impacto de la “ayuda” internacional.

Para ver la relación del PGN, deuda externa y beneficiarios de la ayuda internacional, ver el trabajo de Roberto Fernández FMI, BM y Estado neocolonial, Ed. Plural-2003. Otra fuente: las investigaciones y análisis de Alberto Echazu, de la deuda externa.

4 Posibilismo conservador, es según el autor de la frase, Atilio Boron, una mal entendida cordura que impulsa a contemporizar con los adversarios y a buscar en los entresijos de la realidad alguna pequeña ruta de escape. “Nada se puede cambiar” es el corolario del posibilismo conservador.

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* Publicado en Rebelión (www.rebelion.org).

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