Abr 24 2018
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Política

Daniel Ortega, el ajuste y una medida innecesaria

Tras varios d√≠as de protestas y violentos choques entre manifestantes y polic√≠as, que han dejado un saldo de decenas de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, recul√≥ el domingo en su decisi√≥n de reducir los montos de las jubilaciones e incrementar las cuotas obreras y patronales al Instituto Nicarag√ľense del Seguro Social (INSS), pero la protesta no ces√≥.

Miles de nicarag√ľenses marcharon pac√≠ficamente el lunes contra el gobierno y en rechazo a la violencia policial. El mandatario nicarag√ľense sigui√≥ bajo presi√≥n cuando el Consejo Superior de la Empresa Privada, su aliado en sus √ļltimos 11 a√Īos en el poder, mantuvo la convocatoria a la marcha, mientras los estudiantes exig√≠an la renuncia de Ortega, a quien responsabilizan de la muerte de manifestantes.Resultado de imagen para nicaragua

La medida, que hab√≠a sido adoptada el 16 de abril con el argumento de que era necesario dar estabilidad financiera al sistema de pensiones, provoc√≥ el enojo de amplios sectores populares, pero tambi√©n el de la jerarqu√≠a eclesi√°stica cat√≥lica ‚Äďque hab√≠a sido aliada tradicional de Ortega‚Äď y el de las c√ļpulas empresariales del pa√≠s e hizo salir a las calles a miles de personas en las principales ciudades.

Ortega descalific√≥ a los manifestantes, a los que compar√≥ con las maras (pandillas que operan en EE.UU. y pa√≠ses vecinos), y dijo estar dispuesto a dialogar √ļnicamente con los empresarios, quienes declinaron la invitaci√≥n si el gobierno no deten√≠a la represi√≥n.

Ortega orden√≥ la censura de la televisi√≥n independiente que cubr√≠a las protestas y el despliegue del ej√©rcito en las localidades m√°s sacudidas por el descontento, y la violencia recrudeci√≥. En la localidad de Bluefields, en la costa atl√°ntica, el periodista Miguel √Āngel Gahona fue abatido de un disparo cuando transmit√≠a en vivo una confrontaci√≥n entre manifestantes y polic√≠as, denunci√≥ el diario mexicano La Jornada.

El domingo, Ortega dio marcha atrás en el decreto de reforma del INSS, reconoció que no era viable y que había generado una situación dramática, y reiteró su llamado al diálogo a los empresarios, mientras sectores estudiantiles y de jubilados manifestaron su determinación de continuar la lucha hasta lograr la salida de Ortega y de su esposa, Rosario Murillo, quien ostenta los cargos de vicepresidenta y de primera ministra.

Nuevamente una reforma a la seguridad social, aplicando recetas clásicas del FMI -en este caso por un gobierno que se dice revolucionario-, desembocó en estallido social. El intento de Ortega era obtener unos 250 millones de dólares de la disminución de las pensiones y el incremento de las cuotas al seguro social.

Desde sectores de la izquierda se insiste en un paralelismo con lo que sucediera en a√Īos anteriores en Venezuela, con guarimbas callejeras que sembraban terror y desestabilizaci√≥n. ¬ŅEs que la derecha plane√≥ las movilizaciones o se mont√≥ sobre la marcha y busca aplicar el plan en el contexto de la arremetida continental de las derechas direccionado por un plan desde Washington?

El caso Lula en Brasil, la prisión de Santrich en Colombia, el abandono de Unasur por parte de seis países sudamericanos, parecen ser pasos de un proceso en el que también el gobierno de Nicaragua parece ser un blanco.Resultado de imagen para nicaragua

La Jornada se√Īala que Ortega, antiguo comandante de la guerrilla que en 1979 derrot√≥ la dictadura din√°stica de los Somoza y que en la d√©cada siguiente encabez√≥ un gobierno comprometido con las transformaciones sociales, hoy gobierna con un marcado patrimonialismo y una visi√≥n olig√°rquica, como formas autoritarias y hasta autocr√°ticas y con una insensibilidad social de la que es ejemplo la actual crisis.

Sus antiguos compa√Īeros de la lucha sandinista se√Īalan que desde hace muchos a√Īos Ortega teji√≥ alianzas con el empresariado y los sectores conservadores de la Iglesia cat√≥lica. Ahora las ha debilitado y el gobernante permanece en una situaci√≥n dif√≠cil y precaria, apoyado en el aparato pol√≠tico y administrativo del sandinismo desnaturalizado..

Fueron varios días de manifestaciones violentas en Nicaragua, con una triste historia de un país ocupado e intervenido por EE.UU. en distintas oportunidades. Los analistas advierten de un intento de cambio de régimen bajo el formato de revolución de colores, socavando la paz interna y fabricando las condiciones para una etapa de acoso geopolítico.

Estudiantes, sectores de clase media, una parte de la Iglesia que los apoya y protege, se movilizaron ¬†con un solo discurso, el derrocamiento de un gobierno elegido popularmente.¬† Una veintena de sacerdotes, encabezados por el cardenal Leopoldo Brenes y el obispo auxiliar de Managua, monse√Īor Silvio B√°ez, apoyaron p√ļblicamente a los que protestan en rechazo a las reformas del Seguro Social.

El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) fue la primera en rechazar los anuncios con l excusa de que generaba ‚Äúincertidumbre‚ÄĚ y limitaba la creaci√≥n de empleos por parte del sector privado.

En principio moldearon por las redes sociales y los medios hegemónicos de comunicación el sentido político que promovería la agitación, construyendo una narrativa de cohesión ciudadana frente a las reformas, en aparente confrontación con el Estado.

Los edificios gubernamentales, y en especial las sedes del INSS, se transformaron en los puntos de partida de un violencia callejera en ascenso. La cuenta #SOSINSS, articuladora de las protestas y convocante de primera línea en redes sociales, cambió su orden de prioridad hacia el control y direccionamiento del flujo informativo alrededor de los choques, situando como víctimas a quienes protagonizaban los choques y servir de fuente primaria para la prensa internacional cartelizada.nic daniel ortega rosario murillo

Lo que empezó con algunas manifestaciones dispersas en rechazo a las reformas del INSS, adquirió un modelo de movimiento ciudadano con vocación al choque callejero y la violencia armada, la clásica mutación de las revoluciones de color que EE.UU. financió en los países del este europeo, en busca de lograr mayores grados de confrontación para debilitar al gobierno y colocarlo a la defensiva.

Nadie duda que detr√°s de estas movilizaciones para impulsar el cambio de r√©gimen est√© la mano de EE.UU. y su finciamiento a ONGs, organizaciones pol√≠ticas opositoras y fundaciones. Un total de 31 millones de d√≥lares fueron entregados por la Usaid en 2016 bajo la cobertura de ‚ÄúDesarrollar las capacidades para la defensa de la sociedad civil‚ÄĚ, t√≠tulo que sirve tanto para promocionar foros y actividades acad√©micas, como para asesorar en c√≥mo enfrentar a las fuerzas de seguridad y desestabilizar el pa√≠s.

El 16 de abril el portal Nicaleaks le daba rostro, nombre y apellido a los organizaciones financiadas que promovieron la violencia en las calles: ‚ÄúEsta ma√Īana, los dirigentes de las ONG opositoras, como el Cenidh, CPDH, Fundaci√≥n Violeta Barrios de Chamorro y Hagamos Democracia, entre otros, as√≠ como grupos pol√≠ticos (FAD, MRS, etc,.) y medios de comunicaci√≥n como la misma Prensa y Confidencial, amanecieron con los brazos y bolsillos abiertos en espera que la USAID siga destinando dinero para eternizar el estatus de vida que llevan‚ÄĚ.

*Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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