Ene 20 2013
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Cultura

Darcy Ribeiro y la conciencia de quienes somos

Hace ya un buen tiempo ‚Äďen febrero se cumplen 16 a√Īos‚Äď que Darcy Ribeiro cometi√≥ la suprema indelicadeza de dejarnos. Ten√≠a 75 a√Īos. Fue antrop√≥logo (dec√≠a que sus mejores tiempos fueron los pasados entre ind√≠genas en la Amazonia), profesor, autor de ensayos pol√©micos, novelista, militante, vicegobernador de R√≠o de Janeiro.

All√≠ cre√≥ un sistema de educaci√≥n p√ļblica universal en r√©gimen de tiempo completo. Antes del golpe militar de 1964, que instaur√≥ la dictadura que lo detuvo y luego lo exili√≥, fue jefe de gabinete, cre√≥ ‚Äďjunto a un equipo especialmente brillante de su generaci√≥n‚Äď la Universidad de Brasilia, y fue su rector. Durante su largo exilio peregrin√≥ por Uruguay, Chile, Venezuela, Per√ļ, Costa Rica, M√©xico.

Asesor√≥ a Salvador Allende en Santiago y a Velasco Alvarado en Lima. Fue consultor distinguido de la ONU. Muri√≥ siendo senador de la Rep√ļblica. Dec√≠a que era, en primer lugar, educador. Creo que 75 a√Īos es un tiempo demasiado corto para tanta vida.

Trat√≥ de entender a Brasil y revelarlo. Parte de ese esfuerzo descomunal qued√≥ registrado en su √ļltimo libro, El pueblo brasile√Īo, que a su vez origin√≥ una espl√©ndida serie de 10 documentales exhibidos por la televisi√≥n brasile√Īa, Los brasile√Īos, dirigidos por Isa Grinspum. Es, quiz√°, el m√°s completo resumen de ese intento de entender los mecanismos que por siglos impidieron a mi pa√≠s ser lo que podr√≠a ser.

Tambi√©n trat√≥ de entender a Am√©rica Latina. Era un pregunt√≥n insaciable, que disparaba dudas a sus contempor√°neos, a la historia, a s√≠ mismo. Su obra sobre el continente ‚ÄďLas Am√©ricas y la civilizaci√≥n o El dilema de Am√©rica Latina son referencias desde hace d√©cadas‚Äď ayud√≥ a formar generaciones en nuestros pa√≠ses.

Fue el m√°s latinoamericano de los intelectuales brasile√Īos, siempre tan lejanos y alejados de sus vecinos. En octubre del a√Īo pasado, para celebrar los 90 a√Īos que √©l no alcanz√≥ a cumplir, se public√≥ en Brasil una nueva edici√≥n de su libro Am√©rica Latina: la patria grande. Son textos escritos entre mediados de los a√Īos 70 y principios de los a√Īos 80 del siglo pasado. Tiempos de torbellino, cuando la inmensa mayor√≠a de nuestros pa√≠ses se sofocaba bajo dictaduras de mayor o menor ferocidad, otros padec√≠an el tormento de guerras civiles genocidas, y unos pocos, como islas aisladas, viv√≠an tiempos de presionada democracia.

Lo m√°s impresionante de ese peque√Īo volumen es que, despu√©s de d√©cadas y a pesar del natural desfase de algunos datos, sigue siendo el testimonio visionario de ese ardoroso defensor de la inexistencia de lo imposible. En varios aspectos es como si Darcy, al perseguir respuestas, anticipase en sus preguntas lo que ocurrir√≠a en nuestras comarcas, y al mismo tiempo exigiese los cambios que no alcanz√≥ a ver. La esencia de su contenido permanece inalterada, como inalterada sigue siendo la urgencia de sus reclamos.

Defendió con tenacidad juvenil que el futuro de nuestra gente está br darcy_ribeiroinevitablemente vinculado a asumir nuestra identidad, a la vez una y diversa. Que hacemos parte de una determinada realidad, y que son mucho más nuestros puntos de convergencia que de divergencia. Que, separados, no seremos nada.

Hoy, son palabras que integran la solemnidad de los discursos oficiales. En tiempos de Darcy Ribeiro eran palabras peregrinas de quien no creía en lo imposible.

En Brasil, ha sido el que mejor incorpor√≥ la visi√≥n de patria grande. As√≠ vivi√≥ sus a√Īos de exilio: actuando en los pa√≠ses que le dieron guarida, participando en lo cotidiano, en los procesos pol√≠ticos, culturales y sociales. Su manera de ver el mundo y vivir la vida rechazaba la contemplaci√≥n lejana y est√©ril, la serenidad de los conformistas, el silencio de los omisos.

Quería entrar a fondo en la realidad, entenderla, para poder cambiarla. De cada país en que vivió trajo marcas definitivas. Y en cada uno de ellos dejó sus huellas.

Quiso entender los procesos de formación de América Latina a partir de un prisma nuestro, latino-americano. Se negó a renunciar al derecho de tener una mirada propia, interior, sobre el continente.

Insistió, hasta el final, en creer en la necesidad urgente y perenne de cambios profundos en la región, para que alguna vez nos sea posible ser lo que podemos ser, y no lo que quieren que seamos. Algo parecido a los procesos que algunos de nuestros países viven, atendiendo a sus demandas iracundas.

El legado de Darcy Ribeiro tiene un precio, que es nuestro compromiso: saber merecer lo que preconiz√≥, defendi√≥, so√Ī√≥ y crey√≥.

Por primera vez vivimos una etapa de rechazo a la negación y de apuesta en la reivindicación. Pueblos sometidos a humillaciones infames por fin toman sus destinos en las manos para construir el futuro.

Darcy fue un hombre de pasiones incendiadas, y el sue√Īo de la patria grande fue pasi√≥n permanente.

Una vez me dijo: ¬ęEn Am√©rica Latina seremos todos resignados, o indignados. Y no me resignar√© nunca¬Ľ. Cumpli√≥. Hay que merecer esa indignaci√≥n, esa memoria.

*Escritor y periodista brasile√Īo

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