Mar 15 2014
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Despacito por las piedras

DE ELECCIONES Y ASUNCIONES: CHILE Y EL SALVADOR

El martes 11 de marzo Michelle Bachelet asumió, por segunda vez y al frente de la Concertación una alianza de centro izquierda, como Presidenta de Chile. Lo hizo luego de ganar las elecciones y de un período intermedio que estuvo en manos de Sebastián Piñera, expresión de los sectores más conservadores. Con la asunción de Bachelet, a quien le tomo juramento Isabel Allende (Presidenta del Senado e hija del ex Presidente Salvador Allende), hay 4 mujeres latinoamericanas gobernando sus respectivos países (Argentina, Brasil, Chile y Costa Rica). En medio de la masiva presencia de gobernantes de la región se notaba la ausencia del venezolano Nicolás Maduro, uno de las causas de tal ausencia fue que no logró el consenso para una reunión del Unasur que avalara su posición. La Presidenta se comprometió con un Programa de variadas reformas sociales. No obstante lo cual grupos de estudiantes ocuparon locales políticos a pesar de esta promesa y de la presencia de 4 legisladoras/es oficialistas surgidos de sus filas. Al día siguiente el Intendente (Gobernador) de la Araucanía, en nombre de la Presidenta y del Estado chileno le pidió perdón al pueblo mapuche “por el despojo de sus tierras”, reconociendo que tienen una deuda pendiente.

EL SALVADOR: EL OFICIALISTA FMLN GANÓ POR POCO
El oficialista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), consiguió imponer a su candidato Salvador Sánchez Cerén, un veterano comandante guerrillero, como Presidente de El Salvador. El triunfo sobre recalcitrantes sectores conservadores, que siguen reclamando su victoria y que están vinculados a la dura represión vivida en ese país, fue mucho más ajustada de lo esperado, teniendo presente que en primera vuelta había ganado por 10 puntos (300 mil votos) de diferencia. Ahora lo separan apenas algo más de 6 mil votos, el 0,20% del total. Estos resultados indican la debilidad desde la cual deberá lidiar el próximo gobierno. Su futuro está cargado de incertidumbres y señala el techo y los límites del progresismo latinoamericano.

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