Mar 2 2020
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Opini贸nPol铆tica

De la raz贸n pura a la pura sinraz贸n: Claves para entender el avance del retroceso

El avance de las corrientes retr贸gradas es evidente. Y alcanza, como casi todo en la actualidad, ribetes mundiales. El autoritarismo, la discriminaci贸n, la persecuci贸n pol铆tica, la censura period铆stica, la violencia econ贸mica, el terror religioso, el armamentismo, la represi贸n, el golpismo, han recobrado impulso poniendo en peligro a la humanidad.

M谩s all谩 de la repugnancia que suscita y la amenaza que significa, el rebrote de fanatismo conservador constituye el claro indicador de una coyuntura de declive hist贸rico.

Se trata de fen贸menos h铆bridos que combinan distintas dosis de fundamentalismo confesional y nacionalisResultado de imagen para fanatismo conservadormos supremacistas. Una combinaci贸n agresiva que rechaza el di谩logo o la argumentaci贸n, esgrimiendo postulados irracionales.

M谩s all谩 de la conspiraci贸n y la imposici贸n violenta, estas corrientes concitan la adhesi贸n de amplios conjuntos humanos. 驴Son tendencias indetenibles o una se帽al de profundizaci贸n de decadencia sist茅mica? 驴Hay modos de refutar el caos, la confrontaci贸n y destrucci贸n a la que conducen?

Es indudable que esta manifestaci贸n no es monocausal y responde a diversos factores. 驴Cu谩les son las claves para entender el fen贸meno?

Guerras intrareligiosas y ciclo racional

Ante todo, debe consignarse el marco metahist贸rico. Los siglos XVI y XVII marcaron en Occidente el fin de m谩s de un milenio de absolutismo imperial cat贸lico. Por una parte la apertura cr铆tica a una nueva visi贸n del mundo que signific贸 el Humanismo del Renacimiento y por otra, la severa cr铆tica formulada por Lutero y otros referentes del protestantismo, resquebrajaron la potestad de la Iglesia Cat贸lica sobre los asuntos eternos y terrenos.

Resultado de imagen para guerras interreligiosasCon la Reforma (1517-55) y el cisma anglicano (1534) la esfera de influencia del 聽imperio cat贸lico romano sufri贸 un nuevo quiebre, luego del propinado por la separaci贸n de la iglesia oriental, en adelante ortodoxa, ocurrido a mediados del siglo XI.

Ante esto y el avance de la corriente humanista que desemboc贸 en el triunfo del racionalismo en el siglo XVI, la iglesia romana organiz贸 como respuesta el Concilio de Trento, que sesion贸 durante casi veinte a帽os (1545-63).

El objetivo del concilio fue la fijaci贸n de las normas de la ortodoxia y el disciplinamiento de la hueste cristiana, desestabilizada por su propia decadencia, la fuga de almas y la consecuente p茅rdida de influencia pol铆tica y econ贸mica. De importancia es se帽alar en este contexto la creaci贸n de la Compa帽铆a de Jes煤s fundada por el capit谩n Ignacio de Loyola en 1540. 脡sta, de f茅rreo voto de lealtad al Papa, sirvi贸 en adelante como una de las principales espadas de la Contrarreforma cat贸lica, ocupando espacios preeminentes en el Colegio Romano pero tambi茅n en la pretensi贸n de expandir la fe 煤nica e influir pol铆ticamente en las regiones colonizadas.

La formaci贸n de estas dos grandes sectas cristianas en Occidente y la redistribuci贸n del poder pol铆tico en Europa fue todo menos pac铆fico. A partir de entonces se desat贸 una mort铆fera guerra religiosa, cuyo armisticio formal ocurri贸 con la Paz de Westfalia (1648) pero cuya rivalidad dura hasta nuestros d铆as. La elecci贸n del jesuita argentino Jorge Bergoglio como m谩xima autoridad de la iglesia cat贸lica, habla a las claras del intento de defender a la grey latinoamericana 鈥搎ue representa aproximadamente el 40% de los fieles del catolicismo en el mundo鈥 del embate de las iglesias neopentecostales en la regi贸n.Resultado de imagen para Descartes, Bacon, Cop茅rnico

Al mismo tiempo, el ciclo inaugurado por Descartes, Bacon, Cop茅rnico, y tantos otros, los que erigieran a la Diosa Raz贸n en el altar parece debilitarse luego de cuatro siglos de desarrollo. La consolidaci贸n de esquemas positivistas y materialistas que posibilitaron un salto cient铆fico y tecnol贸gico exponencial, no ha logrado dar respuesta cabal a las necesidades espirituales y existenciales del ser humano, ni siquiera permitir una redistribuci贸n equitativa del bienestar, por lo que el clamor por un cambio de paradigmas se hace o铆r mundialmente. La pregunta por el Sentido de la Vida vuelve a reclamar su justo lugar.

Armamento para moldear conciencias

La Democracia Cristiana como corriente pol铆tica fue impulsada en Europa y Am茅rica para contrarrestar el avance de las ideas anarquistas y socialistas en la capa obrera. A la idea de revoluci贸n, la doctrina social de la iglesia opuso la idea de concertaci贸n. Luego de la segunda guerra mundial, muchos j贸venes cristianos, como parte de la rebeli贸n generacional de los a帽os 60鈥, conmovidos por la tremenda desigualdad y miseria reinante en el continente, alentados por el triunfo de la revoluci贸n cubana, y disconformes con la hipocres铆a de las clases dominantes en alianza con los sectores cat贸licos conservadores, adhirieron a proclamas revolucionarias.

Al mismo tiempo, luego de la conformaci贸n, en la misma d茅cada, de Comunidades Eclesiales de Base, la realizaci贸n del Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medell铆n, tom贸 fuerza la corriente de la Teolog铆a de la Liberaci贸n, que promov铆a en su interpretaci贸n la opci贸n preferencial por los pobres y la necesidad de liberaci贸n econ贸mica, social, pol铆tica e ideol贸gica como parte inescindible del concepto de salvaci贸n cristiana.Resultado de imagen para catolicos medellin

De este modo, una vertiente del catolicismo, m谩s all谩 de su tradici贸n conservadora, apareci贸 por la 茅poca como posible fuente de rebeld铆a frente al injusto mundo establecido. El entonces vicepresidente de Estados Unidos, Nelson Rockefeller, calific贸 en el informe de 1969 a Richardo Nixon, a la iglesia mayoritaria de 鈥渁liado no seguro鈥, por ser un 鈥渃entro peligroso de revoluci贸n potencial.鈥

Poco despu茅s, ya en la era Reagan, los Documentos de Santa Fe, concretaron propuestas para establecer una guerra cultural, teniendo como uno de los principales antagonistas a la Teolog铆a de la Liberaci贸n, 鈥渦na doctrina pol铆tica disfrazada como una creencia religiosa鈥.[1]

Desde ese momento, signado por la victoria de la Revoluci贸n Sandinista 鈥揷on decisivo apoyo de destacados adherentes de la Teolog铆a de la Liberaci贸n- y los alzamientos insurgentes en Guatemala y El Salvador 鈥揺ntre muchos eventos concomitantes en otros puntos de la regi贸n- el gobierno estadounidense establecer铆a una serie de programas destinados a financiar la expansi贸n de los credos evangelistas en Am茅rica Latina.

Con 茅xito, debe se帽alarse. Seg煤n el informe del Pew Research Center 鈥淩eligi贸n en Am茅rica Latina, Cambio generalizado en una regi贸n hist贸ricamente cat贸lica鈥 (2014) el 19% de la poblaci贸n de la regi贸n se declara adherente a la fe evang茅lica, en cualquiera de sus m煤ltiples denominaciones, mientras que la pertenencia al catolicismo baj贸 de un 94% (1950) a un 69%. Como ejemplo significativo de la penetraci贸n religiosa, en los tres pa铆ses centroamericanos mencionados antes聽 鈥揈l Salvador, Guatemala y Nicaragua鈥撯渁proximadamente cuatro de cada diez adultos se describen a s铆 mismos como protestantes.鈥

La quiebra social del capitalismo

El capitalismo ha fallado en su promesa principal. Lejos de generar un bienestar generalizado a partir de la propiedad privada y la libre competencia, la pobreza, el hambre, la desigualdad y la concentraci贸n monop贸lica se han agigantado a l铆mites intolerables.

Miles de millones de personas se encuentran por debajo o apenas por encima de la l铆nea de la indigencia. La pr谩ctica neoliberal ha cortado a su vez las d茅biles l铆neas de apoyo y sustentaci贸n social desde el Estado, haciendo de 茅ste una maquinaria de endeudamiento, despojo y represi贸n.

En este panorama de abandono y exclusi贸n, las iglesias neopentecostales, difusoras de la 鈥渢eolog铆a de la prosperidad鈥, han servido como fundamento te贸rico del cuentapropismo de subsistencia. El servicio brindado al individualismo con esta correntada de emprendedores de la pobreza es evidente.

Al mismo tiempo, las iglesias en s铆 representan una enorme oportunidad de negocios. Los pastores que encabezan algunas de las principales agrupaciones son propietarios o principales accionistas de fuertes grupos econ贸micos con amplia incidencia medi谩tica y creciente influencia pol铆tica.

El v茅rtigo de la incertidumbre

Los cambios suscitados en las 煤ltimas d茅cadas por la aceleraci贸n tecnol贸gica han mudado el paisaje externo por completo. Usos, costumbres y din谩micas de la vida social han sufrido variaciones pr谩cticamente totales. Esto ha producido en vastos conjuntos una poderosa sensaci贸n de extra帽eza. La incerteza acerca del futuro es hoy la 煤nica certeza, lo que produce una fuerte sensaci贸n interna de inseguridad.

En este mar embravecido, los credos salvacionistas aparecen con su fijeza y su inmovilismo como m谩stiles firmes. La ilusi贸n de 鈥渧olver atr谩s鈥, a atuendos, rituales y reglas perimidas, ofrecen el atractivo de reavivar viejos paisajes conocidos. En sentido figurado, es como introducirse en un escenario cinematogr谩fico armado para revivir d茅cadas anteriores.

Resultado de imagen para pentecostalesAlgo similar sucede con la inestabilidad que genera la espectacular posibilidad de la conexi贸n entre las distintas culturas que habitan el planeta. Donde los esp铆ritus humanistas ven la riqueza de la diversidad, el temor ancestral de algunas culturas 鈥揻omentado intencionalmente por figuras inescrupulosas de la derecha鈥 hace ver acechanzas y peligros. En ese pantano de exclusi贸n, incertidumbre y diferencias abrevan los nacionalismos a ultranza.

La ruptura del tejido social

Como consecuencia del individualismo impulsado por el neoliberalismo y la progresiva p茅rdida de cohesi贸n por el desgaste de antiguos valores, se ha producido una ruptura severa del tejido social. Como ya se帽alara Silo hace ya m谩s de dos d茅cadas 鈥渓os compa帽eros de trabajo, de estudio, de deporte, y las amistades de otras 茅pocas toman el car谩cter de competidores; los miembros de la pareja luchan por el dominio, calculando desde el comienzo de esa relaci贸n c贸mo ser谩 la cuota de beneficio al mantenerse unidos, o c贸mo ser谩 la cuota al separarse. Nunca antes el mundo estuvo tan comunicado, sin embargo los individuos padecen cada d铆a m谩s una angustiosa incomunicaci贸n. Nunca los centros urbanos estuvieron m谩s poblados, sin embargo la gente habla de 鈥渟oledad鈥. [2]

En este clima de abandono y fracaso viven millones de personas, clamando por 谩mbitos amables que los acojan y ayuden a sentirse reconocidos y parte de una comunidad. Queda a las claras c贸mo la oferta evang茅lica conecta directamente con esa necesidad, mitigando el desamparo y el aislamiento.

La degradaci贸n 茅tica o la propagaci贸n sin 茅tica

Los medios hegem贸nicos de difusi贸n muestran por doquier muerte, violencia, corrupci贸n. En una proyecci贸n de su propio vac铆o moral, estos propagadores de sinsentido, producen desaliento colectivo, opacando, ocultando o tergiversando las acciones humanas solidarias, el afecto y empe帽o que millones de seres humanos ponen en sus quehaceres de construcci贸n cotidiana.

Por supuesto que existe el delito, la defraudaci贸n, la malevolencia. S贸lo que la proporci贸n no es la que muestran las cadenas monop贸licas. La sensaci贸n generalizada por esta propagaci贸n sin 茅tica, es que se vive un caos moral de dimensiones apocal铆pticas. De este malestar se aprovechan predicadores entrenados para amonestar el estado social pecaminoso y anunciar su camino de supuesta redenci贸n. El mito de Sodoma y Gomorra cobra vida en encendidos discursos y, como en feria de pueblo, se vende la panacea b铆blica como poci贸n eficaz para la restituci贸n moral.

La reacci贸n a la imposici贸n cultural

Despu茅s de la guerra de mediados de siglo XX, los pueblos lograron producir una importante oleada de autodeterminaci贸n. Como hab铆a ocurrido en Am茅rica en el siglo anterior, despertaron a la independencia numerosas naciones de Asia y 脕frica hasta entonces sojuzgadas por el yugo colonial.

Al mismo tiempo, el bloque socialista y el Movimiento de los No Alineados presentaron una barrera efectiva a las pretensiones de dominaci贸n unipolar de la alianza atl谩ntica de Estados Unidos y las ex potencias imperiales europeas.

El bloque occidental respondi贸 a aquel brote emancipador, con la estrategia de recolonizaci贸n mundial denominada 鈥済lobalizaci贸n鈥, que intent贸 implantar c谩nones civilizatorios, valoraciones y h谩bitos de consumo adaptados a las necesidades de dominio econ贸mico y cultural del imperialismo.

Resultado de imagen para no alineadosEn reacci贸n a esta imposici贸n brutal, los pueblos buscan refugio en el nacionalismo. Nacionalismo que, al igual que ya sucedi贸 en la anterior crisis econ贸mica mundial, es manipulado por las oligarqu铆as establecidas, para culpar al extranjero y no al poder imperial de la situaci贸n.

De este modo, la xenofobia se expande como v铆a cat谩rtica a un sistema sin salida, derivando hacia racismos expl铆citos o encubiertos, dividiendo a los sectores que padecen circunstancias similares, en base a or铆genes culturales diferentes.

Al mismo tiempo, la autoafirmaci贸n 茅tnica provee un sentido de identificaci贸n y comunidad que tambi茅n act煤a como placebo ante la disoluci贸n de lazos interpersonales y colectivos. El acendrado resurgir nacionalista es una justificada rebeli贸n contra la irracionalidad de pretender un mundo al antojo y medida del poder imperial, como tambi茅n el intento de recuperar identidad propia y sentidos cohesores en un mundo crecientemente mixto y plural, vertiginoso y sin rumbo manifiesto.

Con la proa al futuro

Como ya ha sucedido antes en la historia, las antesalas de un nuevo tiempo traen consigo 聽reflujos de tiempos perdidos. El Renacimiento Humanista, por ejemplo, que logr贸 una verdadera revoluci贸n del esp铆ritu humano, comenz贸 revalorizando motivos griegos y romanos que hab铆an sido sepultados o apropiados por el nuevo imperio cat贸lico.

Sin embargo, ning煤n mundo nuevo se ha construido sobre la base de valores desgastados. Las mujeres y los j贸venes protagonistas de las actuales revoluciones ser谩n tambi茅n los gestores de los paradigmas que ya asoman en una renovada sensibilidad cargada de horizontalidad, autonom铆a, irreverencia, alegr铆a, desparpajo y creatividad.

Ante esta revoluci贸n mundial, las anticuadas estructuras crujen y los pregones del retroceso emiten su chillido gutural.

驴Cu谩l ser谩 el modo de neutralizar la obcecaci贸n de la barbarie? Comprender el fen贸meno en su ra铆z es, sin duda, el primer paso.

 

(*) Javier Tolcachier es investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza

 

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