Ene 2 2019
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PolíticaSociedad

De vacaciones, por el Chile real

La √©poca estival hace propicio viajar por nuestro pa√≠s o salir al extranjero. Mucho se habla de los aeropuertos y carreteras colapsadas, aunque de verdad todav√≠a hay cientos de miles de chilenos que en toda su vida jam√°s salen de sus propias regiones o barrios. Millones, tal vez, de sure√Īos o norte√Īos que jam√°s llegan al otro lado de su pa√≠s y nunca se enterar√°n de las caracter√≠sticas de este largu√≠simo y angosto pa√≠s, en el que se expresan los altos contrastes naturales del planeta. Un extenso desierto, hielos australes, cordilleras, valles y una de las m√°s largas costas que ba√Īa el Oc√©ano Pac√≠fico.

En general, todos los habitantes viven orgullosos y proclaman con celo nuestra soberan√≠a territorial, porque muy pocos en realidad aprecian que tanto el suelo y el subsuelo, los yacimientos, lagos y mares tienen por due√Īos y administradores solo a un pu√Īado de inversionistas nacionales y extranjeros, protegidos por estrictas leyes y amparados por tribunales internos e internacionales. Adem√°s de nuestras Fuerzas Armadas y de Orden.Aumentar√°n tarifas de peajes en Chile: En promedio suben $50

Recorrer Chile a la inmensa mayor√≠a les resultar√≠a muy oneroso e imposible. Las carreteras concesionadas, los peajes y los medios de transporte tampoco nos pertenecen, y es as√≠ como cruzar Los Andes o buscar otros lejanos pa√≠ses resulta m√°s barato que conocer nuestro propio territorio. Hay muchos chilotas que muy dif√≠cilmente van a cruzar durante sus vidas el Canal de Chacao, as√≠ como un sinn√ļmero de pampinos solo pueden enterarse por la televisi√≥n de los lagos, bosques y torrentosos r√≠os del sur.

El Estado chileno ha hecho todo lo posible para mantener a nuestras poblaciones aisladas, mientras que en otras partes se prohíben las carreteras pagadas y se legisla para estimular aunque sea el turismo de la tercera edad. Lo curioso es que el patrioterismo es poderoso y la mayoría de los chilenos se opone a cualquier posibilidad de compartir espacios geográficos con nuestros vecinos, cuanto a apoyar acuerdos que pudieran significar enormes posibilidades de inversión y explotación conjunta de nuestros recursos naturales. Mientras los estadounidenses, los europeos y las transnacionales están cada día más empoderados de nuestra geografía.

En un colosal contrasentido con el pasado, los gobernantes actuales se empe√Īan en atraer a los inversionistas for√°neos y ofrecerles ventajas tributarias por encima de las que tienen los propios emprendedores nacionales. Y ya sabemos c√≥mo la pol√≠tica y los partidos logran suculentos dividendos en esto de ofrendar nuestras minas, el agua y, desde luego, los servicios fundamentales vinculados al consumo de energ√≠a, as√≠ como a los beneficios de la agricultura y la pesca. No ser√≠a extra√Īo que con tanta privatizaci√≥n o, m√°s bien, extranjerizaci√≥n, luego debamos pagar hasta por respirar aire no contaminado. Un bien, desde luego, ya escaso en todo un territorio infectado por las actividades ecocidas.

Los √ļltimos gobiernos han estado de acuerdo en la idea de que el pa√≠s avanza y ya estar√≠a cruzando el umbral del desarrollo o del Primer Mundo, pero lo cierto es que cuando salimos al extranjero solo podemos observar el letargo de nuestras zonas urbanas en relaci√≥n a las que existen en todo el mundo desarrollado, incluso despu√©s de la devastaci√≥n provocada por las guerras mundiales y fratricidas. Ya es habitual escuchar que somos un pa√≠s hermoso pero siempre que no entremos a sus ciudades o solo visitemos algunos barrios exclusivos de la Capital o de provincias.

Es m√°s, cruzar la Cordillera de los Andes nos puede llevar hacia otros pa√≠ses que, siendo m√°s pobres que el nuestro, ofrecen ciudades bien conservadas y grandes urbanizaciones modernas. En las que al menos existe un plan regulador y quienes la habitan reciben incentivos econ√≥micos para mantener al menos limpias y dignas sus fachadas. Nosotros somos una naci√≥n de m√°s de trescientos cincuenta municipios, pero solo un pu√Īado ellos recauda lo suficiente para sostenerse y asegurar la m√≠nima seguridad a su poblaci√≥n. Y ni as√≠, ahora, en que los √≠ndices de delincuencia se acrecientan en la misma proporci√≥n que la corrupci√≥n policial.

Aunque los habitantes y propietarios de viviendas pagan altos tributos en beneficio municipal, la verdad es que estos recursos no parecen suficientes o son mal administrados por los intendentes, alcaldes y concejales. Quienes en muchísimos casos no pertenecen a sus localidades y solo se hacen de estos cargos como un trampolín para llegar a las ligas mayores de la política. Y medrar como lo hacen tantas otras autoridades.

La inmensa mayoría de nuestra población vive, en realidad, en ciudades y pueblos que no prosperan. Entre ellos, muchos en que se puede descubrir un pasado glorioso pero devastado en sus construcciones, calles y espacios comunes por la negligencia y el paso del tiempo. Empobrecidos también en sus tradiciones, por influencia de lo banal y el consumo chatarra. Al estilo de esos juegos de artificio al que se le destinan ingentes recursos en el propósito de aparecer un país rico y próspero ante el mundo.Guía de arquitectura: pueblos de Chile que todo arquitecto debe visitar,Isluga. Image vía Flickr. Usuario Pablo Trincado, Licensed by CC BY-SA 2.0
Los cerros de Valpara√≠so y de Antofagasta, el pavoroso deterioro de una ciudad como Puerto Montt y de tantas otras, por ejemplo, son en la actualidad una s√≥rdida fotograf√≠a de nuestra verdadera condici√≥n. En efecto, ‚Äúla pobreza es fea‚ÄĚ, por lo que esa Copia Feliz del Ed√©n de nuestro Himno Patrio, sin duda, alude solo a nuestra belleza natural.

Si usted tiene la posibilidad de bajarse de las ‚Äúautopistas‚ÄĚ, para conocer los pueblos y ciudades de nuestro pa√≠s, podr√° comprobar que nuestro ingreso per c√°pita est√° muy mal distribuido o simplemente no toca a la gran mayor√≠a de los chilenos en su cotidianeidad infamante. No vaya a ser que, como ha ocurrido en otros lugares, los pobres empiecen a reconocer en los narcotraficantes a sus genuinos y generosos servidores. Cuando la codicia y voracidad de tantos empresarios ni siquiera les exige alguna obra de adelanto all√≠ donde lucran y se sirven del trabajo de los millones de chilenos mal pagados. Y cuando a las dirigencias pol√≠ticas hasta les ha llegado a convenir un ciudadano decepcionado y desesperanzado en quien ejercer el cohecho electoral.

Resultado de imagen para CHILE PUEBLOSSi puede, le insisto, avent√ļrese a recorrer Chile, lo que ciertamente le resultar√° m√°s caro y menos placentero que escaparse hacia el exterior. No le hablo de aquellos resorts y lugares para las elites que tambi√©n tenemos para el rec√≥ndito goce de no m√°s del uno o el dos por ciento de nuestra poblaci√≥n. Y, desde luego, para el deleite de los turistas extranjeros que entran y salen sin saber el pa√≠s que en realidad somos.

La tan desigual distribución presupuestaria entre los municipios hace patente la extrema desigualdad que nos rige. Mientras algunos alcaldes tienen policías propias, drones y otros para la inseguridad que sienten sus pudientes vecinos, hay zonas del país sin comisarías, sin acceso a internet y sin las obras viales mínimas que se garantizan en las ciudades verdaderamente desarrolladas. Lo que poco tiene que ver con las cifras macroeconómicas, sino más bien con los valores de la política y la ausencia de soberanía popular.

*Escritor y periodista. Exdirector de Radio Universidad de Chile

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