Jun 29 2018
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OpiniónSociedad

Desafiando al pueblo mapuche

‚ÄúLos mapuches no se integraron al Estado chileno voluntariamente; ellos fueron incorporados por la fuerza‚ÄĚ.
Fracisco Huenchumilla Jaramillo (‚ÄúComo los mapuches fueron despojados por el Estado y los huincas‚ÄĚ, 15 de mayo, 2002).

Las pol√≠ticas del Estado chileno hacia el pueblo mapuche han sido hist√≥ricamente hip√≥critas y tramposas. A√ļn

mayor lo fueron durante la dictadura militar-empresarial. Pero contin√ļan si√©ndolo hasta hoy. Bajo toneladas de ret√≥rica paternalista y demag√≥gica, esas pol√≠ticas ocultan el pu√Īo de hierro de la opresi√≥n que ha condenado a los mapuches a la miseria y a la discriminaci√≥n racial.

El gobierno del presidente Sebasti√°n Pi√Īera contin√ļa ‚Äďy profundiza- la pol√≠tica de ‚Äúla zanahoria y el garrote‚ÄĚ que aplicaron la presidenta Michelle Bachelet, y los antecesores de ambos en los siglos XIX y XX, salvo el breve per√≠odo presidencial de Salvador Allende.

Para el 20 de agosto se anuncia un programa destinado a impulsar el desarrollo de La Araucan√≠a, la regi√≥n m√°s pobre del pa√≠s. En esencia son recomendaciones que surgieron de una comisi√≥n -encabezada por la Iglesia Cat√≥lica- que funcion√≥ durante el anterior gobierno. Tal como en el pasado, ese programa estar√° empedrado de buenas intenciones que, sin embargo, conducen al infierno de la represi√≥n. No es el desarrollo de La Araucan√≠a -a la que se prometen 24 mil millones de d√≥lares de inversiones p√ļblicas y privadas hasta el 2026 – lo que preocupa a los escuderos del capitalismo. El coraz√≥n de la estrategia invariable del Estado chileno es la acci√≥n policial y militar para contener las demandas de tierra y autonom√≠a del pueblo mapuche. De las buenas palabras se pasa sin tropiezos al lenguaje de las balas. Desde 1990, bajo gobiernos ‚Äúdemocr√°ticos‚ÄĚ, catorce activistas mapuches han sido asesinados por carabineros.

Existe una continuidad estratégica entre la guerra que el Estado libró contra el pueblo mapuche, entre 1860 y 1883, y la conducta contemporánea de las autoridades políticas, judiciales y armadas del país.

En el siglo XIX la resistencia mapuche era acusada de ‚Äúrebeld√≠a‚ÄĚ y hoy se les acusa de ‚Äúterrorismo‚ÄĚ. Los apelativos cambian pero el estigma es el mismo. Este fue el eje rector del discurso del presidente Pi√Īera ante los empresarios de La Araucan√≠a el 28 de junio.

Bajo el pretexto de combatir el ‚Äúterrorismo‚ÄĚ, el gobierno de Bachelet increment√≥ la militarizaci√≥n de La Araucan√≠a. Incluso lleg√≥ al extremo -vergonzoso para un gobierno que se dec√≠a ‚Äúsocialista‚ÄĚ- de implementar la Operaci√≥n Hurac√°n, un montaje de la inteligencia de Carabineros para acusar de ‚Äúterroristas‚ÄĚ a ocho dirigentes de la Coordinadora Arauco-Malleco.

En esa l√≠nea de calificar como ‚Äúterroristas‚ÄĚ a los liderazgos de la resistencia mapuche, se inscribe la iniciativa del actual gobierno de conformar un ‚ÄúComando Jungla‚ÄĚ que se est√° entrenando en‚Ķ¬°Colombia!, uno de los estados m√°s criminales de Am√©rica Latina, responsable de miles de asesinatos de dirigentes sociales.

El Comando Jungla son ochenta carabineros del Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE) destinados a combatir al ‚Äúterrorismo‚ÄĚ en La Araucan√≠a, Biob√≠o y Los Lagos. Cuarenta de esos efectivos reciben entrenamiento de la Polic√≠a Nacional de Colombia, que exhibe un largo prontuario de torturas y ejecuciones extra judiciales en las zonas campesinas.

La Direcci√≥n de Carabineros y Seguridad Rural de Colombia, junto con el ej√©rcito, son autores de los ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ: la ejecuci√≥n de campesinos inocentes para hacerlos pasar como guerrilleros ca√≠dos en el combate al ‚Äúterrorismo‚ÄĚ de las FARC y el ELN.

La Polic√≠a Nacional y el ej√©rcito de Colombia tienen antiguos nexos con el narcotr√°fico. Constituyen el nudo de complicidades que han convertido a Colombia en uno de los estados m√°s corruptos y violentos del mundo. En Colombia se registran 209 mil hect√°reas de tierra sembradas con la hoja de coca que el a√Īo pasado produjeron 921 toneladas m√©tricas de coca√≠na. Es imposible que estos enormes cultivos y tr√°fico masivo de coca√≠na hacia EE.UU., su principal consumidor, existan sin la complicidad del Estado colombiano, en particular la Polic√≠a Nacional, ¬†el ej√©rcito y los magistrados de las instituciones civiles.

Es evidente que la estrategia del Estado chileno para encarar las demandas del pueblo mapuche encubre con un guante de seda la mano de hierro de la represión.

A mediano o largo plazo esa estrategia provocar√° un conflicto armado ‚Äďpara el cual se preparan las FF.AA. y Carabineros-. El Estado ha elegido la defensa de las forestales y otras empresas que se adue√Īaron del territorio mapuche. Hacia 1880 alcanzaba a diez millones de hect√°reas pero qued√≥ reducido -a sangre y fuego- a quinientas mil.

Las fuerzas democráticas tenemos el deber de impulsar con urgencia un cambio radical en la doctrina y estrategia del Estado hacia el pueblo mapuche. Chile debe reconocer -en una nueva Constitución- los derechos políticos, sociales y culturales mapuches. Solo así se podrá evitar un enfrentamiento similar a los ocurridos en Europa, Africa y el Medio Oriente, donde el racismo, la religión, la discriminación y las miserables condiciones de vida de una minoría étnica, violentada y humillada, hicieron estallar salvajes guerras civiles, despedazando países completos.

Casi el 10 por ciento de la poblaci√≥n de Chile es mapuche, un mill√≥n setecientas mil personas. Se trata del m√°s importante de los once pueblos originarios. No solo por su n√ļmero tiene derecho a una vida regulada de manera aut√≥noma por su cultura y costumbres ancestrales. Tambi√©n su vigorosa y heroica lucha de siglos ha conquistado ese derecho. Enfrent√≥ al ej√©rcito espa√Īol y m√°s tarde al chileno, derrot√°ndolos en numerosas batallas. De sus entra√Īas surgieron toquis como Lautaro, Michimalongo, Pelantaro,¬† Lientur, etc., cuya genialidad estrat√©gica y t√°ctica provocan admiraci√≥n en las academias militares.

Hay que asimilar las ense√Īanzas de la historia al plantear pol√≠ticas democr√°ticas para encauzar una nueva relaci√≥n Estado-pueblo mapuche basada en la moderna concepci√≥n de los derechos humanos y sociales. Chile no puede actuar como un ej√©rcito de ocupaci√≥n en La Araucan√≠a. Hay que eliminar la hip√≥tesis de guerra que contemplan el Estado y sus √≥rganos coercitivos. La estrategia de una nueva relaci√≥n debe descartar la alternativa de eliminaci√≥n f√≠sica del pueblo mapuche. Tiene que establecer una convivencia respetuosa y una colaboraci√≥n armoniosa entre pueblos diferentes en su origen pero destinados a afrontar unidos, junto a otros pueblos de nuestra Am√©rica, un futuro de hermanos.

*Director de Punto Final

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