Nov 20 2013
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PolíticaSociedad

Desafíos ciudadanos en la integración

“En la medida en que tengamos incorporada ciudadanías en los procesos de integración estos serán procesos irreversibles, entre tanto son procesos sujetos a los vaivenes de las decisiones gubernamentales”, manifestó Adalid Conteras , exsecretario general de la Comunidad Andina (CAN), en uno de los foros del Encuentro Latinoamericano “Democratizar la palabra en la integración los pueblos”, que se desarrolló en Quito del 4 al 6 de noviembre con la participación de comunicadores y activistas sociales del continente.

El evento se constituyó en una oportunidad para debatir y reflexionar sobre la situación latinoamericana, la marcha de los procesos de integración y los desafíos que se presentan para los movimientos sociales y los/as comunicadores/as.

Una primera idea fuerza que expuso el periodista y escritor mexicano Luis Hernández es que América Latina está inmersa en un proceso de reinvención en la medida que su “destino final de pensarse y actuar como región no está aún definido”. Y es que, como lo manifestó Osvaldo León, director de ALAI, el tema de la integración es un proceso en disputa entre las tendencias que pugnan por mantener y profundizar la dependencia hacia Estados Unidos y aquellas que se inscriben en el camino de la independencia y de la soberanía.

América Latina, en este contexto, está redefiniendo su reinserción en un mundo “complejo y convulso” (de múltiples crisis) en el que Estados Unidos ya no es el único actor como potencia unipolar. En la región están presentes nuevos actores internacionales como la República Popular China como la nueva potencia emergente; la Federación Rusa, que vuelve a poner sus ojos en América Latina luego de que la abandonara como resultado de la crisis de 1989-1990; la Unión Europea que se encuentra inmersa en una fuerte crisis y en proceso de declive; y Canadá, que tiene su peso específico sobre todo por la incursión de sus transnacionales mineras en la región.

A esto hay que sumar el surgimiento de Brasil como la potencia regional que, según Luis Hernández, condiciona muchos de los procesos regionales y las crisis económicas de 2007 y 2009 que provocaron el colapso de los mercados de crédito en Estados Unidos y gran parte del mundo desarrollado.

América Latina se ve abocada a redefinir sus relaciones con los nuevos actores extracontinentales y esto le “da al continente, la posibilidad de múltiples relaciones, de múltiples pertenencias y de entrecruzamiento de pertenencias de los países a los sistemas de integración del continente”, señala Adalid Contreras, quien pone los ejemplos de Chile y Perú, el primero de los cuales ha suscrito alrededor de 38 acuerdos de libre comercio y el segundo, aproximadamente 30.

Contreras señala que cuando analizamos los casos del Perú y de la CAN, se puede señalar que “nuestros sistemas de integración también se están redefiniendo, porque ya no son la única referencia para sus países miembros, son una referencia más que debe reinventar su sentido y su naturaleza”.

Para enfrentar la multipolaridad y la crisis internacional, los países de la región están impulsando políticas nacionales propias y soberanas, que hacen que “el concepto de soberanía esté primando sobre el concepto de integración en las relaciones actuales del continente”, señala Adalid Contreras. Y agrega que, por ello, “no es casual que la composición y estructura de funcionamiento de UNASUR tengan un carácter inter-gubernamental en sus estructuras de decisión”, pues ello obedece al momento histórico de América Latina en el que cada uno de los Estados quiere tener su propia representación. Esto no siempre fue así, ya que, por ejemplo, cuando se creó la Comunidad Andina, a fines de los años sesenta del siglo pasado, ésta tuvo un carácter supranacional, es decir que tomaba decisiones vinculantes que estaban por encima de las decisiones de cada país.

Otro elemento a tener en cuenta, es la fragmentación geográfica de la región en cadenas de valor impuestas por los países desarrollados, que relega a América Latina a la condición de productora de materias primas, con las consecuencias de fragilidad y vulnerabilidad en sus economías ante los cambios de los precios de las materias primas.

Estos procesos, sin embargo,no son fijos y están en movimiento, pudiéndose afirmar que en América Latina hay un sentimiento de pasar de la prioridad de las soberanías a una maximización de la importancia de los procesos de integración, sostiene Contreras, quien asevera que estamos viviendo un cambio de época en el que América Latina está recuperando su dignidad y puede ser un factor importante en el rediseño de un nuevo orden mundial, aportando nuevos paradigmas de desarrollo como el buen vivir o vivir bien,que van más allá de los criterios meramente comerciales. Además hay otros elementos importantes como “nuestra continuidad democrática, la superación paulatina de conflictos intrafronterizos, el desarrollo de gabinetes binacionales y otras formas de integración”, que están haciendo de éste, un continente distinto.

Desafíoscom adalid y osvaldo

El exsecretario general de la CAN considera que la primera gran tarea es fortalecer la UNASUR, “que es la casa grande de la integración latinoamericana y después la CELAC, no en orden de importancia sino en el orden del tiempo. UNASUR debe ser el espacio donde converjamos todos, donde nos complementemos todos, con un sentido pluralista y con posibilidad de acuerdos en aquello que podamos converger”. Contreras señala que la UNASUR necesita una institucionalidad viable para un regionalismo de nueva generación, una institucionalidad fuerte con algunos niveles de supranacionalidad, pues no hay integración sin que los estados le cedan al menos un pedazo de soberanía, para que las decisiones sean continentales y vinculantes. Es importante superar la toma de decisiones por consenso y adoptar mecanismos de geometrías variables, que permitan que unos avancen en una cosa y en otros en otra, y desarrollar mecanismos de cooperación reforzada o de cooperación sur-sur, especialmente con los países en situación más asimétrica.

Otro desafío es la participación y construcción de ciudadanía suramericana y latinoamericana; actualmente la participación ciudadana en los organismos de integración todavía es débil. En la medida en que se incorporen las ciudadanías en los procesos de integración, estos serán procesos irreversibles y no dependerán de los vaivenes de las decisiones gubernamentales. Y en este aspecto, la UNASUR tiene mucho que rescatar de organismos como la CAN, que creó instancias de participación como un consejo de pueblos indígenas y una mesa de los pueblos afrodescendientes, del Mercosur y de otros, en aspectos como la movilidad humana, los derechos laborales, los derechos de seguridad social, la atención consular, el derecho de residencia.

Cultura de integración

En la región todavía prevalecen los contenidos y las agendas que imponen las trasnacionales mediáticas que durante muchos años han trabajado en la subjetividad de la gente con sus propios métodos y lenguajes, se reflexionó en el Encuentro. La mayoría de noticias es generada por las agencias de los países desarrollados, el 80 % de las imágenes provienen de las grandes trasnacionales.

Para enfrentar a estos “monstruos” hay que construir un tejido de comunicación contrahegemónico y una agenda que incluya los temas y los contenidos que los latinoamericanos necesitamos, que reflejen la idiosincrasia y la cultura de nuestros pueblos.

Hay que construir una cultura de la integración e impulsar una comunicación participativa, afrontando el reto de encontrar los elementos que nos unen en un espíritu latinoamericanista, destacando la importancia de la unidad, de las convergencias, de la compatibilidad de valores, de la interculturalidad, de la identidad y de la necesidad de afrontar los desafíos de los cambios estructurales.

Finalmente se señaló la necesidad de generar propuestas, políticas y estrategias de comunicación para la integración con un sentido claro, no para hacer propaganda de la integración sino para hablar de los sentidos y propósitos de la misma, creando un sistema de comunicación que pase de las incidencias a los logros y a los acuerdos.

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