Jun 23 2007
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Opinión

Desde Costa Rica. – PRENSA Y NECESIDADES SOCIALES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Las numerosas y siempre cambiantes franjas del claroscuro con que se nos presenta eso que llamamos frecuentemente, de manera arbitraria, “la realidad social”, resultan ser a fin de cuentas un complejo conjunto de actuaciones y reacciones, protagonizadas por una gran diversidad de actores sociales.

Se caracterizan además porque algunos de sus componentes esenciales vienen a ser las mentiras deliberadas o las verdades a medias que emiten los interesados y que son las que nos impiden captar, de manera muy frecuente, la esencia de lo que en verdad podría estar ocurriendo por debajo de la epidermis con la que se nos presentan una serie de eventos, como los que vienen ocurriendo, durante este cambio de siglo, en nuestras sociedades latinoamericanas.

Luces y sombras sobre el caso RCTV

Tomemos por ejemplo, las reacciones que se han producido, dentro y fuera de Venezuela, a propósito del acto de no renovar la concesión para operar a Radio Caracas Televisión (RCTV), por parte del actual gobierno venezolano, en el momento de producirse su vencimiento.

Se trata de un hecho que nos ofrece una oportunidad única para reflexionar acerca de temas tan delicados como los relativos a la llamada libertad de prensa y al derecho de la población de estar informada, a partir de una serie de criterios como el profesionalismo (que debe comprender al menos una dosis de comportamientos éticos) y una cierta amplitud de miras que permita al menos un acercamiento a lo que en verdad está ocurriendo en una sociedad y en un determinado período histórico.

Es decir que no podemos dejarnos llevar por los cantos de sirena de algunos que han demostrado, durante un largo período histórico (como el de la Cuarta República Venezolana, de 1958 a 1998 o el de la Quinta, transcurrido a partir de la llegada al poder del actual gobierno de Hugo Chávez Frías), una reiterada vocación liberticida, golpista y totalitaria pretendan aparecer ahora, ante los ojos de un mundo desaprensivo, como los paladines de la libertad en su país y en el resto de los países de la región.

El hecho de convertir el fin de la concesión a RCTV en un drama que pone en peligro la libre emisión del pensamiento en Venezuela y en el resto del continente puede resultar un sainete de tan mala calidad, que sus protagonistas no dejan de moverse entre lo ridículo y lo grotesco, porque tanto en ese país a la vez andino y caribeño, como en algunas de las naciones vecinas, incluida la pequeña Costa Rica, desde cuya capital estoy elaborando y enviando estas líneas, sabemos del silencio que han guardado estos paladines de la libertad, cuando se ha tratado del cierre de medios y la conculcación de las libertades cívicas de aquellos que han apostado por una convivencia más humana, en beneficio de las grandes mayorías populares de América Latina.

Ejercicio de la memoria
Los cierres de diarios, semanarios y espacios radiofónicos durante los gobiernos –no tan “democráticos”– de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni fueron numerosos, lo mismo que las torturas y el asesinato de periodistas. La pregunta que debemos formular, de manera obligatoria, al número uno de RCTV ¿Adónde estabas tu, Marcel Granier, cuando estos hechos ocurrían en décadas anteriores? ¿Es qué acaso se alzó la voz de RCTV para denunciarlos?

Desde luego que aquellos gobiernos tan obedientes a Wáshington la hubieran clausurado también, pero lo cierto es que si luchamos, de manera consecuente, por la libertad de expresión para todos nos encontraremos con que su precio puede resultar muy elevado.

En aquellos lejanos años, de la segunda mitad de la década de los sesentas, estaba fresca la sangre derramada por el mártir Fabricio Ojeda, el periodista y líder de la revolución democrática de 1958, traicionada por los regímenes de Punto Fijo, con la que se puso fin a la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez y quien, de manera consecuente, arriesgó su vida por la libertad y el bienestar de sus compatriotas hasta las últimas consecuencias.

Costa Rica: aproximación
Desde la Costa Rica democrática del cambio de siglo, donde estamos sosteniendo una lucha firme y decidida contra la destrucción de la democracia y las conquistas sociales de un pueblo generoso y culto como el costarricense, representada por la pretensión de imponernos el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC CAEU-RD), por parte del régimen autoritario de los Hermanos Arias Sánchez (Oscar el presidente y Rodrigo, su hermano y manager, ministro de la presidencia), no miramos con buenos ojos el juego de quienes sostienen, a escala internacional, una dictadura mediática cuyos únicos objetivos parecer ser la protección de los intereses de un puñado de empresarios, quienes mantienen un monopolio casi total, en el campo de la comunicación colectiva, lo que les permite obtener exorbitantes ganancias e imponer sus decisiones en todos los órdenes de la vida social, política y cultural.

En nuestro país, como una manifestación de ese fenómeno, se han cerrado varios programas independientes (con el pretexto de la no renovación de la concesión o contrato de producción) en la televisión cultural del Estado, ya que en las restantes televisoras privadas sería un sueño pensar siquiera en su existencia. Su delito fue el de oponerse a las políticas delirantes y totalitarias de la dictadura neoliberal que viene cercenando las raíces de nuestra democracia centenaria, con sus actos de todos los días.

De ahí la desigual y abrumadora campaña a favor del TLC que llevan a cabo los diarios y la televisoras de Costa Rica sin que exista, al menos una aproximación en términos del acceso a los medios, para quienes nos oponemos a su aprobación y nos preparamos a votar no, en el referéndum que se llevará a cabo el próximo 23 de septiembre.

La realidad de los medios
Sabemos, desde hace mucho tiempo que, tanto en Venezuela como en la mayor parte del continente, los medios de comunicación siguen perteneciendo a una minoría plutocrática, capaz de arrastrar a otros, a quienes incluso desprecian, hacia la defensa de sus mezquinos intereses.

Estaríamos muy preocupados si el semanario La Razón de Caracas (u otros medios independientes) se viera amenazado, pero no estamos dispuestos a derramar lágrimas de cocodrilo por los fascistas (con ropaje presuntamente democrático) de Globovisión y Radio Caracas TV, quienes, entre el 11 y 14 de abril de 2002, auspiciaron el pinochetazo de Pedro Carmona Estanga, frustrado por el sacrificio y la valiente determinación de lucha de miles de caraqueños, quienes le pusieron un rostro fiero a la muerte, durante esas cruentas jornadas de lucha.

De no profundizar el análisis del tema en sus complejos matices, correríamos el riesgo de seguir ensanchando las sombras del claroscuro que provocan las mentiras deliberadas y las verdades a medias de quienes consideran que las únicas libertades posibles, se basan en las ganancias multimillonarias que obtienen a partir del uso de las frecuencias de radio y televisión, las que deben ser, de verdad, un patrimonio de nuestros pueblos.

Debemos entender, de una vez por todas, que el tema de la libertad de prensa, entendida sólo como un tema empresarial oculta un hecho esencial: el derecho a la libre información para todos no puede ser monopolizado por un puñado de oligarcas, quienes han privado a las grandes mayorías latinoamericanas, hasta de la elemental condición de humanidad. Es decir, el punto de partida del genocidio y el etnocidio cotidianos que se vienen ejecutando, en este continente, desde hace varios siglos.

El referéndum y los medios en Costa Rica.
Un debate que urge

Es tiempo ya de abrir un debate sobre o, más bien, una auditoría pública sobre la calidad del desempeño de los medios de comunicación masiva en nuestro país, como asimismo sobre el uso y abuso que hacen del espacio radioeléctrico unas cuantas familias de empresarios oligárquicos, acostumbradas a pensar que las concesiones para su utilización les fueron otorgadas a perpetuidad y sin ninguna condición o requisito, relativa al carácter de servicio público que debe caracterizar su empleo, en una sociedad democrática de verdad.

Todo ello como una condición sine qua non para evitar que los abusos de poder de unos pocos no terminen por acabar con la propia institucionalidad democrática, al negarle al conjunto de la población el elemental derecho humano a la información.

Valga un ejemplo: REPRETEL
Es más, seamos claros de una vez por todas: no es posible que sigamos aceptando, de una manera tan pasiva, como la que hemos observado hasta el momento, el hecho de que al menos tres canales de la frecuencia VHF, la más importante y de mayor cobertura, estén en manos de un grupo de empresarios mexicanos, propietarios de REPRETEL, la denominación bajo la cual se han apropiado de los canales 6, 9 y 11 para dar una visión parcializada del acontecer nacional y ofrecer una programación de dudosa calidad, lo que constituye una práctica inaceptable y dañina para la salud democrática de una sociedad como la costarricense, que se prepara, en estos momentos, para tomar decisiones trascendentales, a partir de las cuáles se definirá la naturaleza del régimen social y político, dentro del que habremos de vivir en las próximas décadas.

¿Qué dirían estos señores de REPRETEL si tuvieran que entregar, al menos, una de sus frecuencias al sector cultura o al movimiento cooperativo de nuestro país? O ¿Por qué no a las organizaciones sindicales que son denigradas, a dario, a través de esos “medios de comunicación?

El tamaño del alboroto que montarían acerca del manoseado tema de las libertades públicas, para unos pocos desde luego, sería monumental si nos atenemos a lo que ha ocurrido en Venezuela en días pasados.

No es posible seguir aceptando como un hecho normal que mientras nos preparamos para llevar adelante uno de los procesos democráticos más importantes de nuestra vida republicana, como es el del referéndum para decidir la suerte final del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC CAEU-RD), el primero de nuestra historia, continúe operando, como un hecho aplastante e incontrastable, la abismal parcialidad a favor de quienes quieren vender esta patria y acabar con sus instituciones democráticas.

Situar la discusión
¿Es qué acaso no nos hemos dado cuenta de la importancia de esa conquista democrática y de las razones por las cuáles debemos demandar que se lleve a cabo dentro de la mayor transparencia?

Para concluir estas reflexiones quiero destacar el hecho de que resulta, más que evidente, que don Alberto Cañas y este servidor no mantenemos los mismos criterios acerca de la no renovación de la concesión a Radio Caracas TV, si me atengo a los contenidos de su más reciente emisión de la columna Chisporroteos, en el diario La República.

Lo importante es que ambos podamos expresar nuestros criterios con la misma amplitud, a la vez que queda demostrada la gran pluralidad del movimiento cívico que en este país se opone a la aprobación del TLC con los Estados Unidos, pues nuestras coincidencias sobre el mencionado tratado terminan por hacer nulas las pretensiones de quienes hacer revivir los fantasmas de la pasada guerra, a veces no tan fría, entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Lo anterior no elimina, sin embargo, la necesidad de establecer un mayor equilibrio informativo frente al referéndum y otros aspectos vitales para el futuro de la democracia costarricense.

Radio Caracas TV: ¿por qué tanto alboroto?

I
El alboroto que han armado los grandes propietarios de los medios de comunicación de América Latina, a propósito de la no renovación de la concesión del espacio radioeléctrico a Radio Caracas Televisión (RCTV), por parte del actual gobierno de Venezuela, debe ser objeto de un debate más amplio que rebase los intereses de la dictadura mediática, que la derecha totalitaria mantiene en todo el continente.

Lo anterior lo decimos, porque el comportamiento de la gran mayoría de los medios de comunicación masivos, existentes en los distintos países de América Latina, se ha constituido en la mayor amenaza para las libertades públicas. No sólo obtienen millonarias ganancias con el uso y abuso del espacio radioeléctrico de todos los países, sino que mantienen una abierta dictadura bosquejada, a partir de lo que consideran como “lo políticamente correcto”, y por lo tanto, digno de ser difundido, en gran escala y “lo políticamente incorrecto” que debe ser omitido o apenas mencionado, en sus emisoras de radio y televisoras.

Cualquier parecido con las eras totalitarias, estalinista y nazi-fascista, podría ser mera coincidencia, sólo que ahora se actúa en nombre del pensamiento único que proclama, como la sola verdad válida, las bondades y la magia del libre mercado como solución a todos los males del mundo. En otras palabras, las mismas supersticiones del viejo liberalismo pero con el ropaje tecnocrático, con el que se nos presenta ahora, en su novísima versión “neoconservadora”.

Estas líneas persiguen reflexionar, en medio del hipócrita alboroto que han levantado, quienes opinan que las únicas libertades que pueden existir son las que les permiten ganar millones de dólares, amordazar a la opinión pública, llenar las pantallas de televisión de programas de pésima calidad, violencia y sexismo, en síntesis ahogar toda otra propuesta cultural que no responda a su enajenada y pobre visión del mundo. “Su” mundo que aparece como el único posible, ya que el de los demás correspondería al ámbito oscuro de las “no personas”, cuyo perfil étnico e incluso, estético no concuerda con la imagen “perfecta” que se han fabricado de sí mismas, las clases y las elites dominantes del subcontinente latinoamericano. Es decir el imaginario de los descendientes de los conquistadores europeos, instituido en el único desideratum posible.

II
La prensa de Costa Rica y de otros países de la región –tales como Chile, México, Colombia y otros– ha hecho un gran escándalo, en estos días, a propósito de la decisión soberana, tomada por el gobierno de Venezuela, de no renovar la concesión de la frecuencia de televisión, a la empresa Radio Caracas TV (RCTV). A pesar de que un decreto, emitido hace veinte años, por el entonces presidente Jaime Lusinchi (1984-1989), un militante adeco (del Partido Acción Democrática, hegemónico durante los cuarenta años de la llamada “IV República”) por lo demás, y con amigos en nuestro país, en el cual se “estableció que todas las concesiones de la televisión privada tendrían validez durante 20 años, sin obligación de extensión o renovación”(según el texto de un documento oficial de Venezuela) constituye uno de los fundamentos de esa decisión, se insiste en vender la idea de que se trata de un acto o ocurrencia arbitraria del gobernante de turno.

Nos encontramos, así, con que se sigue diciéndole, de manera insistente, a la no siempre informada “opinión pública internacional”, que dicha acción constituye una amenaza al ejercicio de la “libertad de expresión”, por parte de los habitantes de ese país. Nada más falso que el contenido de tales afirmaciones, para el caso venezolano, puesto que la mayoría de los canales de TV, emisoras de radio, diarios y semanarios forman parte de lo que podría llamarse el amplio espectro de la oposición (entre el 70 y el 80% de los medios) y sólo un puñado de medios apoyan el proyecto bolivariano del presidente Chávez y sus seguidores, bastante numerosos por cierto y provenientes, en su mayoría, de los sectores sociales más pobres de un país como Venezuela que, al igual que otros de la región, mantiene todavía una gigantesca deuda social y cultural con ellos, como un resultado acumulativo las políticas de saqueo del erario público y de una violenta exclusión social y cultural, ejecutadas durante los cuarenta años de los regímenes de Punto Fijo (1958-1998).

Se trata de un vacío, por cierto imposible de llenar con el formato y los contenidos de una televisión comercial, como la que han venido haciendo, desde hace muchas décadas, empresas como Radio Caracas TV (RCTV), Globovisión y Venevisión (Propiedad del magnate cubanovenezolano, Gustavo Cisneros), quienes tuvieron una activa participación el frustrado golpe fascista del 11 de abril de 2002, cuya existencia misma llegaron a negar (a la manera orwelliana), afirmando que se trataba de un “vacío de poder”, al igual que trataron de ocultar la resistencia al golpe, ejecutada por los sectores populares de Caracas, con telenovelas y comics en las pantallas de la televisión, ya que en Venezuela, según ellos, no estaba ocurriendo nada, en esos cruciales momentos.

III
En el caso de nuestro país (Costa Rica) nos encontramos con un buen ejemplo de cómo opera el modelo de una abierta dictadura mediática, no exenta de algunas sutilezas. Lo cierto es que, a pesar de lo riesgosas que pueden resultar las comparaciones de país a país, nos debemos llamarnos a engaño acerca de las verdaderas intenciones de quienes actúan aquí, al igual que en otros países, pretendiendo impresionarnos con toda clase de espejismos, basados en un continuo alegato, acerca de una presunta ausencia de libertad de expresión en otras latitudes que no resiste la contrastación con lo que ocurre en la realidad.

En Costa Rica lo que hay es un irrespeto creciente a la libre emisión del pensamiento, exteriorizado en el cada vez más difícil acceso a la prensa, radio y televisión comerciales para quienes no comulguen con los intereses de sus propietarios, por lo general reclutados entre los amos del país. Se nos habla así, todos los días, de que en Costa Rica la prensa es libre y plural, de que el ciudadano tiene la posibilidad de formarse una opinión propia, sin amenazas y chantajes de ninguna clase.

Nada más falso, si nos atenemos a lo que ocurre en un país, en el cual durante los domingos sólo circulan dos diarios de la misma empresa (La Nación y Al Día), que se han constituido en los amos de la conciencia y la formación de opinión entre la ciudadanía costarricense y en donde el espacio radioeléctrico está concentrado, cada vez más, en pocas manos. Sucede además que los grandes grupos del capital financiero, vinculados al actual presidente de la república han comprado gran cantidad de emisoras de radio y obtenido el cierre de programas de opinión independientes, con lo que el control de la “opinión pública” se ha venido estrechando.

En estos días en que se habla tanto, en los medios de comunicación locales, del caso de Radio Caracas Televisión (RCTV) nos preguntamos acerca de la clase de avispero que se armaría, si alguien dijera que nos gustaría que en Costa Rica contáramos, al menos con un canal de televisión, de verdad independiente y con programas de calidad.

El sacrosanto derecho a la libertad de expresión, entendido como mera libertad empresarial por los amos del país, se vería amenazado de muerte, si algún ciudadano desaprensivo propusiera que la empresa REPRETEL –de capital mexicano, por lo demás– entregara uno de los tres canales de la banda más importantes que mantiene bajo su control, como son los canales 6, 9 y 11, cuyos noticieros se dedican a descalificar –de manera sistemática– a las organizaciones sindicales y al movimiento popular en general, además de ofrecer una programación de pésima calidad que no permite el crecimiento intelectual y espiritual de quienes no tienen otra opción que sintonizarlos.

Sin duda que urge una auditoria no sólo financiera acerca de lo que hace la televisión privada en este país, la que estamos seguros sería un buen punto de partida para ponerle fin a tantos males.

Para acabar de rematar las cosas el régimen de los hermanos Arias, hoy urgido de imponernos el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC CAEU-RD), cerró todos los programas de opinión independientes que se emitían a través del Canal 13, la televisión cultural del Estado. Entre ellos el programa de opinión “Diagnóstico” del doctor Álvaro Montero Mejía y el programa de debates “Contra el Muro” que emitía la periodista Iris Zamora, entre otros.

IV
Seguir tratando los temas relativos a la libre emisión del pensamiento como un tema empresarial, relativo solo al éxito financiero de sus propietarios es una peligrosa trampa. Esa actitud reduccionista acerca de un tema de suyo complejo y con tantas implicaciones, para la vida de todos nosotros, nos hace pasar por alto, algunos de los más graves atentados a la libertad de información ocurridos en Centroamérica, durante las últimas décadas.

¿Es qué acaso el cierre del diario Excelsior, de tendencia socialdemócrata, en nuestro país, fue únicamente un problema empresarial? ¿No es acaso verdad que quedamos, a partir de allí, bajo la implacable dictadura de una prensa conservadora, al servicio de los amos del país? Durante los años ochentas, en los momentos más álgidos de la guerra civil centroamericana, se alzaron voces contra la censura de que era objeto el diario conservador La Prensa, de Managua (la nuestra incluso).

Un poco más diez años después, cuando dejó de publicarse el diario sandinista Barricada ¿Dónde estaban esas voces tan obsecuentes en la defensa de la pluralidad? No hay duda de que para quienes integran la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la única libertad posible es la de sus agremiados.

Por otra parte, ¿es qué alguien recuerda qué pasó con Radionoticias del Continente, una emisora latinoamericana que emitía sus programas desde Costa Rica, en los inicios de la década de los ochentas? Se la declaró subversiva y como consecuencia de la presión del imperio del norte fue clausurada, es lo único que hemos podido saber.

El debate sobre los medios de comunicación y la dictadura mediática en este continente apenas se inicia, por lo que esperamos haber dado una contribución importante para su materialización.

El presente alboroto acerca del tema de Radio Caracas TV es omiso en relación con la gravedad de las acciones de algunos protagonistas del drama de la falta de libertad de información y opinión, en países como México, Chile, Perú y Colombia por mencionar sólo algunos, quienes mantienen un calculado silencio sobre todo aquello que no se refiera a sus intereses económicos y de dominación de la llamada “opinión pública”, a escala planetaria.

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* Profesor de la Escuela de Sociología e investigador del programa de Análisis de Coyuntura a la sociedad costarricense de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Costa Rica.

La imagen de apertura corresponde a un fragmento de aquella que se encuentra en http://perso.wanadoo.es/estudioateo.

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