Ago 7 2008
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Cultura

Deshacer el nudo: Red Internacional de Editores de Poesía

Gonzalo Tarrués

Dede la (aparente) masificación de la lectura de libros, desde mediados del siglo que recién terminó sobrevuelan el ambiente cultural bandadas de especies, antaño rara avis, convertidas en referencia obligatoria para empobrecido mundo lector. "Best sellers", "autoayuda", "divulgación" (científica, de arte, histórica, etc…), "investigación" variada (en especial aquella nominada periodística), en fin, tapan el sol con sus páginas.

 

Libros, miles de títulos, anidan en los anaqueles de las librerías; sus tapas a todo color –colores cálidos, espléndidas fotografías como motivo central– y fajas que advierten los cientos de miles de ejemplares vendidos en lugares exóticos del Primer Mundo son los anzuelos que muerden los indefensos que asimilan cualquier libro a Cultura (es hora de escribir la palabreja con mayúscula). Mientras, ¿qué pasa con la literatura?

 Dos respuestas posibles. Una: no pasa nada, son carriles diferentes; la otra: tampoco pasa nada, agoniza en su desorden y con su dignidad. Tal vez. O quizá ocurre –ocurrió, viene ocurriendo– que la tarea de escribir libros, en el lejano pasado el "storm un drang", ha sido empujada desde el interior del escritor al exterior de la industria editorial. Los libros deben cumplir una función: entretener, y entretener mucho más allá de presentarle un lirio a los notarios. La entretención se ha vuelto un tanto asquerosilla.

La narrativa compite con los "reality shows", perversiones varias, noticias policiales y masacres que algunos Estados perpetran en territorios lejanos. O en los propios. Se impone una subjetividad impuesta por modas que amenaza con hacer de todos juveniles sicópatas americanos.

 ¿Y la poesía? Rara transmutación: de verso –medido o no– a creatura cuyo único refugio es la noche de la autopublicación o el suicidio de las más pequeñas editoriales independientes –y que con ellas suele inmolarse ante el amanecer panzer de la "industria". Sin embargo… 

Sin embargo la poesía vende (vender, palabra trascendente). El polvo en que se ha convertido sin duda sor Juana Inés, quién sabe, podría brillar fosforescente todos los años, cada vez que le llevan la contabilidad de sus libros comprados por "el público"; Hölderlin tampoco lo hace tan mal, ni mucho menos el señor Baudelaire, o Whitman, o Valery, o Martí; ni Rubén Darío, ni Bécquer, ni…

No se puede en rigor arrastrar al patíbulo por ello a las casas editoriales mundializadas: hacen lo que tienen que hacer: ganar dinero para sus propietarios, para pagar sueldos y para publicar más libros. ¿Que suelen manejarse con una cierta miserabilidad? Sí. Son las reglas del juego. Lo apuntó alguna vez Julio Cortázar: las grandes editoriales no corren riesgos.

Publica como puedas y si por esas cosas algún texto llema la atención, verás cómo te reciben –con café y cigarrillos (allí donde todavía se fuma)–. Es que has pagado el piso. Haber ganado algun concurso local o continental ayuda mucho. En el caso de los poetas estár muertos es importante, también ayuda mucho.

 

Una idea circula y discute en América Latina. Éstas son sus bases. Es la siguiente y se convoca a la discusión:

Red de editoriales independientes 

Propósito

Lograr la divulgación de libros de poesía de reconocida calidad, mejorar la capacidad empresarial de las editoriales literarias pequeñas y medianas, mejorar las condiciones económicas de los escritores de poesía a través de ediciones masivas y motivar a los creadores en el género a producir obras de mérito bajo el estímulo de su publicación en la Red.

Composición

La Red estará compuesta por uno o más sellos editoriales privados, registrados legalmente, pequeños o medianos, por cada país, que acepten sumarse bajo la modalidad de operación propuesta.

Sede

La Red tendrá como sede internacional Costa Rica, país donde se inscribirá como Asociación Internacional, cuyos miembros serán las editoriales que se unan, representados por su respectivo Presidente. 

Operación

Cada sello editorial publicará a su nombre y en el nombre de la Red, los títulos que la Red seleccione, para lo cual se compartirá la diagramación y la portada.

Cada sello editorial sólo estará facultado para distribuir los títulos publicados en su ámbito local, definido por la capacidad real de distribución que tenga.

Financiamiento

Cada sello editorial buscará crear una lista de suscriptores de honor en su ámbito de distribución. 

Cada editor remitirá a la Red el 10 % de su ganancia para cubrir los gastos administrativos de la Red y la totalidad de los derechos de autor recogidos, en un plazo no mayor de 45 días después de la fecha de publicación de cada obra. 

Selección y traducción de obras

La Red deberá contar con un Consejo Editorial, integrado por personas con un reconocido criterio riguroso en materia literaria y mentalidad abierta. Su ubicación geográfica es indiferente, en tanto sean accesibles por coreo electrónico. 

Cuando se realicen ediciones bilingües, los derechos de autor se repartirán a partes iguales entre el traductor y el autor.

 

 

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