Sep 23 2012
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Desmond Tutu felicita a los colombianos por iniciar el camino de la paz

El Arzobispo Em√©rito de Ciudad del Cabo y Premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, envi√≥ una carta abierta al pueblo colombiano, ¬ępara desearle lol mejor en el emocionante camino¬Ľ del proceso de paz entreel gobierno y la guerrilla. A continuaci√≥n, ofrecemos el texto de la carta:

¬ęQueridas hermanas y hermanos colombianos,
Les escribo con inmensa alegría, tras enterarme de que un proceso de paz se puso en marcha en su país, para desearles lo mejor en el emocionante camino que tienen por delante.
El hecho de que en su tierra, que por muchos a√Īos ha sido golpeada por el conflicto, hayan acordado hablar sobre un compromiso de paz y reconciliaci√≥n le env√≠a un mensaje de esperanza al mundo entero. Si los colombianos pueden acercarse entre s√≠ y conciliar sus diferencias, tambi√©n pueden hacerlo los miembros de nuestra familia que viven en Israel y Palestina, en Siria y Libia, en el T√≠bet y China, en Burma, en Zimbabue y Sud√°frica.

Hay muchos paralelos entre el conflicto colombiano y nuestra experiencia en Sud√°frica. En 1948, cuando La Violencia se apoder√≥ de un pa√≠s, se introdujo el apartheid en el otro. Y aunque el apartheid le a√Īad√≠a un enorme factor racial al conflicto, en esencia, las dos luchas enfrentaron a quienes ten√≠an poder y recursos a los que no. En ambos pa√≠ses, cientos de miles de ciudadanos fueron desplazados forzosamente. Los dos pa√≠ses se convertir√≠an en sin√≥nimo de divisi√≥n violenta y fueron rechazados en el mundo.
¬ęHay m√°s represi√≥n de la libertad individual aqu√≠ que la que hay en cualquier pa√≠s en el que hayamos estado; la polic√≠a patrulla las calles con sus rifles y pide papeles cada minuto… El ambiente es tenso y pareciera que se est√° gestando una revoluci√≥n. El campo est√° inmerso en una lucha abierta y el ej√©rcito no tiene la capacidad para reprimirla.¬Ľ Esta podr√≠a haber sido una descripci√≥n del apartheid en Sud√°frica, pero, de hecho, es un extracto del diario del ‘Che’ Guevara sobre su visita a Colombia en julio de 1952.
La violencia genera violencia y esta, a su vez, genera más violencia; y tanto los sudafricanos como los colombianos han pagado un precio terrible, no solo en lo físico, sino también con sus almas y corazones heridos.
Lo que hemos aprendido y seguimos aprendiendo en Sudáfrica es que en muchos aspectos hacer la paz es más difícil que hacer la guerra. Reconciliarse con los antiguos enemigos es muy duro. Ser magnánimo, pese a los amargos recuerdos, es extremadamente difícil. El perdón no puede darse por hecho; hay que ganárselo. Pero a menudo se lo ofrecemos generosa y abiertamente a quienes no lo merecen. Curar las heridas no es algo que ocurra de manera instantánea; puede ser un proceso largo y sinuoso. Y para que este sea exitoso es necesario que todos los individuos seamos mejores personas, para ver el mundo no solo desde nuestra mirada, sino también desde la del otro.
Nuestra experiencia en Sud√°frica nos ense√Ī√≥ que, sin importar de qu√© lado del conflicto est√°bamos, llegaba un momento en el que deb√≠amos arriesgarnos a dejar de lado nuestras diferencias, para crear oportunidades en que pudi√©ramos sanarnos. Los primeros pasos fueron hablar y escuchar; hablar unos a otros en vez de hablarle al otro, y escucharnos.
En Colombia, tanto a quienes apoyan a grupos paramilitares de derecha como a los que apoyan a los de guerrilleros de izquierda, a los grandes terratenientes y a quienes han sido desplazados a las ciudades, incluso a quienes están o no activamente involucrados con los cultivos ilícitos, que abastecen el conflicto, o con su erradicación, les llega un momento de reconocer al otro por lo que en el fondo somos todos: miembros de una familia, la familia humana, la familia de Dios.
En Sud√°frica, cuando los l√≠deres de los diferentes partidos que hab√≠an estado en guerra se sentaron a hablar, literalmente no pod√≠amos creer lo que estaba sucediendo frente a nuestros ojos. ¬°All√≠ hab√≠a antiguos enemigos declarados! Ayer, ellos habr√≠an querido hacerse da√Īo f√≠sico; ¬°hoy est√°n hablando como hermanos y hermanas!
Que nosotros hubi√©ramos conseguido la democracia habla del hecho de que no podemos permanecer aislados los unos de los otros. En Sud√°frica le llamamos a este tipo de confianza en el otro ‘Ubuntu’ (filosof√≠a africana basada en las relaciones entre las personas): mi destino est√° relacionado con el tuyo. Somos quienes somos a trav√©s del otro. Yo no puedo ser sin ti.
Invitamos a representantes de todas las formaciones pol√≠ticas a participar en nuestro proyecto nacional. Tuvimos la primera elecci√≥n democr√°tica de nuestra historia. Luego, los representantes de esos partidos que fueron elegidos democr√°ticamente se sentaron a escribir una constituci√≥n y una declaraci√≥n de derechos. Trabajaron por un prop√≥sito com√ļn, con miras a la meta com√ļn de construir una naci√≥n en la que todos los ciudadanos tuvieran las mismas oportunidades de prosperar.
Nos dimos cuenta de que no podíamos esconder nuestro dolor debajo del tapete y se creó un mecanismo para incentivar a los perpetradores de la violencia a que buscaran un perdón legal (amnistía de la persecución), siempre y cuando sus acciones tuvieran una motivación política y que estuvieran dispuestos a contar toda la verdad.
Llamamos a este mecanismo la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, institución y proceso que tuve el honor de liderar. Aprendimos acerca de la especial relación entre verdad y perdón, cuán importante es para las víctimas y los perpetradores contar y escuchar sus historias, y que estas sean reconocidas por los otros.
Siempre llega un momento para reconocer nuestro papel dentro del conflicto cuando hay dificultades en el proceso, de dejar de culpar a los otros y de enderezar las cosas para el beneficio de nuestros ni√Īos, de nuestro pa√≠s y de nuestro mundo compartido, que es nuestro hogar.
Felicitaciones, Colombia. Que Dios los bendiga en el camino que tienen por delante.
Con amor,
ARZOBISPO EM√ČRITO DESMOND TUTU
Ciudad del Cabo¬Ľ

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