Sep 15 2013
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Política

Dilma y el espionaje de Washington

Las iniciativas de Estados Unidos y la comunidad internacional suelen convertirse en lecciones redondas y perfectas de hasta qué punto la torpeza se mezcla con la soberbia y la prepotencia. Es como si, escudados en la certidumbre de una superioridad imperial, los sucesivos gobiernos se crean con el derecho de despreciar a todo y a todos, aliados y adversarios, amigos y enemigos.

Ahora mismo, Brasil se ve como blanco de una de esas demostraciones. La razón: el amplio esquema de espionaje desenfrenado de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), revelado por Edward Snowden, el técnico informático de alta especialización que decidió contar al mundo lo que antes sólo decía a sus jefes.

Se trata del m√°s amplio y sofisticado esquema de invasi√≥n de privacidad p√ļblica, personal y empresarial de la historia, y se realiza desde hace por lo menos siete a√Īos mediante redes sociales, tel√©fonos (fijos y celulares) e Internet.

Dilma Rousseff fue uno de los blancos de la NSA. Se sabe, con seguridad, que se esp√≠a el correo electr√≥nico privado de la presidenta, al igual que los tel√©fonos de su despacho, de la residencia oficial, y los celulares, tanto los institucionales (dos n√ļmeros decodificados por los expertos estadunidenses) como los de uso personal.

El sistema altamente sofisticado también controla empresas, con énfasis en la petrolera estatal Petrobras. En su caso, se trata de un trabajo a la altura de su importancia: cada 72 horas, el gobierno de Barack Obama recibe un informe detallado y actualizado sobre lo que fue filtrado del sistema interno de Petrobras.

Conviene recordar que en 2006 Brasil descubri√≥ gigantescos yacimientos de petr√≥leo en aguas mar√≠timas profundas. As√≠ que no convence a nadie que el esquema de espionaje se dedica exclusivamente a cuestiones de seguridad: trata tambi√©n de negocios, de datos estrat√©gicos del Estado brasile√Īo.

Lo de Petrobras causó profunda irritación en Dilma Rousseff. Durante el encuentro que tuvo con Obama en la cumbre del G-20 realizada en San Petesburgo el viernes 6 de septiembre, fue bastante clara: con determinación exigió saber qué hay en los informes sobre sus comunicaciones personales y de Petrobras.

Brasil, aclar√≥ a Obama, es una fuerte, s√≥lida y gran democracia. Convive desde hace 140 a√Īos de forma pac√≠fica con sus vecinos. No tiene conflictos √©tnicos ni religiosos, no abriga grupos terroristas, y su Constituci√≥n veda expresamente el uso y la fabricaci√≥n de armas nucleares. Esas caracter√≠sticas, f√°cilmente comprobables, echan por tierra cualquier justificaci√≥n a los actos de espionaje, sobre todo con el pretexto de proteger a Estos Unidos contra el terrorismo.

Con relación a los informes enviados por la NSA a Obama, la mandataria dijo que quería saber todo lo que hay, lo que contienen y lo que no. Y, anticipándose a la traducción, espetó a su interlocutor: Everything, mister president. Everything.br dilma espionaje

Claro que a√ļn sigue sin saber qu√© hay en el material colectado de sus conversaciones, y mucho menos de lo que se obtuvo del sistema de comunicaci√≥n interna de Petrobras.

Por esas y otras razones, las relaciones entre Brasilia y Washington enfrentan tiempos de fuerte turbulencia. En realidad, desde la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, y luego de un periodo inicial de intercambio de coqueteo explícito con el entonces presidente Lula da Silva, el trato entre los dos gobiernos se enfrió.

Entre los mandatarios, también: el primer obrero y el primer negro en alcanzar la presidencia de sus países jamás lograron buena química personal. Con la llegada de Dilma Rousseff, algunos analistas y diplomáticos creyeron que pudiesen establecerse relaciones personales más fluidas, que facilitarían el diálogo entre ambos gobiernos. Pues no, nada.

Ahora, la tensión alcanzó su grado más elevado. Brasil sabe de la importancia de las relaciones comerciales con Estados Unidos, pero igualmente sabe que a Washing-ton no le conviene para nada que persista el actual ambiente de profundo malestar e irritación.

Ese inter√©s mutuo seguramente se impondr√° sobre las malas relaciones personales entre los mandatarios de ambos pa√≠ses y sobre la groser√≠a de violar la privacidad de los brasile√Īos, que empez√≥ por la presidenta misma. Pero los di√°logos ser√°n m√°s duros.

Es obvio que Estados Unidos siempre espió a Brasil, a sus presidentes, a sus políticos, a sus empresas, a sus figuras más prominentes, pero nunca al nivel de invasión e intromisión que llegó ahora.

Es muy poco lo que se puede hacer para impedir ese espionaje permanente. En todo caso, Dilma dej√≥ bien claro que no quedar√° inerte. Pretende denunciar la situaci√≥n en el pleno de la ONU, buscar√° aliados para proteger los intereses brasile√Īos, de empresas, inclusive, y podr√≠a sancionar a las compa√Ī√≠as estadunidenses que sirven de c√≥mplices al esquema.

Brasil ya no es el país periférico que era y Dilma lo sabe. Obama, al parecer, todavía no se da cuenta.

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. José J Zapata R
      18 septiembre 2013 18:33

      Bravo Se√Īora Pr√©sidente del Brasil, Ud sabe la doble moral de los EEUU, la intromis√≠on en los asuntos internos de los Estados con quienes tienen relaciones son de vieja data, ellos se creen con el derecho de hacerlo, y lo peor √©s que casi siempre cuentan con la complicidad de altos funcionarios de los Estados afectados,sus pr√°cticas malsanas no seran puestas en cuestion sin gobiernos libres y exigentes con peso pol√≠tico en lo econ√≥mico y transparentes con su soberan√≠a.