Oct 3 2006
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Economía

Dios y sus representantes. – LOS ELEGIDOS Y EL TELÉFONO CELESTE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Esta idea, la de tener una línea directa con Dios, o acceso privilegiado a la Verdad, nos resuena hoy como profundamente pre-moderna y, con toda justificación, objeto de duda y broma… Pero no es así para todos. Por ridículo que parezca, los lideres de las diferentes denominaciones religiosas del mundo se auto adjudican este privilegio que les da la autoridad a la negación mutua.

Las manifestaciones de protesta, de violencia y el asesinato de una monja en el mundo islámico se realizaron para refutar al Papa por citar al Emperador Bizantino, Manuel II Paleologus, que caracterizo al islamismo como grupo religioso que conquista las almas con la espada en la mano. La autoridad del Coran no se cuestiona. En respuesta, el Papa afirma que “la violencia es incompatible con la naturaleza de Dios y del alma”. Pero… ¿está la iglesia católica exenta de esta lógica?

fotoSi el teléfono celeste es solo una broma, la comunicación inmediata del Papa con Dios, no lo es. El, y solo él, es el conducto directo de la trascendencia, libre de toda contingencia histórica.

En contra de todo intento reformista dentro de la iglesia, que ve que la Verdad no puede ser contenida en una “doctrina” fija, eterna e inerte, sino que, por el contrario, es un proceso abierto de comunicación entre los seres humanos, Pablo VI enfatizo la primacía e independencia papal estableciendo que ningún poder puede ejercerse al interior de la Institución sin el acuerdo del Pontífice de Roma.

El Colegio de Obispos no tiene autoridad a menos que este en concordancia con el sucesor del Apóstol Pedro. Y como Vicario de Cristo éste tiene poder absoluto y universal sobre todos los niveles de la estructura eclesiástica, poder que siempre puede ejercer sin estorbo. No hay igualdad entre la cabeza de la Iglesia y sus miembros. Nada debe poner en peligro el poder papal.

Bajo el Pontificado de Juan Pablo II la Institución no solo continúa funcionando como una monarquía absoluta, sino que, también, todas las posibles promesas de cambio surgidas del Segundo Concilio del Vaticano han sido abortadas. De acuerdo con el Código de la Ley Canónica de 1983, solamente el Pontífice romano puede llamar a un Consejo Ecuménico, presidirlo personalmente, o a través de otros, suspenderlo, transferirlo o disolverlo y aprobar sus decretos.

La pregunta obvia es.¿qué es lo que sostiene, justifica o fundamenta esta posición privilegiada y autoritaria?

Se podría decir que la historia de la Iglesia es la historia ejemplar de una institución en donde “el poder ha reemplazado al espíritu”, según la expresión de Hans Kung. La burocratización del carisma pareciera ser el curso histórico necesario de cualquier religión, lo que trae como consecuencia la estrechez y el empobrecimiento espiritual.

En su origen las comunidades cristianas se caracterizaron por ser portadoras de una nueva dimensión de amor y libertad y su rechazo incondicional al poder sobre los otros. Pero, muy luego, esta relacion de reciprocidad se quiebra con el advenimiento de una casta sacerdotal que se auto-proclama poseedora de estatus especial, ubicándose por encima del resto de la comunidad. Es el nacimiento de la Institución, la Jerarquía y el Episcopoi. El inicio de una estructura de poder, autoridad univoca y dominación sobre la praxis individual.

La libre relacion entre individuos termina y ahora es mediatizada por el obispado. La división entre laicos y clérigos queda establecida. La estructura del amor es reemplazada por la estructura sado-masoquista del dominio y la obediencia.

En el siglo V Leo I proclama al obispo de Roma único soberano de la Iglesia. En el siglo X este adquiere el titulo de “Papa” y en el siglo XI Gregorio VII declara que nadie puede usar el término a excepción de la cabeza de la Iglesia. La jerarquía piramidal, finalmente, queda establecida. Pero es solo en el siglo XII, durante el mandato de Inocente III, cuando el obispo de Roma se transforma en el “Papa” de la Iglesia cristiana occidental, autoridad absoluta e indiscutida.

Como por un truco de manos, el poder ha pasado de la comunidad a los obispos y luego de estos al Papa, que lo concentra exclusivamente en si mismo, tornándose en el sujeto trascendente que nadie puede trascender.

En el año 1870, durante el primer Concilio del Vaticano, Pío IX cierra el círculo del poder espiritual del Papa al proclamar la infalibilidad del Obispo de Roma. Los documentos del Concilio establecen que cuando el Pontífice habla Ex-Catedra, esto es en virtud de su autoridad apostólica suprema, él tiene el poder para definir la doctrina universal de la Iglesia en relacion a la fe y la moral porque es poseedor de la infalibilidad otorgada por el redentor y trasmitida a través del Apóstol Pedro… ¿No es esta declaración de infalibidad papal la culminación de la absolutizacion del poder dentro de la Iglesia?

Esta extrema concentración de la autoridad en relacion a la “Verdad” es, en el fondo, el reconocimiento de que nadie dentro de la Iglesia tiene relaciones reciprocas con el espíritu sagrado, a excepción del Papa… ¿No es aquí donde, justamente, nos encontramos con la máxima agudización de la dominación estructural? Es el papa, mas que ningún otro ser, el que está mas cerca de Dios.

Si la Iglesia Católica actúa como lo hace es porque es una institución y el proyecto básico de toda institución es el de asegurarse de que va a permanecer idéntica a sí misma a través del tiempo. En ella la función es más importante que el individuo y la mayoría de estos quedan excluidos de cualquier función real y los que ejecutan las funciones básicas no son, en última instancia, esenciales. Cualquier intento de transformación se presenta como imposible.

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El Segundo Concilio Vaticano intento cambiar las relaciones unívocas entre los miembros de la Iglesia. Pero muy pronto el intento fue coartado. El código de 1983 no sólo no las cambia, sino que, por el contrario, las fortalece. El Papa, junto con la jerarquía, entendió muy bien que lo esencial en una institución es permanecer y nunca cambiar.

¿No es la prueba de su propia reproducción la designación de 31 cardenales al Pontificio seleccionados por el Papa, Juan Pablo II, que representan el ala más conservadora y reaccionaria de la nomenclatura eclesiástica para que su sucesor sea su copia exacta? Y así ha sido.

La Iglesia está, en todo sentido, 2.000 mil años alejada de la libertad y la diversidad dinámica de las comunidades primitivas cristianas. Su desarrollo, desde entonces, ha sido el desarrollo de la lenta destrucción gradual de esa libertad original y su reemplazo por el poder absoluto. El amor, que fue la estructura misma de la comunidad original, ha sido finalmente reemplazado por una estructura que es la concretización trágica del fracaso histórico del amor.

La permanente persecución y destruccion, primero física y luego psicológico del herético es su consecuencia inevitable.

¿Que posibilidades de dialogo, hablando en términos realistas, existen hoy entre el papa y los clérigos musulmanes, si ambos pretenden hablar como únicos representantes de Dios y el mensaje no es el mismo? Quienes no reconocen a Cristo no tienen salvación. Los musulmanes no reconocen a Cristo… ¿Quién transige aquí? En un mundo de dogmas absolutos ¿qué posibilidades de dialogo existen entre el Herético y el Infiel?

¿No es el relativismo cultural el elefante en el closet?

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* Escritores y docentes. Residen en Canadá.

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