Nov 26 2013
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Cultura

Doris y Elena: Mujeres extraordinarias

Narrar con talento y coraje los desastres de la humanidad, dar voz a quienes siempre se les excluye, contravenir y denunciar las injusticias sociales a través de la conversión de textos periodísticos y literarios, son las herramientas que una diáspora de mujeres en el mundo han puesto al servicio del acto revolucionario de la lectura.

Mujeres que en el siglo XX y estos a√Īos del XXI revelan eso que El√≠as Caneti llama ser escritoras de nuestro tiempo, rastreadoras del sistema, cronistas indispensables.

La semana que acaba de terminar nos dan testimonio, nos recuerdan esto que digo, con una fuerza que otorga esperanza al momento dif√≠cil por el que atraviesa la humanidad. Una viva, crujiente, encarnada con su sonrisa de ni√Īa inocente, lectora de libros y vida insaciable y, hoy, multi galardonada. Otra, desconocida en nuestro entorno que a los 94 a√Īos se despidi√≥ sin haber sido jam√°s derrotada. Us√≥ la palabra sin descanso.

Hablo de las dos personajas que cubrieron las noticias de la semana que termin√≥. Elenita Poniatowska que recibi√≥ el premio Cervantes 2013, calificada simplemente por esa su capacidad de retrotraernos, con excelente narrativa, historias que no pueden olvidarse, como la de Jesusa Palancares en Hasta No Verte, Jes√ļs M√≠o o El Tren que pasa Primero, donde est√°n en el centro los trabajadores ferrocarrileros y el contexto del M√©xico y su milagro econ√≥mico fundado en el trabajo y la explotaci√≥n de sus hijas e hijos.

La otra, nada menos que Doris Lessing, Premio Nobel de literatura 2007, autora de un libro fundamental sobre la injusticia humana, la discriminación de las mujeres y el acento iniciativo de una visión no dogmática: El Cuaderno Dorado (1969) y su larga narrativa que la hizo, hasta el final de su vida, una rebelde convicta. Lessing sorprendió con su literatura y su inteligencia indiscutible; describió en sus novelas la desgracia de nuestro tiempo. Fue contraria a todo dogmatismo y fundamentalismo.

Una princesa Polaca, la otra inglesa nacida en Ir√°n, la antigua Persia. Una de origen period√≠stico que ha sabido tomarle nota a la historia y romper las fronteras del olvido, la otra seg√ļn la escritora Marta Sanz, sac√≥ a la luz los choques de clase, g√©nero y cultura, buscando un territorio com√ļn. Ambas en la primera plana diario El Pa√≠s, reconocidas y actuantes.

De Doris Lessing en M√©xico y entre los ex√©getas de la literatura, ni una l√≠nea. Doris naci√≥ en Persia en 1919, y vivi√≥ en Rodesia. Muri√≥ el 17 de noviembre pasado. Autora de un libro emblem√°tico, El Cuaderno Dorado que la hizo universal, generadora de una producci√≥n literaria comprometida con la vida sin el temor al rechazo, opositora permanente al apartheid y la segregaci√≥n racial en Rodesia, quien hasta el √ļltimo suspiro, no pudo callar. Tiene un relato conmovedor, desconocido en castellano, titulado Por que un ni√Īo negro de Zimbabus rob√≥ un manual de f√≠sica superior. Fue la autora del reportaje African Laughter, fue perseguida, prohibida.gb doris lessing

En los a√Īos 70, mientras Elenita en M√©xico con Jesusa Palancares nos mostr√≥ a esas mujeres del pueblo, sus haceres y sus b√ļsquedas, armando la cr√≥nica de su tiempo, inclusiva y persistente, con esos o√≠dos magn√≠ficos que da el oficio period√≠stico, empezaba a estremecernos,¬† Doris era le√≠da profusamente por las nuevas feministas, por su capacidad de mirar y narrar con un lenguaje revolucionario, las diferencias entre hombres y mujeres, en medio de las injusticias sociales del sistema capitalista y excluyente.

Doris fue capaz en sus novelas de prefigurar el horizonte de la solidaridad entre mujeres; ella como Simone de Beauvoir nos narró y puso en claro  reflexiones sobre la repugnancia que sentimos sobre los estragos de la edad,  al final de su vida nos dejó aleccionadoras reflexiones sobre el drama de la desigualdad, buscando con urgencia que en la sociedad nadie sienta la culpa del verdugo ni la debilidad despótica de la víctima, como escribió de ella Marta Sanz en la edición del 18 de noviembre de El País.

Dos enormes narradoras, cronistas, periodistas, novelistas, escritoras de su tiempo que como en espejo nos devuelven con su trabajo, esa necesaria, urgente, fundamental necesidad de lectura, de reflexión, de apropiación de la palabra que sin lucha de sexos se ha entregado a millones de personas para no olvidar el halo fundamental que es la vida sin dejar de mirar al otro, a la otra, a los otros, en cada tramo de la historia.

De Elena, la escritora Rosa Beltr√°n afirma que su obra se convirti√≥ ya en un referente indispensable para la cultura en M√©xico, pasando de la oralidad a la transtextualidad, con hechos antes que t√©rminos nacidos de su obra mucho antes de que pasaran como t√©rminos de la academia. No podemos dejar de decir lo que aqu√≠ en M√©xico nadie se√Īal√≥: Elena document√≥ el abuso de ni√Īas violadas y damnificados por el terremoto de 1985.

Y algo m√°s, como escribi√≥ Juan Villoro, Elena se adiestr√≥ con el o√≠do en el periodismo. Hace unas semanas, como siempre, la vi tomar nota en un peque√Īo cuaderno, respirar abundante con lo que la inspira, retratar lo que ve√≠a, la encontr√© siempre reportera sin descanso. Me la encontr√© en un homenaje a Laura Bonaparte, tras su muerte. Y s√≠, en efecto Elenita es maestra en¬† desarrollar, una empat√≠a fundante con sus informadores: se dir√≠a los hechos antes que los adjetivos, tal cual exige ese periodismo, esa escritura, esa narrativa de la nota a la novela, que encarna realidades.

Y Doris, nos leg√≥ entre muchos textos uno abrazador y dignificante que Seis Barral le public√≥ en 1962: La Costumbre de Amar un conjunto de 17 relatos que recrean la vida com√ļn, con una veracidad sin tapujos, de lo que somos hombres y mujeres; del paso del tiempo, sobre las peque√Īas miserias, como escribe y describe sobre ese texto Jos√© Mar√≠a Guelbenzu.

Dos ejemplos de lo que la narrativa ligada a nuestro tiempo, de la misma manera como lo hizo Elena Garro y Rosario Castellanos, son legados para fortalecer nuestro espíritu, en épocas donde la vulgaridad de la lucha por el poder, de las mentiras y simulaciones, podrían estrangularnos de no variar nuestra mirada y no acoger lo humano verdadero que puede salvarnos en estos tiempos de desazón y desesperanza.

Con ellas me quedo. A leerla voy.

*Periodista mexicana. Nota distribuida por ALAI

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