Feb 25 2012
1374 lecturas

OpiniónPolítica

Dos continentes contra el neoliberalismo

Desde Am√©rica Latina observamos con preocupaci√≥n los derroteros que va tomando la crisis econ√≥mica y pol√≠tica europea, y estamos esperanzados en las respuestas que van dando, y seguramente dar√°n, los diversos pueblos con la convicci√≥n de que el futuro de los de abajo de ambos continentes tendr√° mucho en com√ļn.

En diferentes periodos históricos (durante la década de 1990 en América del Sur, luego de 2008 en Europa), el capital financiero lanzó brutales y miserables ofensivas para arrebatar a los de abajo conquistas históricas, empujando a los sectores populares a situaciones de sobrevivencia en condiciones de dominación. Es necesario considerar que esto no es un desvío ni un error del sistema, sino el modo cada vez más habitual en que el capital se comporta en esta etapa de decadencia, que será prolongada, porque busca arrastrarnos a todos a la ruina para alargar su agonía.

Los pueblos sudamericanos hemos conseguido plantarle cara al modelo neoliberal. Aunque no conseguimos derrotarlo completamente, fue posible por lo menos deslegitimar sus aristas privatizadoras y crear una nueva relación de fuerzas que nos permite mirar el futuro con mayor esperanza. Lo que sigue son apenas apuntes y reflexiones sobre cómo fue posible dar aquellos pasos, sin la menor pretensión de indicar o sugerir lo que los demás deben hacer.

El tiempo es la primera dimensión a tener en cuenta. La resistencia contra el modelo demandó un largo periodo para poder comprender lo que estaba sucediendo y, sobre todo, para adecuar las fuerzas sociales a la nueva realidad. Muchas de las viejas formas de lucha se revelaron inadecuadas o insuficientes a la hora de enfrentar los nuevos desafíos. Pero esa dimensión temporal requiere no sólo miradas hacia delante, que nos permitan imaginar cómo avanzar, sino también mirar hacia atrás para recuperar las mejores tradiciones que, naturalmente, no pueden ser reproducidas sin más.

La segunda cuesti√≥n es que el capital es insaciable e incontenible. Nunca se da por satisfecho y siempre quiere m√°s. No se conformar√° con ese brutal 30 por ciento que arranc√≥ a los salarios de los funcionarios griegos. La rapi√Īa es su modo de ser y no entiende otro lenguaje. No tiene freno y s√≥lo entiende el lenguaje de la fuerza: tanto la que utiliza para imponer sus deseos como la que es capaz de hacerlo retroceder.

En la experiencia sudamericana, fue la irrupci√≥n de la gente en los espacios p√ļblicos lo que forz√≥ un cambio, ya que deslegitim√≥ a las autoridades que defend√≠an el modelo. Pero hay algo m√°s. No s√≥lo se consigui√≥ la ca√≠da sucesiva de gobiernos, sino el derrumbe del viejo sistema pol√≠tico. En Ecuador, en Bolivia, en Venezuela y en Per√ļ las fuerzas pol√≠ticas que alcanzaron el gobierno no exist√≠an dos d√©cadas atr√°s. En otros pa√≠ses de la regi√≥n fuerzas que nunca hab√≠an gobernado ocuparon los palacios presidenciales.

En lo relativo a la revuelta, que de eso se trata, conviene hacer algunas matizaciones. No se trató sólo de hechos puntuales, por importantes que fueran, sino de procesos. El caracazo de 1989, respuesta a un paquete de ajuste estructural, fue la primera gran revuelta anti neoliberal. Luego hubo decenas de sucesos similares hasta la segunda guerra del gas en Bolivia, en 2005. Pero esos grandes hechos se inscribieron en ciclos de luchas relativamente prolongados que consiguieron introducir un palo en la rueda de la gobernabilidad neoliberal, anclada en el autoritarismo y la represión.

Como hac√≠a notar un jornalero d√≠as atr√°s en √Čcija (Sevilla), no habr√° cambios sin que la gente se lance a la calle, ya que s√≥lo en el espacio p√ļblico es posible descarrilar el modelo. No se trata de un capricho de revoltosos, sino de algo mucho m√°s profundo: la gobernabilidad neoliberal exige orden para lubricar la acumulaci√≥n que fue bloqueada impidiendo la circulaci√≥n de mercanc√≠as. No es un orden para el Estado, como el de las dictaduras, sino un orden para el capital, que es lo que caracteriza a las democracias electorales.

Por eso cada vez que se sienten con el agua al cuello, como los patéticos gobernantes griegos, tan parecidos a los Menem y los Fujimori, sólo atinan a llamar a elecciones para renovar su imposible legitimidad. En el caso sudamericano sucedieron dos hechos: en algunas consultas electorales se registró una avalancha de votos blancos y nulos, sobre todo allí donde quienes podían ganar representaban más de lo mismo. En otros casos, cuando la gobernabilidad quedaba hecha trizas y los defensores del modelo se batían en retirada, aparecieron nuevas configuraciones políticas para sustituir a las viejas dirigencias.

Este es uno de los aspectos más controvertidos. Es evidente que no alcanza con llevar a palacio a políticos diferentes, aunque hayan nacido abajo. Pero no debemos dar por sentado que los partidos y fuerzas políticas históricas (socialistas y comunistas, pero también anarquistas) serán quienes resolverán esta crisis luego de que las derechas sean barridas del poder. No es esa, por lo menos, la configuracióón política posneoliberal en Sudamérica.

El punto nodal está en otra parte. Si los de abajo, organizados en movimientos, han sido capaces de construir espacios e imaginarios suficientemente potentes, el ciclo de luchas no se termina con el recambio gubernamental, incluso cuando ocupan los sillones personas que provienen de esos movimientos. Como los cambios no dependen de personas, sino de relaciones de fuerza, el papel de los movimientos es decisivo tanto en la dispersión del modelo como en la recomposición de algo diferente.

En todo caso, la vida nos seguir√° dando sorpresas. Esto reci√©n empieza y el 15M a√ļn no cumpli√≥ su primer a√Īo. No ser√≠a nada extra√Īo, observando la rapidez de los hechos, que los de abajo nos sorprendan una vez m√°s, como sucedi√≥ en 1936 en Espa√Īa, cuando se lanzaron a las calles para frenar el golpe de Estado de Franco, escribiendo una de las m√°s bellas p√°ginas de la historia popular. La historia nunca se repite, pero deja ense√Īanzas que no deber√≠amos desestimar.

*Analista internacional uruguayo

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario