Ene 15 2019
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Opini贸nPol铆tica

Dossier: A cien a帽os del asesinato de Rosa Luxemburgo

Son muchos los s铆mbolos que encierra la figura de Rosa Luxemburgo, una te贸rica marxista, que milit贸 en el Partido Socialdem贸crata de Alemania, hasta que en 1914 se opuso a la participaci贸n de los socialdem贸cratas en la Primera Guerra Mundial, por considerarla un enfrentamiento entre imperialistas.

Su solo nombre implica un abanico de banderas que, a pesar de los cien a帽os transcurridos desde su asesinato, el 15 de enero de 1919, siguen vigentes. Banderas que no han alcanzado la victoria y, sin embargo, no fueron arriadas.

Rosa Luxemburgo, la mujer a quien el l铆der sovi茅tico Vladimir Lenin llamar铆a el 芦脕guila de la Revoluci贸n禄, naci贸 en un peque帽o pueblo llamado Zamo艣膰, cerca de Lublin, en 1871, cuando Polonia era parte del Imperio Ruso. 芦No era nacionalista, ni cre铆a en la autodeterminaci贸n de los polacos, pues quer铆a que los trabajadores del mundo se unieran obviando las fronteras禄, al decir de Jacqueline Rose, codirectora del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres. 芦Sin embargo, el hecho de que naci贸 en un pa铆s que estaba bajo el dominio de otro le hizo entender la necesidad y el potencial de la revoluci贸n y la resistencia a injusticias hist贸ricas芦.

Mucho antes de la gran ola feminista, fue precursora de la lucha de los derechos de la mujer, en tiempos en los que todav铆a multitudes plurales pod铆an imaginar un futuro sin capitalismo, pod铆an entregar su vida a causas tan impersonales y colectivas como el sue帽o revolucionario.


A 100 a帽os de su asesinato

J枚rn Sch眉trumpf|

Resultado de imagen para asesinato de rosa luxemburgoEl 19 de marzo de 1919, la Asamblea Constituyente Prusiana elegida tras la Revoluci贸n de Noviembre instituy贸 la Comisi贸n de Investigaci贸n para Determinar las Causas y Progresi贸n de la Agitaci贸n en Berl铆n y otras Zonas de Prusia en el A帽o 1919. En los meses siguientes, los 21 miembros de la Comisi贸n entrevistaron a docenas de testigos mientras se abr铆an camino a trav茅s de monta帽as de documentos. Para julio de 1919 hab铆a quedado sentado que los comunistas no hab铆an provocado, y mucho menos dirigido, las revueltas de enero. Antes bien, los llamados Delegados [sindicales] Revolucionarios y la secci贸n de Berl铆n del Partido Socialdem贸crata Independiente (USPD) fueron en lo esencial los responsables de ambas cosas.

Los Delegados Revolucionarios eran en su mayor parte sindicalistas que hab铆an estado tramando desde 1916 el derrocamiento ilegal de la monarqu铆a en los arsenales de Berl铆n, y el 9 de noviembre de 1918 sacaron a las masas a la calle. La mayor铆a de los Delegados Revolucionarios era miembro del USPD, pero deseaba conservar su autonom铆a respecto a la direcci贸n del partido. Con el desencadenamiento del a revoluci贸n, se convirtieron en contendientes por el poder en Berl铆n.

Los comunistas simplemente se vieron envueltos en los levantamientos, una conclusi贸n que no pod铆a satisfacer a ninguno de los miembros de la Comisi贸n. Un veredicto p煤blico sobre lo que de veras hab铆a sucedido en enero de 1919 habr铆a hecho mucho m谩s dif铆cil justificar por qu茅 se hab铆a prohibido el Partido Comunista y se hab铆a puesto fuera del a ley a sus miembros desde marzo de 1919.

A pesar de todos sus floreos ret贸ricos, el Comit茅 de Investigaci贸n no pudo evitar la siguiente conclusi贸n (aunque evitaran incorporarla a las llamadas Recomendaciones):

鈥淓l domingo que sigui贸 a estos acontecimientos los Delegados Revolucionarios y sus hombres de confianza聽se reunieron de nuevo [鈥 y decidieron convocar a una huelga general con el prop贸sito de librar un ataque frontal contra el gobierno. En esto parece haber sido decisivo la implicaci贸n de [Heinrich] Dorrenbach [1888鈥1919] en la decisi贸n de la division Volksmarine y la mayor铆a de las tropas regulares de la guarnici贸n de聽 Berl铆n para respaldar esta acci贸n, y en el hecho de que se les uniera gente de Spandau y Frankfurt. [鈥 Es verdad que tanto los independientes como los comunistas聽 desempe帽aron un papel destacado en la acci贸n, y tambi茅n que tanto los independientes como los comunistas avisaron advirtieron en contra de ello.

As铆, por ejemplo, Rosa Luxemburg parece haber desaprobado el plan por completo, y el Comit茅 Central del Partido Socialdem贸crata Independiente de Alemania declare expl铆citamente en su anuncio posterior que no mostraba su solidaridad con el proyecto dirigido por la secci贸n de Berl铆n de Partido Socialdem贸crata Independiente de Alemania y la Liga Espartaco junto a los Delegados Revolucionarios, de los cuales a su vez m谩s de sesenta 60 pertenec铆an al Partido Socialdem贸crata Independiente y poco m谩s de diez al Partido Comunista de Alemania. Es verdad que los dirigentes intelectuales del movimiento eran Karl Liebknecht, Georg Ledebour, Emil Eichhorn, y Dorrenbach. Esto no quiere decir que llevaran mucho tiempo planeando esta acci贸n para el 5 de enero en concreto, o que fueran los 煤nicos el 4 o 5 de enero que m谩s gustosamente apremiaran al asalto. Dicho esto, fueron estos hombres los que creyeron que los diputados del pueblo de la mayor铆a socialista ocupaban ilegalmente sus oficinas y que era necesario con violencia鈥.

El Informe de la Comisi贸n de Investigaci贸n est谩 fechado el 8 de febrero de 1921, en mitad del receso parlamentario de Prusia: la Asamblea Constituyente se hab铆a disuelto el 14 de enero de 1921 tras concluir su labor, y el Parlamento Prusiano fue elegido de acuerdo con la nueva ley el 20 de febrero de 1921. La inmunidad de los nuevos parlamentarios qued贸 suspendida hasta entonces, permitiendo que les diera caza la polic铆a.

No聽 se hizo entrega a nadie del informe sino que se imprimi贸 palabra por palabra en su totalidad en el volumen 15 de la Recopilaci贸n de Materiales Impresos de la Asamblea Constituyente de Prusia en alg煤n momento de 1921. Como sol铆a suceder con estas recopilaciones, sus contenidos no llevaban el complemento de datos bibliogr谩ficos. As铆 pues, los intentos de investigar sobre la Comisi贸n de Investigaci贸n sin ayuda de soportes bibliogr谩fico han sido en vano.

Los historiadores se han topado con este material impreso en los 煤ltimos casi cien a帽os, pero a d铆a de hoy ninguno los ha valorado seriamente. Aunque historiadores de importancia, como Heinrich August Winkler, han desechado la leyenda del Levantamiento Espartaquista bajo la direcci贸n de la 鈥渟angrienta Rosa鈥 desde 1984, se sigue difundiendo activamente esta leyenda.

*Historiador del movimiento sindical alem谩n, es en la actualidad director de investigaci贸n de la vida y obra de Rosa Luxemburg en la fundaci贸n alemana que lleva su nombre. Su libro Rosa Luxemburg oder:Der Preis der Freiheit [Rosa Luxemburg o el precio de la libertad] apareci贸 en alem谩n en 2006 y en versi贸n inglesa en 2008. Fuente: Rosa Luxemburg Stiftung, 3 de enero de 2019

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Rosa Luxemburgo y las mujeres

Mar铆a Julia Bertomeu|

'Red Rosa', de Kate EvansSi las luchas del presente se alimentan de los combates del pasado, encuentro oportuno comenzar mi breve texto en homenaje a Rosa Luxemburgo con algunas reflexiones de Nancy Fraser 鈥搇a activista y profesora de filosof铆a pol铆tica de la New School for Social Research de New York- sobre la segunda ola del feminismo y su relaci贸n con el actual capitalismo, destructor del estado de bienestar de post-guerra.

En el a帽o 2013, Fraser redact贸 un art铆culo para The Guardian, manifestando su profunda preocupaci贸n por los posibles usos 鈥損or parte del capitalismo neoliberal- de ciertas consignas hist贸ricas enarboladas por las luchas feministas. Se confesaba atemorizada ante la posibilidad de que por un 鈥榗ruel giro del destino鈥, el movimiento de liberaci贸n de las mujeres se hubiera enredado peligrosamente聽 junto a los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado.

No sin raz贸n dec铆a la feminista norteamericana que tal cruel destino explicar铆a 鈥減or qu茅 y c贸mo sucedi贸 que las ideas feministas que formaron parte de una cosmovisi贸n radical ahora se expresan mayoritariamente en t茅rminos individualistas鈥 y tambi茅n c贸mo sucedi贸 que un movimiento que anta帽o prioriz贸 la solidaridad social, ahora celebra a las empresarias exitosas鈥 o que un movimiento que antes valoraba el cuidado y la interdependencia, ahora aliente el avance individual y la meritocracia. Seg煤n Fraser, se trata de una segunda ola del feminismo, que se corresponde con un capitalismo desorganizado, globalizado, neoliberal, y acaba mudando en la doncella de ese capitalismo contra-reformado, para decirlo con la certera expresi贸n que acu帽贸 Toni Dom猫nech (fallecido irector de sinpermiso.info).

En un art铆culo de 2017 -a prop贸sito de las marchas masivas y globalizadas de mujeres – Fraser se revel贸 menos temerosa y m谩s optimista ante lo que denomina el comienzo de una nueva ola de luchas feministas militantes (驴la tercera?). En su opini贸n, ya no es suficiente con oponerse a Trump y a sus pol铆ticas agresivamente mis贸ginas, transf贸bicas y racistas, tambi茅n se deber铆a apuntar al ataque neoliberal en curso en contra de la previsi贸n social y derechos laborales. Una agenda feminista internacionalista ampliada, nos dec铆a Fraser, que conjugue el anti-racismo, anti-imperialismo, anti-heterosexismo y anti-liberalismo. En este punto generosamente reconoci贸 que su 鈥渇eminismo para el 99 %鈥 se inspira en el potente movimiento argentino Ni una menos, cuya consigna es denunciar la violencia contra las mujeres en sus m煤ltiples facetas: violencia dom茅stica, del mercado, de la deuda, de las relaciones capitalistas de propiedad y del Estado. (http://www.sinpermiso.info/textos/un-feminismo-para-el-99-por-eso-las-mujeres-haremos-huelga-este-ano)

Como he dicho al comienzo, los art铆culos de la perspicaz fil贸sofa pol铆tica norteamericana son oportunos para volver a traer la palabra de Rosa Luxemburgo, a modo de recuerdo en el centenario de ese 15 de enero de hace ya cien a帽os, en el que el culetazo del rifle de un soldado destroz贸 su cr谩neo, y tambi茅n asesin贸 a su camarada Karl Liebknecht junto a miles de trabajadores y trabajadoras.

Sabemos de una discusi贸n te贸rica presente 鈥搉o saldada ni posiblemente saldable- sobre la relaci贸n entre marxismo y feminismo, entre capitalismo y opresi贸n de las mujeres, entre la clase social y el g茅nero. Es posible que la contundencia caracter铆stica de la Rosa roja 鈥揺n la lucha, en sus escritos, en la pol茅mica y en el amor-, no contribuir谩 a disipar los 谩nimos de la contienda acad茅mica, aunque sin duda alguna sus textos nos recuerdan que la disputa tiene una historia escrita con sangre, y que si el presente se nutre del pasado, sus obras son un suelo nutricio para una mirada socialista sobre las luchas de las mujeres.

Rosa nunca habl贸 del patriarcado, mucho menos -y por obvias razones- de g茅nero, pero tampoco habl贸 de las mujeres聽 como una categor铆a abstracta, transhist贸rica, por encima de las clases. Hablaba s铆, al mismo tiempo, de la revoluci贸n de las mujeres proletarias, de la revoluci贸n rusa y de las mujeres en las huelgas de masas. Ella misma, en una carta enviada a Louise Kautsky invit谩ndola a concurrir a la celebraci贸n del Primer d铆a Internacional de las mujeres, manifestaba su asombro porque hab铆a recibido una credencial feminista por parte de los organizadores de la Conferencia en Jena, y preguntaba a Louise -en esa misma carta- 驴es que acaso ahora somos feministas?.

Su camarada Clara Zetkin 鈥搇a directora del peri贸dico Die Gleichheit, el principal 贸rgano de difusi贸n de los panfletos de Rosa en contra de la guerra y a favor de las mujeres (proletarias) – fue la impulsora de tal evento ante el Comit茅 ejecutivo de la Segunda Internacional. Rosa bien supo y dijo que Clara cargaba con 鈥榯al cantidad de trabajo鈥欌 y siempre la acompa帽贸 con sus escritos y discursos, interviniendo p煤blicamente en la disputa abierta entre los camaradas 鈥榬eformistas鈥. Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Alexandra Kollontai lucharon 鈥搕e贸rica, pr谩ctica y t谩cticamente- en contra de las alianzas oportunistas propuestas por los 鈥減ol铆ticos realistas鈥 de la socialdemocracia alemana que en 1912 votaron en Bruselas a favor de 鈥榰n hombre un voto鈥 y rechazaron otorgar la extensi贸n del voto a las mujeres 鈥 sugiriendo fantasiosamente que la defensa de los principios pol铆ticos habr铆a privado a la socialdemocracia de logros concretos-.Resultado de imagen para lenin stalin rosa luxemburgo

Es oportuno tambi茅n recordar el texto de Rosa: 鈥淟a huelga de masas, partido y sindicatos鈥, sobre los acontecimientos alemanes de 1905-1906 y las discusiones te贸ricas en torno a la conveniencia de tal tipo de medidas, en el que recordaba Rosa 鈥搇a activista y te贸rica- que las huelgas de masas no se 鈥榝abrican artificialmente鈥, ni se deciden al azar, ni se propagan como una peste, son un fen贸meno hist贸rico que en un momento dado surge de las condiciones sociales con una inevitable necesidad hist贸rica. El escrito es un manifiesto en contra de los sindicatos socialdem贸cratas alemanes, al decir de Rosa conservadores, cobardes y reformistas, pero tambi茅n es una certera refutaci贸n de la vieja ret贸rica conservadora sobre la 鈥榝alta de madurez o sobre la debilidad鈥 de los grupos y las clases revolucionarias, en ese momento en boca de los dirigentes socialistas y parlamentarios alemanes. Salvando muchas distancias, el 茅xito de las convocatorias de los movimientos feministas de la nueva ola 鈥揊raser dixit- tampoco ha sido producto del azar, ni la acci贸n de los sindicatos conservadores, lo que m谩s sorprende es que son una respuesta a condiciones sociales y econ贸micas que causan los fen贸menos de violencia sobre las mujeres y la desigualdad real, y muy especialmente de las mujeres pobres.

El movimiento 鈥渇eminista鈥 era para Rosa -en su tiempo y lugar- el de las sufragistas inglesas y el de las mujeres burguesas. Su juicio sobre tales movimientos es duro, implacable y consecuente con su posici贸n pol铆tica socialista revolucionaria: la reivindicaci贸n de los derechos iguales para la mujer es -en las feministas burguesas- pura ideolog铆a de grupos aislados sin ra铆ces materiales, es un fantasma del antagonismo hombre-mujer, es un capricho (Luxemburgo (1914) 鈥楲a proletaria鈥). La preocupaci贸n de Rosa -y de sus camaradas de lucha – era separar el voto femenino entendido como el objetivo de las luchas de mujeres en general, de la t谩ctica para lograrlo, y esa t谩ctica no era s贸lo tarea de mujeres, sino una responsabilidad com煤n de clase de las mujeres y los hombres del proletariado. Seg煤n Rosa, en efecto

El voto femenino aterra al actual Estado capitalista porque tras 茅l est谩n los millones de mujeres que reforzar铆an al enemigo interior, es decir, a la socialdemocracia. Si se tratara del voto de las damas burguesas, el Estado capitalista lo considerar谩 como un apoyo para la reacci贸n. La mayor铆a de estas mujeres burguesas, que act煤an como leonas en la lucha contra los 芦privilegios masculinos禄, se alinear铆an como d贸ciles corderitos en las filas de la reacci贸n conservadora y clerical si tuvieran derecho al voto. Ser铆an incluso mucho m谩s reaccionarias que la parte masculina de su clase. A excepci贸n de las pocas que tienen alguna profesi贸n o trabajo, las mujeres de la burgues铆a no participan en la producci贸n social. No son m谩s que co-consumidoras de la plusval铆a que sus hombres extraen del proletariado. Son los par谩sitos de los par谩sitos del cuerpo social. Y los consumidores son a menudo mucho m谩s crueles que los agentes directos de la dominaci贸n y la explotaci贸n de clase a la hora de defender su 芦derecho禄 a una vida parasitaria.聽(Luxemburgo, 1912)

Resultado de imagen para rosa luxemburgoRosa habla de proletarias y burguesas, de sexo y clase social; nunca se le ocurri贸 hablar de sexo sin clase social, y mucho menos hablar del trabajo dom茅stico en abstracto, independientemente de la clase social. Rosa nunca pens贸 en una marcha de s贸lo mujeres e interclasista, e incluso confes贸 que toda su vida hab铆a luchado en contra de la idea de la 鈥渓a uni贸n de las mujeres鈥.

La pregunta queda planteada: 驴ser谩 posible cumplir con la ambiciosa agenda del movimiento Ni una menos o con la propia agenda de Fraser en contra del capitalismo contra-reformado, pero sin hablar de clases sociales? 驴marchar谩n juntas -las pobres y las ricas, las empresarias y las trabajadoras dom茅sticas feministas- en contra de las pol铆ticas econ贸micas neoliberales y la conculcaci贸n de derechos econ贸micos de todos por parte de Trump y de Macri? El tiempo lo dir谩 y Rosa siempre ser谩 quien fue: una grande, defensora socialista y revolucionaria de los derechos de mujeres y hombres proletarios, despose铆dos y condenados a emigrar en busca de pan y trabajo.

Bibliograf铆a

Ciriza, Alejandra (2017) 鈥淭ras los pasos de mujeres en tiempos de revoluci贸n. Alexandra Kollontai, Rosa Luxemburg y Clara Zetkin鈥. En Caminos de revoluci贸n, reflexiones sobre el proyecto socialista y su vigencia. Buenos Aires, Ediciones La llamarada.
Dunayevskaya, Raya (2017). Rosa Luxemburgo, la liberaci贸n femenina y la filosof铆a marxista de la revoluci贸n. Cuba, filosof铆@.cu.
Fraser, Nancy https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jan/27/we-need-a-feminism-for-the-99-thats-why-women-will-strike-this-year
https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/feb/06/women-strike-trump-resistance-power.

En archivo https://www.marxistsfr.org/espanol/luxem/index.htm
1912: El voto femenino y la lucha de clases
1913: Proyecto de Resolucion presentada en el congreso de Jena de 1913
1914: La proletaria

*Miembro del comit茅 de redacci贸n de Sin Permiso.

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Actualidad revolucionaria de Rosa

Michael L枚wy|

Resultado de imagen para Actualidad revolucionaria de RosaUna verdadera refundaci贸n del comunismo en el siglo XXI no puede ahorrarse el mensaje revolucionario, marxista y libertario de Rosa Luxemburgo

Si hubiera que destacar el rasgo distintivo de la vida y del pensamiento de Rosa Luxemburgo, tal vez ser铆a el humanismo revolucionario. Tanto en su cr铆tica del capitalismo como sistema inhumano, en su combate contra el militarismo, el colonialismo, el imperialismo, o en su visi贸n de una sociedad emancipada, su utop铆a de un mundo sin explotaci贸n, sin alienaci贸n y sin fronteras, este humanismo atraviesa como un hilo rojo el conjunto de sus escritos pol铆ticos y tambi茅n su correspondencia, sus emocionantes cartas desde la prisi贸n, que han sido le铆das y rele铆das por generaciones sucesivas de j贸venes militantes del movimiento obrero.

驴Por qu茅 esta figura de mujer 鈥搄ud铆a y polaca, marxista y revolucionaria, tierna e intransigente, militante e intelectual鈥 nos sigue fascinando? 驴C贸mo permanece tan cercana 90 a帽os despu茅s de su muerte? 驴En qu茅 consiste la asombrosa actualidad de su pensamiento, precisamente ahora, en este comienzo de siglo XXI?

Veo al menos tres razones para ello:

En primer lugar, en una 茅poca de globalizaci贸n capitalista, de mundializaci贸n neoliberal, de dominaci贸n planetaria del gran capital financiero, de internacionalizaci贸n de la econom铆a al servicio del beneficio, la especulaci贸n y la acumulaci贸n, la necesidad de una respuesta internacional, de una mundializaci贸n de la resistencia, en resumen, de un nuevo internacionalismo est谩 m谩s que nunca a la orden del d铆a. Ahora bien, pocas figuras del movimiento obrero han encarnado, de manera tan radical como Rosa Luxemburgo, la idea internacionalista, el imperativo categ贸rico de la unidad, de la asociaci贸n, de la cooperaci贸n, de la fraternidad de los explotados y oprimidos de todos los pa铆ses y continentes.

Como es sabido, ella fue, junto a Karl Liebknecht, uno de los pocos dirigentes del socialismo alem谩n, en oponerse a la聽Uni贸n Sagrada聽y al voto de los cr茅ditos de guerra en 1914. Las autoridades imperiales alemanas 鈥揷on el apoyo de la derecha socialdem贸crata鈥 le hicieron pagar caro su oposici贸n internacionalista consecuente a la guerra, encerr谩ndola tras los barrotes durante la mayor parte del conflicto. Confrontada al fracaso dram谩tico de la II Internacional, so帽贸 con la creaci贸n de una nueva asociaci贸n mundial de trabajadores y s贸lo la muerte, esto es, su asesinato en enero de 1919 por los 鈥淐uerpos Francos鈥 llamados a Berl铆n por el ministro social-dem贸crata Noske para aplastar la revuelta de la Liga Spartakus鈥 le impidi贸 participar, junto a Lenin y a Trotsky, en la fundaci贸n de la Internacional Comunista en 1919.

Pocos como ella comprendieron el peligro mortal que representa para los trabajadores el nacionalismo, el chovinismo, el racismo, la xenofobia, el militarismo y el expansionismo colonial o imperial. Se puede criticar tal o cual aspecto de su reflexi贸n sobre la cuesti贸n nacional, pero no se puede dudar de la fuerza prof茅tica de sus advertencias. Utilizo el t茅rmino 鈥減rofeta鈥 en el sentido b铆blico original (bien definido por Daniel Bensa茂d en sus recientes escritos), no el de quien pretende 鈥減rever el futuro鈥, sino el de quien enuncia una anticipaci贸n condicional, quien advierte al pueblo de las cat谩strofes que ocurrir谩n si no toma otro camino.

En segundo lugar, en este siglo XX que fue no s贸lo el de los 鈥渆xtremos鈥 (seg煤n la expresi贸n de Eric Hobsbawn) sino el de las manifestaciones m谩s brutales de la barbarie en la historia de la humanidad, no se puede dejar de admirar un pensamiento revolucionario como el de Rosa Luxemburgo, que supo rechazar la ideolog铆a c贸moda y conformista del progreso lineal, el fatalismo optimista y el evolucionismo pasivo de la social-democracia, la peligrosa ilusi贸n -a la que se refiri贸 Walter Benjamin en sus 鈥淭esis鈥 de 1940- de que bastaba con 鈥渘adar con la corriente鈥 y dejar hacer a las 鈥渃ondiciones objetivas鈥. Al escribir en 1915, en su folleto 鈥La crisis de la social-democracia鈥 (firmado con el seud贸nimo聽Junius), la consigna聽鈥渟ocialismo o barbarie鈥,聽Rosa Luxemburgo romp铆a con la concepci贸n 鈥揹e origen burgu茅s, aunque adoptada por la II Internacional- de la historia como progreso irresistible, inevitable, 鈥済arantizado鈥 por las leyes 鈥渙bjetivas鈥 del desarrollo econ贸mico o de la evoluci贸n social.

Una concepci贸n maravillosamente resumida por Gyorgy Valentinovitch Plekhanov, cuando escrib铆a:聽鈥淟a victoria de nuestro programa es tan inevitable como que ma帽ana salga el sol鈥.聽La conclusi贸n pol铆tica de esta ideolog铆a 鈥減rogresista鈥 s贸lo pod铆a ser la pasividad: nadie habr铆a tenido la descabellada idea de lucha, arriesgar su vida, combatir para asegurar la aparici贸n matinal del sol鈥

Volvamos por un momento al alcance pol铆tico y 鈥渇ilos贸fico鈥 del lema聽鈥渟ocialismo o barbarie鈥.聽Se encontraba sugerido en algunos textos de Marx o de Engels, pero fue Rosa Luxemburgo quien le dio esta formulaci贸n expl铆cita y tajante. Implica una percepci贸n de la historia como proceso abierto, como serie de 鈥渂ifurcaciones鈥, donde el 鈥渇actor subjetivo鈥 de los oprimidos 鈥揷onsciencia, organizaci贸n, iniciativa鈥 se vuelve decisivo. No se trata de esperar a que el fruto 鈥渕adure鈥, seg煤n las 鈥渓eyes naturales鈥 de la econom铆a o de la historia, sino de actuar antes de que sea demasiado tarde.

Porque la otra parte de la alternativa es un siniestro peligro: la barbarie. Con este t茅rmino, Rosa Luxemburgo no design贸 una imposible 鈥渞egresi贸n鈥 a un pasado tribal, primitivo o 鈥渟alvaje鈥: se trataba, en su forma de ver, de una barbarie eminentemente moderna, de la cual ser铆a un ejemplo contundente la 1陋 Guerra Mundial, mucho peor en su inhumanidad criminal que las pr谩cticas guerreras de los conquistadores 鈥渂谩rbaros鈥 del final del Imperio Romano. Nunca antes en el pasado, semejantes tecnolog铆as 鈥搇os tanques, el gas, la aviaci贸n militar鈥 se hab铆an sido puesto al servicio de una pol铆tica imperialista de masacre y de agresi贸n a tan inmensa escala.

Desde el punto de vista de la historia del siglo XX, la consigna de Rosa Luxemburgo ha sido prof茅tica: la derrota del socialismo en Alemania abri贸 la v铆a a la victoria del fascismo hitleriano y, en consecuencia, a la 2陋 Guerra mundial y a las formas m谩s monstruosas de barbarie moderna que la humanidad nunca haya conocido, simbolizadas y resumidas con el nombre de 鈥淎uschwitz鈥.

No por casualidad la expresi贸n 鈥渟ocialismo o barbarie鈥 sirvi贸 de bandera y signo de reconocimiento a uno de los grupos m谩s creativos de la izquierda marxista de postguerra en Francia: reunido en torno a la revista del mismo nombre, animada durante los a帽os 50 y 60 por Cornelius Castoriadis y Claude Lefort.

El dilema y la advertencia indicada en la consigna de Rosa Luxemburgo siguen estando a la orden del d铆a en nuestra 茅poca. El largo per铆odo de repliegue de las fuerzas revolucionarias 鈥揹el que poco a poco se empieza a salir鈥 ha venido acompa帽ado de la multiplicaci贸n de guerras y de masacres de 鈥減urificaci贸n 茅tnica鈥, desde los Balcanes hasta 脕frica, el ascenso de racismos, chovinismos, integrismos de todo tipo, incluso en el coraz贸n de la Europa 鈥渃ivilizada鈥.Resultado de imagen para rosa luxemburgo feminismo

Pero se presenta un nuevo peligro, no previsto por Rosa Luxemburgo. Ernest Mandel hab铆a subrayado en sus 煤ltimos escritos que el dilema del siglo XXI para la humanidad ya no ser铆a, como en 1915, 鈥渟ocialismo o barbarie鈥, sino 鈥渟ocialismo o muerte鈥. Designaba con ello el riesgo de cat谩strofe ecol贸gica resultante de la expansi贸n capitalista mundial, con su l贸gica destructiva del entorno. Si el socialismo no viene a interrumpir esta carrera vertiginosa hacia el abismo 鈥揺l ascenso de la temperatura del planeta y la destrucci贸n de la capa de ozono son sus signos m谩s visibles鈥, la supervivencia misma de la especie humana estar谩 amenazada.

En tercer lugar, ante el fracaso hist贸rico de las corrientes dominantes del movimiento obrero, por un lado el poco glorioso derrumbamiento del pretendido 鈥渟ocialismo real鈥 鈥揾eredero de los sesenta a帽os de estalinismo鈥, y por otro lado la sumisi贸n pasiva (驴o se trata de una adhesi贸n activa?) de la social-democracia a las reglas -neoliberales- del juego capitalista mundial, la alternativa que representaba Rosa Luxemburgo, un socialismo a la vez aut茅nticamente revolucionario y radicalmente democr谩tico, aparece m谩s pertinente que nunca.

Como militante del movimiento obrero del Imperio zarista 鈥揾ab铆a fundado el Partido Socialdem贸crata de Polonia y Lituania, afiliado al Partido Obrero Socialdem贸crata ruso鈥 hab铆a criticado las tendencias, en su opini贸n demasiado autoritarias y centralistas, de las tesis defendidas por Lenin antes de 1905. Su cr铆tica coincid铆a, en este punto, con la del joven Trotsky en 鈥Nuestras TareasPol铆ticas鈥 (1904).

Al mismo tiempo, como dirigente del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, pele贸 contra la tendencia de la burocracia sindical y pol铆tica, o de las representaciones parlamentarias, a monopolizar las decisiones pol铆ticas. La huelga general rusa de 1905 le pareci贸 un ejemplo a seguir tambi茅n en Alemania: ten铆a m谩s confianza en la iniciativa de las bases obreras que en las 鈥渟abias decisiones鈥 de los 贸rganos dirigentes del movimiento obrero alem谩n.

Al tener noticias en prisi贸n de los acontecimientos de Octubre de 1917, se solidariz贸 inmediatamente con los revolucionarios rusos. En un folleto sobre聽laRevoluci贸n Rusa, redactado en 1918 en prisi贸n, que no fue publicado hasta 1921, despu茅s de su muerte, salud贸 con entusiasmo este gran acto hist贸rico emancipador y rindi贸 un caluroso homenaje a los dirigentes revolucionarios de Octubre:Resultado de imagen para rosa luxemburgo y marx

Todo el valor, la energ铆a, la perspicacia revolucionaria, la l贸gica de que puede dar prueba un partido revolucionario en un momento hist贸rico, han sido mostrados por Lenin, Trotsky y sus amigos. Todo el honor y toda la facultad de acci贸n revolucionaria que han faltado a la socialdemocracia occidental, se vuelven a encontrar entre los bolcheviques. La insurrecci贸n de octubre no s贸lo habr谩 servido para salvar a la revoluci贸n rusa, sino tambi茅n el honor del socialismo internacional.

Esta solidaridad no le impidi贸 criticar lo que le parec铆a err贸neo o peligroso en su pol铆tica. Si algunas de sus cr铆ticas 鈥搒obre la autodeterminaci贸n nacional o la distribuci贸n de tierras- son muy discutibles, y bastante poco realistas, otras en cambio, sobre la cuesti贸n de la democracia, son completamente pertinentes y de una notable actualidad. A煤n reconociendo la imposibilidad, para los bolcheviques, en las dram谩ticas circunstancias de la guerra civil y de la intervenci贸n extranjera, de crear聽鈥渃omo por arte de magia, la m谩s bella de las democracias鈥,聽no por ello Rosa Luxemburgo dej贸 de llamar la atenci贸n sobre el peligro de un deslizamiento autoritario, y reafirm贸 algunos principios fundamentales de la democracia revolucionaria:

La libertad s贸lo para los partidarios del gobierno, s贸lo para los miembros de un partido 鈥損or numerosos que sean- no es la libertad. La libertad es siempre la libertad del que piensa de otra manera (鈥). Sin elecciones generales, sin una ilimitada libertad de prensa y de reuni贸n, sin una libre lucha de opiniones, la vida se debilita en todas las instituciones p煤blicas, vegeta, y queda la burocracia como 煤nico elemento activo.

Es dif铆cil dejar de reconocer el alcance prof茅tico de esta advertencia. Algunos a帽os m谩s tarde, la burocracia se apoderaba de la totalidad del poder, eliminando progresivamente a los revolucionarios de Octubre de 1917, a la espera de poder exterminarlos despiadadamente en los a帽os 30.

Una verdadera refundaci贸n del comunismo en el siglo XXI no puede ahorrarse el mensaje revolucionario, marxista, democr谩tico, socialista y libertario de Rosa Luxemburgo.

* Soci贸logo y fil贸sofo marxista franco-brasile帽o. Actualmente es director de investigaci贸n em茅rito del CNRS y profesor de la EHESS de Par铆s.

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Mujer, marxista, pacifista

Joaqu铆n Estefan铆a|

Carteles de Rosa Luxemburgo y Lenin en una manifestaci贸n en Berl铆n contra la guerra de Vietnam, el 18 de febrero de 1968.En el hotel Eden de Berl铆n, el soldado Runge le destroza el cr谩neo y la cara a culatazos; otro militar, tambi茅n al servicio del capit谩n Pabst, la remata de un tiro en la nuca. Atan su cad谩ver a unos sacos con piedras para que pese y no flote, y es arrojado a uno de los canales del r铆o Spree, cerca del puente Cornelio. No aparecer谩 hasta dos semanas despu茅s. El Gobierno del socialdem贸crata Friedrich Ebert acababa as铆 con la vida de Rosa Luxemburgo (RL), la m谩s importante dirigente marxista de la historia, antigua militante del Partido Socialdem贸crata de Alemania (SPD), la l铆der m谩s significativa de la Liga Espartaquista y fundadora del Partido Comunista de Alemania.

Unos minutos antes, los mismos personajes hab铆an asesinado al principal compa帽ero de RL en su larga marcha. Karl Liebknecht, el 煤nico parlamentario que en primera instancia (a帽o 1914) vot贸 en el Reichstag (Parlamento) en contra de los cr茅ditos de guerra para financiar la presencia de Alemania en la Primera Guerra Mundial, iba a ser trasladado a la c谩rcel desde el mismo hotel, pero antes de abandonar el local donde hab铆a sido interrogado le dan dos culatazos que lo dejan aturdido y se desmaya; arrastrado hasta un autom贸vil, es trasladado al Tiergarten, el gran parque berlin茅s, donde es rematado a sangre fr铆a con disparos de pistola y abandonado en el suelo hasta que alguien lo encuentra. 鈥淚ntento de fuga鈥, dir谩 la nota oficial; la de Luxemburgo rezar谩: 鈥淟inchada por las masas鈥.

Era la noche del 15 de enero de 1919. Este martes se cumplir谩 el centenario de la detenci贸n Resultado de imagen para Liga Espartaquistay asesinato de los principales l铆deres de la Liga Espartaquista e iconos hist贸ricos de la revoluci贸n alemana de 1918-1919, que estalla inmediatamente despu茅s de que el Ej茅rcito germano fuese derrotado y humillado en la Gran Guerra. RL hab铆a pasado los cuatro a帽os largos de la guerra en prisi贸n, despu茅s de que en un mitin, en Fr谩ncfort, hubiera pedido a los soldados, con su arrolladora oratoria, que se negasen a combatir, hermanos contra hermanos, y a los trabajadores de su pa铆s, que iniciasen una huelga general que se deb铆a contagiar a los trabajadores de los otros pa铆ses en el bando contrario, para que todos confluyesen bajo la misma bandera m谩s all谩 de las patrias. Sale de la c谩rcel a principios de noviembre de 1918 y se une a la oleada revolucionaria que inunda las calles de las principales ciudades y, sobre todo, de Berl铆n. Dos a帽os antes, en otro mitin, el 1 de mayo de 1916, en medio de la conflagraci贸n, Liebknecht finaliza su arenga al grito de 鈥溌bajo la guerra, abajo el Gobierno!鈥. Tambi茅n es detenido y pasa en prisi贸n dos a帽os y medio. Sale el 23 de octubre de 1918.

A partir de ese momento, a los dos dirigentes espartaquistas les quedaban apenas dos meses de vida, y dedican sus fuerzas a publicar un peri贸dico (La Bandera Roja) y a fundar el Partido Comunista de Alemania (KPD). Se convierten en objeto del desprecio y del odio de sus antiguos compa帽eros de la socialdemocracia, que gobernaban en Alemania desde unas semanas antes. Odio mortal. El historiador Sebastian Haffner (La revoluci贸n alemana de 1918-1919; Historia In茅颅dita) escribe que el asesinato de RL y de Liebknecht se plane贸, como tarde, a principios de diciembre de 1918 y se ejecut贸 de forma sistem谩tica. Aparecieron carteles en los postes de las calles que dec铆an: 鈥溌breros, ciudadanos! 隆A la patria se le acerca el final! 隆Salvadla! Se encuentra amenazada y no desde fuera, sino desde el interior, por la Liga Espartaquista. 隆Matad a sus l铆deres! 隆Matad a Liebknecht! 隆Entonces tendr茅is paz, trabajo y pan!鈥. Firmado: 鈥淟os soldados del frente鈥. A pesar de las generalizadas amenazas, ninguno de los dos abandon贸 Berl铆n ni llevaba guardaespaldas; simplemente cambiaban de domicilio.

驴Qui茅nes fueron los autores intelectuales del asesinato? El protagonista material fue el capit谩n Pabst (quien d茅cadas m谩s tarde, en 1962, protegido por la prescripci贸n del delito, habl贸 abiertamente de lo sucedido) y su escuadr贸n de la muerte, pero 鈥攕eg煤n el historiador Haffner鈥 no actuaron como simples ejecutores que obedec铆an con indiferencia una orden, sino como autores voluntarios y convencidos de lo que hac铆an. La prensa burguesa y socialdem贸crata difundi贸 sin pudor sucesivas incitaciones al asesinato, mientras que los responsables socialdem贸cratas 鈥擡bert, Noske, Scheidemann鈥︹ miraban hacia otro lado y permanec铆an callados.

Cuando RL y 颅Liebknecht salen de la c谩rcel, los frentes alemanes de la guerra se van desmoronando y se extiende la desmoralizaci贸n en las trincheras. El k谩iser Guillermo II se refugia en Holanda. El mismo d铆a en que RL es liberada, el socialdem贸crata Scheidemann proclama la rep煤blica alemana desde un balc贸n del Reichstag. Ebert ocupa la presidencia, forma un Consejo de Ministros socialdem贸cratas moderados y pide al pueblo quRetrato de Rosa Luxemburgo.e abandone las calles y vuelva a la normalidad.

El ala mayoritaria del SPD quer铆a la rep煤blica y las libertades, mientras que los espartaquistas pretend铆an la revoluci贸n proletaria, como indican las proclamas: 鈥淗a pasado la hora de los manifiestos varios, de las resoluciones plat贸nicas y las palabras tonantes. Para la Internacional ha sonado la hora de la acci贸n鈥. Ambas facciones, reformistas y revolucionarios, luchar谩n encarnizadamente en las calles de Berl铆n, a veces edificio por edificio. El Gobierno de Ebert conf铆a la represi贸n de los insurrectos al socialdem贸crata moderado Noske, que organiza una fuerza militar en la que permite la integraci贸n de los oficiales del antiguo Ej茅rcito mon谩rquico. El 13 de enero hab铆a sido sofocada la insurrecci贸n espartaquista. Dos d铆as despu茅s, acaban violentamente con la vida de sus principales l铆deres

RL no lleg贸 a cumplir los 50 a帽os. Nacida en la Polonia rusa en el a帽o 1871 en el seno de una familia jud铆a, pronto se dio cuenta de que la lucha por su ideario marxista ser铆a muy reducida si se quedaba en su pa铆s y que para tener influencia deb铆a traspasar la frontera de Alemania, donde exist铆a el Partido Socialdem贸crata (SPD) m谩s fuerte del mundo. Para ser ciudadana alemana legal, firm贸 un matrimonio de conveniencia con un socialista alem谩n, lo que le dio derecho a la nacionalidad de ese pa铆s. A partir de ese momento, Alemania fue su principal campo de acci贸n. En el seno de la socialdemocracia y de la Segunda Internacional, aun贸 teor铆a (multitud de art铆culos y libros muy importantes) y praxis (intervenci贸n en congresos, debates con muchos de los popes del marxismo 鈥攕u amigo Franz Mehring la defini贸 como 鈥渓a mejor cabeza despu茅s de Marx鈥濃, clases en la escuela de formaci贸n del partido鈥). En cambio, no ten铆a dotes organizativas.

Su presencia f铆sica era una mezcla de fuerza y de ternura, de decisi贸n y de prudencia, dicen sus bi贸grafos. Un dirigente jud铆o la describe del siguiente modo: 鈥淩osa era peque帽a, con una cabeza grande y rasgos t铆picamente jud铆os, con una gran nariz, un andar dif铆cil, a veces irregular debido a una ligera cojera. La primera impresi贸n era poco favorable, pero bastaba pasar un momento con ella para comprobar qu茅 vida y qu茅 energ铆a hab铆a en esa mujer, qu茅 gran inteligencia pose铆a, cu谩l era su nivel intelectual鈥.

De su vasta producci贸n te贸rica destacan los temas que forman parte de su legado y que constituyen lo que, una vez muerta Rosa, se denomin贸 鈥渓uxemburguismo鈥, una escuela marxista de caracter铆sticas propias: su pacifismo, su lucha contra el revisionismo y la defensa de la democracia en el seno de la revoluci贸n. Sus posiciones, a veces intransigentes, le hicieron polemizar con las figuras m谩s relevantes del socialismo marxista, como Lenin, Trotski, Bernstein, Kautsky鈥

Reivindic谩ndose del mejor marxismo (aunque tambi茅n polemiz贸 con algunas de las ideas del Marx economista en el libro La acumulaci贸n de capital), argument贸 en favor del internacionalismo como forma de pensar y de vivir. El Manifiesto comunista terminaba con la c茅lebre f贸rmula de 鈥溌roletarios de todos los pa铆ses, un铆os!鈥, y RL y Liebknecht la hicieron suya relacion谩ndola con la Gran Guerra. Los partidos socialdem贸cratas hab铆an defendido tradicionalmente que en caso de conflicto b茅lico entre potencias capitalistas, los trabajadores se negar铆an a combatir y llamar铆an a la huelga general (la 鈥渉uelga de masas鈥 en la terminolog铆a luxemburguista). Pero en el momento decisivo, el SPD, el partido m谩s grande y m谩s influyente de la Segunda Internacional (m谩s de un mill贸n de afiliados), vot贸 a favor de los empr茅stitos de guerra, y el resto de los partidos socialistas sigui贸 sus pasos. Cada uno de ellos se puso detr谩s de sus Gobiernos. Prevaleci贸 la patria sobre la clase social.

Ya a principios del siglo XX, en un congreso de la Internacional en Par铆s, RL present贸 una ponencia de convicciones profundamente antimilitaristas, las que mantendr铆a hasta el final de sus d铆as. En ella se defend铆a que los ataques armados entre potencias imperialistas devendr铆an en formidables coyunturas revolucionarias. Diecisiete a帽os despu茅s, la revoluci贸n bolchevique fue un testimonio irrefutable de esta tesis. RL recomendaba no solo una cr铆tica abierta al imperialismo, sino que se preparase a las masas con vistas a aprovechar las crisis internacionales y las eventuales crisis nacionales generadas por aquellas para asaltar el poder. Consideraba imprescindible intensificar la acci贸n de todos los partidos socialistas contra el militarismo.

Siete a帽os despu茅s, en otro congreso de la Internacional, RL presenta una enmienda firmada conjuntamente con Lenin y M谩rtov (que luego ser铆a el l铆der menchevique) que sostiene que, si existe la amenaza de que la guerra estalle, es obligaci贸n de la clase trabajadora y de los representantes parlamentarios, con la ayuda de la Internacional como poder coordinador, hacer todos los esfuerzos por evitar los enfrentamientos violentos; en el caso de que a pesar de ello se multiplicase el conflicto armado, era su obligaci贸n intervenir a fin de ponerle fin enseguida y aprovechar la crisis creada por la guerra para agitar los estratos m谩s profundos del pueblo para 鈥減recipitar la ca铆da de la dominaci贸n capitalista鈥. Estas palabras supon铆an una llamada a la insurrecci贸n, que fue lo que hicieron los espartaquistas en 1919, con la participaci贸n de RL.

Esa Rosa Luxemburgo, asesinada por los soldados prusianos, m谩s que posiblemente con la complicidad activa o pasiva de sus antiguos compa帽eros socialdem贸cratas, fue despedida en su entierro por su amiga Clara Zetkin (otra espartaquista) con las siguientes palabras: 鈥淓n Rosa Luxemburgo, la idea socialista fue una pasi贸n dominante y poderosa del coraz贸n y del cerebro; una pasi贸n verdaderamente creativa que ard铆a incesantemente. (鈥) Rosa fue la afilada espada, la llama viviente de la revoluci贸n鈥.

Lenin, Stalin y los marxismos

Resultado de imagen para lenin stalin rosa luxemburgoEl n煤cleo de aliados pol铆ticos de Rosa Luxemburgo fue siempre muy peque帽o. Todo lo contrario que el de sus adversarios, entre los que se encontraron muchos de los dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia y los sindicalistas burocratizados, a los que atac贸 sin piedad. Pero ambos n煤cleos fueron blancos m贸viles: depend铆an de los momentos y de los temas. Lenin, Trotski, Kautsky, Jaur猫s, etc茅tera, fueron algunos de los marxistas legendarios que compartieron y disintieron del ideario y la pr谩ctica pol铆tica de la alemana. Un ejemplo de ello fue la relaci贸n con Len铆n, el l铆der sovi茅tico; ambos se admiraron y pactaron, pero tambi茅n se criticaron.

En 1918, apenas unos meses despu茅s del triunfo de la revoluci贸n bolchevique, RL publica un folleto titulado La revoluci贸n rusa que reivindica los acontecimientos de Leningrado y Mosc煤, pero que critica algunos aspectos que pueden torcer su futuro, sobre todo los relacionados con el terror revolucionario (que protagonizar铆a en buena parte un amigo polaco de RL, que dirigir铆a la Cheka y la sede de la Lubianka, el sangriento F茅lix Dzerzhinski) y la supresi贸n de la democracia.

En el folleto citado, RL escribe que s贸lo la libertad de los que apoyan al Gobierno, s贸lo la libertad para los miembros de un partido, 鈥渘o es libertad en absoluto. La libertad es siempre libertad para el que piensa de manera diferente鈥. Cre铆a que el socialismo s贸lo puede ser resultado del desarrollo de la sociedad que lo construye, y para ello se requiere la m谩s amplia libertad entre el pueblo (lo que no quiere decir que no sea necesario el control pol铆tico). Si se sofoca la vida pol铆tica, la par谩lisis acabar谩 afectando a la vida de los s贸viets; sin elecciones generales, sin libertad de prensa y de reuni贸n, sin la libre confrontaci贸n de las opiniones, la vida de cualquier instituci贸n pol铆tica perecer谩, se convertir谩 en una vida aparente en la que la burocracia ser谩 el 煤nico elemento vivo.

En su libro sobre la revoluci贸n rusa, la revolucionaria RL acierta premonitoriamente con lo que iba a suceder en la Uni贸n Sovi茅tica, sobre todo a partir del momento en que se inicia el futuro estalinista. Algunas decenas de dirigentes del Partido, animados por una energ铆a inagotable y por un idealismo sin l铆mites, dirigir谩n y gobernar谩n; el poder real se encontrar谩 en manos de unos pocos de ellos, dotados de una inteligencia singular. La aristocracia obrera ser谩 invitada de cuando en cuando a asistir a las reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y votar por unanimidad las resoluciones propuestas; en el fondo ser谩 un gobierno de camarillas, una dictadura en verdad, pero no la dictadura del proletariado, sino una dictadura de un pu帽ado de pol铆ticos. En muchos casos la realidad super贸 a los pron贸sticos luxemburguistas.

A pesar de este severo cuestionamiento, reivindica el papel hist贸rico del partido de Lenin, siempre en contraposici贸n con sus camaradas alemanes: 鈥淧or eso los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de la que carec铆a la socialdemocracia occidental. Su insurrecci贸n de octubre no s贸lo salv贸 la revoluci贸n rusa; tambi茅n salv贸 el honor del socialismo internacional鈥.

Con esta idea de la democracia se explica que Stalin no subiese nunca a Rosa Luxemburgo al altar de la iconograf铆a m谩xima del socialismo. Fue una heterodoxa hasta el final de su vida.

*Periodista espa帽ol. Publicado en El Pa铆s

 

 

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