Jul 24 2006
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Cultura

Ecuador. – CUENTOS DE PIEDRA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El tambi√©n literato y diplom√°tico ecuatoriano Galo Galarza se√Īala respecto del escritor:

¬ęEn el 2005, la editorial de la Casa de la Cultura recogi√≥ en un volumen ‚ÄďCuentos de piedra‚Äď los relatos que Jaime Galarza hab√≠a escrito en diferentes etapas de su vida. Cuentos que, como se√Īala su autor en una ‚ÄúNota Ociosa‚ÄĚ de aquella edici√≥n, arrancan sucesos vitales o an√©cdotas vivas, ocurridos en nuestro medio.

¬ęAlgunos de estos cuentos se publicaron en revistas y peri√≥dicos y otros estaban perdidos, muchos fueron escritos en la c√°rcel o en la clandestinidad, todos llevan esa marca tan caracter√≠stica de este autor infatigable, esa de la denuncia contra la explotaci√≥n de los indios, de las mujeres, de los humillados, de los perseguidos, de los condenados por la sociedad de la bonanza.

¬ęRelatos cortos, apresurados, talvez demasiado anecd√≥ticos, pero llenos de una fuerza conmovedora que parecen haber sido escritos solo para cuestionar a una sociedad injusta, cruel y banal, llena lamentablemente de lectores de humo¬Ľ.

Del volumen de relatos, una muestra.

Mi Buenos Aires querido

 
No, no he visto ninguna mala cara. Al contrario, te digo que me voy un poco rota por dentro. No solo por vos, vamos, che, no seas cre√≠do, aunque claro, por vos cualquier cantidad. Es por todo esto, por lo que representa para m√≠ haber vivido en este pa√≠s los √ļltimos 15 a√Īos. Amigos, amores, los paisajes que tanto me gustan, la gente linda que he conocido, hasta los malos recuerdo que, despu√©s de todo, ya no son buenos ni malos, solamente son recuerdos, algo que le marc√≥ y con lo que debes vivir, te guste o no te guste. Como debes vivir rodeado de gente, por atorrante que sea.

Lo que sucede es que ha llegado para m√≠ un momento muy extra√Īo, en que me siento en el aire. Antes pensaba que mis sue√Īos ten√≠an asidero; estaba segura de estar segura. Y de pronto esos sue√Īos me parecen p√°jaros prendidos a las ramas de un √°rbol que cae; asustados, porque el √°rbol, aunque todav√≠a est√° en pi√©, ha perdido la ra√≠ces y se desplomar√° cualquier rato, estrepitosamente, y no se ve m√°s √°rboles, aun a la distancia.

Antes todo era luz, el camino claro, incluso bajo la lluvia de este Quito sombr√≠o o bajo la neblina espesa que sube desde Gu√°pulo; todo me parec√≠a iluminado. ¬°Y de pronto…! Le√≠a en esa revista que unos astr√≥nomos norteamericanos han podido observar c√≥mo un agujero negro, seg√ļn denominan a ese fen√≥meno desconocido, se trag√≥ una estrella gigantesca, intensamente luminosa, hasta que desapareci√≥ del todo. Y esto lo pudieron observar pese a que sucedi√≥ a dos millones de a√Īos luz. ¬°Si alguien pudiera decirme qu√© agujero negro devor√≥ mi estrella! Nadie puede decirme, y eso que no estoy sino a pocos segundos de distancia.

Debe ser la muerte de la perrita lo que me trastorn√≥ al extremo de que para enterrarla en el jard√≠n le puse una prenda tan querida como ese chal tejido por la vieja para m√≠, cuando yo era piba, y del que nunca me deshice. Claro, me queda la otra perrita, pero no es lo mismo. La muerta llevaba conmigo ya diez a√Īos, una eternidad. Era compa√Īera y amiga: nos conoc√≠amos de lejos; yo la olfateaba a la distancia. Porque se me peg√≥ alguna cualidad perruna, como a ella se le peg√≥ el gusto por la m√ļsica; Wagner no, jam√°s lo soportaba, y yo encantada se lo tocaba para hacerla rabiar, porque entonces ladraba hasta que le cambiara el casete, ¬°imag√≠nate! Esta otra no es lo mismo; m√°s bien resulta mi peque√Īa gurisa, de √©sas cuyo futuro se teme, porque nunca se sabe.

O talvez se trata de lo que vos dec√≠s: rabia conmigo misma por las frustraciones. Porque he querido y me han querido mucho, pero el amor se me ha ca√≠do a pedazos, como los platos que ayer, boluda, revent√© contra el suelo. O bien puede ser el miedo a tirarme por la ventana, porque eso suceder√≠a si me quedo dos d√≠as m√°s en esta casa donde todo me da vueltas, como aquella calesita, que tanto me gustaba, a la que mi padre me llevaba en Buenos Aires, tendr√≠a yo tres a√Īos, o cuatro, y que sin embargo me mareaba y me daba miedo.

Hasta hace tres d√≠as estuve convencida de que solo quer√≠a ir a la Argentina para verla un rato: dejarles flores en la tumba a mis viejos, estar con mis sobrinos, todo para volver en quince d√≠as y anclar definitivamente aqu√≠, como si fuera mi puerto terminal. Mira la figura literaria que me sali√≥, ‚Äúanclar en mi puerto terminal‚ÄĚ.

Tal vez resulta sabio el chiste que nos hacen ustedes a los argentinos, cuando dicen que mientras ustedes descienden de viejas culturas indígenas, los argentinos descendemos de los barcos. Por eso mismo, creo, nos agarra tan fuerte la nostalgia. Tan fuerte que, por lejos que estemos, un caballo o una vaca nos trae el sabor de la pampa. También los marinos sienten nostalgia de su barco.

Es que me siento hundida en el exilio y vos sab√©s que el exilio no es un chiste. Ning√ļn exilio, che, ni el pol√≠tico, ni el econ√≥mico, ni el de la vida. A m√≠ no me hables de pol√≠tica, que tengo el est√≥mago revuelto, pero el exilio pol√≠tico es amargo. En cuanto al econ√≥mico, est√° reservado para los m√°s cobardes, o los m√°s, desdichados. Yo creo que he padecido desde chica exilio existencial, por eso mis fugas geogr√°ficas, esa ilusi√≥n de que cambiando de pa√≠s, todo ser√≠a risa. Y m√≠rame, che. Estoy llorando. Creo que todo exiliado es como un p√°jaro sin patas y sin alas: no puede pisar el suelo ni puede volar.

Si te aburrís, chifláme. O cantáme esa canción de ustedes que me gusta:

Esta guitarra vieja que me acompa√Īa, /tiene una pena enorme que me tortura, /sabe porque la estrella de la ma√Īana /siempre me encuentra sola con mi amargura.

Bueno, d√©jame llorar. Quiz√°s no me di cuenta que la procesi√≥n iba por dentro, y ahora… ¬ŅSab√©s, Negro? Finalmente creo que lo que sucede es que en realidad soy argentina. ¬°Imagin√°te que el otro d√≠as hasta llor√© por Evita, con lo mucho que yo quer√≠a a Per√≥n! ¬°Si no estar√© podrida! ¬°Qu√© boludez! Aunque mi tristeza no es otra cosa que renguera de perro… Hasta Gardel me gusta ahora; hasta Mercedes Sosa, la China, que me ca√≠a m√°s gorda de lo que es, y me parece excelente que Argentina sea Campe√≥n del Mundo, y que a todo ese paquete de generales que hicieron lo que hicieron con los muchachos, y en las Malvinas, los refundan para el resto de sus d√≠as; y Alfons√≠n me parece un tipo macanudo como Rosas, claro, comparado con Videla. Ni se diga el Che, que ya es otra cosa.

¬ŅC√≥mo dicen ustedes cuando hay algo invisible que los llama de vuelta con fuerza irresistible? Ah, eso es: ‚ÄúLa sangre chuta‚ÄĚ. Bueno, che, perd√≥name. No es que llore demasiado. Lo que sucede es que a m√≠ me chuta el bandone√≥n. Me chuta Buenos Aires.

Ilustraci√≥n de apertura: obra de Hugo Cifuentes Navarro (Otavalo, 1923 – Quito, 2000), pintor, fot√≥grafo, dibujante, m√ļsico, escritor.
Premio Casa de las Américas 1983. Autor del libro Sendas del Ecuador.

(Fuente: País Secreto: http://www.paissecreto.com)

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