Mar 17 2010
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Política

Educación para el desarrollo (II)

Gisela Ortega.*

El mundo se transforma a consecuencias de las acciones realizadas en el pasado y continuará renovándose en el futuro gracias a las acciones emprendidas hoy día. Pero eso no significa que el porvenir este predeterminado. Los jóvenes pueden aprender a descubrir los medios de provocar el cambio y a utilizarlos conscientemente para crear un mañana mejor.

 Los sistemas educativos tienen como objetivo la preparación del alumnado para el  porvenir.  Sin embargo, la mayor parte de los programas escolares todavía tienen su orientación hacia el pasado, y dan pocas ocasiones a los estudiantes para reflexionar sobre lo venidero  y lo que podrían hacer con los conocimientos que han acumulado.

Si se interroga a un niño en la escuela, sobre el futuro, responderá con gran número de imágenes: viajes por el espacio, robots, armas de destrucción y batallas intergalácticas. Es la televisión y los videojuegos los que condicionan sus impresiones sobre lo inmediato.

Las y los alumnos tienen pocas ocasiones para pensar en el   modelo de mundo en que querrían vivir realmente. Sin embargo, cuando se les concede esta ocasión asombran  a  sus profesores por su gran interés por lo próximo.

Se puede tratar el futuro como un tema interdisciplinario cuya dimensión abarque todas las asignaturas. La educación les puede ayudar a darse cuenta de que las actividades cumplidas en el pasado tiene una influencia en el presente y  las  que se están realizando ahora repercutirán en el mañana. Para que el aprendizaje no se transforme en juego de predicción sobre lo que podría ocurrir dentro de unos años es necesario que descubran alternativas teniendo en cuenta las necesidades ingentes de los miembros de la sociedad de elegir bien  en este momento.

Es indiscutible que el cambio es más rápido en la actualidad que fue en los siglos pretéritos. La pedagogía sobre el futuro tiene que basarse en un estudio del procedimiento de transformación y en una comprensión de cómo se originan.

Las innovaciones que se producen local, nacional y mundialmente, provocan en los estudiantes sentimientos de impotencia, o de falta de aptitudes para controlar las fuerzas que afectan sus vidas. Precisan entender porque algunas alternativas para la  evolución  y la acción no les son accesibles, la exploración de las posibilidades realistas puede constituir un estimulo y un buen antídoto contra la desesperanza. Necesitan egresar de los institutos con confianza en sus propias capacidades para influir en la reforma y buena voluntad para hacerlo efectivo.

Cada persona tiene la responsabilidad de ser consciente y de informarse antes de hacer elecciones para el porvenir. Cada opción hecha en  el día de hoy tiene un impacto que se prolonga en el tiempo favoreciendo así el cambio y la construcción de un futuro concreto. Los seres humanos son las fuerzas de la evolución.

Se puede abordar el futuro siendo dinámico: tomando en cuenta las tendencias y los acontecimientos actuales, anticipando las posibles soluciones  y, realizando una u otra de las acciones para evitar problemas más importantes o para promover alternativas mas justas sostenibles y pacificas.

Metodología

La metodología que UNICEF propone para la Educación Para el Desarrollo, no puede limitarse a la habitual didáctica expositiva, aunque esta se refuerce con la utilización de medios audiovisuales.

La clase magistral resulta útil para transmitir conocimientos elementales, informar sobre aspectos culturales contextualizar teorías, establecer técnicas de trabajo, etc. Pero lo anterior, con ser importante, no es suficiente. La educación para el desarrollo  requiere de métodos activos, es decir, el aprendizaje a través de intervenciones didácticas que impulsen la actividad intelectual de las y los alumnos y que alcancen el campo axiológico, su objetivo prioritario.

UNICEF propone:

– Dar prioridad al trabajo cooperativo y competitivo sobre el individuo. Es necesario que los jóvenes asuman el valor de comunicarse con otros y aprender de ellos, de esforzarse en un empeño común, sin ánimo de competir, solo de mejorar las cosas entre todos.

– Buscar el conflicto como estrategia didáctica básica, tanto en lo cognitivo como en lo axiológico plantear escenarios dificultosas próximas y alejadas a la vida de los alumnos, expresar opiniones distintas y procurar soluciones negociadas.

– Vivir las situaciones, sentir como propios los problemas ajenos, ponerse en el lugar de otras personas con distintas formas de pensar o de actuar. Pero que todo ello no sea solo un juego, sino una oportunidad pedagógica para el ejercicio de la reflexión intelectual y de los sentimientos.

– Presentar los acontecimientos o fenómenos sociales y naturales con la mayor globalización posible. Mostrar sus relaciones. Hacer ver que vivimos en un pequeño mundo interdependiente.

– Diversificar la oferta de tareas de la instrucción en busca de la mayor participación posible de toda la comunidad educativa. Hay que atender las distintas motivaciones e intereses para que todos se sientan llamados a trabajar por la formación de esos buenos ciudadanos.

– Acentuar la importancia de las tareas en las que se manifiestan opiniones con libertad, sin obedecer a un patrón único de respuesta,  dentro de un marco reflexivo.

– Perseguir compromisos no violentos de acción a favor de la justicia social y de la conservación del medio ambiente. Incidir en la idea de la importancia de la pequeña acción local sobre el contexto global.

– Mostrar optimismo, transmitir animo, Los jóvenes deben comprender que el mundo del futuro está en sus manos y que sus problemas tienen solución. Todo depende de cómo ellos se comportan hoy y mañana.

Conceptos

La Educación Para el Desarrollo desea el aprendizaje de conocimientos propios que son equiparables a los de cualquier materia de estudio. Ahora bien, añade a esos campos  otros menos comunes.

La amistad, la generosidad, la lealtad, la entrega personal son criterios básicos que incorpora y que deben, por tanto recibir tratamiento didáctico. Con esta ampliación, entiende que sus conceptos como cualesquiera otros, se adquieren a través de un proceso de construcción intelectual cuyos factores más relevantes son:

Adoptar como punto de partida los conocimientos previos de los alumnos sobre el tema concreto. Partir de lo que el educando sabe, buscando anclajes cognitivos o experiencias previas que hagan significativos los nuevos mensajes.

Contextualizar debidamente los contenidos de enseñanza de forma que su conjunto de elementos y las relaciones entre ellos puedan se captados con un esfuerzo intelectual razonable acorde con la edad.

Adecuar la forma de enseñar a la forma de aprender. Los nuevos mensajes entran en colisión con las enseñanzas o experiencias previas de los alumnos provocando un conflicto cognitivo. El desenlace de ese conflicto es el rechazo de unas ideas y la aceptación de otras, incorporando a la estructura de conocimientos nuevos conceptos ampliados que progresivamente se organizan en esquemas cada vez más sólidos y complejos.  La educación debe provocar estos conflictos cognoscitivos con habilidad bien medida.

Buscar la máxima motivación posible de los estudiantes, su disposición favorable a construir su propio aprendizaje. Que  entiendan la funcionalidad de lo que se les propone y que acepten que está dentro del esfuerzo personal que se les puede exigir razonablemente constituyen piezas claves en esa motivación.

Socializar los aprendizajes entre lo alumnos sin exclusiones, dejar a un lado los criterios selectivos habituales. Se apunta hacia la necesidad de una educación  basada en el entendimiento, el intercambio y la cooperación.

La  enseñanza de valores supone un proceso de construcción todavía más complejo que el aprendizaje de conceptos, por cuanto ahora se exige una toma de conciencia y un compromiso personal bien arraigado.

Para UNICEF, la adquisición efectiva de valores esta vinculada íntimamente a la resolución de problemas, ya sean concreto y actuales, amplios y duraderos, de manera que los educandos se reconozcan sujetos activos individual y colectivamente, capaces de transformar la realidad que les rodea. Hay que llegar a la conciencia moral, objetivo mucho más complicado pero ineludible.

Participación

Hay muchas maneras de involucrar a las y los niños y jóvenes en el trabajo para el cambio. Sin embargo desde el punto de vista de la Educación para el Desarrollo no todas ellas constituyen “participación” en el sentido estricto.

Hasta  1989, año en que se adopto la Convención de los Derechos del Niño, lo normal en nuestras sociedades era adoptar una actitud paternalista y protectora hacia los chiquillos. La Convención fue el primer tratado internacional cuyo objetivo era no solo proteger a los menores, sino también darles poder. Así, los niños, pasaron de ser “objetos” de protección, a ser “sujetos” de derechos, entre ellos el de participar en todas las decisiones que les afecten.

La solidaridad es sumamente importante para nuestro crecimiento personal, permite a las personas el desarrollo de aptitudes fundamentales. Entre ellas la capacidad de expresarnos por nosotros mismos, negociar diferencias, tomar decisiones responsables, comprometernos en un dialogo positivo o responsabilizarnos de nosotros mismos, nuestras familias, comunidades y sociedades.

A menudo se habla de participación infantil por parte de las personas adultas, y sin embargo, tal intervención no es real. Muchas veces, lo que se denomina “participación infantil” no es más que manipulación. En estos casos, los adultos utilizan la voz de los niños y jóvenes para transmitir sus propios mensajes, los  aprovechan  para defender sus propios objetivos. Pero se equivocan.

La autentica aportación debe dar a los pequeños y adolescentes poder para que puedan alcanzar su mayor desarrollo y dignidad. Debe partir de ellos mismos, desde sus propias realidades, en sus propios términos porque ellos mejor que nadie pueden hablar de lo que viven, sienten y desean.

Para lograrlo, es necesario que los mayores cambien su conducta,  porque están acostumbrados a no tenerlos en cuenta a la hora de tomar decisiones. Es necesario que los adultos  desarrollen su capacidad de escucha y consulta hacia los niños y jóvenes.

El involucrar a las y los chiquillos  en la toma de decisiones tiene enormes beneficios para los propios  menores y sus comunidades;  así como para las sociedades que dirigirán algún día, que serán orientadas con criterios más humanos. Nos demuestran diariamente que cuando participan, pueden cambiar el mundo que les rodea. Tienen ideas, experiencias y aportes que enriquecen la comprensión y ofrecen una contribución positiva a las actividades de los adultos.

Fuente: UNICEF. Conceptos claves de la Educación para el Desarrollo.

* Periodista.
 

 

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