May 1 2007
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Economía

EEUU en camino al Tercer Mundo. – ALARMAN LAS PRIORIDADES DEL SEÑOR BUSH

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Suele definir a los países del llamado Tercer Mundo –países pobres– la falta de planificación para el largo plazo, la asociación con poderes extranjeros de sus elites, la carencia de una estrategia nacional, la corrupción y un cierto desmañado infantilismo en el modo de entender la política. Las naciones sometidas a esta forma de vida son obligadas a ver en blanco y negro, está prohibida la gama de grises y, en caso necesario, aquellos que insisten en lo contrario sufren la amputación de su cabeza. Todo sea por la “paz social”.

fotoEsa visión anti histórica se consigue de distintas maneras, aunque lo probable es que muchas de ellas confluyan en perfecta armonía. Puede explotar un Maine en la rada del puerto de La Habana; protegerse a un amigo sátrapa centroamericano; Brasil exportar la técnica del pau de arará; sembrar cadáveres en calles y baldíos argentinos; crearse una OAS, como en Argelia; intrigarse con el dueño de un diario como El Mercurio, en Chile; liquidar a decenas de miles, como en Palestina, etc…

La historia, empero, enseña que los pueblos deben tener, según la ocasión, tanto paciencia y cálculo como esa locura impaciente y empecinada que mandan las revoluciones; y enseña también que cuando los Estados –repúblicas, reinos, imperios– poderosos pierden la brújula y comienzan a vivir del temor que inspiran o, lo que es lo mismo, hacen usura de sus eventuales glorias pretéritas, el comején y las termitas llaman a un largo banquete debajo del piso de la casa.

De un tiempo a esta parte son constantes las informaciones y análisis económicos que quieren convencer al mundo de que este modo capitalista de producción goza de buen salud: basura para ingenuos; la guerra, salida probada para enfrentar crisis, se prueba en estos días como un remedio peor que la enfermedad –si hubiera algo peor que la enfermedad que condena a un tercio y medio de la población mundial a vivir y morir en términos pre humanos–.

Dos hechos, de entre los varios que podrían elegirse en la dilatada geografía estadounidense, marcan la deflación del “destino manifiesto” comprendido como entre lo peor del fundamentalismo judeo-cristiano devenido –gracias a Calvino, Weber y Ford, cada uno en su medida– en ética y práctica de un modo de entender las actividades humanas como la persecución de la felicidad a través del amor al dinero.

Uno de ellos se refiere a la investigación médico científica; el otro a la necesidad de rebajar los niveles de la educación superior. Los dos están relacionados íntimamente con lo que antaño se describía como “exhaustas arcas fiscales”.

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No a la investigación con células madre

Señala el periodista Ed Pilkington (en The Guardian, www.guardian.co.uk) que la decisión del presidente Bush “de rechazar el uso de recursos estatales para financiar trabajos con células madre embrionarias ha generado una absurda discriminación científica que define lo que se puede hacer con fondos públicos en los laboratorios y qué no”.

Pilkington se refiere en términos específicos a dos investigaciones que se llevan a cabo en la Universidad de Harvard. Una de ellas era sobre células madre, la otra está centrada en genética; ambos equipps trabajan en conjunto “proyectos para analizar la genética de células madre embrionarias humanas. En un extremo del puente, el equipo del doctor Eggan genera las células y por el otro analizan su ADN”.

El nueve de agosto 2001 George W. Bush emitió un decreto presidencial que cortó el flujo fiscal para financiar la investigación de células madre embrionarias.

“El doctor Eggan y su equipo pudieron continuar con su trabajo sólo porque Harvard disponía de sus propios fondos para hacerlo. Pero de un día para otro, la prohibición los transformó en el equivalente de perros sospechosos de portar rabia. Todo lo que hacían o tocaban, desde los equipos de alta tecnología hasta los clips para el papel, tenía que ser apartado de los laboratorios financiados con fondos públicos.

“El proyecto conjunto entre el laboratorio de Eggan y el Bauer Centre fue una de las primeras víctimas. Se suspendió para evitar “contaminación” con el centro, que recibe fondos públicos.

“En el laboratorio de Eggan, cada pieza de cada equipo está marcado con una etiqueta adhesiva: verde para las máquinas financiadas por el sector privado que se pueden utilizar con total libertad, y rojas para las adquiridas por la entidad pública a cargo de financiar el sector, Instituto Nacional de Salud y que no se pueden usar en la investigación con células madre.

“La más kafkiana es la etiqueta amarilla, que señala los equipos que son propiedad pública pero respecto de los cuales se ha alcanzado un acuerdo: cada vez que un científico usa la máquina debe registrarlo en un cuaderno y se reembolsa al Instituto”.

Se estima que estas investigaciones son fundamentales para descubrir nuevas formas de tratar enfermedades como diabetes, Parkinson o Alzheimer. Cierra el Guarddian el artículo:

“En consecuencia, la investigación con células madre en Estados Unidos actualmente se limita a un número reducido de prestigiosas entidades como Harvard y la fundación de Nueva York, capaces de reunir suficiente dinero para generar sus propias células. Otras instituciones que dependen de fondos públicos han renunciado a trabajar en este campo.

“Las esperanzas de los científicos se cifran en que los demócratas tomen el control del Congreso. Pero como se requiere una mayoría de dos tercios para cambiar un decreto presidencial, lo más probable es que Bush obstaculizará cualquier intento por levantar la prohibición. Pocos esperan un cambio real hasta que no abandone su cargo en dos años. Hasta entonces, el doctor Eggan y sus colegas se verán obligados a lidiar con sus papelitos adhesivos”.

La campaña Save Sepulveda

Informa en su edición del 24 de abril el Oregon Daily Emerald que “docenas de estudiantes se han organizado para juntar fondos con el objeto de presionar a la Universidad local con el objeto de que renueve el contrato de un popular profesor de Literatura”. La campaña emprendida se realiza bajo el epígrafe “Save Sepulveda” (Salvar a Sepúlveda).

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El periodista Allie Grasgreen enrevistó a la alumna “senior” Piscilla Ann Mendoza sobre la determinación de la rectoría en orden a no renovar el contrato de Sepúlveda para la temporada 2007/2008. En estado de shock, Mendoza –que toma tres materias con el maestro latinoamericano, doctorado por esa misma universidad– dijo “Es un profesor que cambió mi vida”. Para señalar que “es un enorme beneficio para la comunidad universitaria”.

Mendoza y otra “senior”, Laura Stull, organizaron entonces el grupo Save Sepulveda decididos todos a dar a conocer los aportes del profesor y escritor chileno a la vida universitaria. Para el grupo lo que hace único al talento de maestro es su perspectiva amplia, universal de los asuntos y su “atrapante estilo de enseñanza”. Sepúlveda estima que el proceso de aprender es inescindible del hecho de que los alumnos deben pensar por sí mismos y aceptar la diversidad y peculiaridad de cosas y seres”.

No parece haber en el caso de la Universidad de Oregón –que es donde enseña Jesús Sepúlveda– una cuestión de discriminación por origen contra latinoamericanos; es un asunto presupuestario: la invasión de Iraq, y la mantención de la soldadesca allí, opera como una gigantesca aspiradora de fondos en todas las intancias públicas del país.

No se descarta que el caso planteado por la campaña Save Sepulveda se “clonifique” en otras casas de estudios superiores puesto que –según analistas– el déficit de fondos de las universidades significará fatalmente el despido de profesores que se teme afecte principalmente a los maestros extranjeros.

Por otra parte, afirman algunos expertos, pronto se verá la desaparición de cursos cuya población sea de dos o tres docenas de estudiantes para favorecer una política de “aulas llenas”; esto es: cursos obligatorios impartidos según los principios décimonónicos de la “clase magistral”, en la cual el profesor da su lección a 60 u 80 alumnos sin ninguna posibilidad real de mantener un diálogo con ellos. La enseñanza se hará rígida, repetitiva y mecánica, lo que en un plazo no muy extenso significará bajar peligrosamente los niveles de calidad de la educación en los campus.

La Universidad de Oregón tiene una matrícula de unos 20.000 alumnos, y hasta la escalada belicista del gobierno del señor Bush se la contaba entre las más inquietas del país; sus estudiantes participaron en gran número en las manifestaciones habidas en la cercana ciudad de Seattle en noviembre de 1999, que originó la marea mundial anti globalizadora.

Es común que Sepúlveda intervenga en conferencias, encuentros y recitales tanto en la universidad como en recintos ajenos a ella, como librerías y grupos culturales. A sus clases, incluso, suelen asistir antiguos egresados, como Bill Rankin, de 75 años, que afirma acudir para “cerrar la brecha que le dejó el College” (sistema de educación preparatoria para el ingreso a la universidad). Puesto, agrega, que “nadie me esneñó a entender o intentar hacerlo culturas ajenas a la nuestra”.

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Addenda

Jesús Sepúlveda es uno de los fundadores, en 1992, y primer director de Piel de Leopardo. Su ensayo El jardín de las peculiaridades (Ediciones del Leopardo, Buenos Aires, 2002) ha sido traducido al inglés, francés y finlandés; su poemario Hotel Marconi (Ediciones Cuarto Propio, Santiago de Chile, 2006) conoció recientemente una edición bilingüe (traducido por el poeta estadounidense Paul Dresman). Su firma no es inusual en revistas literarias –y alternativas– de Estados Unidos, países europeos y de América Latina.

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