Mar 25 2013
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PolíticaSociedad

EEUU: Noticias desde el manicomio

Hay semanas en las que uno no puede reportar desde Estados Unidos de manera racional lo que con frecuencia es, objetivamente, un mosaico de locuras. Si uno logra hacerlo, cabe sospechar que fue posible porque uno acabó convirtiéndose en un interno más del manicomio. Desde adentro, insisten, todo tiene una explicación lógica. Pero eso a veces sólo comprueba que están locos.

Por ejemplo, entre las principales noticias de los √ļltimos d√≠as destaca el anuncio de l√≠deres del Congreso de que ya no contemplan prohibir las armas de asalto, lo que no es nada menos que un arma de guerra, en el proyecto de ley para imponer un mayor control de armas de fuego. La raz√≥n: no hay suficiente apoyo entre los legisladores. De hecho, seg√ļn una encuesta de CNN, el apoyo p√ļblico a controles m√°s estrictos sobre las armas se ha desplomado de 52 a 43 por ciento desde la matanza de Newtown.

El derecho de los ciudadanos a tener armas, se argumenta aquí, está garantizado por la Constitución. Desde la lógica dentro del manicomio, algunos alegan algo que suena casi revolucionario: que los ciudadanos tienen el derecho de armarse no sólo para protegerse de los malos que andan por ahí, sino del propio gobierno y sus posibles abusos de los derechos de los ciudadanos, como, por ejemplo, se constata en los intentos por quitarles las armas.

S√ļplicas de los padres de 20 ni√Īos asesinados en Newtown tan s√≥lo hace tres meses, as√≠ como las de una representante federal cuya carrera fue anulada por una bala en la cabeza disparada por un loco armado; el env√≠o por redes sociales de una de las im√°genes m√°s impactantes de esta semana ‚Äďlos lentes de John Lennon a√ļn manchados de sangre‚Äď con el mensaje de su viuda Yoko Ono de que m√°s de un mill√≥n 57 mil personas han muerto por armas de fuego en Estados Unidos desde que John Lennon fue baleado y muerto el 8 de diciembre de 1980, o las estad√≠sticas cotidianas de balaceras en Chicago con saldos de j√≥venes muertos, o el hecho de que estas armas de asalto son las favoritas del crimen organizado en M√©xico y Estados Unidos: todos estos mensajes racionales y hechos a favor de imponer controles severos sobre las armas se estrellan contra la din√°mica del manicomio oficial.

Me averg√ľenza que el Congreso no tenga la valent√≠a para promover esto, coment√≥ un padre de uno de los ni√Īos asesinados en la escuela primaria en Newtown hace s√≥lo tres meses.

Pero la verg√ľenza no parece molestar a un Congreso que cuenta con una tasa de aprobaci√≥n publica de s√≥lo 12 por ciento. Aunque la nota principal en Washington durante los √ļltimos a√Īos es que hay un estancamiento del proceso pol√≠tico, donde todo se atora ‚Äďdesde reformas de control de armas e inmigraci√≥n hasta el presupuesto federal y m√°s‚Äď por una supuesta polarizaci√≥n ideol√≥gica, otro fen√≥meno sugiere exactamente lo opuesto.

En los hechos es incuestionable la existencia de un consenso bipartidista sobre pol√≠ticas neoliberales que han generado el mayor nivel de desigualdad econ√≥mica desde la gran depresi√≥n y han acabado con el tan vitoreado sue√Īo americano y, por otra parte, la construcci√≥n de un estado de seguridad nacional sin precedente que amenaza las libertades y garant√≠as que el gobierno pretende defender, incluida la fundamental de libertad de expresi√≥n.

James Goodale, el abogado del New York Times en 1971, cuando ese rotativo tom√≥ la decisi√≥n hist√≥rica de publicar los Papeles del Pent√°gono, la mayor filtraci√≥n de documentos secretos oficiales antes del caso de Bradley Manning y Wikileaks en la historia del pa√≠s, y enfrent√≥ al gobierno obsesionado con secretos oficiales y manipulaci√≥n p√ļblica del presidente Richard Nixon, recientemente calific√≥ el manejo de informaci√≥n clasificada y libertad de prensa del presidente Barack Obama de antediluviano, conservador, retr√≥grada; peor que Nixon, en una entrevista con la Columbia Journalism Review.

En otras partes del manicomio tambi√©n hab√≠a noticias esta semana. Nada m√°s por mencionar unas cuantas: seg√ļn el Financial Times, la empresa Halliburton que encabezaba el ex vicepresidente Dick Cheney antes de la guerra contra Irak obtuvo contratos por 39 mil 500 millones de d√≥lares para servicios a la invasi√≥n estadunidense; el negocio de la sangre paga bien. Por otra parte, Obama, quien dice estar comprometido con enfrentar el cambio clim√°tico, nombr√≥ como pr√≥ximo secretario de Energ√≠a a Ernest Moniz, cient√≠fico nuclear del Tecnol√≥gico de Massachusetts, quien encabez√≥ un programa de investigaci√≥n financiado por las grandes empresas energ√©ticas y tambi√©n fue asesor o integrante de juntas directivas de varias de √©stas, incluida BP, la responsable de uno de los peores desastres ecol√≥gicos en el Golfo de M√©xico.

A la vez, el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, acaba de anunciar que cerrar√° aproximadamente 80 escuelas p√ļblicas para enfrentar un d√©ficit presupuestal. Lo mismo ocurre en otras ciudades como Nueva York, Filadelfia, Washington, Baltimore y Detroit. Sin embargo, en esas mismas ciudades s√≠ hay fondos para abrir decenas de nuevas escuelas charter que son p√ļblicamente subsidiadas pero administradas de manera privada, o sea, un esfuerzo por privatizar el sistema publico y destruir los sindicatos del magisterio.

En este clima de austeridad tambi√©n hay fondos para construir m√°s prisiones. El gobierno federal y los estatales gastan unos 70 mil millones de d√≥lares anuales en el sistema penitenciario, los estados gastan casi lo mismo en c√°rceles que en universidades. Esto en el pa√≠s m√°s encarcelado del mundo, tanto en n√ļmeros absolutos como en porcentaje de su poblaci√≥n. La Uni√≥n Estadunidense por las Libertades Civiles reporta que eso se traduce en que uno de cada 99 habitantes est√° encarcelado. Con 5 por ciento de la poblaci√≥n mundial, Estados Unidos cuenta con 25 por ciento de la poblaci√≥n encarcelada del planeta.

Todo esto, y mucho más, se reporta como si fuera más o menos normal. La locura se ha vuelto algo normal. Pero seguramente esa información está clasificada como secreta, para bien de todos los que estamos dentro del manicomio.

 

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