Dic 28 2006
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Política

Ejercicio dialéctico. – CORRUPCIÓN, ¿POR QUÉ PASÓ LO QUE PASÓ?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Porqué el corpus de la Concertación, mi coalición, no ha tenido el tema en la mira, especialmente con el preaviso del 2002 (MOP-Gate y caso Coimas)?

Los opinólogos dirán, como el lobo feroz.. «para robarte mejooor». Eso no es verdad. Aquí habrá operadores rascas pero hay gente muy seria, como los cuatro presidentes, más un montón de Foxley, Velasco, Alvear, Insulza, Ferreiro, Etcheberry, Brunner, y Estévez, por nombrar sólo algunos.

¿Cómo se arrancó esta moto, rayando tan feamente la pintura? Las explicaciones son más complejas de lo que parece a primera vista, se retroalimentan unas a otras y por tanto, las soluciones no son triviales, si queremos que sean estructurales.

Aquí hay un círculo vicioso, una «rueda del infortunio». Estos son a mi juicio los cinco factores que pueden explicar, en buena parte, las irregularidades que hoy presenciamos:

1. Pérdida de proyecto integrador en los partidos

La Concertación llegó al poder para recuperar la democracia. Ya lo logró y se quedó pillada en su propia cola y sin tema. La Alianza surgió para defender a Pinochet y combatir el fantasma del comunismo. Su problema es que Pinochet se apestó y para peor, nunca se toparon con el enemigo. También están medio perdidos porque les cambiaron la cancha.

Para empeorar las cosas, la reelección eterna de parlamentarios y alcaldes hace que la clase política se oriente a la rentabilidad electoral de corto plazo, y por ende no les atrae «dentrar a picar» ni «diseñar proyectos país» porque resta votos para la próxima reelección y hace perder el tiempo.

El clavito en este ataúd fue la reforma constitucional que define períodos presidenciales de cuatro años sin reelección. Tenemos presidentes de períodos ultracortos y parlamentarios y alcaldes de períodos ultralargos. En suma, todo dado para evitar las discusiones y problemas de fondo, con lo cual las agendas del reparto del poder, las candidaturas y las pegas, y salir en la tele con acusaciones mutuas, pasan a convertirse en el epicentro de una malentendida gestión política, para desesperación de los escasos estadistas que todavía andan dando vueltas por allí.

2. Financiamiento electoral oscuro y desequilibrado

A pesar de los avances de la legislación 2003, sigue oscuro y desequilibrado.

Un confuso y poco controlado tráfico entre las platas de las empresas, la plata del gobierno, los lobbys y los candidatos, lo que por cierto no es un invento chileno sino que está en la raíz de los incidentes de corrupción y tráfico de influencias de Japón o México. En USA los grandes donantes empresariales fueron premiados por Bush con sabrosas embajadas, Ministerios aun más jugosos como Defensa, o la ONEMI gringa (FEMA) que manejó el Katrina tan estupendamente. (Allí el robo, constatado por el Government Accountability Office, GAO, fue de 1.500 millones de dólares).

Esta es una de las raíces cancerígenas del sistema, cuyas metástasis se enquistan en el deterioro político-parlamentario y en la desconfianza ciudadana. Edgardo Boeninger, otro gran estadista, lo dijo recientemente, y el coro de malas interpretaciones chaqueteras surgió de inmediato. Junto con cortarles las alas a operadores oficialistas que se sienten legitimados por el argumento del desequilibrio financiero electoral, cae de cajón que hay que parar el financiamiento de empresas a campañas electorales, aunque le duela a la derecha. No se trata de ojo por ojo, diente por diente. Se trata de que es imprescindible parar en su totalidad las fuentes de corrupción, de presiones indebidas a las compañías, y de tráfico de influencias de ellas hacia el gobierno, forever.

Como dirían Engel y Navia, aplanemos la cancha y que gane el «más mejol», no el que tenga más plata o recursos de dudoso origen.

3. Gerencia pública inadecuada y poco concentrada en la gestión de resultados. Salvo contadas excepciones heroicas y los incipientes avances del Sistema de Alta Dirección recién puesto en marcha lenta el 2004, muchos servicios públicos y municipios chilenos siguen en un estado deplorable en materia de estructura, procesos, sistemas, recursos humanos, clima laboral y control de gestión, todo lo cual redunda en gasto público ineficiente, y en que se abren «ventanas de descontrol» por donde algunos pillines pueden deslizarse sin llamar la atención. Esta deficiente gestión tiene en su orígen la carencia de directivos públicos adecuados.

4. Sistemas de control deficientes y obsoletos

No quiero seguir hablando de la ineficacia anacrónica de la Contraloría para controlar la probidad en serio, porque me van a venir a pegar. Sumemos una Auditoria Interna de Gobierno todavía flacuchenta y desconocida, y entonces los pillines, que ya no tienen grandes epopeyas ni directivos superiores preocupados de vigilarlos, y que más encima se sienten legitimados en su búsqueda de poder y surgimiento personal, reparten asados y platas de empleos brujos.

5. Escasa transparencia y rendición de cuentas

«Accountability». Información transparente y rendición pública de cuentas frente a la ciudadanía. Indicadores significativos de desempeño. Evaluación efectuada por entes independientes. Si Chiledeportes hubiera tenido que rendir cuenta pública acerca de cuánto deporte ha generado por cada peso invertido, habría vivido con el reverencial temor a que alguien independiente y autónomo le venga a evaluar ese insidioso indicador. Pero como no se evalúan en suficiencia y profundidad, los gatos de campo sienten que «pasan piola», ya sea en su ineficiencia o en sus prácticas indebidas.

A ponerse las pilas.

Como podrá deducirse, la solución estructural a los problemas de probidad no es un trivial CQC o un llamado a la depuración y el santo castigo, los cuales por cierto no vienen nada de mal. Lo malo de los círculos viciosos es que se regeneran con pasmosa facilidad si no se atacan las causas estructurales, y eso es exactamente lo que hizo la presidenta. Con su agenda de 30 medidas atacó el problema integralmente y no en sus síntomas superficiales. Contraloría, Auditoría, Agencia Nacional de Calidad, ampliación y aceleración del sistema de Alta Dirección, municipios, transparentación de toda la información, financiamiento electoral. Todo, todito. Revise con calma el listado y lo constatará.

Imagino a la oposición cavilando angustiada si en esta situación les conviene ayudar o pegar más duro. El pacto de gobernabilidad y reformas del 2003 les costó en parte la elección presidencial, y más de alguno debe andar todavía cobrándole la cuenta a Longueira, por cierto, otro estadista. To help or not to help? That is the question.

Please, help! Y aunque no me crean porque que soy concerta, se los digo para darles una ayudita. Si siguen chaqueteando el pueblo unido se las va a cobrar. Entiendo que eso de que las empresas no puedan hacer aportes electorales no les guste mucho, pero comprendan por favor que el desequilibrio que persiste en el financiamiento electoral (no se hagan los desentendidos) le da motivos a los gatos de campo del otro lado, y hasta un airecillo de autojustificación. Al señor Farías le parecía razonable lo de la lista de parlamentarios «beneficiarios» de recursos de Chiledeportes.

A mis amigos de la Concertación, también les ruego que se pongan las pilas con los desafíos que les tiró la presidenta, porque a ustedes sí que el pueblo unido se las va a cobrar si no lo hacen. El país lo necesita para entrar en serio al desarrollo. Una cosita más. Háganse cargo de que el estandarte de la recuperación de la democracia ya se evaporó –se sacaron un siete– y vayan inventando un proyectito país para el Siglo XXI porque si no, el quinto presidente no lo consiguen a punta de populismos cortoplacistas y acusaciones cruzadas, ni con flecos.

Pongámonos todos y todas las pilas. Completemos las reformas del 2003. Gracias, Chiledeportes, por oportunidad concedida.

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* Profesor del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile.
Publicado en la revista Qué Pasa de Santiago de Chile, edición de diciembre 8 de 2006.

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