Oct 7 2016
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EconomíaSociedad

El anarco-populismo de los ricos gobierna el mundo

Mario Rapoport|
Estos son los diez principios econ√≥micos, sociales y pol√≠ticos que rigen hoy al mundo. La econom√≠a est√° manejada por una suerte de nuevo capitalismo que navega de crisis en crisis, imponiendo una estabilidad ficticia solo para garantizar la libertad de los movimientos de capital, demoliendo todas las instituciones de las econom√≠as de bienestar. Tambi√©n se oponen a la existencia de un gobierno mundial democr√°tico porque su poder y fortuna se basan en las desigualdades del actual. Su √ļnico motor es la acumulaci√≥n en s√≠ misma. Puede decirse que a su modo son populistas con todos aquellos que se benefician con sus pol√≠ticas, lo que deber√≠amos llamar populismo del capital.

Uno

Si aplicamos la matem√°tica de los conjuntos podemos dibujar el mundo dividido en uno principal de ciudadanos ricos y poderosos y muchos otros secundarios de ciudadanos que van de la estrechez econ√≥mica a la pobreza. En ese primer conjunto se aferran a sus bordes como garrapatas partes peque√Īas de los otros conjuntos del mundo desfavorecido ocupando superficies pobladas por grupos minoritarios con riqueza y poder. Tambi√©n una parte de ese primer conjunto se une a los otros compartiendo pobreza y desigualdades.

Dosricos y pobres1

Siempre existi√≥ en el pasado este tipo de relaciones, pero antes hab√≠a una diferenciaci√≥n m√°s neta entre las √©lites de poder de uno y otro conjunto. Hoy confluyen en un mismo espacio de ideas y pol√≠ticas intercambiables, aunque sus recursos no sean iguales en lo tecnol√≥gico o lo militar. La m√ļsica que silban es la misma y las maneras en que se mueven entre esfera y esfera no supone la existencia de ning√ļn pasaporte. Que el peso concentrado de esas riquezas no haya todav√≠a producido movimientos sociales tect√≥nicos es un problema que ni la teor√≠a matem√°tica ni la social pudieron resolver. Exige arrojar como lastre para mantener ese mundo en equilibrio a millones de pobres, lo que ocurr√≠a m√°s r√°pidamente en el siglo pasado con las guerras mundiales.

Tres

La globalizaci√≥n de los mercados no es sino una ‚Äúanarqu√≠a generalizada‚ÄĚ, con caracter√≠sticas claramente negativas en relaci√≥n a los cada vez m√°s limitados derechos soberanos. El lugar estrat√©gico lo ocupan las multinacionales, principales actores de la globalizaci√≥n, cuyas caracter√≠sticas son la fragmentaci√≥n mundial de los procesos de producci√≥n, la supremac√≠a de las finanzas, la deslocalizaci√≥n de los servicios y la constante relocalizaci√≥n de sus actividades productivas. La competencia no se da entre una multitud de oferentes y demandantes, como sosten√≠a la teor√≠a neocl√°sica, sino que est√° monopolizada y regulada por las grandes empresas, tanto por sus precios como por sus capacidades de innovaci√≥n o especulaci√≥n. En este sentido no se diferencia demasiado del monopolio de los mercados por el fenecido r√©gimen sovi√©tico, de all√≠ la r√°pida adaptaci√≥n de los pa√≠ses que estaban sujetos a √©l a esta suerte de capitalismo.

Cuatro

No existe m√°s el juego de la oferta y la demanda donde el consumidor se beneficiaba por la posibilidad de elegir entre los distintos productores los bienes que necesitaba. El √ļnico mercado que debe ser libre es el de los capitales, que se mueven de un lugar a otro en funci√≥n de sus vectores de rentabilidad. Las pol√≠ticas de oferta rigen las reglas de la globalizaci√≥n y crean un conjunto de normas para el conjunto de la sociedad que obliga a los ciudadanos a actuar conforme a ellas. Son menos sangrientas u opresivas que las de los campos de concentraci√≥n o Gulags, pero m√°s insidiosas y se asemejan a los viejos t√ļneles de la Primera Guerra Mundial donde los soldados no pod√≠an salir del sendero que le marcaban sus b√ļnkeres a riesgo de ser alcanzados por las balas enemigas. Hoy ese sendero a falta de balas est√° amenazado por crisis y desequilibrios permanentes.

Cinco

ricos y pobres2Ese conjunto de reglas o leyes definen no solo logros del proceso de acumulaci√≥n, sino tambi√©n otra sociedad en la cual la superestructura jur√≠dica global es un elemento clave. Los movimientos de capital no act√ļan dentro de las fronteras de los Estados ni tienen en cuenta las preferencias o necesidades de los habitantes de uno u otro, ni menos a√ļn los poderes negociadores de los sindicatos u organizaciones sociales. Nada, en resumen, que pueda afectar los intereses de las grandes empresas. Los pa√≠ses tomados individualmente ya no son m√°s un reservorio de mano de obra a la que los due√Īos del capital est√°n obligados a recurrir por estar radicados all√≠.

No existe la necesidad de mantener a esos trabajadores potenciales en buenas condiciones econ√≥micas, se los puede conseguir en otros lados. Tambi√©n se retrae cualquier compromiso anterior con el Estado de Bienestar, la inversi√≥n y el consumo interno. Los bienes p√ļblicos, ‚Äúelementos insustituibles de los privados‚ÄĚ, como dec√≠a Julio Olivera, dejan de existir, y el Estado, seg√ļn Aldo Ferrer, cumple sus funciones reguladoras al rev√©s, destruyendo el empleo y el mercado interno. Por el contrario, se favorece la competencia sin l√≠mites y el ego√≠smo, las divisiones sociales y las desigualdades de ingresos, la completa dependencia de los mercados exteriores. Al mismo tiempo se subestima la pol√≠tica y la democracia representativa deja de tener sentido.

Seis

Para hacer m√°s complejo el panorama del mundo, este sigue dividido jur√≠dicamente en Estados que te√≥ricamente (en su mayor√≠a) se rigen por un sistema democr√°tico donde cada uno elige con su voto un gobierno. Antes se necesitaba recurrir a amenazas, intervenciones o guerras para influir desde afuera en los distintos pa√≠ses o lugares que pod√≠an da√Īar sus intereses. Ahora les basta en gran medida con el dominio de los medios de informaci√≥n que utilizan los que manejan el llamado poder mundial tanto en los Estados ricos como en los m√°s pobres. Estos √ļltimos son soberanos solo de nombre. En este sentido son clave las √©lites locales. La mayor√≠a de los que los dirigen forman parte de esas √©lites y est√°n vinculados a compa√Ī√≠as o entidades transnacionales, directa o indirectamente. La justicia no es m√°s local sino global y asociada a ese dominio.

Siete

No hay que confundir esta globalizaci√≥n con el libre comercio que resulta perjudicado, no beneficiado, por sus caracter√≠sticas y extensi√≥n, y salvo para los grandes pa√≠ses y sobre todo Estados Unidos por m√°s que se concreten diversos tratados multilaterales como los del Pac√≠fico y los del Atl√°ntico. Predomina el intercambio con precios de transferencia entre las empresas multinacionales y contin√ļa el proteccionismo de las grandes potencias en sus sectores m√°s d√©biles, como el agrario. Incluso, puede afectar los sistemas de salud y alimentaci√≥n de aquellos pa√≠ses que los firman. Por eso la oposici√≥n de muchos europeos a un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. ale Contra TTIP

Además de trastocar las tradiciones o costumbres locales implicaría la utilización de productos transgénicos en los alimentos en una Europa donde están prohibidos. Por otra parte, con esta globalización el poder anteriormente contenido dentro de las fronteras del Estado-Nación se ha evaporado yendo hacia el espacio de los flujos de capital, donde la política es permanentemente condicionada y vaciada de todo contenido democrático, no a través de golpes de Estado sino de la permanente corrupción que genera el sistema. Todas estas cuestiones exacerban el problema de las identidades nacionales y regionales y los nacionalismos neofascistas. Frente a ese poder omnipotente y la ausencia de una democracia real se levantan procesos de división de países y regiones con el surgimiento de movimientos separatistas entre los Estados-Naciones y en el seno de ellos, como el Brexit. Las guerras y conflictos regionales y nacionales han recrudecido, así como los atentados terroristas.

Ocho

Desde el punto de vista de la subjetividad ya no interesa la figura del trabajador como fuerza de trabajo o como consumidor. El neoliberalismo trae consigo una dimensi√≥n ideol√≥gica empresarial, pero no puramente mercantil. Si se parte de la ideolog√≠a del ego√≠smo y el superhombre de Ayn Ran, no se puede discutir desde la √≥ptica de la solidaridad con los pobres y el Estado juega, en ese sentido, un rol de total indiferencia o favorece directamente a los que m√°s ganan. El destino personal de cada uno depende de s√≠ mismo. M√°s a√ļn, la relaci√≥n de los ciudadanos con su vida es an√°loga a la relaci√≥n de cada empresario con su propia empresa.

Existe una forma distinta de ciudadan√≠a en la que el individuo est√° fuera de toda norma jur√≠dica de derechos o deberes, salvo el penal, como el ideal de Von Hayek. De all√≠ el rol creciente en los mecanismos de poder de la justicia, castigando por doquier a quienes se oponen al sistema. En una ‚Äúdemocracia‚ÄĚ no delegable y no representativa, si es que tal cosa puede existir, cada uno es responsable de su propia suerte y el ciudadano es en s√≠ mismo una empresa, no una fuerza de trabajo en el sentido que le daban los economistas cl√°sicos; su aptitud y/o competencia es un tipo particular de capital humano y su salario es un ingreso que incluye su rentabilidad como capital.

ricosBajo la teor√≠a cl√°sica eran una fuerza de trabajo equiparable a una mercanc√≠a y aun siendo explotados pod√≠an discutir sus condiciones de trabajo e ingresos. A Henry Ford le interesaba vender sus autos a sus asalariados, su acumulaci√≥n depend√≠a en parte del consumo de estos. Ahora se considera al trabajador un empresario sin protecci√≥n alguna (los verdaderos empresarios s√≠ la tienen). Su trabajo se valoriza o desvaloriza a lo largo de su vida y deviene un flujo de capital que va a subsistir solo en aquellos que todav√≠a est√°n en sistema financiado por los bancos. De all√≠ el rol creciente de las tarjetas de cr√©dito y otros instrumentos financieros. Pan de hoy hambre para ma√Īana.

Nueve

Los pol√≠ticos, distanciados de los que los votaron, est√°n sujetos a la corrupci√≥n de las empresas en los negocios del Estado y son cada vez m√°s reemplazados por empresarios que utilizan el Estado para favorecer sin intermediarios sus propios intereses de rentabilidad y competencia, manipulando m√°s f√°cilmente desde ese poder a las poblaciones en funci√≥n de sus necesidades. Es un tipo de corrupci√≥n ‚Äúinterna‚ÄĚ en el cual el Estado se transforma en parte de sus propias empresas. Usan los renovados medios de informaci√≥n a su guisa y paladar y dominan el mundo al estilo del Orwell de 1984. No tienen las formas de un Hitler o un Stalin, pero consiguen sus prop√≥sitos dominando la mente de la gente. Goebbels los envidiar√≠a. La informaci√≥n y desinformaci√≥n es su principal arma y el aparato de Justicia el medio del que disponen para terminar con sus adversarios.

Diez

Por √ļltimo, es un capitalismo cada vez m√°s de rapi√Īa, basado no en el consumo productivo sino en la intoxicaci√≥n de la gente desesperada a trav√©s del juego financiero y del narcotr√°fico, y en la mayor fragilidad y fugacidad de los mismos productos (como en la construcci√≥n). Distraen a la gente con grandes espect√°culos, ll√°mese f√ļtbol u otros, con lo que se parecen a los emperadores romanos. Tiene en sus manos el dinero mundial.

¬ŅEs un mundo sostenible? Solo por alg√ļn tiempo. El hombre ha sabido escapar de los Goulags y hasta resistir los campos de concentraci√≥n. Esta nueva sociedad no durar√° m√°s que el tiempo que se tomen los ciudadanos para derrotar una cultura que los ha separado entre ellos para mejor dominarlos. Como dijo Karl Polanyi las sociedades no se suicidan. Son volcanes que parecen apagados, pero la efervescencia corre por dentro hasta que su lava resurge un d√≠a con toda la potencia acumulada por las heridas causadas en el torrente sangu√≠neo del tejido social

* Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.

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