Sep 4 2013
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Sociedad

El arte de construir un mundo nuevo: La libertad seg煤n los zapatistas

Desde que los medios dejaron de prestarle atenci贸n, muchos creen que la rebeli贸n zapatista ya no existe. En silencio, lejos de los focos y las c谩maras, han profundizado los rasgos de su construcci贸n auton贸mica al punto que ya se puede hablar de una sociedad diferente, regida por reglas, c贸digos y leyes distintas a las del mundo dominante.

Desde sus seis a帽os de altura, Carlos Manuel abraza la cintura de su padre como si nunca se fuera a despegar. Mira el techo y sonr铆e. Juli谩n, su padre, intenta zafarse. El ni帽o cede pero permanece junto al padre. Irma, su hermana de unos ocho a帽os, observa desde un rinc贸n de la cocina donde su madre, Esther, trabaja sobre el fog贸n dando vuelta las tortillas de ma铆z que siguen siendo el alimento principal de las familias rurales.

Los otros tres hijos, incluyendo al mayor, Francisco, de 16, observan la escena que se repite durante las comidas como si fuera un ritual. La cocina es el lugar de pl谩ticas que se esparcen tan lentas como el humo que asciende sobre los techos de zinc. Las palabras son tan frugales y sabrosas como la comida : frijol, ma铆z, caf茅, pl谩tanos y alguna hortaliza. Todo sembrado sin qu铆micos, cosechado y elaborado a mano. Criado a campo abierto el pollo tiene un sabor diferente, como toda la comida en esta comunidad tojolabal.

Al terminar la comida cada uno lava sus platos y cubiertos, incluso el padre que por momentos colabora en la preparaci贸n de la comida. Pregunto si eso es lo normal en estas tierras. Responden que es costumbre en las comunidades zapatistas, no as铆 en las del 鈥渕al gobierno鈥, en referencia a los que, sin sorna, denominan 鈥渉ermanos pri铆stas鈥. Esas comunidades, vecinas a las que empu帽an la estrella roja sobre fondo negro, reciben bonos y alimentos del gobierno, que les construye casas de bloques y suelo de material.

En toda la semana no hubo el menor gesto de agresividad entre el padre, la madre y los hijos. Ni siquiera gestos de mal humor o reproche. Al parecer, la prohibici贸n del consumo de alcohol suaviza las relaciones humanas. Las mujeres son las que m谩s disfrutan los cambios. 鈥淒istingo a los zapatistas por la forma en que se paran, sobre todo las mujeres鈥, comenta el experimentado periodista Hermann Bellinghausen.

El d铆a del fin del mundo
La nueva etapa que est谩 transitando el zapatismo comenz贸 el 21 de diciembre de 2012, d铆a marcado por los medios como el fin del mundo que para los mayas es el comienzo de una nueva era. Decenas de miles de bases de apoyo del EZLN se concentraron en cinco cabeceras municipales de Chiapas, las mismas que hab铆an tomado el 1 de enero de 1994.

La reaparici贸n del zapatismo conmocion贸 a buena parte de la sociedad mexicana. No s贸lo no hab铆an desaparecido sino que resurg铆an con m谩s fuerza, mostrando que eran capaces de movilizar una cantidad importante de personas en formaci贸n militar, aunque sin armas.

En el comunicado del 30 de diciembre el subcomandante Marcos asegura que 鈥渆n estos a帽os nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida. Nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades ind铆genas afines gobiernos de turno, que reciben limosnas y las derrochan en alcohol y art铆culos in煤tiles鈥.

Agrega que a diferencia de lo que sucede en las comunidades afines del PRI, en las zapatistas 鈥渓as mujeres no son vendidas como mercanc铆as鈥 y que 鈥渓os ind铆genas pri铆stas van a nuestros hospitales, cl铆nicas y laboratorios porque en los del gobierno no hay medicina, ni aparatos, ni doctores ni personal calificado鈥.

Algo de todo eso pudieron comprobar quienes acudieron a la primera escuelita entre el 12 y el 16 de agosto. En realidad fueron convocados s贸lo los compa帽eros de ruta, lo que supone un viraje profundo en sus modos de relacionarse con la sociedad civil : 鈥淎 partir de ahora, nuestra palabra empezar谩 a ser selectiva en su destinatario y, salvo en contadas ocasiones, s贸lo podr谩 ser comprendida por quienes con nosotros han caminado y caminan, sin rendirse a las modas medi谩ticas y coyunturales鈥, reza el comunicado.

Agrega que 鈥渕uy pocos tendr谩n el privilegio鈥 de conocer la otra forma de hacer pol铆tica. En una serie de comunicados titulados 鈥淓llos y nosotros鈥 enfatizaron en las diferencias entre la cultura de los pol铆ticos del sistema y la cultura de abajo o zapatista, asegurando que no se proponen 鈥渃onstruir una gran organizaci贸n con un centro rector, un mando centralizado, un jefe, sea individual o colegiado鈥.

Destacan que la unidad de acci贸n debe respetar la heterogeneidad de los modos de hacer : 鈥淭odo intento de homogeneidad no es m谩s que un intento fascista de dominaci贸n, as铆 se oculte con un lenguaje revolucionario, esot茅rico, religioso o similares. Cuando se habla de 鈥渦nidad鈥, se omite se帽alar que esa 鈥渦nidad鈥 es bajo la jefatura del alguien o algo, individual o colectivo. En el falaz altar de la 鈥渦nidad鈥 no s贸lo se sacrifican las diferencias, tambi茅n se esconde la supervivencia de todos los peque帽os mundos de tiran铆as e injusticias que padecemos鈥.

Para comprender este enfoque, que llev贸 al zapatismo a promover la escuelita de agosto, deben comprenderse los problemas que atravesaron las relaciones con la izquierda electoral y con personas que, en su opini贸n, 鈥渁parecen cuando hay templetes y se desaparecen a la hora del trabajo sin bulla鈥.

La l贸gica de la escuelita es opuesta a la de esa cultura pol铆tica. No se trata de ir mex escuela zapatistaa escuchar a los comandantes indios ni al subcomandante Marcos, sino a compartir la vida cotidiana con la gente com煤n. No se trata de la trasmisi贸n discursiva y racional de un saber codificado. La cosa va por otro lado : vivenciar una realidad a la que s贸lo se puede acceder a trav茅s de un ritual de compromiso, o sea estando y compartiendo.

Una vida nueva
鈥淵a no tenemos dificultades鈥, dice Juli谩n, sentado en un taburete de madera r煤stica, en su casa de techo de chapa, paredes de madera y suelo de tierra apisonada. Lo dice con naturalidad frente a quien lleva cuatro d铆as durmiendo sobre tablas de madera, apenas cubiertas con una manta fina. Juli谩n ingres贸 en 1989 en la organizaci贸n clandestina. Marcelino, mi guardi谩n o Vot谩n, ingres贸 poco antes, en 1987.

Con fruici贸n relatan las reuniones clandestinas en remotas cuevas en la monta帽a, a las que decenas de zapatistas llegaban por la noche, mientras los patrones y sus capangas dorm铆an. Caminaban toda la noche y apenas regresaban al amanecer para incorporarse al trabajo. Las mujeres les cocinaban tortillas a oscuras, para no levantar sospechas. Bien mirado, tiene raz贸n cuando dice que lo peor qued贸 atr谩s. El l谩tigo del hacendado, la humillaci贸n, el hambre, la violencia y las violaciones de las hijas.

El 1 de enero de 1994 los hacendados huyeron y los capangas corrieron detr谩s. La 鈥渃omunidad 8 de Marzo鈥, a la que llegamos quince forasteros-alumnos (mitad mexicanos, un yanqui de 75 a帽os, un franc茅s, un colombiano, dos argentinas y un uruguayo) est谩 en las tierras que un d铆a fueron ocupadas por Pepe Castellanos, hermano de Absal贸n, teniente coronel, ex gobernador y propietario de catorce fincas en tierras usurpadas a los indios. Su secuestro, en aquel lejano enero, fue la espita que precipit贸 la hu铆da de los terratenientes.

La comunidad cuenta con m谩s de mil de hect谩reas de buenas tierras, ya no tienen que cultivar en las laderas pedregosas y 谩ridas, cosechan los alimentos tradicional y por recomendaci贸n de la comandancia tambi茅n hortalizas y frutas. No s贸lo se liberaron del l谩tigo sino que se alimentan mejor y consiguen ahorrar de un modo muy particular. Juli谩n cosecha seis sacos de caf茅, unos 300 kilos, de los cuales deja un saco para el consumo familiar y vende el resto. Seg煤n el precio, consigue comprar con cada cosecha entre dos y tres vacas. 鈥淟as vacas son el banco y cuando tenemos necesidad vendemos鈥.

Por necesidad entiende problemas de salud. Su hijo mayor debi贸 someterse a un tratamiento y para sufragarlo vendi贸 un toro. Es la misma l贸gica que aplica la comunidad. En las tierras comunitarias realizan trabajos colectivos en torno al caf茅 y con la cosecha compran caballos y vacas. Entre los animales de las familias y los comunitarios tienen 150 caballos y casi 200 vacunos.

D铆as antes de llegar los alumnos se estrope贸 el filtro de agua y para repararlo decidieron vender una vaca. Del mismo modo sostienen la sala de salud, la escuelita y todos los gastos que demandan transporte y alojamiento de los comuneros para cumplir los deberes de los tres niveles del autogobierno : el local o comunitario, los municipios aut贸nomos y las Juntas de Buen Gobierno.

Las mujeres tambi茅n tienen emprendimientos comunitarios. En esa comunidad ten铆an un cafetal con el que compraron seis vacas y un gallinero con medio centenar de aves cuyos ahorros utilizan para traslados y gastos de las mujeres que ocupan cargos o asisten a cursos. Los pocos insumos que no producen las familias (sal, az煤car, aceite y jab贸n) los compran en la cabeceras municipales en tiendas zapatistas, instaladas en locales que ocuparon despu茅s del levantamiento de 1994. De ese modo no necesitan acudir al mercado y toda su econom铆a se mantiene dentro de un circuito que controlan, autosuficiente, vinculado al mercado pero sin depender del mismo.

Las tiendas son atendidas de forma rotativa por los comuneros. Juli谩n explica que cada cierto tiempo le toca estar un mes en la tienda de Altamirano (a una hora de la comunidad) lo que lo obliga a dejar la casa. 鈥淓n ese caso la comunidad te sostiene la milpa durante quince d铆as y yo apoyo del mismo modo al que tiene que ir a la tienda鈥. Esther fue cargo en la junta, en el caracol Morelia, a media hora de la comunidad, y sus quehaceres fueron cubiertos de la misma manera, que podemos llamar reciprocidad.

Salud y educaci贸n
Cada comunidad, por peque帽a que sea, tiene una escuelita y un puesto de salud. En la comunidad 8 de Marzo hay 48 familias, casi todas zapatistas. La asamblea elige a sus autoridades, mitad varones y mitad mujeres, a los maestros y a los encargados de la salud. Nadie puede negarse porque es un servicio a la comunidad.

La escuelita funciona en una sala de la casona abandonada por el hacendado. A煤n sobrevive una reja de hierro a trav茅s de la que pagaba a sus peones, quienes apenas pod铆an ver una mano que dejaba caer monedas ya que la oscuridad ocultaba el rostro del patr贸n.

Temprano en la ma帽ana los ni帽os se forman en la cancha de basquetball frente a la casona, marchan en fila con paso marcial guiados por un joven de la comunidad que no debe superar los 25 a帽os. La educaci贸n zapatista sufre la falta de infraestructura, los salones son precarios as铆 como las bancas y el mobiliario. Los docentes no cobran sueldo pero son sostenidos por la comunidad al igual que los encargados de la salud.

mex zapatista1Sin embargo tiene enormes ventajas para los alumnos : los maestros son miembros de la comunidad, hablan su lengua y son sus iguales, mientras en las escuelas estatales (las del mal gobierno), los maestros no son indios sino mestizos que no hablan su lengua, incluso la desprecian, viven lejos de la comunidad y mantienen una vertical distancia con los ni帽os. El clima de confianza en las escuelas aut贸nomas habilita v铆nculos m谩s horizontales y facilita la participaci贸n de padres y alumnos en la gesti贸n de la escuela. Los ni帽os participan en muchas de las tareas de la comunidad y, entre ellas, en el sustento de la escuela y de sus maestros. No existe distancia entre escuela y comunidad ya que son parte de un mismo entramado de relaciones sociales.

Si la escuela oficial tiene un curr铆culo oculto a trav茅s del cual trasmite valores de individualismo, competencia, organizaci贸n vertical del sistema educativo y superioridad de los docentes sobres los alumnos, la educaci贸n zapatista es el reverso. El curr铆culo se construye en colectivo y se busca que los alumnos se apropien de la historia de su comunidad, para reproducirla y sostenerla.

La transformaci贸n y la cr铆tica son permanentes y trabajan para construir de forma colectiva el conocimiento ya que los alumnos suelen trabajar en equipos y buena parte del tiempo escolar transcurre fuera del aula, en contacto con los mismos elementos que configuran su vida cotidiana. Lo que en la educaci贸n estatal es separaci贸n y jerarqu铆a (maestro-alumno, aula-recreo, saber-no saber), en las escuelas aut贸nomas es integraci贸n y complementariedad.

En la salita de salud conviven medicamentos de la industria farmac茅utica con una amplia variedad de plantas medicinales. Una chica muy joven se encarga de procesar jarabes y pomadas con esas plantas. La sala cuenta con una huesera y una partera, que completan el equipo b谩sico de salud en todas las comunidades zapatistas. En general, atienden situaciones relativamente simples y cuando se ven desbordados trasladan al paciente a la cl铆nica del caracol. Cuando no pueden resolver, acuden al hospital estatal de Altamirano.

La salud y la educaci贸n est谩n escalonadas en los mismos tres niveles que el poder aut贸nomo zapatista. En los caracoles suelen funcionar las cl铆nicas m谩s avanzadas, incluyendo un que cuenta con quir贸fano y practican operaciones. En los caracoles, que albergan las Juntas de Buen Gobierno, tambi茅n suelen estar las escuelas secundarias aut贸nomas.

La Escuelita
Siete horas demand贸 recorrer los cien kil贸metros que separan San Crist贸bal del caracol Morelia. La caravana de treinta camiones y coches sali贸 tarde y avanza a paso de tortuga. Sobre las dos de la madrugada llegamos al caracol, un recinto donde se asienta un entramado de construcciones que albergan a las instituciones de la regi贸n aut贸noma : tres municipios, doce regiones y decenas de comunidades, gobernadas por la Junta de Buen Gobierno.

Adem谩s hay una escuela secundaria y un hospital en construcci贸n, cl铆nicas, anfiteatros, tiendas, comedores, zapater铆a y otros emprendimientos productivos.

Pese a la hora, una larga fila de varones y otra de mujeres nos esperaban engalanados con sus paliacates. Nos formamos por sexos y uno a uno fuimos conociendo a nuestros Vot谩n. Marcelino alarga la mano y pide que lo acompa帽e. Vamos hasta el enorme sal贸n de actos directo a dormir sobre los dur铆simos bancos.

A la ma帽ana caf茅, frijoles y tortillas. Luego hablan los miembros de la junta y explican c贸mo va a funcionar la escuelita. Por la tarde, casi de noche, salimos hacia la comunidad. Entre los alumnos pudimos ver a Nora Corti帽as, de Madres de Plaza de Mayo, y a Hugo Blanco, dirigente campesino y ex guerrillero peruano, ambos pisando los 80.

Llegamos a la comunidad hacia medianoche luego de media hora a los tumbos sobre la caja de un peque帽o cami贸n. Toda la comunidad, formada en filas de hombres, mujeres y ni帽os con sus pasamonta帽as, nos recibe pu帽o en alto. Nos dan la bienvenida y a cada alumno le presentan la familia donde vivir谩. Juli谩n se presenta y cuando ya todos reconocieron a su familia, marchamos a dormir.

Primera sorpresa. Dividieron la casa con un tabique, dejaron una habitaci贸n para el hu茅sped con puerta propia y los siete miembros de la familia se amontonaron en una superficie similar. Nos despiertan con las primeras luces para desayunar. Luego vamos a trabajar en la limpieza del cafetal familiar, machete en mano, hasta la hora de la comida.

El segundo d铆a toc贸 enlazar ganado para ser vacunado y el tercero la limpieza del cafetal comunitario. As铆 cada d铆a, combinando el trabajo con explicaciones detalladas de la vida comunitaria. Por las tardes tocaba leer los cuatro cuadernos que repartieron sobre Gobierno Aut贸nomo, Resistencia Aut贸noma y Participaci贸n de las Mujeres en el Gobierno Aut贸nomo, con relatos de ind铆genas y autoridades.

Cada alumno pod铆a formular las m谩s variadas preguntas, lo que no quiere decir que siempre fueran respondidas. Pudimos convivir con una cultura pol铆tica diferente a la que conocemos: cuando se les formula una pregunta, se miran, dialogan en voz baja y, finalmente, uno responde por todos. Fue una experiencia maravillosa, de aprender haciendo, compartiendo, saboreando la vida cotidiana de pueblos que est谩n construyendo un mundo nuevo.

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