Dic 12 2006
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Opini贸n

El dictador ha muerto. – MUERA EL DICTADOR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Por el contrario, 茅l鈥揺l dictador鈥 pertenece a ese tipo de ser humano cuyo tratamiento de los que forman parte de su reducido c铆rculo es moralmente impecable, pero que permanece indiferente al sufrimiento y dolor de todos aquellos que quedan fuera del grupo y que considera seudo-humanos (鈥渞atas comunistas鈥). No es de extra帽ar que cuando se descubrieron sepulturas conteniendo, cada una de ellas, dos prisioneros asesinados por el r茅gimen militar, respondiera鈥︹漄ue econ贸mico鈥 (Hoy, septiembre 9,1991).

Para ayudar al anhelo de una 芦comunidad planetaria禄 dominada por una cultura de derechos humanos no basta con decir que lo que tenemos en com煤n, nuestra humanidad, es m谩s importante que nuestras diferencias triviales.

La prueba esta en aquellos que tratamos de convencer. Moralmente se sienten ofendidos frente a la idea de tratar a alguien que es 芦diferente禄 como si fuera un pr贸jimo. Este tipo de mentalidad no se considera a s铆 misma como simplemente ser humano, sino, como un 芦buen禄 tipo de ser humano, definido expl铆citamente en oposici贸n a otro considerado 芦esencialmente禄 malo. Esta dualidad es imperiosa a su sentido de identidad.

El termino 芦ser humano禄 pasa, de esta manera, a ser sin贸nimo de miembro de mi 芦grupo鈥 que se convierte en 芦paradigma禄 de la especie. El contraste los transforma en lo aut茅nticamente real en oposici贸n a aquella seudo humanidad rudimentaria, pervertida o deformada (marxista, sediciosa, terrorista o infiel) que es necesario silenciar o eliminar.

Desde el Renacimiento adelante, el mundo empez贸 a presenciar cambios que revelaron el surgimiento de nuevas formas de co-existencia. La magia, el mito y el dogma comienzan a quedar atr谩s para dar paso a la raz贸n y a la posibilidad de una moral universal. No lo que es bueno para mi grupo o mi raza, sino lo que es bueno y justo para todos los seres humanos, independientemente de raza, sexo o creencia. Vemos una explosi贸n de movimientos liberadores 鈥e esclavos, de mujeres, de intocables. En no mas de 100 a帽os (de 1788 a 1888) la esclavitud fue puesta fuera de la ley y eliminada de cada sociedad industrial existente.

La edad de la raz贸n fue la edad de la revoluci贸n. Es el mito de la raz贸n revolucionaria que pretende transformar la sociedad hasta sus mismos cimientos. Es la lucha apasionada por la abolici贸n de la subyugaci贸n del hombre y la mujer al poder de la Iglesia y el Estado. Es la lucha por la igualdad de los derechos, por la existencia de la democracia y el pluralismo. Para materializar este sue帽o, se establecen las instituciones legales y jur铆dicas capaces de llevar a cabo y defender estos derechos y extenderlos a toda la humanidad.

Todo esto es elemental. Y, sin embargo鈥 Todo esto es lo que el golpista Pinochet neg贸, retrotrayendo la historia de Chile a una etapa dictatorial en donde el 煤nico criterio legal proven铆a, exclusivamente, de 鈥渕i general鈥 y el derecho a la vida se fund贸, no en el estado jur铆dico universal sino en los caprichos ideol贸gicos del dictador. Con la fuerza arbitraria del tanque y la metralleta hace tabla raza de la raz贸n y borra de una plumada una tradici贸n democr谩tica nacional que, laboriosa y dif铆cilmente, Chile hab铆a venido construyendo a trav茅s de toda su historia en su intento de liberar al Estado del poder militar.

Con Pinochet la prisi贸n, la tortura, la desaparici贸n y el crimen sin juicio tomaron precedencia sobre el estado de derecho. La respuesta golpista militar al gobierno leg铆timamente constituido fue r谩pida, violenta y sangrienta. La justificaci贸n de esta masacre colectiva, dada por la direcci贸n militar, se bas贸 en la conclusi贸n de que los intereses nacionales estaban en peligro y tem铆an que en corto plazo el pa铆s se ver铆a convulsionado por una guerra civil que pondr铆a en peligro, no solo la integridad de las fuerzas armadas, sino, la existencia misma de la naci贸n.

Inmediatamente despu茅s del golpe la junta disemin贸 un documento argumentando que los marxistas ten铆an planeado un auto-golpe que empezar铆a con el asesinato de oficiales militares y policiales. En tales circunstancias cualquier acci贸n preventiva para proteger la naci贸n era justificable y ninguna instituci贸n, sea pol铆tica o judicial, podr铆a ser respetada si el objetivo era salvar al pa铆s. Pinochet estaba tan seguro de su misi贸n que luego remarco que hab铆a sido guiado por la Divinidad en sus esfuerzos. La ayuda divina tambi茅n ha guiado hoy d铆a a Bin Laden y G. W. Bush.

Independientemente de las justificaciones dadas para el golpe, la jefatura militar, con unas pocas excepciones honorables 鈥搎ue en poco tiempo fueron silenciadas鈥 ignor贸 la existencia de normas claras que proh铆ben cierto tipo de conducta en el despliegue de hostilidades, ya sea en conflictos armados internacionales o nacionales. Entre estas normas est谩n aquellas que proh铆ben matar o torturar prisioneros y las que establecen est谩ndares legales justos para aquellos acusados de ofensas criminales, por muy excepcional que sea el car谩cter del juicio (Informe de la Comisi贸n Rettig, 1993).

驴Como seria posible definirnos en t茅rminos no exclusivistas? Ni la argumentaci贸n transcendentalista del imperativo categ贸rico ni el esencialismo naturalista han sido suficientes para lograrlo hasta el d铆a de hoy. El fil贸sofo norteamericano Richard Rorty dice que, tal vez, un argumento mas eficaz seria el de concentrar nuestras energ铆as en manipular nuestros sentimientos a trav茅s de esa forma de educaci贸n que relacione gente de diferente tipo con la esperanza de que el mutuo conocimiento disminuya la tentaci贸n de pensar en aquellos diferentes a uno mismo como solo cuasi-humanos.

Manipular sentimientos es imaginarse en los zapatos de los oprimidos, despreciados y perseguidos. Es desarrollar la capacidad de sentir por el otro de una manera mucho m谩s intensa de lo que habitualmente somos capaces y de abrir la posibilidad de expandir nuestra identidad m谩s all谩 de los t茅rminos puramente discriminatorios.

Cuando Pinochet, hace algunos a帽os atr谩s, corri贸 el riesgo de ser juzgado en un tribunal ingl茅s por los cr铆menes cometidos durante su dictadura Ariel Dorfman escribi贸: 鈥淵o creo que el pen煤ltimo, el 煤ltimo, el definitivo estertor del general deber铆a darse en aquella tierra de Chile禄. La magnanimidad del escritor chileno de perdonar al asesino Pinochet en los 煤ltimos d铆as de su vida y creer que tenia el derecho a morir en su patria (sabiendo que la patria no tenia el poder ni la valent铆a para juzgarlo), es posible que se deba, no al imperativo de la especie 鈥搉ormas, reglas, principios鈥 que 茅l imagina escuchar, sino mas bien, a esta manipulaci贸n sentimental de la que habla Rorty.

Pero, esta manipulaci贸n de nuestros sentimientos 驴nos obliga tambi茅n a ser tolerantes con los torturadores, asesinos y fascistas? 驴Que la inclusi贸n es ilimitada? Si as铆 fuera 驴Qu茅 normas de justicia se podr铆an aplicar? La idea aqu铆 no es despojarlos de sus derechos, sino responsabilizarlos por sus acciones sociales.

Los asesinos pol铆ticos deben responder a la justicia de su naci贸n o a la de la comunidad internacional por sus cr铆menes. Chile no logr贸 estar a la altura de este proyecto. Su impotencia institucional y la falta de coraje de la elite dirigente le impidieron dar respuesta a la necesidad de justicia de las victimas. El poder militar, que se auto designa custodio de los valores de la patria (propiedad privada, familia patriarcal e iglesia), se asegura que los que pertenecen a su elite se ubiquen m谩s all谩 del poder legal. La amenaza golpista se desata cada vez que su inmunidad est谩 en juego. Esta fue una oportunidad perdida para ingresar plenamente a la鈥渃ultura de los derechos humanos鈥.

La sensaci贸n de frustraci贸n de los que han venido luchando por los derechos humanos surge, primariamente, debido a la ausencia de estructuras institucionales adecuadas capaces de implementarlos. El 煤nico poder disponible parecieran ser la persuasi贸n moral y la manipulaci贸n afectiva, como dice Rorty, y que, a pesar de sus importantes logros, solo constituyen mecanismos ret贸ricos, m谩s bien que marcos legales.

La intervenci贸n de la NATO en Kosovo en 1998 se bas贸 en el poder militar de las naciones dominantes que colocaron la defensa de los derechos humanos por encima del principio de la soberan铆a nacional, pero solo en tanto esta soberan铆a era la de los otros, no la nuestra. La lecci贸n de ello es que la aplicaci贸n universal de los derechos humanos no puede realizarse sin la institucionalizaci贸n de su estructura legal.

Las diferentes 鈥渃omisiones de la verdad鈥 que surgieron despu茅s de las violaciones masivas de los derechos mas elementales en Sud谩frica, Guatemala, Argentina y Chile intentaron establecerse como estructuras legales capaces de trascender los marcos nacionales al confrontar cr铆menes cometidos por el Estado. El problema con ellas es que solo se limitaron a revelar los hechos del pasado sin buscar castigo para los culpables y muchas veces, incluso, garantiz贸 la inmunidad de aquellos que testificaron.

La revisi贸n de los casos hist贸ricos apuntaba, principalmente, a una discusi贸n nacional y a un cambio en el balance pol铆tico y, en otros, como en Chile, el objetivo fue la b煤squeda de una terapia nacional que dejara los problemas en el pasado y se restaurara el orden tradicional. Al final del d铆a, tales comisiones no constituyeron una instituci贸n efectiva de justicia.

Los tribunales internacionales, por otra parte, constituidos despu茅s de conflictos nacionales para juzgar cr铆menes de guerra, son otro intento de crear instituciones legales que se ubiquen m谩s all谩 de las estructuras legales nacionales. Desgraciadamente, su espectro es limitado (solo consideran los cr铆menes mas horribles, con mandato limitado) y muchas veces funcionan 煤nicamente como una excusa para cubrir las operaciones de los victoriosos o neutralizar y pacificar conflictos m谩s que para crear justicia.

Diferentes de 茅stos son los experimentos de la corte internacional permanente. En 2002 la Corte Criminal Internacional Permanente fue establecida. Todos los pa铆ses que ratificaron sus estatutos est谩n sujetos a sus dict谩menes. Pero, a diferencia de los Tribunales Internacionales de Rwanda y Yugoslavia, no tiene precedencia sobre las Cortes nacionales y solo considera cr铆menes que est茅n mas all谩 de su jurisdicci贸n.

Sin embargo, a pesar de ello, las cortes internacionales, mas que ninguna otra instituci贸n existente hasta el momento, abren la posibilidad de un sistema global de justicia cuya funci贸n es la de proteger igualitariamente los derechos de todos. El mayor obst谩culo a instituir un sistema global o supra nacional de justicia proviene de las naciones mas poderosas 鈥揷omo Estados Unidos鈥 que se niegan a ratificar los estatutos de la Corte Criminal Internacional, haciendo imposible la consolidaci贸n de las aspiraciones a una justicia universal, lo que deja solo en su lugar la ley del mas fuerte. Hasta ahora, no es mucho lo que podemos esperar de las 鈥淐omisiones de la Verdad鈥, de los Tribunales y de las Cortes Internacionales de Justicia Criminal. En muchas ocasiones ellas s贸lo han funcionado para neutralizar o pacificar conflictos, m谩s que para hacer justicia.

La afirmaci贸n de alguna forma de universalidad de los derechos humanos, sin los cuales una sociedad realmente democr谩tica es imposible, es uno de los vocabularios construidos temporalmente por los agentes sociales y que han pasado a formar una parte central de nuestros valores y nuestra cultura. Su universalidad es mejor entendida en su versi贸n hist贸rica y contingente que en su versi贸n metaf铆sica (dios, naturaleza, raz贸n). Se originan en el discurso religioso, se insertan en el mundo pol铆tico durante el iluminismo y empiezan a generalizarse, cada vez m谩s, con las revoluciones democr谩ticas de los dos 煤ltimos siglos. La conciencia de su historicidad nos hace responsables de su existencia.

Confrontados con las masacres del siglo XX y los cr铆menes de dictadorzuelos como Pinochet necesitamos, en lugar de buscar refugio en el trascendentalismo de lo mitos religiosos o racionalistas, de todo nuestro coraje moral y pol铆tico para admitir la contingencia de nuestras creencias y que, a pesar de su contingencia o, mejor dicho, debido justamente a ella, la lucha por los derechos humanos es una lucha que vale la pena llevar a cabo.

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* Escritores y docentes. Residen en Canad谩.

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