May 2 2014
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EconomíaPolítica

El empresariado y la banca quieren manejar las divisas venezolanas y la renta petrolera

El anuncio del lanzamiento del Sistema Cambiario Alternativo de Divisas-2 (Sicad 2) gener√≥ inicialmente una corriente de opiniones¬† superficiales y sin capacidad de reconocer el complejo clima pol√≠tico del pa√≠s, los comportamientos reales de actores econ√≥micos y financieros¬† de peso y ‚Äď sobre todo-¬† las¬† prioridades que debe atender la inmensa mayor√≠a de la sociedad, que no compra y vende divisas, pero s√≠ sufre las alteraciones de la inflaci√≥n y el desabastecimiento.

Con el SICAD 2 se consolida la propuesta de un sector con gran influencia en el gobierno nacional, de promover la liberalizaci√≥n de la econom√≠a como v√≠a para enfrentar la crisis econ√≥mica. Esta salida cont√≥ con el apoyo de la banca nacional e internacional, cuyos agentes no ocultaron su satisfacci√≥n. La medida recibi√≥ elogios del Bank of America, cuyo representante, Francisco Rodr√≠guez, maneja la tesis que el gobierno puede promover los fuertes ajustes macroecon√≥micos que reviertan, seg√ļn ellos, el equivocado modelo econ√≥mico chavista. A pesar de esta imp√ļdica celebraci√≥n, la banca transnacional no est√° completamente satisfecha con el desempe√Īo que hasta ahora ha mostrado el Sicad 2

Desde este a√Īo en Venezuela conviven tres tipos de cambio oficiales: la tasa del Cencoex (antiguo Cadivi) a 6,30 bol√≠vares por d√≥lar (para las importaciones de bienes prioritarios como alimentos b√°sicos y medicinas), la tasa del Sicad 1, que actualmente est√° a 10 bol√≠vares por d√≥lar y liquida a sectores productivos que son convocados a subastas por parte del Gobierno; y la del Sicad II, que es un mercado que se rige por el libre juego de la oferta y la demanda, y cuya tasa se ubica en alrededor de 50 bol√≠vares por d√≥lar.

Las premisas o  supuestos  que basaron estas expectativas refirieron a que  la puesta en marcha del nuevo mecanismo,  por su sesgo liberalizador como respuesta a  la  demanda de divisas, reduciría la sobrevaluación real del bolívar, tendería a (hacer) desaparecer el mercado no oficial y, como corolario de todo esto, se pondrían en funcionamiento fuerzas para bajar la inflación  pasados algunos meses.

Pero, pasado ya un mes de la puesta en marcha del Sicad 2, los lobistas manejan la hipótesis de que las expectativas se han ido modificando, lo que produjo la consternación y preocupación entre muchos empresarios, ante la no satisfacción de su demanda efectiva de divisas. Afirman que esto se debe a la falta de disposición de los entes oferentes Рsin duda el propio Estado aunque se tienda a hablar de oferta y demanda y mercados libres- a presentar posturas con un mayor precio.

Los economistas ortodoxos quieren imponer, sin fundamento, alguno, la premisa de que la liberalización es sinónimo de eliminación de la brecha cambiaria, lo que, evidentemente, no es factible en períodos de alta incertidumbre como el que vive hoy Venezuela. Se trata de presionar y exigir más dólares y menos control para los empresarios, bajo la excusa de que la oferta contenida en un precio techo de referencia estable (en torno a los 50 bolívares por dólar) produce un desabastecimiento que los obliga a seguir acudiendo al mercado paralelo.

Pero la excusa sirve para revertir las culpas, porque deja inferir que la demora en relanzar la actividad econ√≥mica ‚Äďy el desabastecimiento, se debe a que se mantiene un precio bajo, mientras bajo el t√≠tulo de defensa de la libertad de mercados se insiste en la aceptaci√≥n de la ilegalidad, el mercado paralelo o negro.

Desde una visión ortodoxa, se tiende a vincular el control cambiario con los problemas de escasez de productos, la inflación y el déficit fiscal y se reconoce que la tendencia a la apertura de la cuenta capital de la balanza de pagos  tiende a incentivar el ahorro externo en vez del interno, por ser negativo el nivel real  de las tasas de interés en Venezuela, si se compara internacionalmente y, además, se adiciona el diferencial que podría requerirse por la depreciación del bolívar.

Las presiones no solo vienen desde el empresariado y la banca venezolanos, sino también desde el poder económico del capital financiero trasnacional, con opiniones que son reproducidas y repetidas por los medios locales e incluso por asesores y lobistas con influencia en los despachos oficiales.

Por ejemplo, el Bank of America para el pr√≥ximo a√Īo, instituci√≥n que considera que la unificaci√≥n estar√° acompa√Īada de una importante devaluaci√≥n del bol√≠var.

¬ęEsperamos que el gobierno haga una transici√≥n hacia una sola tasa de cambio en 2015, la cual estimamos que se estabilizar√° a 45 bol√≠vares (por d√≥lar)¬Ľ, resalta el √ļltimo reporte del banco estadounidense, que presiona para que la tasa del Sicad 2 ascienda hasta converger con el tipo de cambio del mercado paralelo, a unos 70 bol√≠vares por d√≥lar para fines de 2014.

Y sin tapujos, le ofrece argumentos a los decisores pol√≠ticos venezolanos, al se√Īalar que la lejan√≠a de un proceso electoral permitir√° al gobierno realizar esos ajustes cambiarios sin pensar en su costo pol√≠tico, pero al mismo tiempo logrando ingresos fiscales que permitan asumir la expansi√≥n del gasto en 2015, a√Īo para el que est√°n pautados los comicios legislativos.

Bank of America indica que a medida que transcurra el a√Īo, m√°s el 50% de las divisas ser√°n inyectadas a la econom√≠a por la v√≠a del Sicad 2, al transferirse a este sistema los servicios de l√≠neas a√©reas, turismo y comercio electr√≥nico, que a√ļn se mueven a tasa de Sicad 1. Hoy, a trav√©s de ese esquema se libera entre 8 y 10% de los d√≥lares suministrados a la econom√≠a; aunque el banco estadounidense asegura que el porcentaje real es de alrededor de 20% del total.

Bajo el supuesto que el precio de oferta del Sicad 2 no es el de equilibrio se infiere que la falta de garantía irrestricta a la compra sin restricciones ni limitaciones de dólares hace crecer la demanda para ahorrar en el exterior. Los lobistas sostienen, asimismo, en que el hecho de existir una oferta limitada de divisas lleva a que su asignación sea  arbitraria o cuestionable, y  genera suspicacias, minando la credibilidad de las autoridades

Impulsan, asimismo, una mayor devaluaci√≥n, que m√°s all√° del ping√ľe negocio que significa para la banca privada, permitir√≠a ‚Äďdicen- mayores ingresos para equilibrar las cuentas fiscales y sin elementos reales de juicio insisten en que podr√≠a reducirse del 13% actual¬† a su virtual desaparici√≥n de aumentar la cotizaci√≥n para el Sicad 2, al punto que equilibre la oferta con la demanda . ¬Ľ

Por otra parte, a trav√©s de ¬ęopiniones¬Ľ en los medio, tratan de imponer en el imaginario colectivo que la credibilidad general de la pol√≠tica econ√≥mica se perder√≠a por haberse comprometido las autoridades y no cumplido la implementaci√≥n de un r√©gimen cambiario en el cual la oferta y la demanda determinar√≠an el precio de la divisa.

Para el vicepresidente del sector econ√≥mico, Rafael Ram√≠rez, el Sicad 2 es un gran est√≠mulo a la exportaci√≥n. ¬ęLos sectores privados o p√ļblicos no petroleros, que exporten con el apoyo del Estado, pero que exporten y obtengan divisas, van a poder manejar sus divisas. El 60 % de las divisas van a poder reutilizarlas para reposici√≥n de inventario, capitalizaci√≥n, todo lo que necesita un sector privado, y el 40 % de las divisas ingresan al torrente nacional pero a la tasa del Sicad 2¬Ľ.

¬ŅM√°s de lo mismo?

Ya superadas las ilusiones iniciales, ante el nuevo marco de mayores desafíos/dificultades  la soluciones o recomendaciones que plantean  las posiciones liberalizadoras tienden a coincidir que es preciso sólo reafirmar la confianza en los mecanismos automáticos de ajuste positivo y equilibrado de los mercados cambiarios y  de los movimientos de capitales  plenamente  desregulados.

Los lobbistas y economistas de la derecha indican como sugerencias pr√°cticamente directas permitir que el precio del Sicad 2 vaya desliz√°ndose, para ir acerc√°ndose a un equilibrio de oferta y demanda, y que el flujo de oferta cotidiana por parte del Estado vaya en aumento en detrimento del Cencoex y Sicad I, reduci√©ndose¬† los rubros con tipo de cambio ¬ęsubsidiado¬Ľ (se se√Īala una cifra inicial conveniente de¬† requerimiento de oferta para el Sicad 2 de¬† 50 millones de d√≥lares diarios )

Mientras, presionan para que no se discrimen instituciones bancarias para colocar las divisas del Sicad 2 (notoriamente  no se plantea la necesidad de normatividad particular para establecer prioridades,  garantizar su transparencia y evitar desviaciones), y tampoco se discrimine entre beneficiarios, aun si estos se repiten, ya que el objetivo entienden que debe ser crear oferta suficiente a través del precio que vacíe el mercado.

Otras ¬ęsugerencias¬Ľ son que se vayan aumentando las tasas de inter√©s¬† activas y pasivas con la excusa de ir cerrando la brecha entre los niveles internos y externos, y que no se impongan mayores restricciones y controles a la liberalizaci√≥n v√≠a SICAD 2, aun ante la continuidad del mercado paralelo y su diferencial de cotizaci√≥n de alrededor del 30%.

Visión no ortodoxa, que no gusta a los banquerosdolares-se-queman-262x300

En un marco de¬† reconocibles¬† tensiones, Venezuela se encuentra en un momento clave¬† de definiciones y decisiones¬† para¬† fortalecer la paz social. No es posible por lo tanto ponderar¬† este enorme desaf√≠o prioritario¬† sin reconocer en primer lugar¬† que los comportamientos¬† y decisiones de los actores econ√≥micos y financieros no est√°n basadas √ļnicamente en simples¬† decisiones de subasta igualitaria cotidiana en el¬† mercado, sino tambi√©n por las expectativas e incertidumbres que puede estar generando el marco general.

M√°s a√ļn, de no atenderse debidamente la existencia de la excepcionalidad o particularidad de las condiciones generales por suponerse¬† que los comportamientos individuales¬† no son alterados por √©stas,¬†¬† puede llegar a negarse el peligro del desarrollo¬† c√≠rculos viciosos¬†¬† regresivos auto-generados por actitudes y decisiones¬† de s√°lvese quien pueda, que profundicen m√°s a√ļn¬† las dificultades. Es la habitualmente denominada racionalidad perversa de las externalidades.

Concretamente en¬† la situaci√≥n actual de Venezuela es preciso analizar y ponderar con seriedad que el¬† marco de polarizaci√≥n pol√≠tica, azuzado por sectores que apuestan a la inestabilidad, ha venido perturbando los movimientos econ√≥micos financieros ‚Äď fuga/salida¬† de capitales y alt√≠sima especulaci√≥n ¬ępreventiva¬Ľ con los precios-¬† a√ļn en forma m√°s significativa si tiene en cuenta¬† el desarrollo¬† social¬† cotidiano honesto (no especulativo)¬† de la abrumadora mayor√≠a de la poblaci√≥n.

Es comprensible  que  el SICAD 2 no haya satisfecho las expectativas de libertad plena para la  dolarización masiva e inmediata de sus  activos en bolívares que demandan sectores  que valorizan sus patrimonios y resultados  en moneda extranjera, o directamente desean apostar o  especular con  la  mayor desarticulación del país.

Asimismo, persiste la confusión  en quienes impulsan  la inmediata liberalización cambiaria sobre el sentido al superponer ésta en forma dogmática o interesada  a la necesidad de mantener en un marco de incertidumbre política, económica y social  mecanismos de  supervisión/control de la cuenta capital por parte del Banco Central.

Los economistas de la derecha realizan un an√°lisis contradictorio¬† sobre las causas de la inflaci√≥n: por un lado dicen que se debe a la monetizaci√≥n del d√©ficit fiscal (se la vincula con deformaciones en la demanda azuzada por emisi√≥n sin respaldo), pero por otro lado¬† se√Īalan como mecanismo explicativo del alza creciente de precios en¬† la capacidad de los oferentes de anticipar en sus precios futuras devaluaciones esperadas (aun cuando sus costos vinculados con importaciones¬† pudieran no haber sido afectados), llevando a suponer entonces que los precios no se ajustan entonces por competencia sino a decisiones unilaterales preventivas de empresas o personas en posici√≥n dominante.

La falencia anal√≠tica¬† lleva tambi√©n¬† a simplificaciones muy delicadas y peligrosas como el suponer que una devaluaci√≥n mayor del bol√≠var no tendr√≠a efecto alguno sobre la inflaci√≥n o la distribuci√≥n del ingreso ya que los precios ya ¬ęreflejaron costos de reposici√≥n no asegurados por la tasa oficial¬Ľ. Plantean suposiciones falsas como que una devaluaci√≥n may√ļscula y la eliminaci√≥n extensiva del control cambiario¬† para conformar mayor ofrecimiento de divisas al SICAD 2 no tendr√≠a efectos sociales y econ√≥micos severos y¬† perturbadores para el sostenimiento de la prioridad¬† N¬į1 hoy¬† del pa√≠s: la paz social.

Existe, asimismo, una visi√≥n sesgada¬† sobre la situaci√≥n del mercado¬† financiero. Se tiende a referirlo a comportamientos¬† de grandes empresas,¬† operadores o inversores ‚Äď que refieren sus decisiones¬† a¬† tasas inter√©s pasivas o activas internacionales y a diferenciales de riesgos, sin observar que incrementar tasas sin analizar detenidamente sus efectos en la actividad econ√≥mica¬† no ir√≠a en la direcci√≥n correcta.

La mayor parte de los actores de la econom√≠a venezolana refieren √ļnicamente una vinculaci√≥n¬† en bol√≠vares, siendo s√≠ su principal preocupaci√≥n¬† sobre todo la p√©rdida del poder adquisitivo de sus ingresos por la carest√≠a y¬† del valor de sus ahorros¬† al no contar con¬† instancias¬† de¬† reserva de valor en moneda nacional.

Las alternativas reales viables

El marco de circunstancias que vive Venezuela sigue siendo delicado. Por lo pronto, de no imponerse una visión peligrosamente sesgada por confusión o presiones particulares interesadas en jugar el destino del país a la suerte de una rápida y drástica liberalización y unificación cambiaria con consecuencias políticas, sociales y económicas  imprevisibles, deberá  considerarse la perspectiva de mantener el control de la cuenta capital(Sicad 2).

A√ļn m√°s¬† all√° de los debates ideol√≥gicos, en forma pragm√°tica¬† es ello necesario para responder a desequilibrios inmanejables¬† en la estabilidad macroecon√≥mica, pol√≠tica y social, dotar¬† equilibrio elemental de la¬† balanza de pagos , lograr el¬† sostenimiento imprescindible de reservas del Banco Central y permitir dar continuidad a una independencia b√°sica de la pol√≠tica monetaria y financiera¬† nacional con respecto a los poderes del capital financiero internacional.

En todo caso, ello  se reflejará en el mantenimiento de limitaciones/restricciones y, por lo tanto, a la necesidad de dar prioridad -considerando en qué proporción-  a las  divisas a un tipo de cambio regulado  preferencial para garantizar el abastecimiento de productos de consumo, insumos y de inversión para el consumo popular y el mantenimiento dela actividad económica. Algo absolutamente factible al contar Venezuela con el mejor  perfil de  cuenta corriente de los países de América Latina.

Asimismo, parece urgente¬† establecer una normatividad p√ļblica clara del BCV¬† para¬† evitar la arbitrariedad discrecional cuanto a¬† la asignaci√≥n de divisas¬† de todos los sistemas cambiarios vigentes (Cencoex, Sicad 1 y Sicad 2)- a empresas y personas en condiciones elementales¬† para hacerlo (por ejemplo, origen de fondos legales, y situaci√≥n impositiva al d√≠a).

Significativamente,  los sectores más favorables a la liberalización, que suelen reclamar siempre mayor transparencia, no lo hacen para evitar  problemas adicionales a la economía y las personas.

Es necesario, asimismo, generar en Venezuela ‚Äďy en el resto de Latinoam√©rica- un debate sobre el fortalecimiento del bol√≠var y la estabilidad de la econom√≠a, as√≠ como evitar la definici√≥n sobre la magnitud y¬† las condiciones de la oferta de d√≥lares para el Sicad 2¬† quede presa de juegos especulativos privados, drenando recursos que corresponden a todo el pa√≠s, considerando que el proveedor de divisa es centralmente el Estado,a trav√©s de Petr√≥leos de Venezuela (Pdvsa).

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