Dic 10 2012
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PolíticaSociedad

El escondite de la izquierda en Estados Unidos

A plena vista de millones se esconde tal vez la mayor expresión progresista de Estados Unidos. Frecuentemente gente de izquierda lamenta que aquí no haya izquierda, pero pocos se fijan de dónde provienen las expresiones progresistas más efectivas, masivas, impactantes y subversivas en este país: la televisión comercial.

No es en la televisión “alternativa” ni en la marginal, sino en los programas más vistos, incluso en los más premiados. Al verlos no cabe duda de que un comando de guionistas y directores izquierdosos han tomado por asalto parte importante del mayor medio masivo del planeta sin que nadie se dé cuenta.

Tal vez el ejemplo más destacado es el de David Simon, quien ha ofrecido la visión más acertada y verídica de la sociedad estadunidense contemporánea en dos series de televisión para HBO, uno de los canales más populares de cablevisión. En su extraordinaria serie The Wire, que comenzó transmisiones en 2002 y concluyó en 2008, y actualmente, en su serie Treme, que ahora está en su tercera temporada, el creador y guionista (y ex periodista) Simon cuenta la vida cotidiana estadunidense con una enorme estima, conocimiento y simpatía para los “ordinarios”, pero sin ningún sentimentalismo, maniobra emocional o fórmula fácil.

En The Wire se retrataba la vida cotidiana de un barrio marginal de Baltimore, desde la droga, el desempleo, el crimen, el sistema educativo y la policía, o sea, todos los que habitan ese lugar, narrado desde el punto de vista de cada participante.

En Treme, cuenta la vida de Nueva Orleáns justo después del huracán Katrina, sobre todo a través de los músicos y los cocineros que son la cultura que rescata y define esa ciudad, pero también los políticos, la policía, los abogados, los empresarios y los maestros, entre otros.

Ambas series revelan más sobre Estados Unidos que casi cualquier otro medio y, por definición, al contarlo desde el nivel de la calle, desde el punto de vista de los “ordinarios”, con una perspectiva progresista. Ambas series están entre las más elogiadas por los críticos, y entre las más premiadas por la industria.

Pero también la televisión más comercial, la de las cadenas nacionales, está llena de sorpresas. En series tan masivamente exitosas como Law & Order, Boston Legal, y otros dramas del mundo judicial, los temas abordados incluyen la amplia gama de asuntos que están en el debate nacional, desde la corrupción oficial, los engaños de las empresas farmacéuticas y otras trasnacionales, el encuentro entre los más jodidos y los más poderosos en un juicio, el asunto de la pena de muerte, desde la criminalización de los jóvenes hasta el aborto y los derechos civiles, todo abordado de tal manera que uno tiene que sospechar que los guionistas son parte de un complot izquierdista. Nadie más abordaría esos temas de esta manera.

Por ejemplo, en uno de los episodios de hace dos años de Law & Order, el procurador de Manhattan decide llevar a juicio a un académico que fue quien elaboró la justificación legal de la tortura para el gobierno de George W. Bush acusado de “cómplice del crimen de tortura”. El nuevo gobierno federal post-Bush se opone, mientras en el juicio se debate sobre el uso de la tortura contra los “terroristas”. Los argumentos ante el tribunal resumen el debate real en torno a este tema, sobre todo el promovido por defensores de derechos humanos y críticos severos del gobierno federal.

Hay programas que exploran las partes oscuras de esta sociedad, el mundo del narcomenudeo, programas sobre espionaje internacional en el contexto de la llamada “guerra contra el terror”, así como comedias que exploran la diversidad de género, preferencia sexual, la interacción racial y más.

Todo esto no es nuevo. MASH, serie cómica creada por Larry Gelbart, estuvo entre los 20 programas más vistos cada semana durante una década, y era uno de los programas más antiguerra jamás vistos en la tv comercial. Basada en la famosa película, la serie se trataba de un hospital militar de campo en la guerra de Corea, donde los doctores atendían a los heridos en el conflicto, pero utilizando el arte de la comedia para criticar lo absurdo y trágico de toda guerra. El último episodio, en 1983, después de una década, fue el programa con mayor índice de audiencia registrado en la historia de la televisión hasta esa fecha con 125 millones de televidentes. West Wing, transmitido entre 1999 y 2006, la época de Bush, fue una serie dramática de la vida política de un presidente demócrata en la Casa Blanca, donde desde una perspectiva liberal, se abordaban las vidas personales como los quehaceres políticos del presidente y su equipo.

Hoy día el noticiero de televisión más influyente entre jóvenes en Estados Unidos –de donde los de entre 18 y 34 años consiguen su mayor información política– es un noticiero ficticio. The Daily Show with Jon Stewart se ha ganado el premio mayor de la industria televisiva cada año, como comedia, pero según encuestas, es uno de los noticieros con más credibilidad entre el público. Tan influyente es que candidatos presidenciales, líderes políticos y una amplia gama de personalidades, han aparecido en el programa. The Colbert Report, que nació del Daily Show, y a través de un comentarista caracterizado de conservador ultrapatriotico, ofrece cuatro veces a la semana una de las críticas más filosas del mundo político y los medios.

Algunos dirían que Los Simpson y South Park, entre otras series animadas, también examinan algunas facetas de la vida cotidiana desde una perspectiva subversiva, o por lo menos que se burla del poder y la vida convencional.

Por supuesto hay una amplia gama de programación de lo más retrógrada, reaccionaria y convencional que ocupa mucho tiempo en la caja idiota nacional.

Pero, de alguna manera, y nadie lo ha explicado, parte importante del medio más masivo del planeta es subversivo. Resulta que si alguien desea una buena perspectiva progresista de Estados Unidos, sólo tiene que prender la televisión. Ahí encontrará sin mucho esfuerzo uno de los escondites de la izquierda estadounidense.

*Corresponsal del periódico La Jornada de Mëxico en EEUU.http://www.jornada.unam.mx/2012/12/10/opinion/029o1mun

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4 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. Gaston Sandoval
    11 diciembre 2012 5:39

    La paradoja se da en USA., a diferencia de la TV. en Chile, la que desinforma, más que aporta noticias o más que se refiera a lo contingente. Acá tienen su agosto los fabricantes de chismes en relación a realities y otras yerbas. Realmente en el país del Norte hace falta exteriorizar más la realidad escondida de un país que se las da del más poderoso del Planeta. Sin embargo, sabemos que es una nación plena de grandes contradicciones y contrastes sociales, políticos, culturales y económico que no es lo mismo que diversidad. Bien por el ingenio de los productores de la Televisión estadounidense, por el respeto que se merecen sus ciudadanos.

  2. Antonio Casalduero Recuero
    12 diciembre 2012 21:39

    El mundo de la TV es un manipulador de consciencias por excelencia, qué duda cabe. La televisión chilena es la principal herramienta que tiene el sistema para inculcar valores, además de una forma de vida de obre acuerdo al neoliberalismo imperante. Mirar la televisión es entregarse a brazos cerrados al sistemita. La hipnopedia, sistema aparecido en la novela “Un mundo feliz”, de A. Huxley, se encuentra plenamente vigente; cada vez que alguien se queda dormido con el televisor encendido, su cerebro está recibiendo y asimilando cada uno de los mensajes emitidos, y para pero, sin filtro alguna, pues en ese instante la consciencia duerme. La TV estadounidense siempre ha tenido estos espacios críticos al sistema vigente, aunque muy menores, muy marginales, probablemente nunca se ha desplegado tanto como en la actualidad, llegando a liderar los rankings nacionales.

  3. Luís
    13 diciembre 2012 14:52

    Para Estados Unidos todo es negocio, y en la soncera mentira también puede haber un negocio escondido. Nunca les creo nada.

  4. juanzeniack
    13 diciembre 2012 18:06

    Interesante perspectiva, pero es mucho menos de lo que aparenta.
    El individualismo predomina.
    Se describe un caso tan individual que parece que sólo afectase a 1 persona o 1 familia, la injusticia no parte del sistema sino que 1 poderoso, 1 rico, se ha vuelto malvado y derrotándolo en esa justicia poética que implementan ‘el abogado bueno’ ‘el detective bueno’, etc, todo está bien.

    En la misma línea estaría la famosa serie ‘El equipo A’ (The A-Team): luchan contra injusticias individuales (en plan ‘mercenarios’ o ‘paramilitares’ buenos, pero no cuestionan el sistema, no van a Washinton para cambiar el sistema, son los ‘brotes injustos’, que parten de un poderoso o rico desmandado en una injusticia ad hoc contra lo que se lucha.

    En ambos casos van contra el poderoso malvado que comete injusticia… nada más, pero el sistema queda incólume, es más, se refuerza, instalando la idea de que hay mecanismos y personas para extirpar al ‘malvado que se excede’.

    Nunca se cuestiona el sistema que es productor de injusticias.
    Además, pareciera que la injusticia sólo afecta a 1 individuo, a 1 familia, y que sólo atendiendo ese caso la justicia social se reestablece.

    Milonga individualista y mentirosa, un paripé impresionante.