Oct 19 2018
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OpiniónPolítica

El escudo de Venezuela

Nada m√°s parecido a los preparativos de un ataque armado que la escalada de sanciones norteamericanas y europeas contra Venezuela. El ‚Äúfuego artillero‚ÄĚ diplom√°tico, econ√≥mico y medi√°tico intenta debilitar las defensas de Venezuela para disminuir los costos de una intervenci√≥n militar. El coro vergonzoso del Grupo de Lima hace lo propio desde una retaguardia que la historia condenar√° en forma implacable.

Así comenzaron siempre las intervenciones norteamericanas en América Latina. Tanto las que llevó a cabo con sus propias fuerzas como las que instrumentó con mano mora. No es indispensable remontarse al pasado para demostrarlo. Pero no es tarea ociosa si se hace de la mano de ese gran latinoamericano que fue el periodista argentino Gregorio Selser (1).

Los chilenos conocemos en carne propia los métodos del Gran Buitre del Norte para derrocar gobiernos leales a sus pueblos. Hasta hoy sufrimos los efectos de la trama conspirativa, financiera y mediática que desembocó en el golpe militar de 1973, en el terrorismo de estado de la tiranía y en su herencia vigente en los antivalores de la economía, la política y la cultura de Chile.

El imperio no ha logrado romper la unidad pueblo-fuerzas armadas, piedra angular del proceso bolivariano. Fracas√≥ tambi√©n el intento de asesinar al presidente Nicol√°s Maduro y a la c√ļpula civil y militar del estado venezolano. Al imperio no le queda otro camino que la intervenci√≥n militar y no hace misterio de sus intenciones. As√≠ lo admite el Comando Sur de los EE.UU. Sus amenazas, que agitan el garrote de Monroe, humillan a toda Am√©rica Latina y el Caribe.

Cabe preguntarse si los sucesivos fracasos de la conspiración anti venezolana no están acelerando los planes de agresión armada a la patria de Bolívar.

La disposici√≥n a facilitar el di√°logo en Venezuela que muestra ahora la Uni√≥n Europea quiz√°s no sea sino el gesto de un Poncio Pilatos en v√≠speras de la agresi√≥n. El repetido fracaso del di√°logo ser√≠a la excusa ad hoc cuya ejecuci√≥n queda en manos de una oposici√≥n cuya √ļnica exigencia es la renuncia del presidente Maduro. La situaci√≥n ya se vivi√≥ en enero de este a√Īo en Rep√ļblica Dominicana. La delegaci√≥n opositora encabezada por Julio Borges se neg√≥ a √ļltimo momento a firmar el acuerdo negociado con el gobierno. El mismo Borges que hoy aparece como autor intelectual del intento de magnicidio del 4 de agosto.

Revisar la historia contempor√°nea de las intervenciones militares norteamericanas en nuestro continente, demuestra que el patr√≥n b√©lico se repite en Venezuela. En el pasado reciente EE.UU. invadi√≥ Granada (1983), Panam√° (1989) y Rep√ļblica Dominicana (1965). Para esto √ļltimo Washington cre√≥ una ‚ÄúFuerza Interamericana de Paz‚ÄĚ (FIP). Los marines yanquis fueron reforzados con soldados de Brasil, Honduras, Paraguay, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador. En el panorama pol√≠tico actual de Am√©rica Latina no faltar√≠an gobiernos sicarios dispuestos a participar en una FIP contra Venezuela, sobre todo si hay una gratificaci√≥n de por medio.

EE.UU. tambi√©n organiz√≥ invasiones con fuerzas mercenarias en Guatemala (1954) y Cuba (1961). En la primera tuvo √©xito y logr√≥ derrocar al presidente Jacobo Arbenz. En Playa Gir√≥n, en cambio, mordi√≥ el polvo de la derrota y su agresi√≥n fortaleci√≥ la moral revolucionaria del pueblo cubano. Hasta hoy Cuba resiste el bloqueo que Naciones Unidas condena todos los a√Īos.

Lo que sucede con Venezuela es una réplica casi exacta de lo que fueron los preparativos de la invasión norteamericana a Iraq o las intervenciones en Libia, Afganistán y Siria. Conflictos sangrientos que se prolongan hasta hoy y que han originado las masivas migraciones a través del Mediterráneo al costo de centenares de víctimas.

No cabe duda, entre tanto, que a pese a las graves dificultades econ√≥micas y sociales que cuestan al pueblo venezolano mantener su independencia y dignidad, y a la siniestra tarea de la quinta columna ‚Äúopositora‚ÄĚ al servicio de una potencia extranjera, la unidad pueblo-fuerzas armadas se ha galvanizado en un sentimiento patri√≥tico muy fuerte.

El patriotismo en defensa de su derecho a la autodeterminación, es el escudo de la Venezuela bolivariana. Sus potenciales agresores no deberían subestimar el coraje de un pueblo orgulloso de sus tradiciones de lucha.

Nota

(1)‚ÄúCronolog√≠a de las intervenciones extranjeras en Am√©rica Latina (1776-1945)‚ÄĚ

*Director de Punto Final

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