Ene 11 2013
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EconomíaPolíticaSociedad

El fin de la reforma agraria en Brasil

La reforma agraria fue abandonada como política de desarrollo, lugar que ahora ocupa el agronegocio. Con ello llega a su fin un largo ciclo de medio siglo de lucha por la redistribución de la tierra del latifundio improductivo a los campesinos sin tierra, que fue uno de los ejes de todas las políticas de izquierda en el continente.

Ironías de la vida, el quiebre de las políticas de reparto de tierras se produce bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores que, en su momento, se distinguió por haber sido el más activo defensor de una reforma agraria radical.

El gobierno de Dilma Rousseff est√° impulsando cambios profundos en el Instituto Nacional de Colonizaci√≥n y Reforma Agraria (INCRA) con la finalidad de descentralizarlo para atender a los campesinos con tierra en materia de vivienda, energ√≠a el√©ctrica y asistencia para la producci√≥n. Se trata, seg√ļn un informe del diario O Estado de S√£o Paulo, de ¬ęla modernizaci√≥n administrativa del INCRA, vinculada a una alteraci√≥n paulatina del perfil de la reforma agraria¬Ľ que se resume en apoyar la producci√≥n ¬ęintegrando a los peque√Īos agricultores al agronegocio¬Ľ (O Estado de S√£o Paulo, 5 de enero de 2013).

En adelante, el INCRA pierde funciones, entre ellas la potestad de seleccionar a las familias beneficiarias, y buena parte de sus tareas serán asumidas por municipios y ministerios (como el de Desarrollo Agrario, Desarrollo Social y de las Ciudades). El instituto se concentrará en lo que ya viene priorizando: los recursos para desapropiaciones de tierras cayeron 11.5 por ciento entre 2011 y 2012, mientras su presupuesto para asistencia técnica aumentó 123 por ciento.

El conservador diario paulista se congratula de la decisi√≥n oficialista: ‚ÄúLa idea es cuidar mejor de los asentados en lugar de invertir en la creaci√≥n de verdaderas favelas rurales, que es en lo que se transformaron muchos asentamientos instalados para dar satisfacci√≥n a los llamados ‚Äėmovimientos sociales‚Äô‚ÄĚ.

Que la derecha celebre no llama la atenci√≥n. Finalmente, desde el comienzo del gobierno Lula, hace justo 10 a√Īos, el agronegocio fue una opci√≥n contundente del PT, con el argumento de que las exportaciones de commodities ofrecen un amplio super√°vit comercial que beneficia al pa√≠s al reducir su vulnerabilidad externa. La reprimarizaci√≥n de la pauta exportadora y el retroceso de las exportaciones industriales no han conseguido convencer a las autoridades para modificar la pol√≠tica de favorecer al agronegocio como locomotora de la econom√≠a y convertir la reforma agraria en una pol√≠tica asistencial.

La continua consolidaci√≥n de esta pol√≠tica coloca en un brete a los movimientos campesinos y sobre todo al MST (Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra). Jo√£o Pedro Stedile, de la coordinaci√≥n nacional, destac√≥ que hay 150 mil familias acampadas luchando por tierra y 4 millones de familias pobres del campo recibiendo el programa Bolsa Familia para no pasar hambre. (Carta Capital, 7 de diciembre de 2013). Adem√°s, 85 por ciento de las mejores tierras del pa√≠s son utilizadas para soya y ma√≠z transg√©nicos y ca√Īa de az√ļcar; 10 por ciento de los propietarios rurales con m√°s de 500 hect√°reas controlan 85 por ciento de la producci√≥n agropecuaria destinada a la exportaci√≥n sin ning√ļn valor agregado.br mst3

Lo peor es que Brasil responde por 5 por ciento de la producci√≥n agr√≠cola mundial, pero consume 20 por ciento de los agrot√≥xicos del mundo. Seg√ļn el Instituto Nacional del C√°ncer, cada a√Īo 400 mil personas contraen esa enfermdad, la mayor parte por consumir alimentos contaminados con agrot√≥xicos. El 40 por ciento mueren. En paralelo, el relatorio anual de la Comisi√≥n Pastoral de la Tierra (CPT) constata que el n√ļmero de familias asentadas en 2012 es el m√°s bajo desde 1994.

La CPT estima tambi√©n que ¬ęel agronegocio se consolid√≥ como el modelo preferencial del gobierno para el campo¬Ľ, denuncia el abandono de los pueblos tradicionales, entre ellos las 3 mil comunidades quilombolas (afrodescendientes), donde se ha concentrado la violencia del agronegocio para despojarlos de sus tierras. El mapa de la violencia se incrementa con las grandes obras de infraestructura (represas, puertos) y los proyectos de miner√≠a a cielo abierto.

En agosto se realizó el Encuentro Unitario de los Trabajadores y Trabajadoras y Pueblos del Campo, de las Aguas y Bosques, que reunió 7 mil personas en Brasilia, pertenecientes a 33 movimientos rurales. Sin embargo, el gobierno no va a modificar su política, como no lo hizo Lula pese a colocarse el gorro con el emblema del MST. También Dilma se comprometió, en el Foro Social Mundial realizado en 2012 en Porto Alegre, en asentar campesinos sin tierra en los nuevos proyectos de irrigación en el noreste que, por el contrario, está ofreciendo a los grandes empresarios exportadores.

Son palabras que no se van a traducir en cambios pol√≠ticos. Para que eso sucediera ser√≠a necesaria una nueva oleada de movilizaciones y de movimientos como sucedi√≥ en la d√©cada de 1970. Pero ahora las pol√≠ticas sociales y el ascenso social, limitado por cierto, est√°n desarticulando a los movimientos, a los que a lo sumo les ofrecen migajas en forma de cr√©ditos para la producci√≥n y viviendas. La CPT recuerda en su informe que ¬ęel Estado ya tom√≥ posici√≥n ante el contexto agrario brasile√Īo¬Ľ y que ¬ęvivimos un tiempo en que es necesario optar por un nuevo modo de pensar y de vivir¬Ľ.

Es ah√≠ donde, a mi modo de ver, la experiencia de las comunidades zapatistas tiene algo para ense√Īarnos. Ya no es posible seguir confiando en el Estado como garante de la alimentaci√≥n, la vivienda, la educaci√≥n, la salud y todo aquello que los sectores populares necesitan para sobrevivir. Esa √©poca pas√≥ a la historia, fue enterrada por el capital cuando decidi√≥ liberarse del estado de bienestar y de la soberan√≠a nacional como estorbos a la acumulaci√≥n de capital, hoy acumulaci√≥n por guerra. Los movimientos que sigan confiando en el Estado para resolver la vida de sus miembros est√°n condenados a perder su car√°cter de movimientos antisist√©micos.

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