Abr 25 2021
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PolíticaSociedad

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El fracaso veloz de la Superliga, jugada a jugada

Fueron 48 horas en las que el f√ļtbol estuvo al borde. Los hinchas tomaron las calles. Los jugadores se rebelaron abiertamente. El caos acechaba en los pasillos del poder, desatando una onda s√≠smica por todo el mundo, de Manchester a Manila, de Barcelona a Pek√≠n y de Liverpool a Los √Āngeles. Llamadas desesperadas, reuniones en secreto, jugadas de alto riesgo: as√≠ se gest√≥ tras bambalinas una multimillonaria liga separatista que colaps√≥ en menos de una semana.

Ese internacionalismo es lo que ha convertido al f√ļtbol europeo, en los √ļltimos 30 a√Īos, en una obsesi√≥n global. Los equipos de √©lite de Europa occidental est√°n dotados con estrellas de √Āfrica y Sudam√©rica y de todos los rincones intermedios. No solo atrae a fan√°ticos de Inglaterra, Italia y Espa√Īa sino tambi√©n de China, India y Australia en cantidades tan tentadoras para las emisoras de todo el planeta que est√°n dispuestas a pagar cientos de millones de d√≥lares por los derechos para transmitir sus partidos.

Hinchas del Chelsea protestaron el 20 de abril en Londres

Pero aunque el f√ļtbol es ahora el mayor negocio deportivo, sigue siendo, en el coraz√≥n, un asunto intensamente local. Los equipos arraigados en barrios, originarios de peque√Īas ciudades, juegan en torneos nacionales que tienen m√°s de un siglo de existencia, competencias en las que los grandes y buenos comparten la cancha ‚ÄĒy al menos una parte del dinero‚ÄĒ con los menores y de relleno.

Una tregua incómoda entre ambas caras del juego del mundo se había establecido durante décadas. Y luego, la noche del domingo, se fracturó cuando una improbable alianza de fondos estadounidenses, oligarcas rusos, magnates industriales europeos e integrantes de la realeza del golfo Pérsico buscaron tomar el control de las ganancias del deporte más popular del mundo al crear una Superliga europea cerrada.

La forma en que se gest√≥ ‚ÄĒy luego colaps√≥ de forma espectacular‚ÄĒ ese plan, es una historia de egos e intriga, de avaricia y ambici√≥n, de reuniones secretas y almuerzos privados, de finanzas internacionales y luchas intestinas. Dur√≥ dos d√≠as fren√©ticos y afiebrados pero fueron m√°s que suficientes para estremecer al mundo.

La comida de Joan Laporta con Javier Tebas que hizo caer la Superliga, seg√ļn 'The New York Times'El jueves pasado, Javier Tebas y Joan Laporta deb√≠an celebrar un almuerzo cordial y de celebraci√≥n. D√≠as antes, Laporta hab√≠a sido electo a un segundo periodo como presidente del F√ļtbol Club Barcelona. Tebas, el ejecutivo honesto y desvergonzadamente belicoso a cargo de la liga nacional de Espa√Īa, quer√≠a ser de los primeros en felicitarlo por su victoria.

El asunto no salió así. Laporta le reveló a Tebas que el Barcelona estaba casi con certeza por unirse a algo así como una decena de los equipos más famosos y exitosos de Europa en un torneo separatista, uno que liberaría a sus miembros de las amarras de las estructuras tradicionales del juego y, lo crucial, de su economía multimillonaria.

La amenaza no era nada nuevo. Hay una antigua percepci√≥n, al menos entre los equipos ricos y poderosos de f√ļtbol, de que como tienen la mayor cantidad de seguidores, ellos son los que generan la mayor parte de las ganancias del deporte. Resulta, entonces, que deber√≠an recibir una tajada m√°s grande de los ingresos. Cada tanto, como con reloj, se lanzaba un plan de agrupar a los mejores equipos en un solo torneo. Y, como con reloj, el gran plan fracasar√≠a pues los grandes clubes se dejaban comprar por la promesa de que se les dar√≠a m√°s poder y m√°s dinero solo si aceptaban quedarse.

Pero Tebas sentía que este esfuerzo era más serio, más real. Laporta le dijo que una media docena de equipos ya estaban comprometidos. Otros más le habían dicho que tenían hasta el final del fin de semana para decidir.

Tebas dio la alarma. Llam√≥ a funcionarios de las ligas de toda Europa. Llam√≥ a los ejecutivos de clubes poderosos. Y contact√≥ a Aleksander Ceferin, presidente del organismo rector del f√ļtbol europeo, la organizaci√≥n que Tebas sab√≠a que ten√≠a m√°s que perder.

Aleksander Ceferin, presidente del organismo rector del f√ļtbol europeo, critic√≥ a los ejecutivos que lideran la Superliga como ‚Äúserpientes‚ÄĚ y ‚Äúmentirosos‚ÄĚ.

Ceferin, un abogado esbelto de 53 a√Īos y poseedor de un modo claro de expresarse, originario de Eslovenia, estaba perplejo. Apenas unas semanas antes, su amigo y aliado cercano, Andrea Agnelli, presidente del campe√≥n de la liga italiana, la Juventus, heredero de una de las grandes familias industriales de Europa y l√≠der de una asociaci√≥n que representa a clubes de f√ļtbol europeos, le hab√≠a asegurado que las habladur√≠as de una nueva ronda de discusiones sobre una escisi√≥n eran solo ‚Äúun rumor‚ÄĚ.

Justo un d√≠a antes, de hecho, Agnelli y su organizaci√≥n se hab√≠an vuelto a comprometer a un conjunto de reformas para la Liga de Campeones, la joya de la corona del f√ļtbol europeo y su principal fuente de ingresos. Todo estaba listo para que se aprobara el lunes.

Pero el runr√ļn de los rumores continuaba y Ceferin necesitaba estar seguro. As√≠ que al acomodarse en el asiento delantero de su Audi Q8 el s√°bado para emprender el viaje de ocho horas de su casa en Liubliana a su oficina en Suiza, decidi√≥ llegar al fondo del asunto. Llam√≥ a Agnelli. Su amigo no respondi√≥.

Ceferin ‚ÄĒel padrino del hijo menor de Agnelli‚ÄĒ envi√≥ un mensaje de texto a la esposa del italiano y le pregunt√≥ si podr√≠a pedirle al presidente de la Juventus que lo llamara urgentemente. Llevaba tres horas de viaje cuando son√≥ su celular. Despreocupadamente, Agnelli asegur√≥ a Ceferin, una vez m√°s, que todo estaba bien.Aleksander Ceferin y Andrea Agnelli, una intensa amistad rota por la Superliga: "La mayor decepci√≥n de mi vida"

Ceferin sugirió emitir un comunicado conjunto para callar el asunto. Agnelli estuvo de acuerdo. Ceferin preparó un borrador del documento desde el auto y lo envió a Agnelli. Una hora después, Agnelli pidió tiempo para devolverle una versión corregida. Pasaron horas. Los hombres intercambiaron más llamadas. Al final, el dirigente italiano le dijo a Ceferin que necesitaba otros 30 minutos.

Luego Agnelli apagó su teléfono.

La raz√≥n por la que el riesgo de una superliga ha sido una amenaza durante tanto tiempo es que gran parte de la vasta econom√≠a del f√ļtbol descansa en un v√≠nculo fr√°gil.

Tanto los campeonatos nacionales ‚ÄĒcomo la Liga Premier de Inglaterra y La Liga de Espa√Īa‚ÄĒ como los torneos continentales ‚ÄĒcomo la Liga de Campeones‚ÄĒ dependen en cierta medida de la presencia de los clubes de √©lite para atraer a los aficionados y, a trav√©s de ellos, a las emisoras y los patrocinadores. Sin ellos, los flujos de ingresos que se filtran y sostienen a los equipos m√°s peque√Īos podr√≠an colapsar.Superliga europea: 3 claves para entender por qu√© naufrag√≥ el proyecto de 12 de los clubes m√°s poderosos del f√ļtbol - BBC News Mundo

Durante décadas, el sistema se basó en apaciguar a los equipos ricos lo suficiente como para animarlos a mantener su lealtad al colectivo. De repente, esta confianza se resquebrajaba.

A su llegada a Suiza, Ceferin recibi√≥ otras dos llamadas que dejaban claro lo real que se hab√≠a vuelto la amenaza para el futuro del f√ļtbol europeo. Dos equipos, uno ingl√©s y otro espa√Īol, le informaron que los hab√≠an presionado para que se inscribieran en la liga separatista. Hab√≠an decidido aceptar, pero quer√≠an mantener las buenas relaciones con el organismo rector del f√ļtbol europeo.

La respuesta de Ceferin fue educada, pero contundente. De aliarse con los rebeldes, debían prepararse para un ataque sin cuartel.

Ceferin se puso a trabajar con su c√≠rculo √≠ntimo. Dieron la noticia a algunos miembros de la junta directiva de la Asociaci√≥n Europea de Clubes, el grupo que re√ļne a unos 250 equipos europeos. Dijeron que su presidente, Agnelli, y altos ejecutivos como Ed Woodward, del Manchester United, los hab√≠an enga√Īado al apoyar el plan de reforma de la Liga de Campeones.

Les dijeron que, aunque los clubes separatistas ten√≠an la intenci√≥n de permanecer tambi√©n en sus propias ligas nacionales, el plan causar√≠a que el valor de los acuerdos de transmisi√≥n de esos torneos se desplomara. Los auspicios se evaporar√≠an. El resto de las finanzas del f√ļtbol ser√≠a diezmado. ‚ÄúEstaban indignados, no pod√≠an creerlo‚ÄĚ, dijo Ceferin en una entrevista el mi√©rcoles. ‚ÄúIncluso las organizaciones mafiosas tienen alg√ļn tipo de c√≥digo‚ÄĚ.

A la hora del almuerzo del domingo, ya se conoc√≠a la lista de los insurgentes. Ceferin empez√≥ a referirse a ellos como los doce del pat√≠bulo. Adem√°s del Barcelona, desde Espa√Īa se hab√≠an apuntado el Real Madrid y el Atl√©tico de Madrid. Hab√≠a seis de Inglaterra: Manchester United, Manchester City, Liverpool, Chelsea, Arsenal y Tottenham. En Italia, a la Juventus se le unieron el A. C. Mil√°n y el Inter de Mil√°n.

Un grafiti reciente en Italia mostraba una imagen de Andrea Agnelli. Se titulaba ‚ÄúIl Golpe Fallito‚ÄĚ, el golpe de Estado fallido.

No todos eran socios en igualdad de condiciones. Los ejecutivos del Manchester City y del Chelsea, por ejemplo, no se enteraron hasta el viernes de que el plan estaba en marcha. Se les dijo que no tenían más de un día para decidir si estaban dentro o fuera. En cualquier caso, se les advirtió que el tren abandonaba la estación.

El City sucumbi√≥ r√°pidamente, pero otros fueron m√°s renuentes. El Bayern Munich y el Par√≠s Saint-Germain, las fuerzas dominantes de Alemania y Francia, hab√≠an sido contactados. Rechazaron la oferta, prefiriendo permanecer ‚ÄĒal menos por el momento‚ÄĒ alineados con el resto de Europa.

Suministraron parte de la informaci√≥n que permiti√≥ a la UEFA y a las ligas nacionales de Espa√Īa, Italia e Inglaterra planificar su contraataque. Cuando el grupo se enter√≥ de que a √ļltima hora del domingo se har√≠a una declaraci√≥n oficial en la que se revelar√≠a la creaci√≥n de un nuevo torneo, llamado Superliga, hizo planes para emitir la suya propia, desautorizando el proyecto.

Pero antes de que pudieran hacerlo, la noticia se filtr√≥. La indignaci√≥n p√ļblica, especialmente en Gran Breta√Īa, fue inmediata. Los hinchas colgaron pancartas frente a los estadios de sus equipos, y los legisladores salieron a los medios de comunicaci√≥n para denunciar a los rebeldes por su codicia y su falta de respeto a las tradiciones del f√ļtbol.

Gary Neville sobre Superliga: ‚ÄúEs un acto criminal contra los aficionados‚ÄĚ | La Rep√ļblicaGary Neville, excapit√°n del Manchester United, solt√≥ una diatriba de varios minutos contra su antiguo equipo y el Liverpool, los dos clubes m√°s populares del f√ļtbol ingl√©s. La perorata se hizo viral y pronto fue compartida por los opositores al proyecto a trav√©s de la aplicaci√≥n de mensajes WhatsApp.

Esto era precisamente lo que tem√≠an algunos de los implicados en el proyecto. Hab√≠a dudas de que el plan estuviera listo para ponerse en marcha; a los conocedores les preocupaba que no sobreviviera a un feroz rechazo inicial. ‚ÄúNo es el momento de hacerlo‚ÄĚ, advirti√≥ un ejecutivo involucrado en el proyecto y sugiri√≥ esperar hasta el verano.

Para entonces, se esperaba que los clubes pudieran haber encontrado un l√≠der para la disidencia. Florentino P√©rez, presidente del Real Madrid, hab√≠a sido el motor detr√°s de gran parte de la iniciativa que, de cierto modo, era su idea. Pero sus pares sab√≠an que tendr√≠a dificultad para convencer a un p√ļblico ingl√©s, en particular.

El copresidente del Manchester United, Joel Glazer, cuya familia tambi√©n es due√Īa del campe√≥n del Supertaz√≥n, los Bucaneros de Tampa Bay, Roman Abramovich el billonario ruso del Chelsea y Stan Kroenke del Arsenal, quien controla m√°s de una decena de equipos profesionales, rara vez hablan en p√ļblico. El due√Īo del Manchester City, Sheikh Mansour bin Zayed al-Nahyan, miembro de la familia real de Abu Dhabi, no habla con la prensa. Y otros de los que fueron considerados para el papel, como el due√Īo mayoritario del Liverpool, John W. Henry, no estuvieron dispuestos a aceptarlo.

Tambi√©n hab√≠a preocupaci√≥n de que la estrategia de comunicaci√≥n de los rebeldes ‚ÄĒliderada por Katie Perrior, una Katie Perrior Archives - Guido Fawkesoperadora pol√≠tica cercana al primer ministro brit√°nico, Boris Johnson‚ÄĒ estuviera demasiado enfocada en conseguir el apoyo gubernamental m√°s que el popular. No hubo ning√ļn esfuerzo por consultar o involucrar a los hinchas, jugadores ni entrenadores. Una protesta podr√≠a destruirlo todo antes de siquiera empezar de lleno el esfuerzo de lobby.

No se les prest√≥ atenci√≥n a esas preocupaciones. Agnelli, en teor√≠a la voz de todos los clubes europeos en su papel de dirigente y amigo cercano de Ceferin, sent√≠a la presi√≥n de ser, de hecho, un doble agente. Hab√≠a guardado el secreto de los rebeldes durante semanas, ocultando la verdad ‚ÄĒo algo peor‚ÄĒ en conversaciones con amigos y aliados. La ma√Īana del lunes, sin embargo, tendr√≠a que sentarse con el resto del consejo de la UEFA cuando se votara para aprobar los cambios a la Liga de Campeones que quedar√≠a bajo amenaza de muerte con la Superliga.

Sab√≠a que ven√≠a la liga. Con la firma del Chelsea, del Manchester City y del Atl√©tico de Madrid en la mano, los miembros fundadores estaban listos. El dinero, proporcionado por la firma de consultor√≠a espa√Īola Key Capital Partners y respaldado por el banco estadounidense JP Morgan Chase, representaba miles de millones en nuevas riquezas. Agnelli necesitaba que se supiera.

Glazer, uno de los presidentes del Manchester United, estuvo de acuerdo. Estaba empe√Īado en que era el momento de apretar el bot√≥n.

Y a pesar de todas las dudas, los clubes dieron a conocer sus intenciones poco después de las 11 de la noche del domingo en Londres. Un anuncio oficial, publicado simultáneamente en las páginas webs de los 12 equipos, reveló que todos se habían unido a lo que llamaron de la Superliga. Pero para entonces, la narrativa de que el proyecto estaba impulsado por la codicia de unos pocos clubes ricos y sus dirigentes ya habían tomado forma.

‚ÄúA las 11:10 ya estaba muerto‚ÄĚ, dijo el ejecutivo involucrado en el plan. ‚ÄúTodo el mundo se hab√≠a embarcado y ahora ya no se pod√≠an bajar‚ÄĚ.

Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid

Al día siguiente, con las primeras luces del día, las líneas de batalla ya estaban definidas. Y rápidamente quedó claro que los 12 disidentes casi no contaban con apoyo.

Pero en lugar de organizar una defensa p√ļblica y enviar a una falange de funcionarios para argumentar que la liga era buena para toda la pir√°mide del f√ļtbol, y alegar que har√≠a llover millones sobre los equipos y las ligas que quedaran fuera, el primer acto de la Superliga fue entregar una carta a la UEFA y a la direcci√≥n mundial del f√ļtbol en la FIFA.

En la carta se notificaba que la liga ya había presentado mociones en varios países europeos para evitar el bloqueo del proyecto.

Ceferin, por su parte, volvi√≥ a hacer llamadas telef√≥nicas para reunir a la oposici√≥n. Busc√≥ el apoyo de Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, a pesar de que dif√≠cilmente se ponen de acuerdo. Tambi√©n tuvo una larga llamada con Oliver Dowden, el ministro responsable del deporte y la cultura en Gran Breta√Īa. Dowden dijo que el gobierno brit√°nico har√≠a todo lo posible para impedir que los clubes separatistas ‚Äúrobaran‚ÄĚ el juego.

Poco despu√©s, Johnson, el primer ministro brit√°nico, fue entrevistado en televisi√≥n, donde fij√≥ posici√≥n en contra del plan en una jugada inteligente para obtener el apoyo del p√ļblico. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, emiti√≥ una declaraci√≥n en la que condenaba el plan. El pr√≠ncipe Guillermo public√≥ un tuit en el que expresaba su ‚Äúinquietud‚ÄĚ Boris Johnson y Macron, contra la Superliga Europea: "Ser√≠a perjudicial"sobre la Superliga.

Para cuando apareci√≥ en p√ļblico el lunes, Ceferin hab√≠a dirigido una reuni√≥n del comit√© ejecutivo de la UEFA en la que Agnelli brill√≥ por su ausencia. Agnelli hab√≠a renunciado a su puesto en la junta directiva ‚ÄĒy a su papel como jefe de la asociaci√≥n de clubes europeos‚ÄĒ minutos despu√©s del anuncio de la Superliga a √ļltima hora de la noche. Con su asiento vac√≠o, los miembros restantes votaron por los cambios en la Liga de Campeones, y luego redoblaron su esfuerzo por aplastar a la nueva liga que amenazaba el torneo.

Ceferin, con rostro severo, critic√≥ al grupo separatista en sus primeras declaraciones a los periodistas. Reserv√≥ su virulencia espec√≠ficamente para Woodward, del Manchester United, que en su opini√≥n lo hab√≠a enga√Īado, y para Agnelli. Ceferin llam√≥ a los hombres ‚Äúv√≠boras‚ÄĚ y ‚Äúmentirosos‚ÄĚ, y describi√≥ c√≥mo le hab√≠an hecho creer que ten√≠a todo su apoyo para las enmiendas en la Liga de Campeones.

‚ÄúAgnelli es la mayor decepci√≥n de todas‚ÄĚ, dijo Ceferin. ‚ÄúNunca vi a una persona que mintiera tantas veces y tan persistentemente como √©l lo hizo‚ÄĚ.

Para entonces, la amargura se extend√≠a por el panorama del f√ļtbol europeo. La Liga Premier celebr√≥ una reuni√≥n sin sus seis equipos rebeldes, y los 14 clubes restantes discutieron qu√© medidas punitivas tomar contra los que se hab√≠an apuntado a la Superliga. Daniel Levy, presidente del Tottenham, uno de los clubes rebeldes, le pidi√≥ a Paul Barber, director ejecutivo del Brighton, que compartiera un mensaje de arrepentimiento en la reuni√≥n. Barber lo hizo, pero pocos parec√≠an interesados en el sentir de Levy.Juventus, Milan e Inter quieren seguir jugando la Serie A

En Italia, una reuni√≥n organizada apresuradamente fue a√ļn m√°s febril. Propietarios y directivos de los equipos de la Serie A, la principal liga del pa√≠s, se enfrentaron a los directivos de la Juventus, el Inter y el Mil√°n. Las tensiones ya se hab√≠an disparado; los equipos con poco dinero, con sus presupuestos devastados por la pandemia de coronavirus, hab√≠an estado discutiendo con sus rivales m√°s adinerados sobre los contratos de televisi√≥n y sobre si deber√≠an aceptar la inversi√≥n de un consorcio de empresas de capital privado.

Ahora Agnelli, que se había convertido rápidamente en un pararrayos de la Superliga, era llamado traidor por el presidente del rival de la Juventus en la ciudad, el Torino. Agnelli, con su típica actitud combativa, respondió con un insulto, y dijo que no le importaba si el Juventus seguía o no en la Serie A.

‚ÄúEs una traici√≥n‚ÄĚ, dijo el presidente del Torino, Urbano Cairo, a los periodistas. ‚ÄúEs lo que hace un Judas‚ÄĚ.

Los equipos ingleses, sobre todo el Liverpool y el Chelsea, tenían otros motivos para estar preocupados. Sus hinchas ya se estaban reuniendo fuera de los estadios de los que se les había prohibido la entrada a causa de la pandemia, para colgar pancartas de denuncia de la Superliga en las paredes y las puertas de entrada.

A √ļltima hora de la tarde, cientos de hinchas enfurecidos rodearon el cami√≥n del equipo del Liverpool cuando se dirig√≠a al estadio Elland Road del Leeds United para jugar un partido. Dentro del estadio, durante el calentamiento los jugadores del Leeds llevaban camisetas que expresaban su solidaridad con el sistema actual del f√ļtbol. Cuando el Leeds marc√≥ un gol en los √ļltimos minutos para asegurar el empate 1-1, su cuenta oficial de Twitter se burl√≥ de los visitantes.

También los jugadores empezaron a manifestar su opinión. La plantilla del Manchester United había exigido una reunión con Woodward para expresar no solo su furia por haberse visto obligados a conocer el plan a través de la prensa, sino su desaprobación de la idea en sí. Varias otras estrellas de alto nivel, que juegan en equipos que no están implicados en la ruptura, habían publicado en las redes sociales mensajes en los que repudiaban el plan.

El lunes por la noche, tras el partido de su equipo con el Leeds, el jugador m√°s veterano del Liverpool, James Milner, revel√≥ que ni √©l ni sus compa√Īeros hab√≠an sido consultados sobre la participaci√≥n del club en el plan. ‚ÄúNo me gusta y espero que no ocurra‚ÄĚ, dijo.

Dentro de los clubes, el descontento iba en aumento. El plan se hab√≠a mantenido en secreto, incluso para los ejecutivos de alto nivel ‚ÄĒ‚Äúera un asunto de propiedad‚ÄĚ, dijo un ejecutivo de uno de los equipos involucrados‚ÄĒ y se hab√≠a avisado poco de lo que iba a ocurrir. En algunos clubes, se envi√≥ un correo electr√≥nico a toda la plantilla justo antes de publicarse el comunicado.

En otros equipos, figuras de alto nivel se enteraron a través de las redes sociales. Paolo Maldini, un legendario exjugador y ahora ejecutivo del A. C. Milan, no había oído nada hasta que se anunció. A Michael Edwards, director deportivo del Liverpool, lo tomó por sorpresa. Algunos empezaron a preocuparse por la seguridad de sus familias a medida que se extendía la indignación.

En Suiza, Ceferin estaba en su habitaci√≥n de hotel, donde redactaba y volv√≠a a redactar un discurso que iba a pronunciar al d√≠a siguiente en la reuni√≥n anual de la UEFA. Ya hab√≠a empezado a recibir llamadas de los clubes de la Superliga, principalmente de Inglaterra, preocupados por la creciente reacci√≥n y las posibles consecuencias a las que ellos ‚ÄĒy sus jugadores‚ÄĒ podr√≠an enfrentarse al inscribirse en un torneo no autorizado.

En enero, la FIFA había advertido a los clubes y a los jugadores que cualquiera que participara en una liga separada se arriesgaba a ser expulsado de eventos como el Mundial. El lunes temprano, Ceferin repitió la amenaza, pero ahora su tono se había suavizado.

‚ÄúTen√≠a la sensaci√≥n de que quer√≠an reparar este error y no sab√≠an c√≥mo hacerlo‚ÄĚ, dijo Ceferin. As√≠ que cambi√≥ su discurso. Ahora ofrec√≠a una tregua a los equipos que sab√≠a que buscaban paz.

Estuvo m√°s cerca de gan√°rselos cuando P√©rez, el presidente del Real Madrid, tom√≥ lo que en retrospectiva fue la desastrosa ‚ÄĒaunque valiente‚ÄĒ decisi√≥n de defender el plan de la Superliga en un chabacano programa nocturno de televisi√≥n.

Sin que los presentadores lo cuestionaran, prometi√≥ que la liga era una empresa altruista aunque fuera a canalizar a√ļn m√°s miles de millones a un pu√Īado de equipos ricos, y arremeti√≥ contra las reformas a la Liga de Campeones que Agnelli, ahora vicepresidente de la Superliga, hab√≠a descrito solo unas semanas antes como ‚Äúhermosas‚ÄĚ.

En las sedes de los dem√°s clubes de la Superliga, los ejecutivos se llevaron las manos a la cabeza. Sin embargo, permanecieron mudos, sin querer salir a defender un plan que, seg√ļn P√©rez, hab√≠a sido dise√Īado expresamente para ‚Äúsalvar el f√ļtbol‚ÄĚ.

Mientras Ceferin se preparaba para pronunciar su discurso de apertura el martes por la ma√Īana en Montreux empezaron a surgir informes de que varios equipos ‚ÄĒel Chelsea y el Manchester City entre ellos‚ÄĒ consideraban abandonar la competencia. Las cadenas de televisi√≥n y los patrocinadores se hab√≠an manifestado en contra del plan de separaci√≥n, y el gobierno brit√°nico amenazaba con tomar medidas oficiales para bloquearlo.

Las dudas entre los equipos se reforzaron cuando Infantino, de la FIFA, disipó las crecientes especulaciones de que, en secreto, albergaba esperanzas de que el proyecto triunfara.

‚ÄúSi algunos eligen seguir su propio camino, entonces deben vivir con las consecuencias de su elecci√≥n, son responsables de su elecci√≥n‚ÄĚ, dijo Infantino, quien plante√≥ de nuevo la posibilidad de que los clubes renegados y sus jugadores pudieran enfrentarse a la excomuni√≥n. ‚ÄúConcretamente esto significa: o est√°s dentro o est√°s fuera‚ÄĚ.

Luego fue el turno de Ceferin. Habl√≥ de avaricia y ego√≠smo, pero tambi√©n de la importancia del f√ļtbol para el tejido de la cultura europea, y para la vida de los millones de personas que siguen el juego en todo el continente. A continuaci√≥n, hizo su planteamiento directo a los clubes ingleses, el que hab√≠a escrito en su borrador horas antes.

‚ÄúSe√Īores, han cometido un grave error‚ÄĚ, les dijo, mirando directamente a las c√°maras. ‚ÄúAlgunos dir√°n que es avaricia, otros desd√©n, arrogancia, ligereza o completa ignorancia de la cultura futbol√≠stica de Inglaterra. No importa‚ÄĚ.

‚ÄúLo que s√≠ importa es que a√ļn hay tiempo para cambiar de opini√≥n. Todo el mundo comete errores‚ÄĚ.

En pocas horas, la desaparici√≥n del proyecto se precipit√≥. En una reuni√≥n con el director ejecutivo de la Liga Premier, Richard Masters, y con grupos de hinchas de los seis equipos ingleses, Johnson dijo que consideraba detonar ‚Äúuna bomba legislativa‚ÄĚ para detener la intentona. Cada vez m√°s jugadores se manifestaban en contra de la idea. Marcus Rashford, delantero del Manchester United y formado en la casa, public√≥ una imagen en Twitter que dec√≠a: ‚ÄúEl f√ļtbol no es nada sin los hinchas‚ÄĚ. Toda la plantilla del Liverpool lanz√≥ un mensaje simult√°neo en el que repudiaba el proyecto.

El capit√°n del equipo, Jordan Henderson, hab√≠a convocado a una reuni√≥n con sus hom√≥logos de todos los equipos de la Liga Premier para discutir una respuesta concertada. El respetado entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, declar√≥ su oposici√≥n a la mera idea de una liga cerrada de superclubes, al decir que ‚Äúno es deporte si no puedes perder‚ÄĚ. Fue un giro de los acontecimientos que los clubes rebeldes no hab√≠an previsto.

Al caer la tarde, cientos de aficionados se reunieron frente al Stamford Bridge, el estadio del Chelsea, para protestar contra el plan antes del partido del equipo con el Brighton. Bloquearon las calles y cuando llegó el camión que transportaba a los jugadores, lo rodearon. Petr Cech, una leyenda del club, salió para intentar hablar con los manifestantes. En el interior, los responsables del equipo filtraron la noticia de que el Chelsea estudiaba la forma de rescindir su contrato con la Superliga.

Pero fue el Manchester City el primero en romper filas oficialmente, al publicar un breve comunicado en el que decía que se retiraba.

Los directivos de la Superliga se quedaron at√≥nitos, sin saber qu√© estaba pasando. Esa noche, el Arsenal y su rival del norte de Londres, el Tottenham, anunciaron sus salidas con pocos minutos de diferencia. El Manchester United confirm√≥ que Woodward ‚ÄĒsu m√°ximo responsable y uno de los principales art√≠fices de la Superliga‚ÄĒ dejar√≠a el club a finales de a√Īo. A continuaci√≥n, el club public√≥ un comunicado en el que dec√≠a que tambi√©n se retiraba. Casi de inmediato, el Liverpool confirm√≥ su salida.

La Superliga, tras haber perdido la mitad de sus miembros, y todo su arraigo en Inglaterra, estaba acabada. El Inter de Milán se retiró unas horas más tarde, y luego, cuando el reloj marcaba 48 horas desde su gran anuncio, la Superliga publicó una declaración sin firma en la que reconocía que el plan ya no era viable.

Para entonces, Ceferin ya estaba de vuelta en Eslovenia, tras completar el viaje de ida y vuelta de ocho horas desde Montreux. Estuvo despierto hasta las 2 a. m., mientras digería la noticia. Publicó un comunicado en el que daba la bienvenida a los equipos ingleses al redil europeo. Comenzó a responder a los miles de mensajes que habían inundado su teléfono durante los dos días anteriores.

Luego cerró su laptop y se sirvió un whisky doble.

 

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