Abr 21 2014
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Ambiente

El futuro de nuestro planeta depende de 58 personas

Aunque para muchos ha pasado inadvertido, el 13 de abril el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Clim√°tico (IPCC) public√≥ la tercera y √ļltima parte de un informe en el que se advierte sin rodeos que solo tenemos 15 a√Īos para evitar superar el umbral de un calentamiento global de dos grados. M√°s all√°, las consecuencias ser√°n dram√°ticas.

Solo los más miopes no toman conciencia de qué se trata: desde el aumento del nivel del mar, hasta más frecuentes huracanes y tormentas y un impacto adverso en la producción de alimentos.
En un mundo normal y participativo, en el que 83 por ciento de las personas que viven hoy todav√≠a existir√°n dentro de 15 a√Īos, este informe habr√≠a provocado una reacci√≥n dram√°tica.
En cambio, no ha habido un solo comentario de los l√≠deres de los 196 pa√≠ses en los que habitan los 7.500 millones de ‚Äúconsumidores‚ÄĚ del planeta.
Los antropólogos que estudian las semejanzas y diferencias entre los seres humanos y otros animales, hace un buen tiempo que llegaron a la conclusión de que la humanidad no es superior en todos los aspectos.
Por ejemplo, el ser humano es menos adaptable a la supervivencia que muchos animales en casos de terremotos, huracanes y otros desastres naturales. A estas alturas, ellos deben advertir síntomas de alerta y malestar.
El primer volumen de este informe del IPCC, publicado en septiembre de 2013 en Estocolmo, estableci√≥ que los humanos son la causa principal del calentamiento global, mientras que la segunda parte, lanzada en Yokohama el 31 de marzo, afirm√≥ que ‚Äúen las √ļltimas d√©cadas, los cambios clim√°ticos han causado impactos en los sistemas naturales y humanos en todos los continentes y en todos los oc√©anos‚ÄĚ.
El IPCC está formado por más de 2.000 científicos de todo el mundo y esta es la primera vez que ha llegado a firmes conclusiones finales desde su creación por las Naciones Unidas en 1988. La principal conclusión es que para detener la carrera hacia un punto sin retorno, las emisiones globales deben reducirse entre 40 y 70 por ciento antes de 2050.
El informe advierte que ‚Äúsolo los grandes cambios institucionales y tecnol√≥gicos dar√°n una oportunidad superior a 50 por ciento‚ÄĚ de que el calentamiento global no traspase el l√≠mite de seguridad, y agrega que las medidas deben comenzar a m√°s tardar en 15 a√Īos, complet√°ndose¬† en 35.
Vale la pena se√Īalar que dos terceras partes de la humanidad es menor de 21 a√Īos y en gran medida son ellos los que tendr√°n que soportar los enormes costos de la lucha contra el cambio clim√°tico.
La principal recomendación del IPCC es muy simple: las principales economías deben fijar un impuesto a la contaminación con dióxido de carbono, elevando el costo de los combustibles fósiles, para impulsar el mercado de fuentes de energías limpias, como la eólica, la solar o la nuclear.
Diez países son los causantes de 70 por ciento del total de la contaminación mundial de gases de efecto invernadero, mientras Estados Unidos y China son responsables de 55 por ciento de esa magnitud.
Ambos países están tomando medidas serias para combatir la contaminación.
El presidente estadounidense, Barack Obama, trató en vano de obtener el beneplácito del Senado y ha debido ejercer su autoridad bajo la Ley de Aire Limpio de 1970 para reducir la contaminación de carbono de los vehículos e instalaciones industriales, estimulando las tecnologías limpias. Sin embargo, no puede hacer nada más sin apoyo del Senado.
El todopoderoso nuevo presidente de China, Xi Jinping, considera prioritario el medio ambiente, en parte porque fuentes oficiales estiman en cinco millones anuales el n√ļmero de muertes en ese pa√≠s por la contaminaci√≥n.ST000335
Pero China necesita carb√≥n para su crecimiento, y la postura del Xi es: ‚Äú¬Ņpor qu√© deber√≠amos frenar nuestro desarrollo, cuando los pa√≠ses ricos que han creado el problema actual quieren que tomemos medidas que retrasan nuestro crecimiento?‚ÄĚ.
Así se crea un círculo vicioso. Los países del Sur quieren que los países ricos financien sus costos de reducción de la contaminación y los del Norte quieren que estos dejen de contaminar y asuman sus propios costos.
Como resultado, el resumen del informe, que está destinado a los gobernantes, ha sido despojado de las premisas que podrían dar a entender la necesidad de que el Sur haga más, mientras que los países ricos presionaron para evitar un lenguaje que pudiera ser interpretado como la necesidad de que ellos asuman las obligaciones financieras.
Esto debería facilitar un compromiso blando en la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de Lima, donde se debería alcanzar un nuevo acuerdo global (recuérdese el desastre de la conferencia en Copenhague en 2009).
La clave de cualquier acuerdo est√° en manos de Estados Unidos. El Congreso de ese pa√≠s ha bloqueado toda iniciativa sobre el control clim√°tico, proporcionando una salida f√°cil para China, India y el resto de los contaminadores: ‚Äú¬Ņpor qu√© debemos asumir compromisos y sacrificios, si Estados Unidos no participa?‚ÄĚ.
El problema es que los republicanos han convertido el cambio clim√°tico en una de sus banderas de identidad. La √ļltima vez que se propuso un impuesto al carbono, en 2009, luego de un voto positivo en la C√°mara de Representantes controlada por los dem√≥cratas, el Senado dominado por los republicanos lo rechaz√≥.
En las elecciones de 2010, una serie de pol√≠ticos que votaron a favor del impuesto al carbono perdieron sus esca√Īos, lo que contribuy√≥ a que los republicanos asumiesen el control de la C√°mara.
Ahora, la √ļnica esperanza para los que quieren un cambio es aguardar las elecciones de 2016, y esperar que el nuevo presidente de Estados Unidos sea capaz de cambiar la situaci√≥n. Este es un buen ejemplo de por qu√© los antiguos griegos dec√≠an que la esperanza es la √ļltima diosa‚Ķ
El cuadro es muy simple. El Senado estadounidense está integrado por 100 miembros, lo que significa que bastan 51 votos para liquidar cualquier proyecto de ley sobre un impuesto a los combustibles fósiles.
En China, la situación es diferente.  En la mejor de las hipótesis, las decisiones las toma el Comité Permanente del Comité Central, formado por siete miembros, que son el verdadero poder en el Partido Comunista.
En otras palabras, el futuro de nuestro planeta lo deciden 58 personas de una población mundial de casi 7.700 millones de habitantes.
*Fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service y publisher  de Other News.
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