Jun 1 2014
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Pol铆tica

El G77 y la descolonizaci贸n de la geopol铆tica

Las recientes crisis en Ucrania y Siria manifiestan la compleja transici贸n hacia un mundo sin centro hegem贸nico 煤nico; lo que se est谩 denominando el 鈥渋ncipiente mundo multipolar鈥 (las 谩reas en disputa manifiestan esta t贸nica). El siglo XXI amanece con un nuevo mundo emergente que ya no presupone, ni cultural ni civilizatoriamente, la hegemon铆a occidental.

El 鈥済ran relato鈥 neoliberal del 鈥渇in de la historia鈥 se hizo pedazos el 11 de septiembre de 2001 y su 煤ltima cruzada, llamada el 鈥渃hoque de civilizaciones鈥, es derrotada en Siria y Ucrania. Es decir, el fen贸meno de la colonizaci贸n, consustancial al mundo moderno, empieza a desmoronarse en el nuevo siglo. Incluso las nuevas potencias emergentes, si optaran por asegurarse 谩reas de influencia, ya no podr铆an hacerlo seg煤n las prerrogativas que adoptaron las potencias occidentales cuando se repartieron el 脕frica y el Oriente. La sobrevivencia de un mundo multipolar pende del siguiente detalle: los t茅rminos en que se expresen las alianzas geopol铆ticas s贸lo podr铆an cimentarse en una cooperaci贸n mutua y estrat茅gica y ya no en exclusivas relaciones de dominaci贸n.

Las 煤ltimas bravuconadas que Occidente despliega b茅licamente no hacen sino mostrarnos su decadencia profunda. Ya no pudo invadir Siria, y eso le est谩 costando, no s贸lo credibilidad sino, sobre todo, la desconfianza en su capacidad militar. Incluso podr铆a decirse que el 3 de septiembre de 2013 se evit贸 la tercera guerra mundial, cuando el sistema de defensa a茅reo ruso S300-PS, desde la base de Tartus, en Siria, intercepta y destruye misiles tomahowks (lanzados desde la base gringa de Rota, en la bah铆a de C谩diz), que ten铆an como destino Damasco. Desde entonces queda demostrado que los rusos han recuperado su importancia militar; lo cual equilibra un mundo que hab铆a sido capturado por USA (seg煤n Ehud Barack, exministro de asuntos militares de Israel, eso debilita a USA en todo el mundo). Desde el triunfo de Rusia ante Georgia, por Osetia del Sur, el 2008, puede decirse que la geopol铆tica del siglo XX ha sido dislocada en favor de una nueva reconfiguraci贸n planetaria.

En Ucrania termina de rematarse la cosa, puesto que la injerencia occidental, comandada por USA, no hace sino, para su propia desgracia, acercar a煤n m谩s a China y Rusia, lo cual significa, en lo venidero, el viraje definitivo de la econom铆a mundial hacia el Oriente. El 煤ltimo acuerdo monumental entre Rusia y China (cuyo comercio bilateral alcanzar谩, para el 2020, los 200.000 millones de d贸lares), no s贸lo ratifica la hegemon铆a de una Eurasia oriental, en torno a la restauraci贸n comercial de la 鈥渞uta de la seda鈥, sino hasta posibilita que China se expanda hacia Occidente (los m谩s que probables ejercicios militares conjuntos entre Rusia y China en pleno Mar Negro). Ni USA ni Europa tienen la musculatura, ni econ贸mica ni militar, para hacer valer sus sanciones econ贸micas a una Rusia que, aliada de China, ya no tiene necesidad de supeditarse a un Occidente en plena decadencia.

El mundo y su cartograf铆a geopol铆tica, tal cual hab铆a sido concebida por las potencias occidentales, desde el siglo XIX, est谩 feneciendo. Esto quiere decir que la disposici贸n centro-periferia, pertinente al mundo moderno, ya no tiene sentido. Como tampoco tiene sentido, frente a la crisis clim谩tica y energ茅tica, un sistema econ贸mico que s贸lo sabe administrar el despojo sistem谩tico de vida (humanidad y naturaleza) en favor de los fetiches del mundo moderno: el capital y el mercado. La crisis es civilizatoria y s贸lo puede ser comprendida, en su verdadera magnitud, desde una perspectiva multidimensional.

Esto quiere decir que, tampoco las ciencias modernas, en su crisis epistemol贸gica, estar铆an a la altura de dar raz贸n de la crisis. Si todas parten de los mitos y prejuicios modernos, 驴c贸mo podr铆an auscultar una crisis que la originan estos mismos mitos y prejuicios? La crisis actual manifiesta una rebeli贸n de los l铆mites mismos de un mundo que es finito; pero la ciencia moderna, la econom铆a capitalista y el mismo paradigma del desarrollo, suponen recursos de aprovechamiento infinitos como presupuesto de un progreso tambi茅n infinito.

Este presupuesto da origen a la sociedad moderna. Pero es un presupuesto falso, porque los recursos no son infinitos. Ni la naturaleza ni el trabajo humano pueden garantizar un progreso sin fin. Un crecimiento sin l铆mites es una pura ilusi贸n trascendental. Por eso el mundo moderno se halla en la peor de sus encrucijadas; pues si su econom铆a se basa en el crecimiento econ贸mico, este crecimiento supone el aprovechamiento desmedido de energ铆a f贸sil. Sin energ铆a se hace imposible crecer. Crecer para el primer mundo significa aumentar su consumo de energ铆a; pero si a帽adimos a esto que el mito moderno de los pa铆ses ricos es crecer indefinidamente, fieles al modelo de desarrollo y progreso infinito, resulta que su propia forma de vida, basada en el crecimiento infinito, ya no puede sostenerse. Entonces, lo que se vislumbra, como consecuencia de esta crisis, es el colapso cultural y civilizatorio de la modernidad occidental. No siendo ya el primer mundo due帽o de la energ铆a del planeta (desde el 2003, cuando British Petroleum confirma el fracaso de la guerra de Irak), ya no puede subvencionar su desarrollo con la miseria que genera su econom铆a en el resto del planeta.

La crisis financiera se vincula tambi茅n a la crisis energ茅tica, que es la otra cara de la rebeli贸n de los l铆mites ante las pretensiones ilimitadas de un crecimiento sin fin. Este crecimiento es ya insostenible ante la evidencia del agotamiento paulatino de los recursos energ茅ticos. Lo cual hace m谩s vulnerable la estabilidad a futuro de un d贸lar que, sin petr贸leo, no tiene nada que lo sostenga (a no ser sus bombas nucleares). El primer mundo requiere cada vez m谩s energ铆a para crecer econ贸micamente, pero si ya no dispone de energ铆a barata y abundante, todo su complejo industrial y tecnol贸gico se estanca. Entra en crisis. Tanto su producci贸n como su consumo ya no pueden sostenerse. La crisis manifiesta aquello. La crisis clim谩tica es la rebeli贸n de los l铆mites: el mundo es finito.

Por eso el mito de la globalizaci贸n encierra una apor铆a insoluble: si el mundo es uno, entonces no es infinito. El sistema-mundo-moderno-occidental choca entonces con la fuente de donde emana todo lo que hace posible la vida: la naturaleza es 煤nica, lo cual no quiere decir que sea infinita. 脷nica quiere decir vulnerable. Su finitud es constataci贸n de su condici贸n de sujeto. Por eso no puede no tener derechos. Si la vida procede de ella es porque es Madre. Por eso le decimos PachaMama. La extracci贸n indiscriminada que se hace de sus componentes vitales, en torno a una acumulaci贸n excesiva de ganancias, hace imposible que pueda reponer lo que se le ha quitado: la sobre-explotaci贸n de un recurso conduce a la destrucci贸n paulatina de todo su contexto vital. A esto llamamos extractivismo, protot铆pico del capitalismo.

La curva geof铆sica de Hubbert fue dise帽ada para mostrarnos que todo elemento depletable, como el petr贸leo, alcanza una c煤spide en su explotaci贸n, para nunca m谩s superar aquello. Seg煤n el World Energy Outlook (informe anual de la Agencia Internacional de Energ铆a del 2010) esta c煤spide a nivel mundial ya se habr铆a alcanzado el 2006. Y, si es cierto que la c煤spide de todos los hidrocarburos, adem谩s del uranio, se dar铆a el 2018, entonces se hace imprescindible una transformaci贸n en la base energ茅tica; pero los pa铆ses ricos no responden de modo sensato a esta realidad sino que apuestan por un peligro a煤n mayor: los agrocombustibles.

Pareciera que los pa铆ses ricos, al no encontrar salida a su crisis, optan por meterse m谩s en ella. Pues esta supuesta soluci贸n a la crisis energ茅tica supondr铆a un holocausto alimenticio a nivel global (la subida de los precios de granos y alimentos corrobora una tendencia de car谩cter especulativo que aprovecha ufano el capital financiero).

La pelea energ茅tica es ahorita la t贸nica de los dislocamientos geopol铆ticos. Para el imperio es imprescindible la combinaci贸n d贸lar-petr贸leo. Sin petr贸leo no puede sostener su infraestructura b茅lica planetaria. Si tiene el petr贸leo tiene el control. Entonces la situaci贸n en Ucrania y Siria nos lleva tambi茅n a reflexionar acerca de la amenaza sistem谩tica que ejercen los poderes f谩cticos en Venezuela. Necesitan del petr贸leo venezolano para equilibrar su poder ante estas nuevas derrotas en Ucrania y Siria.

USA persigue su soberan铆a energ茅tica recapturando a Latinoam茅rica. Por eso el TLCAN con M茅xico reaviva la 鈥淒octrina Monroe鈥, por eso lo que sucede en Venezuela forma parte de su estrategia geopol铆tica ante el ascenso de China y Rusia; las bases militares gringas de Colombia y Per煤 ya no apuntan s贸lo a Venezuela sino tambi茅n a Brasil. No s贸lo el Orinoco sino el Amazonas son 谩reas geoestrat茅gicas para restaurar un mundo unipolar (parece que Brasil, aun siendo parte de los BRICS, no se ha anoticiado de esto).

Esta lectura nos sirve para diagnosticar, establecer y determinar el contexto epocal que subyace a la celebraci贸n de la 鈥50 reuni贸n cumbre del G77鈥. Esta cumbre que se realizar谩 en Bolivia es in茅dita, pues si en sus inicios el G77 s贸lo coordinaba programas de cooperaci贸n en materia de comercio y desarrollo para una mejor integraci贸n en el mercado mundial, la nueva reconfiguraci贸n geopol铆tica y geoecon贸mica actual, sienta las bases para hacer de este grupo un contrapeso a la hegemon铆a 鈥揺n decadencia鈥 de los pa铆ses ricos.

No s贸lo Bolivia, sino el ALBA y hasta el MERCOSUR, tienen la mejor oportunidad de liderar una transici贸n con perspectiva mundial. Por eso la necesidad de contar, en la actualidad, con una perspectiva geopol铆tica ya no s贸lo coyuntural sino acorde con este proceso de transici贸n planetaria. Politizar la cumbre G77 es fundamental para que nuestros pa铆ses sit煤en a nuestra regi贸n en el nuevo centro de gravedad de la transici贸n civilizatoria del siglo XXI. Por eso el 鈥渧ivir bien鈥 y la 鈥渄escolonizaci贸n鈥 ya no pueden diluirse en la pura ret贸rica sino consolidarse como el discurso pertinente a un mundo en transici贸n civilizatoria.

El G77 nace dentro del paradigma del desarrollo y en un mundo repartido entre dos potencias. Con la imposici贸n de un mundo unipolar, el grupo no ten铆a m谩s car谩cter que el exclusivamente declarativo. Pero con la decadencia del mundo unipolar y el ascenso de los BRICS, nuevos m谩rgenes de acci贸n se presentan para este tipo de grupos (tambi茅n es el caso de los 鈥渘o alineados鈥), pues los mismos organismos internacionales (pertinentes a la hegemon铆a gringa) se hallan seriamente cuestionados; entonces, ante el declive de unos y el ascenso de otros, el G77 se halla en condiciones nunca antes experimentadas, pues el mundo moderno atraviesa, por vez primera, la ausencia del poder hegem贸nico occidental, pero a su vez, tambi茅n se encuentra en medio de una crisis civilizatoria que amenaza a la supervivencia propia del planeta.

En ese contexto, la reuni贸n en Bolivia podr铆a despertar una conciencia global de un necesario cambio de paradigma frente a la decadencia del capitalismo. S贸lo una mancomunidad de esfuerzos de los pa铆ses pobres podr铆a augurar nuevas v铆as que puedan apostar las econom铆as perif茅ricas, con el fin de desprenderse definitivamente de las prerrogativas de los pa铆ses ricos (ahora en crisis profundas) y proponerse despegues econ贸micos que ya no busquen una integraci贸n subordinada al capital y al mercado globales sino de una reconstrucci贸n de sus propias econom铆as. Este periodo de transici贸n hacia un nuevo sistema econ贸mico mundial durar谩 por lo menos un siglo; no se sabe qu茅 adviene pero la econom铆a no puede continuar con las prerrogativas propias del modelo de producci贸n, consumo y acumulaci贸n actual.

El ascenso de las potencias emergentes no s贸lo reequilibran el poder global sino que hace posible descentrar la econom铆a y la pol铆tica globales. La disposici贸n centro-periferia es lo que ya no puede mantenerse; con el ascenso de los BRICS se reivindican culturas y civilizaciones que el mundo moderno las consider贸 arcaicas y superadas del todo. India y China vuelven a tener la importancia global anterior a la modernidad. Por eso no es raro que una buena parte de la literatura gringa hable del 鈥渃hoque de civilizaciones鈥. Occidente se siente amenazada por el despertar de las civilizaciones que supuso atrasadas, lo cual no hace sino desmentir su presunta superioridad civilizatoria.

Para este a帽o China ser谩 la primera econom铆a mundial y para el 2020 China superar谩 en lo tecnol贸gico, econ贸mico, cient铆fico, educativo, etc., a la suma conjunta de Europa y USA. Solo en el 铆ndice PISA, que mide el nivel educativo en el mundo, de los 10 primeros puestos, 7 son pa铆ses asi谩ticos (hasta Vietnam est谩 por encima de USA). Es decir, la decadencia del primer mundo es ya una cuesti贸n de hecho.

En ese contexto, el primer mundo ya no es m谩s modelo civilizatorio. Y la econom铆a que patrocin贸 por cinco siglos ya no es m谩s sostenible. Energ茅ticamente el mundo ya no puede seguir el modelo de consumo occidental; a lo cual hay que a帽adir que las potencias emergentes no son autosuficientes y ya no pueden hablar en los t茅rminos colonialistas que lo hac铆an Europa y USA. La colonizaci贸n ya no ser铆a posible de reeditarse en el siglo XXI.

Esto quiere decir que, un mundo multipolar, permite pensar una situaci贸n mucho m谩s rica y compleja: la ceropolaridad. Este concepto es novedoso en la geopol铆tica y quiere describir un mundo sin hegemon铆as concentradas. Pues tampoco las nuevas potencias emergentes, pueden decidir todo sin contar con los afectados; esto significa que ninguna potencia puede ejercer, de modo 煤nico, su influencia sobre todos los acontecimientos.

Cuando los poderes hegem贸nicos retroceden en algo, las soberan铆as nacionales, aunque m铆nimas, despiertan a nuevas apuestas; y si estas apuestas se generalizan, entonces tenemos una coyuntura como la actual: un 鈥渃ambio de 茅poca鈥. Una nueva disposici贸n geopol铆tica planetaria con ya no un solo centro abre m谩rgenes de acci贸n para los pa铆ses pobres. Pero estos, de modo aislado, no podr铆an superar su situaci贸n. S贸lo la cooperaci贸n y las alianzas estrat茅gicas podr铆an enfrentar, de modo m谩s plausible, la arremetida de los pa铆ses ricos.

Estas alianzas no pueden prescindir de los BRICS. China recupera el pac铆fico como centro de la econom铆a global y eso supone tambi茅n que los flujos comerciales se des-occidentalicen. Junto a la India establecen una nueva geograf铆a de la econom铆a mundial. Por primera vez, despu茅s de 500 a帽os, Am茅rica aparece otra vez al extremo oriente del oriente, mostrando el verdadero sentido y direcci贸n de la civilizaci贸n humana. Occidente nunca fue la culminaci贸n del desarrollo de la civilizaci贸n humana. Las implicaciones de este tipo de recambios van a tener sus repercusiones hasta en lo cultural.

Aliarse a los BRICS no tendr铆a que significar avalar, o peor, remedar su modelo de crecimiento econ贸mico. Pero en una nueva cartograf铆a geopol铆tica y un nuevo mapa institucional global, nuestros pa铆ses podr铆an demandar, en condiciones m谩s favorables, una transformaci贸n del modelo productivo y de consumo que ha originado el capitalismo. Por eso necesitamos reafirmar la creaci贸n de una nueva arquitectura financiera global. Se dice que nadie, en el contexto global, es independiente del todo; se es independiente en la medida en que se conoce y se aprovecha, en beneficio propio, el grado de dependencia que se tiene.

Una transformaci贸n del modelo productivo supone una nueva arquitectura financiera y 茅sta presupone un nuevo marco jur铆dico del derecho, nacional e internacional, que le devuelva la soberan铆a a los pueblos. Cuestionar todo aquello supone tambi茅n advertir que no es un modelo de desarrollo lo que ha entrado en crisis sino el propio desarrollo; el af谩n de control y dominio de la naturaleza, reducida a objeto a disposici贸n, es lo que ya no puede sostenerse. La propia concepci贸n que de naturaleza tiene el capitalismo y la modernidad, es lo que hace insostenible todo sistema econ贸mico. Por eso, la defensa de 鈥渄erechos de la Madre tierra鈥, el 鈥渧ivir bien鈥, la 鈥渄escolonizaci贸n鈥, se constituyen en criterios epocales que sostienen una toma de conciencia global; esto es lo que establece, en nuestro caso, un liderazgo nunca antes imaginado y que nos abrir铆a la posibilidad de establecer una agenda mundial.

Los desaf铆os son grandes, por ejemplo, desafiar al mismo mercado global supone la promoci贸n de sistemas de producci贸n locales y tecnolog铆as ancestrales o la recuperaci贸n de econom铆as campesinas comunitarias como base de la soberan铆a alimentaria. S贸lo aquello podr铆a remediar, en un 50%, la emisi贸n de gases de efecto invernadero (que provoca las gran agroindustria). La autosuficiencia alimentaria es parte de la consolidaci贸n de alternativas en la econom铆a e, inevitablemente, de la revalorizaci贸n de las culturas antes despreciadas.

El nivel de agresi贸n y destrucci贸n del proceso de producci贸n capitalista, destaca una invariable en su propia l贸gica: destruir para producir. En ese sentido, la decadencia del capitalismo arrastra al mundo y a la vida en su conjunto. Las implicancias a futuro de esta decadencia es la que obliga al mundo a proponerse nuevas alternativas. Por eso la respuesta no puede provenir del primer mundo, pues la apuesta de 茅ste es 煤nicamente alterar el rumbo que est谩 adquiriendo el mundo multipolar e impedir definitivamente su consolidaci贸n.

En Ucrania, la opci贸n occidental consiste en restaurar el orden hegem贸nico unipolar; pues la sobrevivencia de Europa misma se encuentra en entredicho. La dependencia del gas ruso le aleja de la esfera gringa y le convierte en una semi-colonia energ茅tica de una econom铆a cuyo centro se hace cada vez m谩s oriental. Los dislocamientos geopol铆ticos de este nuevo siglo hacen resurgir a la regi贸n euroasi谩tica como lugar estrat茅gico para controlar y dominar al mundo. Para Occidente es vital recuperar esa zona, pues sus estrategas consideran que Ucrania es la entrada a Eurasia, donde vive el 75% de la poblaci贸n mundial y donde se hallan 戮 partes de toda la energ铆a conocida. Capturando a Ucrania se trata de impedir que la econom铆a se orientalice, pues si Rusia se acerca a China (y a India), Occidente deja de tener la importancia que una vez tuvo y su econom铆a no podr铆a ya reponer su predominio (por eso hasta Alemania juega doble, pues tambi茅n se acerca a China y Rusia, aunque no renuncia a su pertenencia occidental).

El G77 no puede desatender este nuevo contexto que est谩 alterando por completo el tablero geopol铆tico mundial. En medio de un incipiente mundo multipolar, la visi贸n que se tenga no puede reducirse a lo meramente local. En un mismo mundo compartido, todo tiene relaci贸n con todo. Una nueva lectura del relacionamiento internacional pasa por una actualizaci贸n geopol铆tica de un mundo en transici贸n. La narrativa actual es geopol铆tica, pero no una geopol铆tica provinciano-imperial sino una geopol铆tica verdaderamente mundial.

Esto nos posibilita advertir tambi茅n el car谩cter ideol贸gico, unilateral y hasta plagado de un provincianismo cultural de los marcos te贸rico-conceptuales de las relaciones internacionales y la diplomacia, como disciplinas sociales. Estas disciplinas tienen una reducida perspectiva europeo-norteamericana, que justifica un excepcionalismo inadmisible hoy en d铆a. La decisiva dependencia que tienen estas disciplinas de la pol铆tica exterior norteamericana, delata tambi茅n una profunda ignorancia de otros mundos culturales y civilizatorios que no pueden ser reducidos a la mirada occidental.

Esto nos lleva a advertir que, si el mundo que viene ser谩 multipolar, nuestra geopol铆tica deber谩 tambi茅n, acorde con ese nuevo mundo, tener una visi贸n multidimensional de implicancias globales, o sea, deberemos aprender a ver el mundo desde una perspectiva propia. Si los chinos, hind煤es, iran铆es y rusos, propician think tanks propios, con perspectivas geopol铆ticas radicalmente distintas a las de europeos y gringos, no menos debemos realizar en este lado del mundo. El asunto, en definitiva es, o producimos una perspectiva propia de lo que sucede en el mundo o nos contentamos con la perspectiva usual, que es la occidental. De una determinada narraci贸n se deduce una determinada posici贸n. Si la narraci贸n es la decadente, la moderno-occidental, entonces lo que se deduce es la defensa de los intereses y los valores moderno-occidentales.

El mundo es lo que se interpreta de 茅ste. O descubres el mundo o te lo encubren. La pol铆tica exterior de nuestros pa铆ses ha estado siempre constituida a partir de los marcos te贸rico-conceptuales de la narraci贸n geopol铆tica imperial. Desprenderse de aquello supone producir una nueva narraci贸n geopol铆tica que de nacimiento a un nuevo tipo de relaciones internacionales. Lo usual en teor铆a de las relaciones internacionales ha sido siempre la lectura abstracta, descontextualizada, sin historia, usando conceptos meramente formales, que ordenaban un pasivo reacomodo a las situaciones impuestas. La geopol铆tica parec铆a patrimonio del centro, por eso hasta la izquierda ingenua entend铆a 茅sta como una disciplina imperial (sumidos en la lectura hacia adentro olvidaban a menudo el mundo real en el cual se encontraban).

Las lecturas hegem贸nico-imperiales est谩n en crisis, develando el provincianismo de la visi贸n del centro ante un mundo de ascensos civilizatorios que no logran comprender. Occidente nunca conoci贸 al mundo, por eso mira at贸nito el ascenso de las potencias emergentes y descubre que no tiene otra cosa que la fuerza bruta para imponerse. El afamado historiador de la Universidad de Yale, Paul Kennedy, sostiene que los asuntos internacionales no andan bien en el mundo pol铆tico y social y que incluso estar铆an comenzando a desmoronarse, tanto institucional como discursivamente. Pero este desmoronamiento lo ve como un atentado al 鈥渕undo libre鈥, es decir, no es capaz de ver que se trata del desmoronamiento cultural-civilizatorio de la propia hegemon铆a occidental, es decir, el llamado 鈥渕undo libre鈥.

La conclusi贸n que este tipo de personajes 鈥搈uy influyentes en 谩mbitos de poder鈥 presenta, es que el mundo est谩 desquiciado. Esa visi贸n delata a un centro que ya no sabe leer un nuevo mundo emergente. Para Charles Hill, legendario funcionario del Departamento de Estado, el antiguo orden conocido como el siglo norteamericano, que era parte de la era moderna, parece estar apag谩ndose. Su diagn贸stico es revelador, pues se帽ala que la era que viene 鈥測a no ser谩 moderna鈥; pero lo que constituir铆a una esperanza para el resto del mundo pobre, 茅l lo ve como 鈥渘ada agradable鈥.

Por supuesto, desde el imperio no es nada agradable perder su preeminencia; por eso hace bien David Brooks (columnista del New York Times) en se帽alar que el orden moderno al cual se refiere Hill, es un sistema de Estados que encarnan los dos grandes vicios de las relaciones internacionales: el deseo de dominio expansivo y de eliminaci贸n de la diversidad. De ello se puede colegir que las mismas relaciones internacionales no fueron nunca concebidas para un mundo multipolar no occidental. Para el imperio, la geopol铆tica ha sido la defensa exclusiva de sus intereses, a los cuales llama sus valores. Un mundo multipolar y polic茅ntrico es algo inconcebible para la geopol铆tica imperial, pero una necesidad a ser pensada en la geopol铆tica de nuestros pa铆ses. Por eso tiene sentido hablar de una descolonizaci贸n de la geopol铆tica.

La transici贸n civilizatoria no puede ser ciega. Advertir el sentido potencial de una nueva reconfiguraci贸n planetaria, sin hegemon铆a 煤nica, permite dise帽ar una nueva fisonom铆a global m谩s acorde a una realidad diversa y plural. Por eso la visi贸n provinciana de la geopol铆tica imperial ya no sirve para interpretar el sentido de la transici贸n. La narrativa geopol铆tica deber谩 recuperar las historias negadas y los horizontes culturales olvidados. Si el G77, y Bolivia y los pa铆ses del ALBA, est谩n a la altura de liderar la transici贸n civilizatoria, lo que l贸gicamente deber铆a acontecer es la posibilidad de fundar, en el mediano plazo, una nueva 鈥淟iga de las Naciones鈥 (como reconocimiento adem谩s a sus verdaderos inspiradores: la liga ind铆gena Iroquesa).

Si todas las instituciones mundiales ya no cuentan con legitimidad, pues todas ellas responden a la disposici贸n centro-periferia, protot铆pica de la hegemon铆a moderno-occidental, la propia ONU deber铆a desaparecer y dar lugar a una nueva y m谩s democr谩tica organizaci贸n. El G77 contiene la mayor concentraci贸n de pa铆ses miembros de la ONU, por tanto, su legitimidad es considerable. Un nuevo mundo en ciernes no puede amanecer con instituciones arcaicas.

*Autor de 鈥渓a Descolonizaci贸n de la Pol铆tica. Introducci贸n a una Pol铆tica Comunitaria鈥, Plural editores, la Paz, Bolivia

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