Sep 1 2013
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Política

El gran misterio del EPP paraguayo

Sin enfrentamientos armados con el ej√©rcito, sin documentaci√≥n que explique a la ciudadan√≠a sus fundamentos ideol√≥gicos y objetivos, sin que nadie responsablemente pueda ofrecer datos concretos de sus fuentes de financiaci√≥n, hace d√©cada y media que la derecha pol√≠tica y empresarial paraguaya, a trav√©s de los medios de comunicaci√≥n afines, sostiene que el enemigo p√ļblico n√ļmero uno es el Ej√©rcito Paraguayo del Pueblo (EPP).

Esa sigla comenz√≥ a sonar hace a√Īos luego de que algunos militantes perif√©ricos del Movimiento Patria Libre -desbaratado tras el secuestro de su l√≠der Juan Arrom por los servicios secretos-, una vez ca√≠dos en manos de la polic√≠a, se declaraban, voluntariamente o no, revolucionarios, incluso en exceso. Hay mujeres y hombres presos desde entonces y en muy malas condiciones de detenci√≥n. Tras la nebulosa inicial, y al comenzar a producirse algunos secuestros de hacendados y la muerte de alg√ļn polic√≠a o civil, todo el arsenal derechista se ha volcado a colgarle al EPP la autor√≠a, sin ninguna prolijidad para presentar pruebas verificables hasta el d√≠a de hoy, lo cual abri√≥ las puertas a la hip√≥tesis de que toda la historia de la tan mentada guerrilla podr√≠a tratarse simplemente del accionar de una organizaci√≥n criminal montada en el mundo del narcotr√°fico y el acaparamiento de tierras, con el objetivo de recaudar dinero y desestabilizar pol√≠ticamente al pa√≠s, dando raz√≥n a la intervenci√≥n extranjera, es decir, de Estados Unidos.

Con la llegada a la presidencia del empresario Horacio Cartes, el jueves 15, de nuevo arrecia la campa√Īa contra esa presunta organizaci√≥n, tras el asesinato, apenas dos d√≠as despu√©s de la asunci√≥n de Cartes, de cuatro agentes de seguridad privada y de un polic√≠a en una estancia de un ciudadano brasile√Īo en el nororiental departamento de San Pedro. Tres d√≠as antes hab√≠a sido acribillado el dirigente campesino Lorenzo Aquino.

La respuesta inmediata del nuevo ministro del Interior, Francisco de Vargas, director del servicio antidrogas hasta unos días antes de ser designado, fue la de pedir ayuda militar a Estados Unidos, lo cual ha generado particular inquietud entre algunos sectores sociales, pues ya existe preocupación por la creciente injerencia de esa potencia en los asuntos internos de Paraguay, con el agravante de que su accionar cuenta con agentes contrainsurgencia de Colombia y expertos israelitas en contraterrorismo, contratados por Cartes hace unos meses.

En el balance de los a√Īos de su presunta vida no se registra en el haber del EPP ninguna acci√≥n netamente revolucionaria, por el contrario ha sido siempre un pretexto muy rentable para la represi√≥n de las organizaciones campesinas y las 250 mil familias de labriegos convertidos en parias.

A juicio del ingeniero Miguel Lovera, ex presidente del Servicio Nacional de Sanidad Vegetal y Calidad de Semillas, con rango de ministro durante el gobierno de Fernando Lugo, y convertido en enemigo mayor de las corporaciones trasnacionales del agronegocio, ¬ęaqu√≠ se est√° aplicando el mismo libreto del Catatumbo colombiano, que est√°n bajando al Tacuat√≠ paraguayo¬Ľ: criminalizar las luchas campesinas, la eliminaci√≥n selectiva de dirigentes, la intimidaci√≥n de la poblaci√≥n en general, despoblar √°reas rurales para asegurar m√°s espacio a los latifundios, la militarizaci√≥n del territorio y, la guinda de la torta, la intervenci√≥n de agentes extranjeros contra el terrorismo y el narcotr√°fico.

En Paraguay menos del 3 por ciento de la población ocupa el 85 por ciento de las mejores tierras agrícolas en los 400 mil quilómetros cuadrados de la geografía nacional, en la más desigual tenencia de toda Sudamérica, con latifundios de un millón de hectáreas y con unos ocho millones de éstas ocupadas ilegítimamente.

Desde que se anuncia la existencia del EPP, todos los males del pa√≠s son generados por esa terrible organizaci√≥n guerrillera. Nadie muestra pruebas de su existencia, pero de inmediato se caratula como otra acci√≥n criminal de los subversivos a cada secuestro de hacendado o ataque a alg√ļn polic√≠a o a alguna comisar√≠a en cualquier sitio del pa√≠s, en particular en los departamentos del noreste, territorio ocupado por la mafia del tr√°fico de drogas, seres humanos, maquinaria, veh√≠culos, tabaco, cigarrillos, madera en bruto. Abundan signos que tambi√©n permiten presumir ajustes de cuentas entre capos mafiosos.

El fiscal Jalil Rachid mantiene en prisi√≥n desde hace 14 meses a una docena de campesinos a quienes acusa de responsabilidad en la masacre de Curuguaty, el 15 de junio del a√Īo pasado, usada como pretexto para dar el golpe de Estado contra el gobierno progresista de Lugo a la semana siguiente. Once campesinos -cifra oficial, pero mayor seg√ļn los familiares- y cinco polic√≠as murieron ese d√≠a en una emboscada en el paraje de Marina Cu√©, 1.800 hect√°reas ocupadas ilegalmente desde hace cuatro d√©cadas por la familia Riquelme, una de las m√°s acaudaladas del pa√≠s, vinculada a la c√ļpula del hoy gobernante Partido Colorado. Rachid sostiene que es deber de los presos pol√≠ticos demostrar su inocencia. Lo mismo piensa el nuevo ministro de Defensa, destituido por Lugo, Soto Estigarribia, para quien el pa√≠s, gracias al Partido Colorado, est√° muy bien, ¬ęcon apenas un mill√≥n y pocos de pobres extremos¬Ľ.

En su opini√≥n, Lugo fue derrocado ¬ęen un juicio pol√≠tico que hubo que hacerlo r√°pido porque exist√≠a posibilidad de movilizaci√≥n de masas¬Ľ. Otro que le sigue de cerca es el ex ministro del Interior, Nelson Alcides Mora, partidario de ¬ęreflotar la Guerra Fr√≠a para frenar el comunismo¬Ľ.

Esos exabruptos están resurgiendo con fuerza con el retorno colorado al gobierno, y van de la mano de una intensa utilización del EPP, sigla a la cual la policía le atribuye 20 muertos, entre civiles y policías, desde que comenzó su difusión, frente a más de 130 campesinos.

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