Mar 1 2011
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OpiniónPolítica

El gran Oriente Medio y las rebeliones políticas del mundo árabe

Miguel Ángel Contreras Natera*
En el último mes, las rebeliones políticas y sociales del mundo árabe, han tenido una significación histórica universal. La convulsión sistémica ha sido una experiencia tumultuosa, intensa y devastadora similar a la caída del imperio otomano.

El quiebre de los dispositivos de regulación social y política (miedo y sumisión) conjuntamente con la aspiración de derechos sociales y democracia de los manifestantes representa una ruptura con décadas de políticas de ajuste estructural. De modo tópico, el crujir de las estructuras del neoliberalismo disciplinario. La enseñanza de los acontecimientos del mundo árabe, la lección mínima, es que lo que aparenta una estabilidad a toda prueba puede acabar hundiéndose. En palabras de Karl Marx "todo lo sólido se desvanece en el aire".

Por ello, es necesario retomar las admonitorias palabras de Raúl Zibechi, los latinoamericanos estamos a tiempo de aprender de la rebelión árabe. En tanto las estratagemas del capitalismo en su versión de neoliberalismo disciplinario edifican una fabricación del consenso que logra disimular sus intereses dentro del Oriente medio. Principalmente, en cuanto el cinismo del realismo político ha logrado mediatizar para el público en general las consecuencias de las rebeliones árabes. La intensificación de la mediatización con dispositivos tecnológicos complejos construye una red global de información que tiene efectos dramáticamente unificadores como ocurrió con las estratagemas mediáticas de las guerras anteriores contra Afganistán e Irak.

El programa del gran Oriente Medio

La guerra perpetua en tanto guerra preventiva se ha convertido en uno de los tópicos centrales en la reestructuración del Gran Oriente Medio en la fórmula presentada por el gobierno de los Estados Unidos. Este último concepto se refiere a una estrategia de reconstrucción presentada por el presidente George W. Bush en la reunión del G-8 en Georgia en 2004, que designa un vasto territorio horizontal, que va desde Marruecos (norte de África) pasa por Irán y se extiende hasta Pakistán.

Este arco democrático, en palabras del cínico estratega Brzezinski, va desde el Golfo de Guinea (suroeste Atlántico de África) al Mar Caspio pasando por el Golfo Pérsico, la construcción del Gran Oriente Medio supone una redefinición del trazado de fronteras para el control estratégico del extenso corredor de hidrocarburos que concentra el 70 % de las reservas de petróleo en el mundo.

El objetivo en la redefinición del Gran Oriente Medio es regresar al trazado de fronteras de los acuerdos secretos a los que llegaron, en 1916, el imperio francés y británico (los llamados acuerdos Sykes-Picot definían una división general del medio Oriente después de concluida la primera guerra europea). La finalidad de este acuerdo era debilitar al imperio Otomano (había apoyado a Alemania en la guerra) y establecer un reparto colonial de los territorios del medio Oriente.

La idea constructiva del Gran Oriente Medio –en su versión estadounidense- supone reemplazar los Estados heredados del derrumbe del imperio Otomano por entidades pequeñas de carácter mono-étnicas y neutralizar estos mini-Estados fomentando la conflictividad entre ellos.

Esta estrategia se funda en el caos constructor de los straussianos y persigue construir nuevos enemigos (Estados canallas) contra la seguridad de los Estados Unidos y del mundo libre con el objetivo central de promover el credo liberal en su versión militar (neoliberalismo disciplinario). Al incrementar el caos, la conflictividad y la conmoción en el Gran Oriente Medio se destruye toda forma de resistencia política, cultural, militar y religiosa. Como una justificación ideológica de los objetivos militares estadounidense en el Gran Oriente Medio tenemos la visión de uno de los propagandistas del Choque Civilizacional.

Para Samuel Huntington “ha existido una continuidad en el Islam desde su fundación. Se trata de una religión militante en la en la que no existe distinción entre lo que es religioso y lo que es laico. La idea de dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios es totalmente antitética al Islam. Esta proclividad teocrática hace que las sociedades islámicas les resulte extraordinariamente difícil adaptarse con facilidad a sociedades en las que la mayoría son no musulmanas (…)

Por el momento, el conflicto entre Occidente y los estados confucianos-islámicos se centra fundamentalmente en armas nucleares, químicas y biológicas, misiles balísticos, y elaborados sistemas de dirección. Mientras el Occidente fomenta la no proliferación nuclear como norma universal, estas naciones afirman sus derecho a adquirir y desplegar cuanto armamento consideren necesario para su seguridad” (Huntington,1995:64).

Esta operación mediática deshumaniza a los aliados de este criminal construyendo la justificación racional de la intervención militar en cuanto intervención humanitaria. En fin, el territorio y su población civil se convierten en objetivos legítimos o alternativamente en daños colaterales, en el sentido de su cercanía en las proximidades del criminal. La proyección de un Estado canalla en tanto persona moralis implica una justificación anticipada de la intervención militar humanitaria estadounidense. El Consejo de Seguridad de la ONU apunta en la dirección de crear las condiciones diplomáticas, políticas y financieras para establecer bases militares que aseguren el flujo de gas y petróleo para Occidente.

Lecciones para América Latina

La criminalización de la protesta popular ha sido una constante del pensamiento único (neoliberalismo disciplinario) y sus variantes autoritarias. Las rebeliones sociales y políticas del mundo árabe apuntan en el mediano plazo a modificar el entramado de regulación institucional de las últimas décadas. Pero, sobre todo, abren un espacio para pensar lógicas emancipatorias que logren reordenar las relaciones entre el Norte y el Sur.

No es posible el modo de vida occidental sin la explotación sistemática de los territorios y poblaciones del Sur. La guerra por los recursos no es un oxímoron. Por ello, dictadores de distinto tipo en el mundo árabe, eran completamente funcionales al orden occidental.

En palabras de Raúl Zibechi, en América Latina no es posible hacernos los distraídos ante las rebeliones sociales y políticas del mundo árabe actual. Tenemos que llamar las cosas por sus nombres. La lucha por los conceptos adecuados es parte fundamental de las luchas políticas de la emancipación. Estamos en un momento bifurcación sistémica. Este extraordinario momento de posibilidad de cambio transformativo tiene tres vectores decisivos.

Uno es el campo de la política entre aquellos que sostienen sistemas y principios axiológicos inconmensurables u opuestos. El segundo en las elecciones ético-morales que guían nuestras acciones. Y el tercero dentro del mundo del conocimiento y el saber, que determina si podemos clarificar las alternativas históricas con las que nos enfrentamos, hacer más lúcida nuestra elección, criticando y facultando a aquellos que están comprometidos con los cambios políticos y ético-morales de la que el conocimiento y el saber no pueden apartarse.

*Académico venezolano

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