Jun 3 2005
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Economía

El gulag de América está en el Caribe

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La asombrosa aseveración de Khan (abajo, izq.) fue parte de un enjuiciamiento más duro de la política de EEUU bajo la administración Bush, contenida en el informe anual de Amnistía Internacional (AI), la organización de derechos humanos más prestigiosa del mundo. El informe de Amnistía, que examina 149 países, ataca la situación de derechos humanos en muchos países, pero reserva su más fuerte crítica para Estados Unidos. En una sección titulada “’Terror’, ‘contraterror’ y el imperio de la ley”, el informe de AI dice:

 
“El Presidente de EEUU George W. Bush ha aseverado repetidamente que EEUU fue fundado sobre la causa de la dignidad humana y está dedicado a ella. Fue tema de su discurso a la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2004.  Sin embargo, durante su primer período presidencial, EEUU demostró estar muy lejos de ser el campeón de los derechos humanos que pregona ser”.

 
En una declaración evidentemente dirigida a la administración Bush, Khan alertó acerca de “una nueva y peligrosa agenda” que esconde un lenguaje engañoso a los derechos humanos y la tortura:

 
“Algunos gobiernos traicionan sus promesas acerca de los derechos humanos. Se prepara una nueva agenda en la que se utiliza el lenguaje de la libertad y la justicia para poner en práctica políticas de temor e inseguridad. Esto incluye cínicos intentos por redefinir y edulcorar la tortura”.

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El informe de AI en 2005 hizo énfasis especial en el intento de la administración Bush por redefinir la tortura, al referirse a una serie de memorandos del gobierno que surgieron después del escándalo de Abu Ghraib –lo cual sugiere que la administración estaba discutiendo la manera en que sus agentes podrían evitar el rechazo internacional a la tortura y al tratamiento cruel, inhumano o degradante– indicio de que la oposición declarada de la administración a la tortura y otros tratamientos crueles, inhumanos o degradantes era una pantalla”.

 
Al calificar a los derechos humanos como “no sólo una promesa incumplida, sino una promesa traicionada”, el informe continua diciendo que “la ‘guerra contra el terror’ parece ser más eficaz para erosionar los principios de los derechos humanos internacionales que para contrarrestar el ‘terrorismo’ internacional.”

“TIERRA DE ESNUEÑOS”

Si el comportamiento de los medios de EEUU durante los últimos años no hubiera demostrado hasta dónde han sido intimidados por la administración Bush y la derecha, se pensaría que el informe de AI se convertiría en gran noticia. Durante más de dos décadas Estados Unidos se ha posicionado a sí mismo como el árbitro del cumplimiento de los derechos humanos en todos los países del planeta. Constantemente el Presidente Bush alecciona a otros líderes y naciones  acerca de la libertad, la democracia y el imperio de  la ley.

Que una organización muy respetada de derechos humanos, receptora del Premio Nóbel de la Paz, realice una crítica tan dura y abarcadora de las políticas y acciones de Estados Unidos es noticia, excepto en la Tierra de Ensueños en que se han convertido los medios de EEUU. Es más, en su constante y equivocada búsqueda de un falso “balance” entre la verdad sencilla y las “verdades” del poder, gran parte de los medios norteamericanos reportaron las predecibles negativas de los funcionarios con tanta prominencia como las acusaciones contenidas en el informe de AI. Hasta los mejores medios minimizaron el informe de AI (The New York Times, por ejemplo, publicó una sola noticia).

 
Los medios de prensa estadounidenses a menudo son extraordinariamente buenos al escribir sobre los árboles –artículos acerca de abusos específicos–, donde tienen la tendencia a fracasar es cuando “unen la línea de puntos para mostrar la existencia del bosque, como hace el informe de AI. Es más, después de la aparición del muy ignorado informe de AI y sin mencionarlo en absoluto, The Los Angeles Times publicó un artículo (“Largas e Inexplicadas Detenciones Enojan a los Iraquíes”, 29 de mayo) que sugiere que Estados Unidos continúa en el 2005 las prácticas denunciadas en el informe de AI.
 
“Un año después del escándalo por los abusos en Abu Ghraib, la ira de los iraquíes estalló de nuevo debido al número creciente de detenidos sin acusación en el notorio centro de detención y en otra cárcel en el sur.
 
“En la batalla contra la insurgencia, los ataques militares capturan muchos guerrilleros, pero también miles de personas cuyos delitos son inexistentes, menores o imposibles de demostrar. A menudo permanecen encarcelados durante meses, sólo para ser puestos en libertad sin ninguna explicación”.
 
La administración Bush no parece haber aprendido nada de su amarga experiencia en Irak.  En un  desesperado intento por “destruir el espinazo” de la insurgencia –un objetivo que cada vez parece más inalcanzable, pero que la administración necesita lograr antes de declarar la victoria y comenzar a sacar a sus tropas–, las acciones de EEUU provocan la aparición de más insurgentes y preparan el terreno para más abusos a los derechos humanos.

En última instancia, la traición de la administración Bush al derecho internacional y a los derechos humanos es también una traición a los intereses de Estados Unidos y del pueblo de EEUU.

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* Columnista de Progreso semanal (www.progresosemanal.com).

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